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de 1398. Hemos también omitido algunos de los muchos tributos ó pechas que en documentos latinos aparecen, pero que no creemos del todo aragoneses, como plantáticum que se pagaba por echar el ancla, platealicum por pasar las plazas, porcagium por los cerdos, salinaticum por la sal, portulaticum y tavitáticum por las naves, etc.; y también algunos de los oficios de la casa real, como subbolellerius, subfornarius, sobrecoch jefe de la cocina y otros varios, si bien con esta ocasión enumeraremos los que se hallan discernidos en las Ordinaciones de la Real Casa de Aragón, compiladas por Pedro IV en idioma lemosin el año 1314, traducidas al castellano en 1562 por el protonario D. Miguel Climente de órden del príncipe D. Cárlos y dadas á la estampa en Zaragoza año de 1853 por D. Manuel Lasala, cuyos oficios (que decíamos) son, dejando á un lado los de uso y nombre más conocidos, los de botilleros mayores y comunes, aguador de la botillería, panaderos mayores y comunes, escuderos trinchantes, argentarios ó ayudantes de cocina, menucier ó repartidor, escuderos que traen los manjares, comprador, cazadores ó perreros, sobreacemilero y solacemilero, tañedores, escuderos y ayudantes de cámara, guarda de las liendas, costurera y su ayudante, especiero, barrendero y lavador de la plata, hombres del oficio del alguacil, (jusmetidos á él para aprender criminosos, mensagero de vara ó vergueros, escalentador de la cera para los sellos pendientes, selladores de la escribanía, promoredores, enderezadores de la conciencia, solaporteros, servidor de la limosna y escribano de racion que era á manera de contador 6 teneder de libros.

Con igual economía hemos obrado al examinar el Indice donde se declaran algunos vocablos aragoneses antiguos, el cual, aunque trabajado por el insigne Blancas, si bien contiene doscientas nueve voces, pero trae muy pocas rigurosamente aragonesas; y aun por eso no hemos incluido de entre ellas sino diez, habiendo despreciado las que nos han parecido castellanas antiguas, que son las más, y habiendo renunciado no sin pena á algunas otras que no dejan de tener semblante aragonés, como son aconsegüerca alcance, bellos ricos, boticayu bofetada, camisot alba, caxo mejilla, desconexenza ingratitud, esguart cuenta, guarda-corps sayo, las oras, entonces, lunense apártense, meyancera medianía, ont por esto, pertesca parta o tome, pertama toma, rengas riendas, sines sin, vaxiellos vasos, umplie llenó, izca salga.

Algunas más palabras se han omitido en el Vocabulario; unas porque, si bien se encuentran en documentos aragoneses, se hallan también en otros castellanos de la Edad media, escritos en el mal latín de aquellos tiempos; otros porque no tienen para nosotros un valor conocido. Sean ejemplo alyala ó aliala, esto es «prestalio que pro investidura et laudemiis fundi alicujus recens comparati datur, scilicet duo morabatini et septem denarii,» cuyo pago solia expresarse en las escrituras con la frase aliala paccata; apacon, cuya voz hemos oido sin que conozcamos á punto fijo su significado; brunias, que ya hemos trasladado á un documento citado por Briz Martínez; cazeno, que puede ser roble ó encina, pero que no hemos visto en ningún Diccionario, aunque Briz en el citado documento lo escribe, como

en latín, de esa manera y sin explicación alguna (1; macano, que se encuentra en el mismo caso y que escrito con cedilla pudiera ser manzano, leyéndose por lo demás en un documento lusitano citado por Ducange: «unam copam deauratam in Maçanis et circa bibitorium et circa pedem; » marcizacion, que se nos lia comunicado como palabra alguna vez leida, pero que nosotros no hemos alcanzado á conocer en ningún documento, ni podido por consiguiente interpretarla; mazarechos, que hemos visto usado en escrituras aragonesas sin entenderlo, aunque de persona doctísima sabemos que significaba en la Edad Media una especie de copa traida de Egipto.

Esa misma parsimonia, pero mucho más fundada, nos ha guiado en cuanto a las palabras castellanas que Ducange define en su Glosario (2) apoyado en documentos aragoneses, cuales son entre otras: acemila, albarda, alodial, arada, armador, azconu, bandosidad, cabezalero, cahiz, corredor, escombrar, espera, fincar, jurista, malatia, maleta, mayoral, mezclarse, parral,

(1) Posteriormente a nuestro Diccionario se publicó el Glosario de Engelmann, ampliado más tarde por Dozy en 1869, y allí se sospecha que cazeno sería algún metal, como zinc, ó una mezcla de estaño y bismut.

