Imágenes de páginas
PDF
EPUB

llas que descubrimos en el nuestro, con el hilo de Ariadna que solo es posible hacer, citando de comparecencia á los pueblos propietarios de aquéllos. Y tampoco han dado Valdés, Morales y Cobarrubias, ni el mismo Aldrete, ni ninguno de los que, en las últimas centurias, buscaron las fuentes de ese Nilo de la ciencia filológica que se llama romance de Castilla, si quier les debamos rayos de luz tan preciosos que parecen soles; por haberse olvidado tambien, de las dificultades con que hubo de luchar para formar su lengua, la nacion más hermosa del mediodia, y de comparar los elementos que formaron la cultura que lleva el nombre de ella. En los romances de España, segun creen muchas celebridades, hay memorias de todos nuestros primitivos pobladores, sin que háyase podido determinar, con exactitud matemática, que parte se debe á quién. Sígase la opinion del Humbold de la antigüedad ó la de Antonio Agustin, Lastanosa, Franco, Ustarroz, Dormer, Albiano de Rojas, Huerta; la de los doctos, que en las monedas autónomas encontraron preciosas revelaciones, es innegable, que en los tiempos que caen del lado de allá de los colonias griegas y sirofenicias, existian en el pais ibero, todos los idiomas que en él se necesitaban; cuyos idiomas, de índole y caracteres desconocidos, adulteráronse, al sentir la influencia del de las gentes, que fueron llegando á nuestras playas. Cual de los primitivos preponderó, no es fácil determinarlo. Juan de Valdés, Mayans y Velazquez, fijándose en la estructura léxica de los antiguos nombres de algunas ciudades y comarcas, rios y cabos, dicen, que el griego, olvidándose de que la soberanía de éste, no pudo ser la que se supone, ni aun siendo verdad, lo que afirman Es. trabon (1) y Ausonio (2); porque los milesios, zacyntos y focenses, tuvieron en el interior de España, rivales poderosos que modificaron con su habla, el del territorio por ellos ocupado; y porque en el trozo del litoral, en que extendióse su domina

(1) Segun Estrabon, tuvo escuela en la ilustre patria de los Séneca y Lucanos, Longevo Domicio y Esquilino.

(2) Segun Ausonio estableciéronse en Epaña muchos retóricos griegos, que difundieron por do quier, las aficiones literarias.

cion, ejerció predominio la tiria, vigorizada despues por la cartaginesa, que vino á enriquecer el elemento oriental, ya iniciado en la Península.

Convertida en provincia latina la venerable madre de Viriato, tras una lucha cuya grandeza cansaría la mano de cien Homeros que intentasen cantarla, la religion, las costumbres, las leyes, las artes, las letras, pasaron á ser patrimonio de los vencidos y la magna obra que en éstos produjo Roma con su cultura, pregónanla, las inscripciones, monedas y epitafios que hasta nosotros han llegado; y además, un Porcio Latron!, maestro de Floro y Ovidio; un Junio Galion!, el dulce entre los cordobeses ilustres, al decir de Estacio; un Hyginio!, que mereció el epiteto de Polihistor (1); un Séneca!; un Quintiliano!; hombres como el autor De re rústica, ó como el poeta de la Farsalia. Natural parece, que se reflejase tambien en el habla de los moradores del pais más épico de la historia, la influencia de la augusta ciudad del Capitolio.

Los doctos antiguos compruébannos, las observaciones que arrancan de los hechos. Estrabon afirma, que cuando visitó las Españas, encontró en ellas las costumbres de Roma; que casi todos los pueblos que las formaban hablaban el latin, resistiéndose á darle hospedaje en sus breñas, algunos del Norte. César, en una Asamblea que hubo de celebrar en Córdoba, habló y fué comprendido por los hijos de la Bética; cuyo aserto (2) confirma Aulo Hircio Pansa (3), el cual nos dice, que el héroe de Munda, si sirvióse siempre de intérpretes, para sus arengas (4) de las Galias, no los necesitaba en la Península, donde habíanse quebrantado conscientemente, las leyes de la Ciudad de las Siete Colinas.

(1) Discípulo de Cornelio Alejandrino, mereció el sobrenombre mismo

que éste.

(2) Libro II. De Bello Civili.

(3) Lugarteniente y continuador do César. Parte de la arenga de éste á los sevillanos reprendiéndoles por sus excesos, la conocemos por habérnosla conservado aquél.

(4) César nos manifiesta en sus Comentarios, que no podía hablar sin intérpretes, en las Galias.

Y si a estos testimonios se añade, el de la carta de Pollion á Marco Tullio, el bosquejo de Amiano Marcelino de las costumbres en el suelo santificado por las cenizas de Numancia y lo aseverado por el Livio de Talavera en una de sus páginas, creeremos por mil motivos, lo que la filosofía, la literatura, la arqueología y la historia, atestiguan con sus especulaciones y monumentos, á saber:-«que al establecerse el Imperio, era hablada áquí por la generalidad la lengua del Lacio»;-lo cual no debe maravillarnos, porque segun observa un escritor insigne, dadas las relaciones establecidas entre el Capitolio y la Iberia, partícipe ésta de los honores y derechos de aquél, llamándose ciudadano romano el hijo de Itálica desde Marco Aurelio, obligando la dominadora del orbe á sus magistrados de España á que nunca hablasen ni permitiesen instrumento público sino en latin, natural es que se generalizase éste, donde se alzan las columnas de Hércules y estuvo el límite de la tierra. Sí, la lengua del Lacio hablábase en este país general y no universalmente, segun piensan muchos y entre ellos un sabio académico, pues como dice Amador de los Rios, el considerar por una parte las frecuentes alusiones que hacen, ya los poetas, ya los tribunos, ora los historiadores, ora los geógrafos, á ciertos lenguajes de la Iberia y el reparar por otra en la imposibilidad de erradicar absolutamente con la fuerza de las armas y la tiranía de la política, los idiomas, antiguos en tan vastas regiones, inducen á contradecir al docto Martinez Marina. En Silio Itálico, se lee,

