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A taulfo, Recaredo y Wamba, inofensivo para el cristiano, en la época que inaugura la lluvia de sangre del dia de Guadalete; el judío fué amigo del leonés, del navarro, del hijo de Castilla, del que lucía las barras del Batallador en sus pendones guerreros, hasta tal punto, que las artes de aquél, hiciéronse necesarias en las monarquías que luchaban con el moro, por la causa de la Cruz.

La lengua hebrea, inmaculada en Aben Hezras y en Maimonides, en el Kuzari del númen que Heine compara con Homero y en El manantial de la vida del profundo panteista, que antecedió á Spinosa y trazó veredas que ensanchó y prolongó el místico Jacobo Bohemen,.... la poética lengua hebrea, de una sencillez que ha inducido á muchos filólogos, á considerarla como embrionaria, ya se ha indicado el favor de que gozase, cuando D. Alfonso X agrandó el idioma de Castilla, al hacerlo heraldo y servidor de las ciencias. Y respecto al árabe, tambien se ha manifestado que influjo ejerció en el romance, por medio de los cristianos sometidos y de la aljamia del mudéjar; del que dió vida á un género arquitectónico bellisimo, al que perteneció el Alcázar de Segovia y pertenecen el Palacio de los dyalas en Toledo y el de los Mendozas en Guadalajara. Los orientales acaudalaron los romances, cuyo tesoro era latino en parte; y lejos de lograr desnaturalizarlos, sufrió quebranto el judío en su idioma. Dichos romances, invadiendo las comarcas de la morisma, fueron entendidos y aun hablados por ésta; como la del Yemen lo fué por hombres cual el Condestable Dávalos y salpicó de voces suyas las páginas del monarca insigne, que lo mismo lucía sabiduría en las academias, que gentileza, cuando montaba el bravo tordo que caracoleó en el centro de un ejército sitiador, en la rica vega de Murcia. De modo que los hijos del desierto y los de la Cruz, entendían y hablaban el árabe y el romance.

Del siglo vir al x, únicamente, en los escritores eclesiásticos y en el lenguaje chancilleresco, encuentránse los desfigurados despojos latinos, inaugurándose la transformacion que bajo las influencias locales, crea índole y fisonomía, á los idiomas españoles.

Iniciada la Reconquista , en las inexpugnables montañas pobladas de hombres de acero, que de seguro, no habrían sido acuchillados en un Guadalete, si Tarick hubiese desembarcado en el Septentrion, en vez de haberlo hecho en el Medic:lía,-tres son los baluartes, en que se defiende la Cruz de Cristo.

Cataluña, en cuyos horizontes resplandecía la densa luz de las escuelas isidorianas; arrebatada al Islam por un brazo de hierro; vecina de Provenza, donde los Condes ejercen autoridad, no bien independízase ésta; Cataluña!, únese, por estrecho vínculo, á la region que tenía caracteres históricos análogos á los suyos; la semejanza que el íbero y el aquitano. En Provenza, como en el país del Belloso, las colonias griegas sobreponense á los aborígenes y fundan, allá á Marsella, acá á Rosas y á Ampurias: en una y otro, implántase la dominacion de Roma, que á una y otro administra de igual manera y dá á sus ciudades el carácter de cultas: en una y otro hay pedazos del Imperio visigodo, ya encabezado por la capitalidad de Tolosa, ó ya encabezado por la capitalidad de Barcelona: en una y otro, es poderosísima la influencia de la Iglesia católica, de la gente monacal y de las conquistas carlovingias: en una y otro, el triunfo del estandarte del Profeta es anulado por idéntico esfuerzo: entre una y otro existen, desde la niñez, «relaciones de navegacion y de comercio, al par de las políticas, provinientes de las bodas entre condes soberanos y princesas provenzales, como la de Ramon Berenguer con Dulce (1).»

Estas afinidades; este aire de semejanza, producido por la naturaleza y la historia; este consorcio del señorío de ambos paises, en la ilustre Casa condal barcelonesa; tenían que producir, los mismos resultados, respecto de la cultura y de la lengua, en los pueblos que constituyeron una nacionalidad literaria. Sí; porque, aunque fundamental la unidad de la lengua en oc, diferénciase del catalan, segun han demostrado Diez, en su monumental Gramática; y Milá y Fontanals en su admirable Libro de los trovadores.

(1) Castelar.

Emilio Castelar, que cada dia es más grande, en la tribuna y en las Asambleas de sabios, y cuyo es el privilegio de reproducir embellecida la ciencia, diserte sobre filología ó describa el Languedoc en la duodécima centuria, aludiende á la distinción que crean entre el catalan y el provenzal, la distancia que separa á los Estados independientes y la rica variedad, propia de la Edad Media, dice, y sus palabras, son sin tilde é innegables: -«en la metamorfosis del latin al romance, torna formas opuestas a la provenzal, la lengua catalana: el sistema ortográfico apártase en ambas y esta separación descubre dos centros de cultura diversos; y en el verbo sustantivo, en las conjugaciones, en las partículas, en los diptongos, en el cambio de las vocales, esencialísimas resultan las diferencias, entre el lemosin de allende y el lemosin de aquende el Pirineo.» Y tenemos ya formado el glorioso romance, que había de oirse bajo el cielo inspirador de la Magna Grecia y en la cúpula de la Santa Sofía de Constantino.....

