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PARTE PRIMERA

LOS JUEGOS FLORALES EN ESPAÑA

NOTICIA HISTÓRICA

DE LOS

(1)

JUEGOS FLORALES

La poesia provenzal, esa libertad de la prensa de los tiempos seudales, según feliz y afortunada frase de Villemain, lanzaba sus últimos resplandores á tiempo que se extinguia el siglo xii, tan pródigo en sucesos como fatal en desastres para la. comarca que tenía por nombre Provenza y que es hoy Mediodía de Francia.

Tres causas supremas, sucediéndose inmediatamente una á otra y siendo una de otra consecuencia, determinaron la muerte de la poesia provenzal:

La cruzada con los albigenses, que predicó la Iglesia y capitaneó Simón de Monfort;

(1) Escribió el autor este trabajo en 1878, cuando se abrió en Madrid certamen de Juegos Florales para celebrar el enlace de S. M. el rey D. Alfonso XII con su Alteza Real D.a María de las Mercedes de Orleans.

El jurado de mantenedores en estos Juegos Florales lo formaban: por la Real Academia Española, los señores marqués de Valmar, que fue el presidente, D. Manuel Cañete, D. Antonio Arnao, D. Gaspar Núñez de Arce, que fué el secretario, y por la Real Academia de la Historia, D. Víctor Balaguer, don Pedro de Madrazo y D. Cayetano Rosell.-(Nota del editor.)

La institución del Santo Tribunal de la Inquisi ción, que con las obras y manuscritos de los trovadores encendia las hogueras destinadas á concluir con todos aquellos que, defensores de las libertades del país y de su patria independencia, más que herejes y contrarios á la fe, eran valla insuperable á los propósitos del invasor extranjero:

La absorción de los condados independientes del Mediodía por la corona de Francia, á la cual se presto Jaime el Conquistador, contra lo que era de esperar atendida la histórica y tradicional politica de la casa de Aragón.

Desaparecieron, pues, la poesía y las letras provenzales entre aquellas terribles escenas de sangre y de exterminio, y los trovadores, fieles á la causa de la patria, que lograron hurtar su vida a la matanza, hubieron de refugiarse en Cataluña, Aragón ó Castilla, donde acogidos fueron y hospedados por altísimos monarcas que se llamaban Don Pedro III de Aragón el Grande, ó Don Alfonso X de Castilla el Sabio.

Si no mienten memorias y noticias que, registrando empolvados manuscritos y libros poco comunes, tuvo la buena suerte de encontrar un dia el autor de estas líneas, Don Alfonso el Sabio llegó á conceder hospitalidad en una villa franca y libre á los poetas que, extrañados de su patria vendida al extranjero, pudieron al menos, gracias a esa hidalga concesión del monarca castellano, tener en Castilla suelo propio donde levantar la morada del fugitivo, tierra patria donde abrir la tumba del proscrito.

Abandonaron los barones sus castillos de Provenza, corte un día de poetas y centro de ilustración, de gentileza y de cultura; los buitres del Norte cayeron sobre aquellas moradas solitarias, y bruscamente acabó, con la independencia patria, el doble papel político y social representado hasta en

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