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»levantar Rey los ricos omes, y et los infanzones, ca»valleros, et el pueblo de la tierra.»

Pudiéramos reproducir á ese tenor algunos más fragmentos del fuero de Sobrarbe, pero bastando ya á nuestro propósito, citaremos ahora la Prefación con que, según Pellicer apoyado por Larripa, le encabezó en el siglo xi el rey D. Sancho Ramírez cuando dió fueros á los infanzones de Sobrarbe: «Quando Moros conquirie»ron á España sub era DCCL ovo hy grant matanza de »cristianos; e'estonce perdiose España de mar á mar »entro á los puertos; sino en Caliza, et las Asturias, et >daca Alava et Vizcaya, dotra part Bastan, et la Be»rrueza, et Deyerri; et en Anso, et en sobre Yaqua, ct »en cara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobre Arbe, »et en Ainsa. Et en estas montanyas se alzaron muy >pocas gentes, et dieronse á pie, ficiendo cavalgadas; »et prisieronse cavallos et partien los bienes á los plus >esforzados etc.»

Los anteriores textos, y la noticia de que el fuero de Sobrarbe se mandó traducir á la lengua española en 1071 por el mismo D. Sancho Ramírez, que floreció muy antes que el autor del Poema del Cid, uno de los priineros monumentos castellanos y á la verdad harto informe, convencen de que el lenguaje español era desde muy antiguo el que se usaba

por
los
aragoneses,

(1

1) Si cl Príncipe de Viana, por lo demás sujeto de muchas letras, fuese autoridad en la materia, citariamos aquel pasaje de su revuelta Crónica en que, refiriendo la jornada de Alcoraz (1096), cuenta que á la grupa de San Jorje vino un caballero alemán á la batalla, "e por cuanto entendia gramática entendiéronle algunos é fablaronle en latin,, lo cual probaría, no precisamente que hubiese tal caballero alemán, que esto ya no lo creyó Zurita, sino que el Principe de Viana suponía raro el latín y común el romance en aquella época.

supuesto era el de su legislación, la cual, inclinada en los primeros tiempos á servirse del idioma latino, sólo se trasladó al vulgar cuando éste había alcanzado cierta robustez, como sucedió á la publicación de las Partidas, y un poco antes con la traducción del Fuero Juzgo, posterior sin embargo á la codificación del rey Sancho Ramírez. Y por si se alegaran razones contra la autenticidad de los códices á que nos hemos referido, esto es, por si se dudara de que el lenguaje en que aparecen escritos correspondiese de hecho ni à la época de su formación (que esto tampoco no lo pretendemos), ni á la de D. Sancho Ramírez, ni aún á las posteriores hasta el gran codificador Jaime I; por si se insistiera en la opinión que algunos profesan de que el Prefacio atribuido á D. Sancho Ramírez es obra de Teobaldo de Navarra en el año de 1237; por si, confrontados los textos de los varios códices que existen, se dedujera la imposibilidad de fijar su verdadera importancia; por si se hiciera caudal con la respectiva modernidad paleográfica que todos ellos tienen comparados con la época en que decimos haberse redactado; todavía podríamos oponer á esos reparos algunas consideraciones que nos parecen concluyentes, cuales son la corta discrepancia que entre sí tienen los códices conocidos, según puede inferirse del trozo que más atrás hemos copiado; la antigüedad que trescientos y más años hace, concedieron al texto y al habla de esos fueros cuantos autores aragoneses ó extraños los hubieron á las manos; (1) la estructura de su mismo lenguaje

(1) Briz Martínez ya hemos visto que traslada los fueros en su propio

que no puede corresponder sino á los primitivos tiempos del idioma; las contestes noticias de los más graves historiadores que han usado con toda confianza y consentido en toda la antigüedad que nosotros concedemos al lenguaje de los fueros de Sobrarbe; y finalmente la casi imposibilidad de que fuera otro que el español, toda vez que ni debió ser el latín, de donde se sabe

que

fueron trasladados en muy remota época y al cual por el contrario se vertieron en adelante muchos otros fueros antiguos, (1) ni menos el lemosin, cuya influencia no era entonces ni había de ser en muchos años conocida.

Y á la verdad en el supuesto, casi imposible de negar, de que los aragoneses no hablasen el idioma latino en pleno siglo xii, la discusión anterior, casi inútil bajo el aspecto polémico, debe trasladarse á los posteriores tiempos en que, por el entronque de las casas aragonesa y catalana y las otras causas que ya hemos señalado, pudo modificarse el lenguaje hispano-aragonés hasta el punto de desnaturalizarse y extinguirse.