Creado el reino pirenáico y nacido el aragonés, al calor de la tradicion isidoriana, mientras los vascos montañeses hablaban su primitivo lenguaje, aparece en las riberas, un romance lleno, amplio, abierto, más rico quizás que el castellano, é idéntico á éste, desde la cuna, según Borao. Y en virtud de una ley parecida á la que apuntada queda, de la mezcla de su agreste idioma y del hablado por los fugitivos de la laguna de la Jauda, al borde de los despeñaderos de Asturias, brota el bable. «Silla cristiana más tarde, produce Leon, en sus cumbres y en sus llanuras, un idioma que refleja en sí todos los elementos, de antiguo atesorados en el suelo ibérico; cuyo idioma, hermanándose en breve con el de Castilla, grave y sonoro, ya en sus balbuceos infantiles quasi tympano tuba, le reconoce cierta supremacía.»

Tambien allá lejos, en el pais de las vaqueiras y pastorelas, en el que amamantara trovadores, como Men Rodriguez Tenorio y Fernan de Lugo; en el de las verdes montañas é inspiradoras márgenes, aparece un dialecto enfático, elegiaco, dulce, que aun hoy, es el más propio para expresar los afectos puros, el rubor con que la doncella, oculta el sentimiento de su corazon enamorado, que torna en pálidas sus frescas mejillas; ó las emociones del jóven, que habiéndose ausentado por vez primera de su hogar, vuelve á su casa, seguido de su fiel criado y en dócil cabalgadura, y al divisar su pueblo, desde la cuesta que domina el valle, y junto á la ermita de las afueras, á sus padres y hermanos que le aguardan ansiosos, los saluda estremecido de alegría.

Hé aquí los capitales romances (exceptuando el eúscaro) con que termina la maravillosa gestacion histórica, de que se ha hablado. Los tres tienen casi la misma edad: los tres se vigorizan desde el siglo xi, por el poder que adquieren los estados de la Cruz y por la conquista de Toledo, que cambia la faz de la política cristiana y pone en combuslion, fundiéndolos con olros extraños, todos los elementos de cultura abrigados de antiguo en nuestro suelo. Y se vigorizan de tal suerte; que el uno procrea el mallorquin; el otro absorbe los dialectos astures, los leoneses, el aragonés, tan bien estudiado por Borao, el navarro, cuya

fisonomía determinó En Pere Moles, en un curioso libro del siglo xv, y el gallego: ....... el gallego!, que tuvo literatura, antes que el castellano; dió paternidad á la lengua del país en que nacerían los Camoens y Ferreira; y que había de regalarnos perlas de Saa de Miranda, de Gil Vicente, de Melo, de Gregorio Silvestre, tan ensalzado por Barahona de Soto y Lope, y de Jorje Montemayor, músico palaciego, poeta, y autor de la Diana, elogiada por Cervantes y superior por su naturalidad y ternura, por sus afectos é interés, à la Arcadia (1) de Jacobo Sannazaro.

En lo más florido de su juventud estos romances, cansados de la patria potestad del caduco latin, empeñado en conservar la heguemonía antigua, luchan con él y empiezan aquellos á tomar color literario, en creaciones que, por desgracia, no se conservan, por haberles negado hospedaje la escritura, que era docta; y por último logran sus aspiraciones, apesar de los obstáculos políticos que les combaten, de los cambios introducidos

(1) La Arcadia, fué traducida á nuestra lengua en 1547, por D. Diogo Lopez de Ayala,

en la Iglesia de España por la curia de Roma, y de la desgracia á que se vé condenada la letra gótica.

Y hé aquí que hemos llegado al siglo x, en el que no era cosa peregrina el roinance castellano. La lengua nueva, entonces oral, hablada, no alcanzó la dicha de que la recogiese el monumento, por falta de manos que la escribiesen; mas poseemos peregrinas páginas bilingües, que acreditánnos la vida de aquélla. Una de ellas es el Fuero de Avilés. «Escrito por los cancilleres del Conquistador toledano, casi en la misma forma que hoy tiene, para gentes de índole distinta y oriundas de apartados territorios, hízose necesario buscar una lengua que fuese de todos ellos comprendida, y ninguna como la sabia, podía llenar este cometido.» Apoyan esta opinion de Hartzenbusch, los documentos coetáneos, de un latin acomodaticio, y otros anteriores, en los que obsérvase, que palabras que tienen forma bárbara en el Fuero, aparecían en castellano, como si de propósito hubiesen sido alteradas. Ambas indicaciones pueden comprobarse, hojeando la Coleccion de Muñoz, y fijándose entre otros, en el Fuero de Búrgos, otorgado en 1073, y en el de Valle, concedido en 1094 por el Conde Raimundo, esposo de D.“ Urraca. Dedúcese de lo expresado, que existían entonces, una lengua ó lenguas distintas de la escrita y si de tal convencen las indicadas páginas diplomáticas, ¿cómo en el Fuero de Avilés de Alfonso VI y en el confirmado por el VII en 1155, no hemos de ver el romance de Castilla triunfante?

En los documentos del siglo x, á roso y belloso, encontrareis, palabras expresivas de las necesidades de la clase ínfima del pueblo; y en los cancelarios del viii, del ix y del décimo ya indicado, es perceptible la influencia activa y directa del romance vulgar; y de igual modo, en Aragon y Navarra. En la centuria novena, obsérvase un cambio de cánon gramatical, en la construccion, conjugación y declinacion, en presencia de lo que, discurre Canalejas con lógica, al decir, que las voces extrañas al léxico del Lacio que existian en el siglo viii y aun en días más remotos, pertenecían á una lengua, viva entonces. Ducange ha pro

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