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pérdidas que diariamente sufría el idioma del Lacio permitían que se infiltrase sin obstáculo tal cual influencia gótica, y de ese mútuo decaimiento, favorecido después por elementos arábigos, rabínicos y francos, resultó una verdadera é informe fusión, en que sin embargo prevaleció el elemento latino; (1) por donde los idiomas de él engendrados se llamaron romanos o romances, ocasionando entre otros el castellano, que bajo este aspecto bien pudo haber nacido en el siglo vin, si puede llamarse idioma nuevo el que debió de hablarse en aquella época, de lo cual disentimos nosotros francamente, por más que lo hayan sostenido, pero sin documentos ni razones de algún peso, los eruditos Aldrete, Terreros y Andrés. (2) De todas suertes y aunque fuese idioma vulgar, y áun cortesano al decir de Terreros, no le vemos hasta el siglo xi como lenguaje escrito, y por consiguiente no podemos deducir de él sino lo que de éste se desprende. Constanos, sí, de su existencia, como quiera que la demuestran las mejores inducciones filológicas, la declaran los mismos documentos latinos que repetidas veces se refieren al idio

(1) Así como el lenguaje actual procedo del latín españolizado, así también hubo lenguaje bárbaro que era español latinizado, como lo comprueba un documento de regular latín que Berganza vió traducido marginalmente á otra especie de latín macarrónico en que se decía bracaret por amplec. terelur, mataret por occideret, ayat usuale lege por sit usus et lex.

(2) Terreros en su Paleografia, atribuída al P. Burriel, divide nuestra lengua en épocas ó lemporadas, y en la segunda, que corre del siglo v al VIII, supone su nacimiento, así como en la siguiente hasta el siglo xi su cultura: Aldrete asienta que de la corrupción latina nació el idioma vulgar hasta que los árabes vinieron á modificarlo, si bien más adelante establece al cap. V de la P. I. que los godos estragaron la lengua romana aunque sin introducir la suya: el abate Andrés, ya que no concede al siglo vir los versos compuestos en alabanza de unos caballeros gallegos que vencieron con

ma que llaman vulgar (ó rústico como D. Alonso el Batallador), y sobre todo la argüirían con su misma perfección relativa los primeros monumentos verdaderamente castellanos.

Pero antes de fijar la época á que éstos se refieren, conviene anticipar dos observaciones diplomáticas, á saber: la falibilidad de muchos documentos en órden á su lenguaje y fecha, y la abundancia de documentos latinos y absoluta carencia de castellanos hasta los tiempos críticos á que nosotros referimos el uso del castellano escrito..

En cuanto a la primera de estas dos ideas, diremos que ha habido muchas piezas, latinas en su origen pero vertidas más o menos pronto al castellano, lo cual puede inducir á fácil crror por la aparente conformidad pero verdadera disonancia entre la fecha y el idioma, de lo cual (entre muchísimas) pueden ser ejemplo los fueros de Sepúlveda y de Arguedas, 1076 y 1092: hay también privilegios, cuyas confirmaciones se conocen pero no sus instituciones, habiéndose redactado aquéllas en idioma castellano sobre original latino: ha habido también privilegios y fueros que sucesivamente se han copiado, y modernizado á cada copia, considerándose vigente la última de éstas, entre la cual y la fecha, que es de suyo inalterable, resultaba un desacuerdo filológico no siempre preceptible: ha habido, en fin, alteraciones interesadas y por consiguiente lingüísticas en algunos pasajes, lo cual ya denunció D. Alonso el Sábio en aquellas palabras «aun aquellos libros raien et escribien lo que les semejaba á pró de ellos e a danno de los pueblos.»

ramas de higuera á los moros que cobraban el feudo de las cien doncellas, ni el poema en octavas A la pérdida de España que citó Faría en sus Comentarios á Camoens, supone del siglo xi los poemas del Cid y de Fernán González é igualmente los versos del capitán portugués Gonzalo Hermi. guez dirigidos á su esposa Ouroana, como también la cultura de nuestra lengna. Al mismo siglo xi y año de 1030 refiere D. Florencio Janer el primer documento catalán, y á fines del x refiere la Academia de Buenas Letras de Barcelona los primeros instrumentos latinos con cláusulas en romance. El mismo Janer, recorriendo algunos documentos franceses, cita un instrumento entre Carlos el Calvo y su hermano Luis contra Lotario en 842, y el epitafio del Conde Bernardo en 844: añade que los concilios de Tours y de Arles en 812 y 851 mandaron que los obispos tradujesen las homilías en lengua rústica vulgar romana y en tudesca.

El segundo extremo se comprueba con los muchos fueros municipales redactados en idioma latino durante el siglo xi, y aun con los muy numerosos que se otorgaron en el mismo idioma por toda la primera mitad del siglo xii, como lo demuestran, sin salir de los reinos de Aragón y Navarra, los de Alonso el Batallador de 1117, 1122, 1124 y 1129, concedidos á Tudela, Sangüesa, Cabanillas, San Cerni y otros pueblos, у

lo que es más, los concedidos por Sancho el Sábio de Navarra desde 1150 á 1193, cuyo rey (ni ningún otro que sepamos) no se sirvió del castellano sino en el fuero de Arguedas, año de 1171.

