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marse con la elección de un príncipe castellano para el trono aragonés, ni menos posteriormente con la reunión definitiva de ambas coronas; y en una palabra, que el roce con los árabes, las reminiscencias de la época provenzal (1) y el carácter particular del pais, unido al espíritu fuertemente provincial que todavía se deja sentir en algunas de España, han conservado un cierto semblante al dialecto aragonés (si así puede llamarse) que es el que le diferencia, aunque en poco, del habla castellana, según que en breve procuraremos demostrarlo.

Hé ahí muy en resumen la opinión que hemos formado en esa dificil cuestión de los orígenes del idioma aragonés; y para ello, si no tuviéramos mejores y más indestructibles pruebas que pronto aduciremos, nos apoyaríamos en las palabras mismas de Mayans, el cual, no sólo emite su parecer de la manera muy dudosa que se ha visto, sino áun confiesa allí mismo la antigüedad de un lenguaje aragonés independiente de los que en adelante le afectaron; y si después asevera la identidad del aragonés y lemosin, lo hace con tan mala prueba, que no aduce sino el breve catálogo de vocablos aragoneses declarados por Blancas en sus Coronaciones, catálogo que sólo contiene unas doscientas, de entre las cuales la mitad son de purísimo castellano antiguo, (2) ó totalmente latinas, esto es, castellanas también), y las restantes, ya pocas en número, son tomadas en general de documentos antiguos, los cuales no eran al cabo el habla del pueblo, sobre que nosotros ya hemos concedido haberse redactado con frecuencia el lenguaje palaciano.

1) Cuyo idioma, según dice Latassa, estaba influido aquí «de muchos otros que entonces se usaban según la mezcla de las naciones que en las ordinarias guerras contra moros concurrían de gascones, bretones, narsrros, narbonenses, proenzales y otras gentes.»

2) Adocir por traer, agenollarse por arrodillarse, afeitado por aderezado, costado por lado, cojines por almohadoncs, en guisa por á manera de, en torno por alrededor, extraños por extranjeros, fillos por hijos, home por hombre non por no, prender por tomar, trovar por hallar, tegadas por veces y vie. llo por viejo, ¿no son castellanas ó por lo menos no lo han sido?

En cambio de las vacilaciones con que luchó Mayans, y de la afirmación de Terreros en cuyo concepto recibió Aragón el idioma castellano desde los tiempos de Fernando el Magno hasta el siglo xii, hay otros que confiesan la influencia aragonesa áun sobre el mismo idioma de Castilla, entre los cuales nos limitaremos á citar al P. Merino. Este diligente investigador, que no debe ser sospechoso de parcialidad, cuando por el contrario afecta despreciar todo lo que no sea Castilla, omite hablar de documentos aragoneses, atribuye en cierto modo á la Coronilla el desmejoro de la caligrafia, y no tiene por verdaderos reyes de España sino á los de Castilla; se ve forzado á conceder que el Aragón tuvo sus rimas ó su poesía propia (aunque no dice si castellana) desde el siglo vui, y á confesar que el vulgo, á quien atribuye exclusivamente la formación del lenguaje, 1, mejoró su idioma con el trato de los aragoneses y otras gentes, é hizo culta su lengua de suerte que ya pudo andar en las escrituras; opinión que en nuestros días ha reproducido Monlau en su Diccionario etimológico.

di Muchos, dice, le nombran con vilipendio la vil plebe, el ignorante vulgo; pero bien le pueden tratar como quieran que al cabo el vulgo ha de ser el que forme la lengua y el que arrastre á los doctos y los envuelva en su lenguaje... el vulgo los redujo á hablar bárbaramente y les hizo admi. tir à pesar suyo el romance.

También comprobarían nuestro parecer varios escritores biografiados por Latassa, el cual con respecto á ellos no dice, como expresamente de otros, que escribieron en lemosin sino en romance vulgar; y sobre todo, no debieron escribir sino en aragonés, tal como él fuera, pero seguramente de otro modo que el lemosin, los Anónimos del siglo xiv á quienes da cabida en su Biblioteca antigua, fundado en que deberían ser aragoneses á juzgar por el dialecto, observación que repite en el siglo xv hablando de Fr. Bernardo Boyl, traductor del libro intitulado Isac de Religione, cuya versión dice que se halla escrita en lengua aragonesa, añadiendo que deduce que el autor lo era por la calidad del idioma aragonés en que hizo la citada versión. (1)

Los SS. Flotats y Bofarull, editores de la Crónica del rey D. Jaime, dicen por otra parte que la lengua lemosina es la que «estaba en tal tiempo más en boga en la corte de Aragón, y que se hablaba en casi todos