(2) Glossarium media et infimo lotinitatis, por Carlos Dufresne, señor de Ducange, aumentado por los monges de San Benito y por Carpentier, religioso de la congregación de S. Mauro.--Nos hemos servido de la edición de Didot (1810 y siguientes), que es en seis volúmenes y contiene un Prefacio do Ducange, otro de los benedictinos, para una nueva edición; una epístola de Baluzio sobre la vida de Ducange (fué belga, nació en 1610 y murió de 87 años después de haber honrado como abogado el foro de Paris); un prefacio de Carpentier, á quien se facilitó en 1738 para la continuación del Glosario el Tesoro de Cartas, y cerca de diez y seis milcolumnas de lectura compacta en que se definen con abundantes autoridades las palabras que se hallan en los documentos de la baja latinidad.

perdida, perdidoso, quilate, quitación, rastro, realengo, renegado, saca, salva, sesmero, sobrescimiento, sol. dada, sollo, tapial, taza, timbre, tornadizo y trepado?).

Las leyes de la crítica son muy estrechas, y las leyes del gusto, aunque mucho más amplias, tienen también su orbita que no han de traspasar. Nuestra conciencia literaria es algún tanto severa, aunque no temática, y nos obliga a excluir de nuestro Vocabulario hasta palabras que le abultarían y darían más valor y que á nosotros no nos costarían más trabajo. Hay quienes nos han facilitado listas de voces que reputaban aragonesas, y la máxima parte eran españolas; hay quienes han echado de menos otras en nuestro Diccionario, y casi todas habían sido ya examinadas y, con buenas razones, rechazadas por nosotros; hay quienes creen que el barbarismo ó solecismo constituyen siempre (cuando solamente lo constituyen en muy dados casos) palabra nueva; hay quienes, si en una tilde discrepan la voz corriente y pura y la que ven usada en Aragón, tienen á ésta por sujeta á la legislación provincial. Nosotros no podemos conceder con todo esto, y en general tenemos que rechazarlo todo; y, si algo se salva de esta común exclusión, es por la via estrecha de las excepciones: el por qué de cada una de éstas va bajo nuestro criterio y responsabilidad.

No aludimos en estas censuras á los Sres. Savall y Penen, cuyas personas y obras apreciamos, y à quienes en el Vocabulario nos referimos en algunas ocasiones; pero respetando el sistema por ellos seguido en el Glosario con que ilustraron la edición de los Fueros y

1 Tampoco hemos querido traducir, para incorporarlas en nuestro Diccionario, algunas palabras no castellanas y tomadas de documentos aragoneses, como conleribusterius pechero, cubilaris predio rústico, embola caballería de carga, encanum subasta, enfrachescere hacer franco ó libre de pago, poqueria panaderia, jurenis homo plebejo y rasante de escribano, testinia armadura para la cabeza.

Observancias de Aragon, nosotros no podemos seguir el suyo por la diferencia misma que hay entre su objeto y el nuestro, ó entre su plan y el nuestro, y vamos á decir lo que ellos incluyen y nosotros excluimos. Pero antes debemos notar la inconsecuencia en que caen, pues en las advertencias con que encabezan el Glosario se declaran muy restrictivos (en lo cual andamos con ellos de acuerdo), y ofrecen omitir muchas series de palabras, entre ellas las incluidas como españolas por la Academia, las apocopadas como fuert, las de s líquida como sciencia, las terminadas en scer, las de letra doble como allender, las de alteración de una letra como objecto, las desviadas ligeramente por causa de la ortografia ó pronunciación como treh udo, las de significación clara, los adjetivos verbales en ero como eslimadero, los participios activos como arrandante, los verbos compuestos como sobreseyer, las voces que tienen en su composición la ñ antigua ó la ny como anyo y las que llamasen agregadas camo dolmacen: mas, al llegar luego al Glosario, dan cabida á muchas de estas mismas voces, en cuyo camino ya no les seguimos. Nosotros no podemos incluir en nuestro catálogo palabras como las siguientes, que ponemos para ejemplo.

Unas no tienen sino cambios ortográficos, v.g., ábilo, derecho, henero, acaballo, evilla, hurus, tastardelo, oestiu, tovalla, darzones (de arzones), laurar (labrar), senyor

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