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el juego, en la conversación o de otra manera; Mas duro que el pié de Cristo, lo cual se aplica á cosas materiales como el pan, el queso, etc.; Llamar á Cachano con dos tejas, por querer un imposible o apelar á quien no puede socorrernos; Llover más agua que cuando enterraron ii Zafra, en que la traducción exajerada dice que el ataud iba sobrenadando; Salir de Herrera y entrar en Carbonera, o ir de mal en peor, ó caer de un peligro en otro; Grande como el cantal de Alcorisa 6 como la bola de San Ildefonso, esto último cuando se refiere a alguna patraña ó á cosa de poco tamaño absoluto; Llano como la sala de San Jorge, con alusión al salón principal de la antigua Diputación (1); El secreto de Aguilar, que la Academia dice de Anchuelo; El Tonto de Aleca; El Bruto de Alfocea; Perdido como Carracuca, en sentido de no tener salvación; Es que empuja Perena, con alusión al Coronel de este nombre, que operaba hacia la parte de Huesca durante los sitios de Zaragoza, y á quien atribuían candidamente que empujaba á los franceses, cuando éstos iban apretando el asedio: Justicia de Almudevar, con que se designa la ley del embudo ó del encaje, si bien en su origen tradicional no tuvo ese significado, pues se cuenta la fábula de que, condenado á muerte el herrero único del pueblo, se sacrificó en su lugar á un tejedor, porque en el pueblo todavía quedaba otro de su oficio: Pinta de Juslibol, que se aplica á varias cosas, pero quizá proceda de los melones que de allí son famosos;

(1) Posteriormente Audiencia; después destruido por los franceses en los sitios; y hoy Seminario conciliar.

Vás tonto que Pichote; Suelta como la vaca de Roque, para motejar á la mujer demasiado independiente o que no va acompañada como debe; No dijo más Modrego i Su dino, que se aplica al que contesta descortés y lacónicamente en sentido negativo; Judio de la maza, que se dice como punto de comparación para muchas frases, por ejemplo, «es capaz de casarse con el Judio de la maza»; De Miguel de Arcos, que se emplea en sentido favorable para muchas cosas, por ejemplo, para una jugada buena; Sol de Milán, que hoy ya no suele aplicarse sino como parte de ese rico vocabulario, con que las madres acarician á sus hijos, pero que antes se aplicaba también a las mujeres, y parece que tomó origen de la marquesa de Lazán, á quien, por su sobresaliente hermosura y por su patria, se calificó a fines del siglo pasado con aquel epiteto; La Maza de Fraga, que se emplea muchas veces para representar que le cayó á uno un peso insoportable; Ir con la esquina de los caracoles, con alusión á una calle de Zaragoza, y en significación de que un reloj 6 cualquiera otra cosa marchan mal ó no son fidedignos; Ser de los del Giarcho, refiriéndose al de San Pablo, hoz ó cuchilla corva de su pendón parroquial, para manifestar que uno es aragonés legitimo en sus cualidades de testarudez y dureza; Estar escondido como el tio Salero, esto es, en medio de la plaza; la Campana VaIcre, así llamada la principal de la Seo de Zaragoza por estar dedicada á San Valero, y sirve de comparación en inuchas frases en sentido de abultar una cosa ó de tratar de celebrarla; y, en fin, dando ya punto en esto para no hacerlo interminable, Ya viene Martinico, para indicar que va entrando el sueño a los niños, sobre cuya frase nos ocurre añadir que en el Libro de Patronio el diablo dice a uno, que en los apuros le llame con las palabras «acorredme, D. Martin:» en los Viajes de Marco Polo, 1519, se llama Martin al diablo y en algunas provincias de España se llama a los duendes Martinico.