(1) En la sección de mss. de la Biblioteca nacional existía, según el Indice que formaron los Iriartes, una Crónica de los reyes de Aragón en lengua aragonesa, y el reciente decreto de Archivos y Bibliotecas (17 de Julio de 1858) dispone que se reunan en edificio cercano a la Corte los archivos de las órdenes militares en sus dos lenguas de Castilla y Aragón, pero indudablemente que se refiere, sin bastante propiedad, á la lengua de la Corona de Aragón.-Actualmente en la baronía de Arenoso, en algunos pueblos del río Mijares, como Villahermosa, se habla el español que allí llaman el aragonés, según lo indica el diligente escritor D. Braulio Foz en el tomo V de su Historia de Aragón. Por lo demás en Aragón hay tal anarquía en el idioma, que existen pueblos muy próximos entre sí pero muy apartados de lenguaje, por ejemplo, Castelserás, Valdealgorfa y Codoñera, en la provincia de Teruel, partido de Alcañiz: en los dos primeros se habla castellano, en el último cierta informe mezcla de modismos aragoneses, catalanes y valencianos.

sus dominios, á excepción de la parte que correspondía al primitivo reino de este nombre,» con lo cual manifiestan que el lemosin estaba en boga y no más, se entiende que entre cortesanos y poetas, y que era lengua vulgar, en Cataluña y las Baleares por ejemplo, pero no en el Aragón anterior á Doña Petronila, esto es, no en el Aragón verdadero.

Transportando ahora la cuestión del terreno de las autoridades al mucho más firme de los documentos, no es posible resistir á tanta prueba como ofrecen los más antiguos de nuestros fueros, cuyo lenguaje, cuando no bastáran los indicios de su verdadera fecha, pondría de manifiesto al más incrédulo la verdad de lo que estamos sustentando.

En la detenida Historia que publicó el abad Briz Martínez sobre el monasterio de S. Juan de la Peña y á un mismo tiempo sobre los orígenes del reino aragonés, ingiere con motivo de la coronación de nuestros reyes alguna parte de las venerandas leyes de Sobrarbe en su propio lenguaje antiguo que conviene dar á conocer: «Que oya su Missa en la iglesia e que ofrezca »porpora et de su moneda, e que después comulgue. >>Que al levantar suba sobre su escudo, teniéndolo los »ricos oms et clamando todos tres vezes Real, Real, » Real. Estonz se panda su moneda sobre las gens »entra á cien sueldos. Que por entender que ningun »otro Rey terrenal no aya poder sobre eyll, cingase »eyll mismo su espada, que es á semblante de Cruz.»

Los códices del fuero de Sobrarbe, que á la verdad nunca han escaseado, (1) por más que sean muy pocas

(1) Latassa enumera ocho diversos códices, sin los que existían fuera de España.

las huellas que de su conocimiento nos hayan dejado los historiadores aragoneses del Siglo de oro, son ahora bastante numerosos y sobre todo mejor estudiados, no en verdad del público para quien permanecen inéditos, pero á lo menos de las personas diligentes que todavía aspiran con gusto el polvo de nuestros archivos y bibliotecas. Quien más y mejores noticias ha producido, que nosotros sepamos, sobre aquellos precioso restos de la Historia y la Legislación, ha sido el Sr. D. Javier de Quinto en su magistral discurso ó tratado sobre el JURAMENTO POLÍTICO de nuestros reyes, y sobre todo en su posterior obra en refutación de cierto Opúsculo polémico del Sr. Morales Santisteban. De entre los varios códices que cita, cuatro de ellos pertenecientes á la Academia de la Historia (por cada dia más rica en excelentes manuscritos), uno al Sr. Gayangos y dos al mismo Sr. Quinto, tomaremos una cláusula en comprobación de nuestro aserto y la presentaremos con las dos versiones que tiene en el más antiguo códice de la Academia y en el muy antiguo también del anotador insigne de Ticknor. «Que si por aventura »muere el que regna sin fijos de leal coniugio, que he»rede el regno el mayor dellos hermanos que fuere de »leal coniugio..... et si muere el rrey sen creaturas, lo »sin hermanos de pareylla (de pareia dice un códice de >Quinto), deben levantar por rrey los rrichos omes et »los ynffanzones, cavaylleros, et el pueblo de la tierra» «Et si por ventura muere el que regna sines fillos de »leal coniugio, que herede el regno el maor de los her»manos que fuere de leal coniugio..... et si muere el »rey sen creaturas, o sen hermanos de pareylla, deven

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