Resulta, pues, que los primeros documentos castellanos corresponden al siglo xii, pues aunque se habla de documentos de 950, (1) de una escritura de 1066, (2) de

(1) Los eruditos anotadores de Ticknor SS. Gayangos y Vedia, apuntan dos piezas del año 950, pero lo hacen con mucha reserva, diciendo que son documentos curiosos, si no están romanceados en época más moderna, lo cual nos parece á nosotros incuestionable.

(2) Es la restitución á Dios de un monasterio benedictino; pero aunque el autor de la Declamación contra las abusos introducidos en el castellano lo cita como el documento más antiguo que ha llegado a su noticia, quién

una anécdota de 1095, (1) de un privilegio de 1101, 2) у de algún otro documento á este tenor, la verdad es que el primero que cita Marina es de 1110, el primero de

que habla Gayangos de 1145, el primero que vió Sarmiento de 1150, el primero que parece que han disfrutado Risco y Ticknor de 1155, (3) el primero que menciona Yanguas de 1171, y el primero que copia Berganza de 1173, advirtiendo nosotros de paso que ni en el archivo de Comptos de Navarra ni en el de la Corona de Aragón, no existe documento anterior á aquellas fechas. También debemos exponer respecto al P. Merino que ni alcanzó otra cosa que lo exhibido en sus Antigüedades por Fr. Francisco Berganza, ni anduvo á nuestro parecer muy cuerdo en la calificación de un romance del Cid que aquél encontró en el monasterio de Cardeña y que estotro supuso anterior en algunos años á Berceo y en un siglo á D. Alonso el Sábio, siendo así que su estructura revela muy posteriores tiempos, y que Berganza, á quien se debe su hallazgo, no se atrevió á fijarle antigüedad, limitándose á coronar su obra con esos (que dice él) versos antiguos.»

que conozca la formación de nuestro idioma podrá convenir ni un momen. to con esa opinión ni conceder á esa escritura mayor antigüedad que la del siglo xiv? Hable por nosotros el siguiente fragmento: ofrecemos á Dios este monasterio, e la su piedad no desdeñe este donecillo ofrecido de las nuestras manos (magüer pequeñuelo) ansi como recibió los dineros de la viuda del Evangelio, é sobre esto hacemos promisión que ge la damos con todas sus pertenencias., Compárese este trozo con cualquiera pasaje del Fuero Juzgo, obr bien conocida y cuya traducción se mandó hacer dos siglos después en 1241.-El m. s. más ant de Esp." 875 según Paluzzie, pero dice'en qué lengua?

(1) Citado, pero refutado por Ticknor.

(2) Citado por Marina, pero con las vehementes sospechas de ser una traducción del siglo xiv.

(3) La confirmación de la carta-puebla de Avilés que Guerra y Orbe ha probado ser falsificada en el siglo xiu, aunque esta opinión ha tenido contradictores avileses.

Los monumentos primitivos de que hablamos, suponen realmente lo que ya hemos dicho, la existencia de un idioma vulgar, el cual hemos de confesar que todavía se revela en documentos muy anteriores. El erudito D. Tomás Muñoz incluye tres latinos en su apreciabilísima Colección de fueros y Cartas-pueblas, que correspondientes á los años 804, 824 y 857 contienen las voces carrera, carnicerias, calciata, foz, defesis, ganato, omes de villa, pradum, porquerum, tempore verani, ille como artículo y no como pronombre, y otras indicaciones análogas de lo que había de ser, andando el tiempo, el idioma español. (1) Lafuente, en el tomo III de su Historia de España, cita para prueba de esto mismo, la escritura de fundación del monasterio de Obona, 780, en que se hallan las palabras vacas, tocino, mula, río y pesa; una donación de Alfonso el Católico que comprende duas campanas de ferro y tres casullas de syrgo; y un documento de Orduño I con las voces verano, iberno, ganado, carnicerias, caballo, etc. Briz Martínez, en su Historia de S. Juan de la Peña, lib. II, cap. XXXVIII, inserta á la letra el testamento de Ramiro I de Aragón, 1061, en el cual se leen estas palabras: «de meas autem armas qui ad varones, et caualleros pertinent, sellas de argento, et frenos et

(1) Con estos mismos documentos, y con otras tan poderosas razones, muy dignas de su acreditada ilustración, impugnaron los Sres. Durán y Hartzenbusch, en carta particular que hemos tenido el gusto de ver, la Introducción al Poema del Cid que acabaha de publicar en París Mr. Damas Hinard, libro que hoy es ya más conocido por los trabajos periodísticos en que más tarde ha sido impugnado.

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