Imágenes de páginas
PDF
EPUB

su dominacion en nuestra patria. Es ley universal en la historia, que si á un conquistador, supera en cultura el que es vencido, rindele este, con las arnias de su ilustracion, kur lo que el pueblo de los Suintila y Leovigildo, tenía que ser moral é intelectualmente subyugado, á pesar del muro de bronce de la ley de raza y de la ley de propiedad, consignadas en el código escrito á imitacion del de Teodosio, en muchas de sus páginas, y en el que se retrata con fidelidad, la conciencia y el espíritu del vencedor de Vándalos, Alanos y Suevos. Ley de raza!; ¡ley de propiedad! En su fondo se vé una sombra; y es, el alfanje que ha de triturar y convertir en arena del Guadalete, la pedrería de la corona de Ataulfo....

A la venida de éste, desaparecen las artes; las ciencias, y las musas toman asilo en sagrado; poco á

poco, los oprimidos, con sus historiadores, teólogos, filósofos y literatos, asombran al triunfador, le esclarecen y suavizan el espíritu, le seducen con su grandeza; y convirtiéndose, por su misma superioridad, en firmes columnas de la España visogoda, consiguen su primer triunfo en el tercer concilio toledano; en el que, proclamada la nueva fé, el oleo de Recaredo debilitó las costumbres septentrionales y convirtió en monumentos, las ruinas clásicas. S. Leandro, á quien pertenece la gloria de haber preparado la proscripcion del arrianismo, proclamó la unidad del lenguaje de la Iglesia; S. Isidoro, fijó en éste las reliquias de la cultura antigua; y desde entonces, «todo testimonio público, religioso ó civil, breviarios, libros litúrgicos, dogmáticos, místicos, de polémica, códigos eclesiásticos, rituales, himnos, inscripciones, epitafios, leyes militares, aparece, se formula y se redacta, en el idioma que, aunque decadente, conservaba los esmaltes de la literatura de Propercio y Ovidio.

Al abjurar el visigodo la herejía de Arrio, hablaba una lengua, bien diversa de la hispano-latina, anatematizada en el concilio; y que dejó de ser escrita, porque las llamas devoraron todos los libros contaminados con el error, en hora tan bárbara, cual las de la intolerancia de Almansur y Cisneros y la en que el árabe cegó el canal del Nilo abierto por Adriano: y..... no digo, incendió la biblioteca de Alejandría, porque el hecho no está de todo punto comprobado. El visigodo convertido, así como conservó la dominacion política, continuó hablando la lengua de Ulfilas, depositaria de las Sagradas Escrituras y de las tradiciones guerreras del invasor escandinavo..... del Ulfilas! que sustituyó los idólatras caractéres rúnicos con los de su nombre y que compuso el célebre alfabeto, cuyos signos son parte griegos, parte latinos, parte greco-latinos y parte originales.

En la Janda fué, donde por serlo todo el monarca, desapareció un pueblo: en la Janda fué, donde se borró la ley de la propiedad y de la raza: en la Janda fué, donde al perder Rodrigo la vida, el cetro, el caballo y la herradura de plata de éste, perdióse una lengua tan distinta del latin, como la letra ulfilana y la isidoriana.

Siendo una verdad la separacion entre vencedores y vencidos y que al asentar aquellos su dominacion en la Península, había en ésta, despojos de las lenguas indígenas, es natural, como dice Amador de los Rios, que el latin no pudiera ser hablado por visigodos y romanos cual en los dias del Imperio. Desde la confesion de nueva fé de Recaredo, el sacerdote católico aficiónase al estudio de la antigüedad: y aficiónanse, así mismo, un Bulgarano; un Sisebuto, de decir elegante, protector de las letras, doctísimo y que si no de la Vida de S. Desiderio Márlir, segun creyó Mariana y negaron Nicolás Antonio, Fabricio y Ambrosio Morales, fué autor de las ocho cartas publicadas por Florez; y un Chindasvinto, el primero de los Mecenas, quien por la escogida biblioteca que formase, ocupa un solio de oro en el Alcázar de nuestra civilizacion.