..... Misit dioes Gallæcia pubem,

Barbara nunc patriis ululantem carmina linguis: Estrabon dice, que

turdetano hablaba á su manera y que los españoles tenían la suya, aunque no todos la misma: Tácito nos refiere, que un rústico de la España citerior, gritó en el tormento, en lengua pátria, que jamás descubriría á sus cómplices: Plinio, al clasificar las piedras ricas empleadas en los anillos escribe, Hispania vocat, Hispanie appellant: de Ennio son aquellas palabras, Hispane non Romane memoretis loqui me y Cordube natis poetis pingue quiddan sonantibus atque peregrium, de Ciceron; el orador forense, académico y político, de fama más universal; el primer escritor de los siglos, despues del jefe de la Academia; el que en el libro II de Divinatione , aludiendo al tono y á la pronunciacion de las palabras que constituían en la Península sin número de especies de dialectos, observa que los nacidos á este lado del Pirineo serían incomprensibles, si en el Senado hablasen, sin intérpretes; induciéndonos á creerlo Marcial en su epígrama,

Nos celtis genitos, et ex Iberis,
Nostre nomina, duriora terra,

Grato non pudeat referre versu. Estas autoridades; monumentos arqueológicos, entre los que figuran tres bronces de Tiberio, acuñados en Emerila Augusta y los Vasos Apolinares; y el vascuence; nos atestiguan que hubo distintos lenguajes en la Iberia, aun en la época imperial. Además la razón comprende, segun dice el docto Fernandez Espino, «que las Españas, por más que el idioma oficial fuese en ellas el latin, no habían de perder el nativo; que esto tenía que ser obra del influjo de las ciencias y letras, y del transcurso de los años». Y si Roma dentro de sus sagrados muros no logró la unidad que en el siglo actual es aun un sueño, ¿había de conseguirla en las comarcas más apartadas del Tíber? Siguiendo la opinion de Marina, creo que el latin, «fué hablado por la generalidad de los moradores de la Iberia y empleado en los documentos que se referían á la administracion y al gobierno, á la religion y á la política», mientras cubrió este suelo, la sombra de la higuera de Rómulo; y siguiendo la de Amador de los Rios, que ni fué universal, ni popular en las Españas, aquella lengua; tan olímpica en las Oraciones del rival de Hortensio; tan casta, tan candorosa, en las églogas del cantor casi cristiano, que mereció tener de rodillas sobre su sepulcro á S. Jerónimo, ser invocado por el Dante y dormir bajo las ramas de un laurel plantado por Petrarca.

Y es acaso la madre de la del Romancero, el Laberinto, el Quijote, El Mejor Alcalde el Rey, y El de las Niñas? Dificil es la contestacion, pues no siendo matrices ninguna de las que concurrieron á formarla, si deseamos ver las primeras ondas, ola á ola y vallado tras vallado, hay que subir las largas sinuosidades del rio de los tiempos, hasta los continentes en que crece la flor del loto y tiene sus alcázares, una lengua que, hermana mayor de las indo-germánicas, es la llave que abre la puerta del viejo templo del arte antigüo: la Sanscrita, en la que teneis obras que, encerrando una faz del pensamiento del hombre, no valen menos que la Iliada; que las Teogonías de aquel Hesiodo, cuya cuna rodeaban las abejas atraidas por la miel que destilaban los labios del niño (1); que la epopeya que resume con esplendidez, la moderna literatura y desposa con anillo de diamante celeste, la musa clásica y el espíritu cristiano.

Sí, la sanscrita, sin la que no es posible el estudio crítico y comparado de las europeas: la sanscrita, elevada a la gerarquía á que de derecho le corresponde, desde que obtuvieron la de ciencia, la filología y la lingüística: la sanscrita, con la que, exceptuando la misteriosísima del monumental Altabiskarco cantúa, tienen semejanzas de vocabulario y organizacion todas las de Europa y principalmente, segun el inolvidable Canalejas, el griego, el gótico, el slavo, el celta, los dialectos teutonicos: la sanscrita de la que nacieron el púnico, la arábiga, la hebrea, las hablas indo-scitas, pues el filólogo y la etnografía han confirmado las declaraciones de Josefo, Meleagro, Gadareo, S. Agustin, Prisciano y del rabino español Moseh-ben-Mayemon, el Aguila de los doctores: la sanscrita, como indica de un modo vago y creen resueltamente Khalproth, Saint-Bartelemy, Calmberg, Fauriel y otros. Tal es la madre del latin, al que trasmitió voces, construcciones gramaticales y desinencias, como le trasmitió el ario directamente y por medio de la lengua de Simónides, Saffo y Eurípides, raices y espíritu. El sanscrito, no el celta segun cree Funcio, ni la hebraica, segun dice Ogelio, engendró la del Lacio; que no es mixta, cual asevera la doctrina abanderada en

(1) Los primeros comendadores de Hesiodo relatan este prodigio poético. Lo mismo refieren los de Lucano, del autor de la Farsalia; y lo mismo se ha dicho del Dante y de otros muchos.

« AnteriorContinuar »