En lo que sí queremos detenernos algún tanto es en el gracioso diminutivo en ico, que consideramos más bien como un modismo que como una palabra, y que, si bien es manera de hablar muy castellana y áun no considerada como arcaismo por el Diccionario de la lengua, pero es desusada y áun ridícula entre los castellanos, al paso que muy general en todas las clases sociales de Aragón y de Navarra. Y decimos que muy general, porque hemos de confesar que un gran número de palabras de las que hemos citado coino aragonesas, y por ventura las más interesantes, como cal, aturar, amprar y muchísimas otras, ya no se conservan sino entre las clases infimas del pueblo; que también acá ha cundido entre las personas cultas el desdén hácia nuestras bellezas provinciales; pero el diminutivo de que hablamos es universal, y ya no depende de la educación sino del nacimiento,

El idioma español, rico en los diminutivos cual ningún otro, y desde luego muchísimo más que el hebreo, el árabe, el griego y áun el latín y el italiano, como que reune más de treinta diversas terminaciones (1),

(1) Quo lengua puede, en efecto, presentar, sin sus diminutivos irregulares y subderivados, que no son pocos en la española, las variadísimas resinencias de palmodien, rientecillo, bonito, polomino, cobertizo, escobajn,

habiendo palabra que permite ella sola doce desinencias, claro es que no aplica todas esas variantes ó aumentos de final a todas las palabras, antes se conforma con lo que cada una permite (1); mas en medio de ser esto cierto, las en ico, en illo y en ito son terminacio. nes generales que se aplican indistintamente á casi todos los nombres, habiendo entre ellas una verdadera sinonimia.

Pero el diminutivo en ico tiene dos ventajas incon. testables, el uso preferente que de él hicieron los padres de la lengua, y su significación especial é intrinsecamente distinta de los de otras terminaciones. En los escritores de nuestros orígenes, sobre cuyos sencillos versos parece que vagaba, como una fresca brisa sobre las plantas silvestres, el ambiente de la naturalidad, era el diminutivo en ico el que dominaba en la expresión de los afectos ó las apreciaciones, y por eso es tan general en la poesía popular y en la familiar de posteriores tiempos.

analejo, ballenato, viborezno, meseto, forele, islote, pobreto, Juanitico (que dice Rueda), acertijo, partija, campanil, Maruja, panoja, frailuco, molécula, mis inúsculo, trastuelo, Monolo, langostin, limpion, hilacha, boliche, casuche, leiducho, libraco, parlicia, y tal vez alguna otra que sin dificultad habrá escapado á nuestra diligencia? ¿Qué idioma presenta sobre un solo nombre las variantes de librico, librillo, librete, libretillo, libreton, libraco, librin, libracho, librejo y librecillo, así como las doce que comunmente se citan sobre el adjetivo chico, ya diminutivo.

(1) Hay palabras, por ejemplo demonio, que, porque han de duplicar enfadosamente la i, no sufren tan bien los diminutivos en ico, illo, ito como el agraciado en ejo: hay otras que tienen diminutivos de preferencia para evitar confusión con los homónimos de los otros, como loro que admite horita y horica, pero no horilla ni hore ja que, si no en la escritura, tienen otro significado en la pronunciación: hay, tinalmente, provincias que tienen predilección á determinados diminutivos, como las de Aragón a los terminados en ico.

¡Qué bien dicho está en una farsa de Lucas Fernandez,

¡Oh, pastorcico serrano!
¿viste, hermano,
un caballero pasar?;

y en un romance sobre el moro Calainos,

Bien vengais, el francesico,
de Francia la natural?

¡Cuán propio es de la poesia de Castillejo, último trovador de los amores y la sátira, paladin de la poesia nacional contra los petrarquistas, contra los luteranos como él decía, cuán propios son de aquella poesia fácil y sentida aquellos versos, ya pertenecientes á una época muy adelantada, en que se pinta con gracia inimitable á un vizcaino borracho, metamorfoseado en mosquito, tuvo con esto a la

par
una risica donosa,
las piernas se le mudaron
en unas zanquitas chicas,
los brazos en dos alicas,

dos cornecicos por cejas! ¡Qué bien sienta en Rodrigo de Cota ó Juan de Mena, ó quien quiera que escribiese (1) la primitiva Celestina (que nosotros no hemos de desatar nuestras dudas como el cditor de Barcelona que atribuyó á aquellos dos tan admirable obra); qué bien sienta aquella aglomeración

(0) Que la Celestina no es de Juan de Mena, de quien en efecto no lo jarece, lo prueba, entre otros, N. Antonio.

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