Alguien tiene que llevar la contraria

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Grupo Planeta - Colombia, 2016 M10 18

Los 12 ensayos que conforman este libro son fruto de las reflexiones y las inquietudes de Alejandro Gaviria sobre ciertos temas que lo apasionan. Los escribió durante los últimos cinco años, en el poco tiempo libre que le dejaron sus obligaciones como Ministro de Salud. Tiempo robado, además, al sueño y a su familia. Los textos fueron una especie de catarsis para el funcionario y una manifestación de su optimismo por el mundo de las ideas. Es una obra ecléctica que discurre sobre las tesis de Estanislao Zuleta, Charles Darwin y Thomas Piketty, cuenta por qué en su concepción “meritocracia” era una palabra con un sentido peyorativo, expone las razones de su agnosticismo, comparte en forma de decálogos su escepticismo y presenta con cifras concretas el progreso social que ha experimentado Colombia en cincuenta años. Los hechos y pensamientos articulados en estas páginas van en contravía de lo socialmente aceptado, fluyen por cauces diferentes a los tradicionales. Son una sorpresa que lleva al autor a decirles a sus potenciales lectores: “Espero que aquí encuentren lo que no andaban buscando”.

 

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Y si tú sabes tanto y críticas con tanta autoridad, ¿Por qué no escribes tu propio libro?

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Unos queridos amigos me regalaron en 2017 este libro que encontraron en la sección de Sociología de una buena librearía colombiana. Me lo regalaron porque saben que soy sociólogo y disfruto de la lectura de este tipo de textos, mas cuando se escribe en formato de ensayo. La cuestión es que, después de leerlo, no sé por qué la editorial Ariel lo clasificó en la sección de Sociología y por qué se clasifica como tal. Tiene poco o nada de sociología. ¿Quizá, porque cita a Tocqueville, Zuleta o Marx? El libro carece de la mirada y la argumentación sociológica, es superficial, generalista y descriptivo. Las pruebas empiricas se limitan a las veces que aparece una palabra determinada en Google o en encuestas demográficas y de calidad de vida de acceso común. Sinceramente, es un libro que no se hubiese publicado si quien lo escribiese no fuese un Ministro de la República (de cualquier ramo, en este caso Salud). Lo único relevante son las citas de los filósofos liberales o intelectuales del S. XIX y XX, pero en ese caso es mejor ir a la fuente original. El Sr. Gaviria, a quien deseo que se recupere de sus quebrantos de salud, no revisó exhaustivamente el texto, o al menos se le pasó que citó dos veces el mismo párrafo del poeta ruso Joseph Brodsky, en las páginas 21 y 32.
Antes los intelectuales adquirían prestigio a través de sus obras, ahora los políticos anhelan autolegitimación y credibilidad a través del intento de ejercicio intelectual (aunque la escasa profundidad se correlaciona con la máxima difusión editorial).
Sigo queriendo a mis amigos a quienes espero que otros autores, editoriales y librerías no engañen nuevamente.
 

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