Sí, el primero de los Mecenas; porque si Augusto lo fué del Cisne de Mantua, Luis XIV de Boileau, Julio II de Rafael, María Teresa, de aquel Metastasio que recorrió, improvisando versos, las calles de Roma, á fin de ganar pan; Chindasvinto lo es del más glorioso de los episcopados y de los que personifican la ciencia de la Iglesia, despues del autor de las Etimologias,Tajon, Eugenio y el ilustre S. Braulio. Ved lo que contribuye á que sea tan brillante el ocaso de la lengua latina, en el que es visible el contorno del antiguo españolismo y el del goticismo moderno.

Con el libro monumental de S. Isidoro, se demuestra, que había en España idiomas que, aún sin ser escritos, influyeron en la corrupcion de la lengua romana, a pesar de los esfuerzos de la Iglesia y de los sabios. Idólatras del sentimiento de la libertad, y de la personalidad los conquistadores, rasgaron las leyes de la Gramática: si en sus costumbres romanizáronse y con alegría de las artes escénicas consagraron, al parecer, la lengua del Lacio, la pureza de ésta desfloráronla sobre el tálamo en que había muerto, la señora de las gentes. Triunfadoras las tradiciones clásicas, el latin absorbió los restos celtiberos; «hablóse en los concilios y escuelas clericales y monásticas;» fué el único idioma escrito en la Península; influyó soberanamente en el hablado; mas si buscais la integridad y nitidez que tuvo en los exámetros de la Eneida.... desistid de conseguirlo. En resúmen:-poco sensibles a las elegancias y bellezas de la cláusula ciceroniana los bárbaros, más lógicos que artistas, destruyeron el hiperbaton, en el que estriba el secreto de la energía que admiramos, en la más célebre de las Catilinarias y en la descripcion del Incendio de Sagunto de Tito Livio. Y no quedó en esto, el daño causado á la lengua de Polibio y de Tácito, pues suprimidas las declinaciones, el uso más frecuente de la preposicion y el artículo, produjeron embarazo en la frase y sequedad en los sonidos. Poco dió en verdad el visigodo á los españoles: ningun timbre indeleble pudo imprimir, en el genio de nuestra lengua. Y el Oriente? Los que no ven en la Tabla Redonda y en Sto. Grial, sino una copia servil del ciclo de Kai Cosroes y de la copa de Yemsid, contestan que le debemos todo; y nada, muchos escritores de la época moderna.

Si hojeais las páginas cristianas de los ciclos medios, ó las en que Turpin habla, del rico ídolo del Profeta que se guardaba en Cádiz; el Roman de Mahomet; la cancion de Rolando; las leyendas fabulosas que nos pintan á Gerbert, ya Silvestre II, descubriendo, por un conjuro, un áureo palacio alumbrado con luz fascinadora por un carbunclo; os asombrará la larga ignorancia en que la Europa ha vivido, respecto á la religion y costumbres del vencedor de aquella España visigoda, cuyo fausto en palacios y templos pregonan, el libro de S. Isidoro y la Perla de las maravillas (1), Almaccari y Bayan-Almogreb, EbnHayan, y Aben-Adhari; del que entró á saco en el Alcázar de Toledo; apoderóse de la mesa de Salomon, de ciento setenta coronas y diademas, de un Psalterio de David, escrito en hojas de oro, con letras yunanies y agua de rubí disuelto; y envió al Califa treinta carros de plata y todo linaje de pedrería. La ciencia de la actual centuria ha probado, que la lengua castellana, hija de varias influencias y de en tronque latino, tiene deudas de gratitud con la semítica, y que ningun sello de este nombre y sí enlaces indo-germánicos se advierten en ella, antes de los cartagineses.

