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bado, que la sucesora de la latina penetró en los alcázares, subió al púlpito y se llamó romana (1), la cual fué en la Peninsula, un latin informe, mezclado con ibero y púnico y griego y hebreo;—más ibero en el Norte, más púnico al Sur y más griego al Este.

De modo que desde el siglo x, es el romance, una lengua formada, que crece y se desarrolla en el xl, teniendo su Torre de la Vela por decirlo así, en el reinado de D. Alfonso el de Almería y aun mejor en el de las Navas:.... Torre de la Vela bendita!, pues en ella, terminó la cristalización de la cultura antigua, producida por las fuerzas nuevas de la historia, en las formas propias del espíritu, generador entonces, de la Edad moderna; y tremoló sus estandartes victoriosos el habla hispano.

Así es que fija la vista en el modismo del romance y en la ley gramatical de la lengua que funde á la antigua; comparando el Diccionario clásico con el de Ducange, que es un pomposo monumento elevado á la filología, interroga un literato español, ¿podreis negar ante estas páginas, que es ya añeja la energía con que el genio moderno pugna por romper la cárcel del idioma artístico latino, para producir voces que no cabían en el mundo greco-romano? Quién lo dudara! Y porque no es posible, en el léxico de los romances vulgares, no veais solo, flores brotadas del sepulcro en que se corrompió el latiu, sino una obra, en parte formada por novísima creacion. Considerando pues, el número respetable de palabras castellanas que encontramos, en las centurias de los monumentos bilingües; y que a pesar de la enemiga de los doctos y de las influencias de la pasada cultura, «aquellos vocablos permanecen intactos, aquellos solecismos, son cánones gramaticales y aquel continuado barbarismo es una lengua;» hay que creer, que los fenómenos observados en los siglos viii y ix, reconocen por causa, la existencia de un idioma oral, hijo del pueblo, que se impuso á los mismos que procuraban alejarlo de sus labios.

(1) Dicen los maestros, que el epiteto de vulgar, aplicado á la lengua, tiene una significación retórica que se refiere al lenguaje docto de los escritores de los siglos vi, vi y vile; y que lengua romana, en contra-posicion á la latina, es, lengua popular.

Acaba de sonar en el reloj de los tiempos, la hora triunfal del rico romance castellano; en el que resplandece el genio de la lengua latina descompuesta por las indígenas, desde antigüedad remota; y reconócese, más o menos borrado, un sello hebraico, arábigo, extranjero y de diferentes lenguajes. En las obras escritas más viejas que poseemos, hállanse voces recibidas del godo, del aventurero germánico, del vascuence (de éste muy pocas) y del griego, si bien la mayor parte del caudal de esta especie nuestro, procede de los estudios clásicos del siglo xvi. El idioma del Lacio fué pues, el núcleo principal del que, áspero, enérgico y vigoroso, como hablado por guerreros; sencillo y vago, como hablado por gente de una candidez adorable y de una inexperiencia sin límites; á pesar de los desdenes, del obstinado en detener el sol de las letras eclesiásticas ya en su ocaso; adquiere la púrpura del arte y logra por fin ahuyentar aquella sombra, que en las chancillerías y entre los semidoctos, se llamaba latin, con cuyo nombre recibía un homeraje parecido, al tributado á Inés de Castro despues de muerta. La que Amador de los Rios llama corrompida jerga, concluyó en el reinado del santo monarca, que hizo ondear el pendon de la Cruz, en los adarves de Sevilla. S. Fernando, convencido de que crea vínculos y estrecha lazos la unidad del idioma, y de que sólo ésta podría conducir a la del derecho, hizo oficial la lengua del vulgo, convertida ya en literaria y aceptada por los cancilleres de Alfonso VI. El bárbaro latin de la curia quedó reservado para los documentos eclesiásticos; y para todos los demás empleóse el lenguaje vulgar. Este empezó á desarrollarse con la precocidad, revelada en la traduccion del Fuero Juzgo de aquel tiempo. Alfonso X, que vino en pos del rápido conquistador de las ciudades andaluzas, continuando la obra de su padre, lo trocó en idioma culto de las ciencias heredadas de la Iglesia, aprendidas del árabe y del judío; y lo enriqueció con las voces y fórmulas científicas de los sabios y naturalistas que le rodeaban, enderezándolas por , segun nos dice en el libro de la Esphera, el monarca que tan respetuoso fué con la lengua nacional castellana y tan considerado con la de la Religion, en las Partidas.

Hemos llegado a la cumbre hermosa del siglo xi. Ved el habla de Castilla caracterizado ya, por la propiedad enérgica, la sencillez, la gracia, la majestad y la fuerza (1); vedle tan apto para la historia, como para la filosofía, para describir como para enseñar; y con el carácter simbólico y didáctico que distingue, uno de los ciclos de nuestra historia literaria. Hé aquí la multitud de elementos, que fueron dando vida a los romances y creando la lengua española; la que, constituida bajo seguros cánones, mereció que Marineo Sículo la saludase, en el siglo xv, como la más elegante y fecunda, y Hernando de Herrera, como la más recatada, la más casta, la más culta, la más admirable de las modernas.

