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giros entre aragoneses y catalanes, luego de unirse ambos estados, aceptándose en Aragón algunos vocablos, algunas desinencias, y sobre todo una gran parte de la literatura catalana ó provenzal, que en cierto modo eran un solo idioma y una misma poesía, desde que los Berengueres poseyeron la Provenza y exaltaron su cultura. Mas no sólo había entonces desdoro en este género de imitaciones, como quiera que á ellas se ha debido en todas partes la formacion de los idiomas; no sólo no era vergonzoso entonces, como ahora lo sería, el admitir voces extrañas, sobre todo cuando el idioma era en todas partes informe, balbuciente, necesitado é inconstituido, sino que el idioma lemosin o provenzal era á la sazón el instrumento de la más bella poesía, y extendía su influencia, no ya sólo á la corona de Aragón, pero áun á la Francia toda, y, lo que es más, á la misma Italia, sin que por eso pretendamos, como algunos, que el Petrarca nos imitase ó nos copiase.

El idioma lemosin, que algunos, con poca verosimilitud, suponen nacido del francés antiguo combinado con el lenguaje que llevaron á la Provenza los españoles allí refugiados a la invasión árabe; ese idioma que otros suponen (coetáneo del catalán) formado en el siglo x por el borgoñés y el latín corrupto, modificado por la casa aragonesa en el siglo xn, decaido y transfigurado en el xir; no hay duda que se difundió por casi toda la corona aragonesa casi al mismo tiempo en que nacía verdaderamente el castellano, viniendo á formar en cierto modo los dialectos ó romances catalán y valenciano; entre los cuales y el provenzal y lemosín, de quienes dice D. Tomás Antonio Sánchez que fueron una sola lengua, establecen algunas diferencias los filólogos, pero conviniendo generalmente en que el lemosin puro fué modificado por el catalán, cuyo nombre tomó en la corona de Aragón, en que el valenciano procede del catalán, y ambos del lemosin, habiéndose castellanizado el primero y afrancesado el segundo andando el tiempo, y en que el catalán tuvo cierto aire castellano (sin duda influido por Aragón) que le diferenciaba lo bastante del lemosin puro, el cual procedía del latín y el francés primitivo. Ese idioma, y más bien que él su gusto y poesía, pasaron rápidamente los Pirineos desde que, en el decurso de pocos años, los Berengueres reinaron en Provenza y Aragón, á la primera mitad del siglo xir; fueron también llevados á Sicilia por Federico y á Nápoles por Carlos de Anjou, (1) у después influyeron hasta en la poesía castellana durante el siglo XIII con Alfonso XI, si bien ésta modificó á su vez el génio provenzal desde la coronación de don Fernando el de Antequera.

Algunos reyes de Aragón, prescindiendo de que sus conquistas sobre las Baleares, Sicilia y Nápoles, y áun sus empresas, primero sobre la misma Valencia, después sobre el s. del Mediterráneo, unas veces por cuenta propia, otras en combinación con Castilla, les hiciesen más conveniente su residencia en los pueblos maritimos; preciso es confesar que por muy otras razo

(1) Hay, no obstante, quien atribuye á Alonso V de Aragón y á Fernando el Católico la influencia castellana sobre Nápoles que llegó (dicen) hasta el punto de hacer allí vulgar la lengua castellana: más tarde ya sabemos que otro hombre ilustre de raza aragonesa, Antonio Pérez, hizo familiar el idioma español entre las personas cultas de la Corte de Francia con provecho de aquella literatura,

nes tuvieron hácia Barcelona y Valencia una predilección que negaron constantemente á Zarayoza, tal vez porque en esta capital, cabeza natural del reino, se conservaban más puras las libertades de Sobrarbe, que con frecuencia humillaban a los más altivos monarcas, haciéndoles duro de soportar el freno con que se reprimían sus demasías ó sus naturales impetus de mando. Rey hubo, y á la verdad no de los que menos trabajaron en pro de las libertades públicas, si bien después que las Cortes le destruyeron el privilegio de la Unión, que salió hácia Cataluña, maldiciendo la tierra de Aragón, y «era ésta (como dice Zurita) general afición de los reyes, porque desde que sucedieron al conde de Barcelona, siempre tuvieron por su naturaleza y antiquísima patria á Cataluña, y en todo conformaron con sus leyes y costumbres, y la lengua de que usaban era la catalana, y della fué toda la cortesanía de que se preciaban en aquellos tiempos.»

