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Alzáronlo de tierra con un duro venceio;

cútio, que en Aragon significa constante, diario, no interrumpido, conforme con su etimologia, quotidie, quotidianus, y que la Academia escribe y explica de otro modo, poniendo cutio, trabajo material, (1) y omitiendo absolutamente en su Diccionario 'el adjetivo cutiano (quotidiano) que leemos en el poema de Alejandro,

Un pasarï ello que echaba un grant grito
andaba cutiano redor de la tienda fito,

y en Berceo,

facie Dios por los omes miraclos cutiano,

y en el célebre Villasandino,

Pues memento mey cutiano disanto;

de, partícula expletiva que se usa en la frase me dijo de antes su parecer, y en otras parecidas, y que también usan nuestros clásicos como Cervantes «tan bien barbado y tan sano como de antes,» y el obispo Guevara «y sus pueblos quedaron como de antes perdidos.»

Añadiríamos á estas algunas otras palabras y frases que, siendo muy familiares en Aragón, y no teniendo nada de exóticas ni nuevas, están excluidas no obstante del Diccionario de la Academia, por donde oficialmente resultan no ser castellanas, mientras son positivamente, ya que no aragonesas, de uso aragonés; pero atribuyendo este silencio, no á decisión magistral sino á descuido inevitable de aquel sabio Cuerpo literario, no adicionaremos el anterior catálogo ni aun con las dos que por ahora nos ocurren. Es la una llevar la corriente, frase que hemos oido á castellanos puros y que usa el Duque de Rivas (poeta cordobés) en el romance último de su Moro Expósito ,

(1) Vestida de color de primavera

en los dias de cutio y los de fiesta; dice Cervantes en el cap. IV de su Viaje al Parnaso, y en este sentido la Academia admite día de cutio como día de labor.

«le acaricia, le lleva la corriente.»

La otra es la voz medicina que no se define por la Academia sino como «ciencia de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano,» y que en sentido de medicamento (1) es en Aragón vulgarísima, se usa mucho por los facultativos y se lee con frecuencia en las Ordinaciones del Hospital de Zaragoza 1656, siendo además común á la lengua italiana y al dialecto catalán, pero que no puede formar parte de nuestro Diccionario cuando la vemos usada en todos los más distinguidos escritores castellanos, desde Cervantes á Espronceda, desde Quevedo hasta el poeta popular Trueba, y lo mismo en fr. Luis de Granada que dice, sin los tormentos de los médicos y las medicinas, en Mexía,

(1) En ese sentido la usa la misma Academia en la voz medicinar, pero repetimos que no define y por tanto no admite á medicina en sentido de medicamento; mejor lo hace Covarrubias que dice: «MEDICINA la facultad que el médico profesa y los remedios que aplica al enfermo.»

como el buen médico sus medicinas, en Guevara, y lo poco que las medicinas le han aprovechado, en Rhúa, que sana la herida con medicinas lenitivas.

Pasando ahora á uno de los más notables grupos en que pueden dividirse las palabras aragonesas, digamos en honor suyo que este pueblo ha conservado un gran número de las que constituyeron el habla antigua castellana, siendo ya consideradas como arcaismos, fuera de uso algunas, y no pocas que acá nos son del todo familiares, y que en parte componen el más usual vocabulario de la gente inculta, cuyos modismos excitan hasta cierto punto la compasión de quien los oye, ignorándose, áun por nosotros mismos, que así hablaron los padres del común idioma castellano.

Sería, en efecto, un trabajo muy curioso el de reunir las voces, incorrectísimas hoy, de las clases últimas del pueblo, y observar su perfecta identidad, no ya con

que se emplearon en los siglos primeros del habla, sino áun con muchas de los escritores que florecieron en el siglo xvi (1). Llegarían esas semejanzas hasta el punto de ser fácil componer todo un discurso, y áun todo un libro, con palabras tomadas del antiguo castellano, que sin embargo serían exactamente las que usa con predilección el pueblo aragonés; bien que muchas

las

(1) A fines de él, en 1593, se formaron é imprimieron los Estatutos y Ore dinaciones de los Montes y Güertas de Zaragoza que se reimprimieron en 1672 «sin alterar ni mudar sustancia, sino algunos vocablos antiguos que se han puesto al lenguaje de ahora;, y sin embargo en esa última edición se ven usadas las palabras, metad, turiendo, hubiendo, imbiar, ciesped, estase, rabaño y otras parecidas, así como en las Ordinaciones del Hospital de Zaragoza, 1775, se habla de rudillas limpias, y en el Memorial de todo un Catedrático de teologia (D. Manuel Cavós, 1755) de que en la Universidad podía resultar alguna trageria.