Raynouard, en su Gramática comparada, ha estudiado las vicisitudes del latin, en varios idiomas del mediodía y afirma, que habiéndose mezclado á los dialectos bárbaros, produjo una lengua universal, que usóse en todas las comarcas, en que el Lacio había dominado y que duró, hasta el año mil; que de improviso, sin causas visibles, debió alterarse, dividirse y dar vida al francés, al catalán, etc.; conservándose tan solo casi inmaculada en Provenza. Tan errónea doctrina, victoriosamente, la ha refutado Puymaigre. El P. Sarmiento calcula, que de cien palabras españolas, sesenta son latinas, diez griegas, diez gótícas, diez árabes, y que las demás pertenecen a los idiomas de las Indias Orientales y Occidentales ó al dialecto de los Gitanos. El cálculo no parece exacto, pues el legado de la árabe al castellano, fué mayor que el de la goda y tambien su influencia, en la formacion de él.

El autor de Antigüedad y Universalidad del Vascuence en España, afirma que de las 13.365 palabras radicales en nuestro idioma del primitivo Diccionario de la Academia son, 555 arábigas, 973 griegas, latinas 5.385, hebreas 90, vascongadas 1.951, de origen desconocido 2.786, y que las demás, salvo un pequeño grupo, las formó por sí mismo y de sus propias raices, el habla inmortal de Quevedo y Saavedra Fajardo.

El P. Burriel sostiene, que la octava parte de nuestro len

(1) Nebrija.

guaje en la Edad Media es arábiga y que la influencia de este nombre duró, aun en el período decadente del muslim; de cuya influencia, son vestigios, las inscripciones de las monedas de los Alfonsos VI y VIII, el privilegio otorgado por Fernando IV á los religiosos de Toledo y escrito con caracteres árabes, y la arquitectura mudéjar. Renuncio á depurar el contenido de estas aseveraciones; y fijándome en el romance, que si es inferior al latin en palabras, frases y giros, y por su carencia de voz pasiva, y menos maravilloso, por la pérdida del hiperbaton, en cambio su alfabeto es más rico que el de Roma, su cláusula, expresiva de las ideas abstractas, tiene una claridad admirable, posee la y griega y una acentuacion que pone en el lenguaje una armonía y una variedad sin límites,... fijándome repito en el romance, cuyas calidades ha apuntado Vargas Ponce con gallarda pluma; adviértense en él, sin número de palabras que proceden de la lengua de Ciceron y Ovidio y que las hay celtas, godas, algunas que quizás pertenecen á idiomas perdidos, aumentativos, pronombres y tiempos de conjugacion que nos recuerdan el sanscrit y quién sabe si algo más, que descubrirá nuestro siglo. Las indagaciones lingüísticas se verifican hoy en la esfera más amplia, con un espíritu crítico y filosófico los más exquisitos y la razon de ser de fenómenos, misteriosos antes, es conocida. Así es que, tan arqueológicas, como la opinion de que el euskaro hablóse en la torre de Babel y que el celta es una lengua primitiva, de cuyas entrañas han salido las europeas; se juzga la teoría de Raynouard y la del traductor del Poema del Cid (1), que sostiene es el castellano, hijo del francés.

La luz ha sustituido á las tinieblas, en la filología:-el lenguaje de Castilla es oriundo del Oriente, aunque su genio no sea semítico, y palabras tiene de este sabor, en no escaso número. Las razones de este hecho, no hay para qué repetirlas. Deben completarse sin embargo, con una indicación.

Circula por el cuerpo de nuestro idioma, sangre de la sangre del Lacio. Ahora bien, el sanscrito trasmitió terminaciones al

(1) Damas-Hinard.

latin; y son muchas las voces que, como jucenis y mortuus, se derivan de aquél. Esto de un lado y de otro la estrechísima relacion que guardan las neo-latinas con la de Valmiki, inducen á lo aseverado, respecto al linaje del idioma, en que están escritos el Canto de Cosaco, el Rey Monje, la Ultima lamentacion de Byron de Nuñez de Arce, los Pequeños Poemas de Campoamor, el San Francisco de Castelar ó las páginas en que Larra y Mesonero Romanos dieron a la prosa, su castiza hermosura.

De este largo viaje, con rumbo a los orígenes del habla inmortal del Romancero y el Quijote, dedúcese que las palabras, que acopió Borao, por proceder de las fuentes que dieron carácter al castellano, son asimilables por él. Y son además propias, concisas y aun irreemplazables, si se han de traducir ciertos conceptos. En ellas, como en las creaciones jurídicas de Aragon, hállase objetivado nuestro propio ser, tanto, que voz hay en este DICCIONARIO, en la que es clara la grave vis satírica que ha caracterizado siempre, á los ingenios de la patria de Marcial y los Argensolas. Yo creo que de igual suerte, que ha amanecido ya el día de que el espansivo código aragonés y el castellano se abracen, al pié del árbol de la libertad civil, y de que el standum est chartæ que informa el derecho foral éntre, á guisa de triunfador, en tierras de las Partidas; yo creo que de igual suerte que ha amanecido el día, de que todo lo que del monumento de D. Vidal de Canellas resista el troquel de las nuevas ideas, debe ser erigido en ley; es llegada la hora de que reciba el Diccionario, vocablos de la indole de los contenidos en éste. Porque ni la unidad del derecho, ni la unidad del lenguaje, se forman con soberbias imposiciones y sobre los escombros de los códigos é idiomas provinciales.

Ni la unidad del derecho, ni la unidad del lenguaje se forman, recogiendo, sin sentido de justicia, lo que agrade; ó herborizando caprichosamente en la Jurisprudencia, en el Parnaso, en el mundo de su constitucion interna, de esta y de aquella comarca. Y si la unidad del derecho nacional no existe hoy, lo propio acontece con la del idioma. La obra inaugurada con las nupcias de los Reyes Católicos, está sin terminar:

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