Los monarcas, pues, no hay que negarlo, usaban con frecuencia en lo que á ellos tocaba, el idioma lemosín ó catalán. (1) Este lenguaje palatino, que por imi

(1) Este nos parece el lugar oportuno para citar un breve pero apreciable trabajo que no hemos leído sino después de preparado el nuestro para la impresión. Nos referimos al Discurso sobre el origen, uso y cultura de la lengua española en Aragón, impreso en el Memorial literorio de Febrero y Marzo de 1788, en el cual se desarrollan en general las propias ideas que en esta Lutroducción, aduciéndose tal cual vez argumentos idénticos, como el que más adelante presentamos acerca de los vocablos aragoneses deciarados por Blancas. Enuncia, comunmente sin correctivo, las ideas de Masdeu que considera á los idiomas catalán y valenciano como padres del provenzal y castellano, de Bastero que tiene á la poesía vulgar por hija de la literatura provenzal, de Nasarre que supone la inmigración de ésta en Cas. tilla, y de Terreros que atribuye por el contrario a la influencia castellana de los tiempos de Fernando el Magno la entrada del idioma general en Ara

tación hablarian tainbién los cortesanos, como hoy se habla el francés en algunas Cortes de Europa, en donde es, para explicarnos a la moderna, lenguaje oficial; era el que nuestros monarcas empleaban, aunque no siempre, como escritores, como ordenadores de su casa, como principes y áun como particulares; á lo cual contribuía , según ya hemos insinuado, el vigor con que florecía la poesía provenzal y el constante apoyo que recibió de nuestros reyes el arte de bien decir, en el cual fueron algunos extremados, y otros muy dignos de mención, como se prueba con los nombres de Ramón Berenguer V, Alfonso II, Pedro II, Jaime I, Pedro III, Pedro IV, y el infante D. Fadrique que reinó en Sicilia.

Todavia pudiéramos añadir que no sólo en aquello á que llegaba, para expresarnos asi, la acción privada del Rey, sino áun en las escrituras de fundación, en algunas cartas-pueblas, en libros de cuenta y razón, (1) en los procesos, (2) y en los actos del reino, se usó por algún tiempo el idioma lemosin, en prueba de lo cual nos cita el Sr. Torres Amat los fueros de D. Jaime el Conquistador, las proposiciones o discursos de la Corona en la apertura de las Cortes, las Ordenanzas y otros documentos oficiales. Aquel idioma (digámoslo de paso) es el que algunos designan con el nombre de romance, aunque en la común inteligencia sea éste el verdadero idioma castellano; y es que, derivados del latín todos los idiomas y dialectos neo-latinos, en cuyo número hay que contar al provenzal y sus derivados, llamáronse todos romans o romances, esto es, hijos del romano, siendo más natural esta etimologia que la árabe de al-romi, enunciada aunque no apoyada por Marina.

rón; pero supone que no existen documentos castellanos anteriores al siglo sui contra lo que llevamos demostrado, explica la colección legislativa del obispo Canellas como prueba de que el catalán era una de tantas lenguas como en Aragón se usaban, y asegura, en fin, que de los instru. mentos consta haber hablado siempre el español los reyes aragoneses, que es lo que en el texto á que se refiere esta nota no nos atrevemos á asegurar por nuestra parte.

(1) En 1848 se publicó, con otros documentos sobre la segunda expedición de Alonso V en 1432, un «Libre ordinari de dates, fetes per en Bernat Sirvent tesorer general desde maig de 1432 fins lo derrer die de decembre apres seguent.

2) Sirva de ejemplo el que se formó para justificar en 1363 la muerte del infante D. Fernando, liermano de l'edro el Ceremonioso.

Y ya que hemos hablado de los fueros y del idioma en que parece haber sido algunos redactados, no será inoportuno el indicar que mucha parte de ellos, у

desde luego los de D. Jaime I, fueron sucesivamente traducidos del romanz en latin, como lo afirma el Justicia mosén Juan Giménez Cerdán en su célebre carta á Díez d' Aux, por los famosos letrados Jiménez Pérez de Salanova, Galacián de Tarba y Juan López de Sessé. En la colección general que de ellos corre impresa nótase que hasta los primeros años del siglo xv, esto es, hasta los decretados en las Cortes de 1414, todos se hallan redactados en idioma latino, (1) empezando á

(1) Pero ese latín era en muchos fueros tan impuro como lo fué generalmente en la Edad media; y porquc de él mismo se puede fácilmente deducir el que en Aragón había de usarse como vulgar, copiaremos un trozo correspondiente á 1247, que dice: «Villana debet habere per suas dotes unam domum coopertam in qua sint duodecim bigä сt unam arenzatam vinearum et unum campum in quo possit seminare unam arrobam tritici in voce linaris, et suas vestes integré et suas joyas et unum lectum bené paratum de melioribus pannis qui sint in domo et duas mcliores bestias de domo aptas ad laborandum cun omnibus suis apparamentis..

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