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vendreis en que existía en Aragon un idioma, tan universal, cual lo fuese el lemosin en Cataluña.

Lo Glorios En Jaume, acreditanos también en su Comentari, que en sus años maduros juzgaba dignos intérpretes de la historia, á los romances españoles; confesándolo así, con actos y con la hidalga franqueza que dictáse la prohibicion de 1233, en homenaje al poder erudito eclesiástico. Y á fé que, á versiones aragonesas se refiere también sin duda, el célebre Statuitur.

Cualesquiera que fuesen los intentos de la Casa de Barcelona; sea ó no verdad que D. Jaime se propusiese en favor del catalan, una reforma parecida á la que, en favor del romance hiciese el sabio hijo de S. Fernando, amigo y confidente del que postró «con la energía de granado varon, la soberbia, la arrogancia, el fiero espíritu de los Ahones, Mendozas y Cabrebreras;» es lo cierto, que no fué la lemosina, la lengua del pais de las Barras. Lo que hubo fué, segun Borao dice, «un comercio recíproco entre aragoneses y catalanes, luego de unirse ambos estados, aceptándose aquí vocablos, desinencias y una parte de las letras catalanas»; comercio que debemos bendecir, porque cuanto procede de las literaturas sucesoras de las monásticas, ha colocado átomos de luz, en la vía-láctea del progreso.

Que el lemosin difundióse por la Corona de Aragon; que fué real y palaciego; que se usó en escrituras, cartas-pueblas, procesos, libros de cuenta y razon y actos del reino; que el legislador, el historiador y el poeta, sirviéronse mucho de él; que hasta el siglo xv, encontramos fueros redactados en impuro idioma latino; que el provenzal, generalizado en ciertos círculos por obra de D. Jaime, empezó á decaer en la décimo-cuarta centuria, a pesar del Consistorio de Zaragoza y quedó herido de muerte, cuando el Marqués de Villena «insinuó á un tiempo, el gusto aragonés en Castilla y la lengua de Castilla en donde venerábase la cruz de Sobrarbe; que hasta la centuria décimo-cuarta aludida, sirvióse nuestro pais natal del latin y del lenguaje de las páginas que Borao enumera, todo esto es obvio.

Sí, obvio es, que el catalan fué el idioma de la poesía, del palacio real y de algunos documentos oficiales; de lo que

no se deduce que aquel fuese el literario, ni el popular, ni que Mayans esté en lo firme, al aseverar lo que nos recuerda Borao. Este, escudándose con documentos y con autoridades acatadas por los doctos é infalibles en buen número, demuéstranos, que antes de que el sol llamease en el alfanje alzado á lo alto en Guadalete, tuvo lugar en Aragon una crisis lingüística, como en el resto de la Península; y que á semejanza de lo ocurrido al borde de los precipicios astures, se conservó y pulió la nueva lengua entre las hayas de Sobrarbe, en los nevados peñascos que sirviesen de cimiento al alcázar de la monarquía, en que el ser rey significaba, lo que un escritor respetable (1), expresó, en unos versos, inéditos hasta hoy. Demuéstranos, que no bien el estandarte de la Cruz ondeó en el llano, el guerrero montañés extendió, á compás de su reconquista, su infantilidioma, en el que hospedáronse multitud de palabras árabes; que la union del solio de los Ramiros con el de los Condes, y el

1) Me refiero al ilustre D. Manuel Lasala; y la composicion inédita es, un soneto que dice así: FUEROS DE SOBRARBE.

E si non, non.
Pidan á Sennyor Rey, si vén pretende
A entuertos é desmanes dar holgura,
Que trayga á su deber la su cordura,
Cå ansí por fuero el imperar se entiende.
E si esta ley de somision no atiende,
Muéstrenle quo el regnar, non siempre dura,
E que se membre de la sancta Jura,
Que al regno so el Justicia fizo allende.
E si en libianos stropiezos se anda
E s'afinca saez en roin tirano,
Cá con torpes traheres se desmanda.
Quiten de siella á rey tan mal cristiano,
E tornen dotro reye á la demanda

Maguer lo ferien por algun pagano. Debo esta poesia, á la amabilidad de mi ilustrado compañero D. Marcial Lorbés de Aragon, que la encontró entre los papeles de su deudo, el insigne escritor. Interin llega el diá de que se coleccionen las pr. ducciones poéticas del Sr. Lasala, ningun hogar más cariñoso puede darse á ésta, que la página de un libro de Borao, á quien vivió aquel unido por la amistad más dulce.

influjo del pais de las cortes de amor, dió al habla de nuestros antepasados timbre provenzal; que sobre todo esto conservóse un lenguaje aragonés, que no necesitó uniformarse, ni al advenimiento de D. Fernando de Antequera, ni al recibir el Rey Católico la blanca mano de D." Isabel; y que este dialecto, casi castellano, debió su semblante al carácter y al vigoroso espíritu de la tierra de las Barras, á las reminiscencias de la en que quedó tendido, entre laudes rotos, el cuerpo ensangrentado del inás liberal de los antiguos monarcas, y al roce con aquellos hijos del Yemen, cuya dominacion dejó en la Península, la estela que forman, el alicatado revestido de aljófares del palacio morisco, las albercas rodeadas de arrayanes, en las que suena el surtidor como líquida guzla, los encajes, alharacas, cresteria y bordados que creeis de hilo de oro y piedras preciosas, en el mirha cordobés. Si; Aragon tuvo lengua, poesía y rima, desde el siglo viir; una lengua que contribuyó á dar á la de Castilla los esmaltes de culta; una lengua en la que escribiéronse peregrinas páginas. Y demuéstranos con documentos, que por ser innecesario, ni enumero, ni analizo, que el lenguaje español fué, desde antigüedad muy remota, el hablado en este país.