Son los semíticos, idiomas de las razas monoteistas y los indo-germánicos, de carácter más subjetivo aun, de los pue. blos que llenan de divinidades el cielo, la tierra y lo profundo, como aquel cuyos atributos de gloria son, la vieja lira homérica, el pincel de Apeles, los cinceles de Fidias y los libros de Platon ó de Xenophonte.

Aquéllos tienen una sencillez perfecta; éstos la fastuosidad, la complicacion necesarias, para expresar la riqueza de la fantasía humana, lo más recóndito del espíritu, las más abstractas y profundas percepciones del entendimiento. La influencia semítica apuntada, se debe al púnico, traido por Cartago; á la lengua del que dió el alfabeto á la Grecia y que es hija de la que, en su alefato simbólico, encerró una serie de ideas profundas con su principio lógico; á la que en fin contribuyó á que la romana, no fuese universal en la Iberia. Mas, la causa formal del semitismo español, está, en que diez y seis centurias fué nuestro huésped el judío; el judío!, cuya historia social y literaria, es por fortuna, conocida hoy.

Si recordais lo preceptuado en lliberis y en Toledo, á partir del tercer concilio; las persecuciones decretadas por Sisebuto, Waraba y Egica; el papel que los errantes hijos de Jerusalem desempeñaron en la conquista musulmana; las hogueras á que se

(1) Ebn Alvvardi.

les arrojó por nigrománticos, en 845; la inhumanidad de las leyes, que en el siglo xi no consideraban crímen, el asesinato de un hebreo; las escenas sangrientas, inauguradas en 1108, que espantan, lo que la noche lúgubre de S. Bartolomé y las Vísperas Sicilianas; si recordais que tras los días del sabio Conquistador de Murcia, en que lograron merecer respeto y los de Alfonso el del Salado y Pedro el Cruel, en que figuraron en la corte y en la política, vinieron las matanzas decretadas por la Casa bastarda y fratricida; convendreis en que el judío, reducido á condicion servil, blanco del odio, no ejerció poder social, ni literario tampoco, pues no produjo creaciones populares:-cultivó entre los árabes orientales y los ulemas cordobeses los estudios misnáticos y talmúdicos, cuya vocacion siguió manifestándose en las Academias de Toledo, de la centuria décimo tercia. Inmortal será siempre, sin embargo, la literatura rabino-castellana, de carácter científico principalmente, pues sus páginas astronómicas, teológicas y médicas son en ella las de mayor mérito: la literatura cuyas glorias se nombran Isaaque, Maimonides ó como el que por su Kusari mereció una rama de encina, y por sus versos, que escribiese Heine, «si tuviese el Nartecio que halló Alejandro entre los despojos de Darío y donde encerró la Iliada, no pondría allí la epopeya homérica, sino las perlas que Jehudaben Halevi de Toledo lloró por la destruccion de Jerusalem; perJas de llanto, que engarzadas en el áureo hilo de la rima, en la fragua sonora de la poesía, resplandecen en un himno:» la literatura de Josef-ben-Abitur, Isaac-ben-Giat, Abraham y Moisésben-Esrá, Moises-ben-Na-chman y Gabirol, que es á la vez, filósofo más castizo que Séneca y tan grande como Plotino; un sabio en quien mucho aprendieron Alejo Venegas y el Dante; una de las honras que más deben envanecer á la capital de Aragon, si lo que Moser asegura, es cierto.

Ah! y qué hermosa es la florescencia de la cultura rabínica en la Edad Media, ensalzada por Munk, Franck, Sachs, Geiger, Cassel y Amador de los Rios..... Pero circunscribámonos á los siglos xii y xi y sentemos, que exceptuando la de la Astrologia de Aben Hezra, están en latin, todas las traducciones de las obras judaicas de aquellas centurias; y que en la época de

un

« AnteriorContinuar »