de ellas no dejan de ser comunes con el ya bárbaro dialecto que todavía conserva el estado llano en toda España, Sean ejemplo de esta observación, sin que por eso abultemos con ellas nuestro Diccionario, las palabras niervo, omecida, gomitar, buticario, reconvinió, proluengan, filicidad, tuviendo, entreviniendo, abellota, quisiendo, previdencia, risistir, pidir, dicir, recebir, vieda (veda), siguidilla, ambrolla, crocodilo (latino puro), virificar, og epcion, asasinar, etc. Séanlo también mesmo, trujo (1), agora, escuro, enantes, dende, que los poetas dicen con frecuencia. Séanlo igualmente estentinos, malmeter y rancar que usa Juan Lorenzo de Segura; emparar que se lee en Berceo; bulra, estoria, estruir y mandurria que emplea el arcipreste de Hita; churizo (2), prcvilegio y rétulo, que nos dice Covarrubias; rabaño y aspárrago que forman más con la etimologia hebrea y latina; pedricado, que dice el rabi D. Santob; cantacio, estentino y otras muchas que se ven en el Cancionero de Baena; empués, que dice Marcuello (pero también Berceo); agüelo y cudicia Aldrete; acontentar el autor del Diálogo de las lenguas; inconvinientes, encorporar y muchas otras Zurita; riguridad Tirso de Molina; mesmamente el P. Isla; aguacil, asperar, ceminterio, concencia, conocencia, dormiendo, entroducion, irnos (vamos), iñorancia, jatara, sabo y

(1) Es muy curiosa, sobre este vocabio la opinión del autor del Diálogo de las lenguas: dice que es más suave truro que traxo, aunque en latin es traxit y que por la misma razón que ellos (los cortesanos, caballeros y seìores) escriben su traxo escribo yo mi truxo, y añade que escribe saliré y no saldré porque viene de salir.

(2) Rosal pone en su Vocabulario churizo y no chorizo, é incluye algu. nas palabras de las primeras que llevamos citadas.

saba, (sé y sepa), estroperar, y foribundo el dramático Lucas Fernández; deciembre los Estatutos de Zaragoza en 1564; regueijo, cumpletas, mochachos, rediculo y salvaje unas Relaciones de Fiestas; perjuiciales, desanchar y pedestralillos, el P. Martón; cuenta y ojebto el analista Sayas; catredal el Conde de Villahermosa D. Martín; argulloso, is (vais), devantar y atorgar D. Jerónimo Urrea en su novela inedita D. Clarisel de las Flores; probes, niervos, traducio y destruiciones el famoso poeta Herrera en su defensa propia contra el ataque del Preste Jacopín á propósito de las Anotaciones de Garcilaso.

Pero estas palabras no son otra cosa, aunque saludadas con el nombre de barbarismos, sino ligeras desviaciones eufónicas de otras verdaderamente castellanas: las hay que siendo notadas en Castilla como arcaismos, son en Aragón bastante corrientes, y de ellas citaremos (aunque no hagamos uso de todas en el Diccionario): abejera, aconsolar, afigir, afirmar, almuestas, aplegar, apoticario, árcaz, asin, asisia, asumir, azarolla, bahurrcro, batifulla, batimiento, bogeta, buco, cadillo, calendata, cablieva, canso, capaccar, casada, cocote, coda, espedo, fajo, fendilla, ferial, fosal, interese, marzapan, mayordombria, mida, mueso, nano, ostaleros, otri, pasturar, peñorar, tardano, tributación, etc., de cuyo catálogo, que pudiéramos no sin dificultad engrandecer, se deduce lo que ya hemos indicado, es á saber, la religiosidad con que el pueblo ha guardado la antigua manera de hablar, haciendo en él la ignorancia las veces del respeto.

No son menos recomendables, pues son igualmente

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