De mano maestra traza Borac, el cuadro de la formacion y progreso del idioma aragonés; lujo de pruebas documentales nos ofrece en apoyo de su tesis, sacadas del arsenal de los siglos; y tan persuasivas todas ellas, como por ejemplo, las célebres cartas de Juan II y Jimenez de Cerdan, la proposicion y juramento de Fernando I, las páginas del traductor del Isopete historyado (1) y las obras del Principe de Viana, al que con buen acuerdo, naturaliza D. Jerónimo, en Aragon. El Príncipe de Viana! Qué gran figura! Tiene la alteza que en la república del saber y del arte, un Pero Lopez de Ayala, un Marqués de Santillana, un Villena; la alteza que el autor del Laberinto ó que Prudencio, cuyos himnos son, el incienso, el oro y la mirra de la poesía religiosa.

De afable condicion; hermoso y gentil; dado al estudio; vencedor en lides poéticas y morales; tan amigo de Alfon

(1) El infante D. Enrique de Aragon.

so V, como de Alfonso la Torre, el de la Vision deleitable; tan honrador de Ausias March y de Mossen Juan Roiz, como de Juan Poeta, el infortunado hijo de un pregonero (1); danzador garboso; trovador ingeniosísimo; gran dialéctico; aficionado á los libros clásicos, sin desdeñar los de Italia; devoto de las Letras Sagradas, á fuer de cristiano, de las ficciones caballerescas, á fuer de caballero, de la Historia y las Leyes, á fuer de principe de elevadas miras; D. Carlos de Viana vivió, sufriendo, leyendo y escribiendo libros importantes y requiestas que producían agudas disputas en los ingenios de más renombre; á los que trataba con ingenuidad y sencillez. El asonó cancioves que cantaba al son del laud ó la vihuela. Sus poesías tuvieron suerte desventurada. Él tradujo las Ethicas de Aristótoles de Leonardo Arezzo, acreditándose de fiel intérprete del gran observador, de portentoso erudito, de moralista, de entendido filósofo, de conocedor del latin y del romance, de cultivador esmerado de la frase de éste:-por cierto que si no dió cima á la árdua empresa de limpiar de errores la magna obra del maestro de Alejandro, fué, por las amarguras con que afligió al Principe, su padre. Él estudió á Eusebio, Orosio, Leandro, Isidoro de Sevilla, Ildefonso, al Pacense, á Sulpicio de Compostela, á D. Rodrigo, á Lúcas de Tuy, á Vicente Bauvais; consultó los escritos de Fr. García de Enguí, obispo de Bayona, las crónicas todas de Castilla, Aragon y Francia; penetró en los Archivos; y ávido de lavar en las cristalinas aguas de las verdaderas fuentes históricas, las narraciones de la Edad Media; bajo el influjo de Italia; escribió su célebre Crónica; notable por el método, la claridad y la pasion por la exactitud, que en ella resplandecen; por ser entre sus libros, el de estilo más natural y lenguaje más suelto. Él en fin, fué autor de Epístolas y Lamentaciones, que vivirán siempre: y poeta, filósofo, orador y cronista, nutriendo su espíritu con la doctrina de otras épocas y literaturas, mereció la palma de oro de la inmortalidad. Pues bien, el Príncipe de Viana puede ser naturalizado en este país, con

(1) El de Valladolid.

mas justicia que en España, Doria ó Alejandro Farnesio, y que en Italia el gran Ribera; no ya por el interés que en Aragon despertaron las desgracias de D. Cárlos; por la solicitud con que aquél las socorrió; por el parentesco que á éste unía con el héroe de A versa; por haber sido el hijo infelice de D.a Blanca primogénito y heredero dėl sólio tallado en el tronco de la encina de Sobrarbe; sino porque el traductor de las Ethicas, apartóse de los que pugnaban por latinizar nuestra sintáxis; asocióse al movimiento literario de los ingenios catalanes y aragoneses y escribió en romance navarro, á maravilla:... . en romance navarro!, interesantísimo para nosotros, por las grandes analogias históricas y jurídicas que entre sí tienen, el reino de D. Pedro II y el de Sancho el Fucrte; por las afinidades que en ambos creó la geografía; por su comunidad de origen monárquico y de reyes en tiempos; por todas las sólidas razones en fin que Borao alega en su Introduccion; de las que dedúcese la conformidad acabada del lenguaje, en las regiones aludidas. Es verdad que el vascuence hablóse en muchas villas y aldeas de Navarra; mas el Archivo de la Cámara de Complos y el de la Diputacion, nada contienen, en contra de haber sido el castellano leugua oficial, en la monarquía cuyos hijos fueron nuestros compañeros de armas en las Navas. Lo fué, un degenerado latin, hasta que lograron omnimodo triunfo las hablas vulgares, bajo el que germinó el romance navarro; del mismo tronco y de la misma raíz, que el de la España Central y análogo en las circunstancias políticas y sociales, que determinaron su aparicion.

En los fueros, otorgados por mano aragonesa, á importantes poblaciones del país de Sancho el Tembloso, hay voces, giros y cláusulas en que, bajo el tosco ropaje de un latin bárbaro, escóndese, en estado de crisálida, una lengua nacional.

Si examinais los documentos diplomáticos, que en muy docto sitio se guardan y en los que resultan interesados, ya el abad y monjes de Fitero, ya el Prior de S. Estéban ó el de Jesa, os convencereis de que existió en Navarra un romance, parecido al leonés y al castellano. Navarra sintió la influencia aragonesa siempre. Los. Fueros Municipales, coleccionados por

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