Pero contra esta sospecha, que para algunos ha pasado de conjetura inductiva á verdadera evidencia, no hay que oponer sino dos observaciones, que, prescindiendo de las pruebas documentales en que todavia insistiremos, resuelven á nuestro parecer de un modo victorioso esta cuestión. La primera se funda en el hecho indestructible de que la organización aragonesa se mantuvo perfectamente intacta y sin que en nada la afectase la reunión de ambas coronas; y si la estructura política no padeció influencia alguna, siendo de suyo tan ocasionada y fácil á los cambios repentinos, calcúlese cómo había de padecerla el idioma, que de suyo es rebelde y lento en sus transformaciones. La segunda estriba en el principio filológico-histórico de que el idioma no se altera á voluntad de nadie, no se pierde ni áun con un largo número de años, no se cambia como las dinastias por un pacto de familia ni por la influencia de nuevas costumbres, y diremos más, ni áun al impulso de las revoluciones por grandes que ellas sean: es preciso que sobrevenga una transformación completa en la sociedad, una irrupción avasalladora, una de esas grandes crisis que alteran profundamente los imperios; y aún entonces la de acompañar á todo esto una especie de parálisis en los miembros todos de la sociedad vencida y, después de todo, aún sucederá que el idioma antiguo se irá perdiendo lentamente, que el nuevo irá triunfando por grados y sin estrépito, que ambos, en fin, conservarán y perderán mucho de su naturaleza.

lenguaje antiguo; Larripa se refiere con Pellicer á manuscritos de grande antigüedad; Morlanes dice que el códice que poseía era copia de un libro muy antiguo; Quinto, resolviendo en cierto modo la cuestión, aunque no la trataba de propósito, dice que las leyes de Sobrarbe compiladas por cl concilio y cortes de Jaca en el siglo xi se hicieron en la lengua española de la época.

(1) Y conservando, por cierto, algunas palabras españolas, como amigas por mancebas, que tiene la traducción de Salanova. Añadamos aquí, por más que no sea el lugar muy oportuno, que de algunas palabras, al parecer aisladas, se infiere rectamente el uso del lenguaje español, como en efecto se desprende de muchos antiguos apellidos, por ejemplo, Maza de Lizana, Castellezuelo, Pedro Medalla, y los muchísimos más que sería im. pertinencia enumerar.

Y como todo eso haya estado muy distante de suceder en la época del predominio lemosin, la verdad es que éste no causó más novedad en el lenguaje aragonés que la impresión producida en general por el contacto ú contraste frecuente de dos lenguas afines, cuyo práctico ejemplo nos ofrecen las lenguas española y francesa, como puede verse en el reciente y curioso diccionario de galicismos con que el Sr. Baralt acaba de enriquecer nuestra filología.

Pasando ahora á la prueba documental que hemos ofrecido continuar, concurren asimismo en favor de nuestro propósito las noticias que suministra la crónica auténtica del rey D. Jaime, en la cual, si bien los diálogos y las contestaciones suelen reducirse al idioma lemosin en que está escrita, pero á veces se conservan textuales según se pronunciaron, ya en boca de un sarraceno de Peñíscola: «Señor, quereslo tu axi? é nos lo queremos é nos fiaremos en lu, he donarte hemos lo castello en la tua ,» ya en boca de uno de los representantes ó comisionados de Teruel: «Decimusvos que vos emprestaremos tres mil cargas de pan, e mil de trigo, e dos mil dordio, e veinte mil carneros, e dos mil vaques: e si queredes más, prendet de nos.»--Sin salir de las crónicas lemosinas, la de Pedro IV nos proporciona otro testimonio con las cartas que incluye, de las cuales, abandonando el orden cronológico, trasladaremos un trozo para que sirva al paso como una muestra del lenguaje de su siglo. La carta está escrita al rey de Castilla por D. Pedro el Ceremonioso en 1356, y dice: >> E sabedes bien que cuando vos por vuestra cuenta »nos embiastes rogar que quisiésemos prender á nues»tra mano todo lo que han en nuestros regnos et te»rras, non lo quiziemos fer, porque si ellos ho vos por >ellos nos demandades más de razón, no somos serui»dos de ferlo. A las otras cosas que nos feytes saber en

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