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Muñoz, convencen de que ningun documento, que no sea latino hay en aquella, hasta la tarde del siglo xii, en que el romance puro, posesiónase de la chancillería. Sancho el Sabio, en el último tercio de dicha centuria, otorga el Fuero de Arguedas, en nacarro, que era ya el habla de la muchiedumbre; presentándonos en el siglo xi el Fuero general, un lenguaje casi formado y con brios para acabar de vencer, los obstáculos que se le oponían.

Es evidente que el habla nacional en Navarra, lo fué, como en Aragon, un lenguaje parecido al leonés y al de Castilla; si quier en el de Navarra, cual en el de Aragon, adviértanse matices que determinan fisonomías particulares. Convéncennos ambos de que era simultáneo y general, en la Península, el predominio alcanzado sobre el latin cancilleresco, por los idiomas vulgares; cada uno de los que reflejaba elementos de cultura.

Es así mismo evidente, que en las donaciones, privilegios y demás escrituras de Navarra, hubo analogía con las prácticas y el lenguaje de Aragon, hasta en las rúbricas curiales,» lo cual acontecía en las merindades próximas á nosotros y en las que estaban cerca de Francia ó del risco vascongado; que la lengua familiar, idéntica en los aludidos reinos, en ambos estuvo unida por íntimo parentesco, con el castellano. Sí; idéntica y de no menor fuerza vital, que todas las hablas vulgares. Porque si el catalan propagóse á Mallorca y Valencia, merced á las hazañas que relató D. Jaime, con candor sublime y en irases tan dulces, como el piar de la golondrina que anidase en la tienda de campaña del ilustre guerrero, en el sitio de la ciudad del Turia; el romance aragonés se enseñoreo de las poblaciones arrancadas por el Conquistador al moro, en las comarcas dej mediodía; en que el azahar perfuma la atmósfera y la palma con sus espigas de dátiles y el limonero con su fruto de oro y el granado con su flor de púrpura, prestan hechizos indefinibles al paisaje;.... en aquellos deliciosos campos, en los que al lado del ciprés, cuyo color verdi-negro destaca la nieve de la paloma, está el mirto, que es el árbol del sepulcro de los niños, ó la higuera que, por haber ocultado á Jesus y María , fugitivos de Herodes, dá tres veces un fruto que destila miel; y en que las florestas vierten perfumes más suaves, que los jazmineros de Alejandría, que los bosquecillos de rosales de Chipre y de Damasco.

Resulta pues, que la historia enseña, que en Aragon y Navarra, tuvo la lengua española las mismas vicisitudes que en Castilla, á la que superó aquél bajo más de un aspecto; sin que jamás hayan existido, sino diferencias naturales, y modismos, en los que se conserva lo tradicional del carácter, en el Norte, y en los eliseos de Andalucía. De aquí, los vocablos propios y maneras de decir de que nos habla, el célebre Juan de Valdés.

Y con lo dicho basta para demostrar, como las palabras contenidas en esta magnífica obra, pueden naturalizarse en el Diccionario de la Academia. Más aun; deben naturalizarse en él, las bellezas provinciales, recogidas por el docto profesor, en el honrado hogar de este libro. Haciéndolo, ganará mucho la sintáxis española. Vocablos y desinencias hay en estas páginas, que aumentarían la gracia de la lengua de Quevedo y perfeccionarían el sentido de ciertas voces, imprimiéndoles más propiedad: los hay, más conformes que sus respectivos, con la etimología y con el genio del idioma que rebosa sales y donaires, en Cervantes y Góngora: los hay , más concretos y claros, que muchos que tienen la calidad de castizos.

El Vocabulario de Borao, contiene pues, dádivas, cuya aceptacion interesa al fausto, al número, á la poesía, del habla de los Luises y de Argensola; del habla que, ante la Virgen de Bartolomé, oir creemos en los labios de los hermosos ángeles niños, que ostentan vástagos de oliva, palma, rosas y azucenas, en torno de la Madre de Dios.

D. Jerónimo Borao prestó un gran servicio á su pátria, con esta obra. Quizás no se encuentren en ella, todas las palabras que tienen derecho á ocupar un lugar parecido al de las acopiadas: tal vez brillen por su ausencia, frases propias de este país, alguna de las que conozco por un ilustrado y querido amigo (1) y encierra la inocente hermosura del Pirineo y del

(1) El Sr. D. Antonio García Gil.

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hombre que lo habita. Yo no dudo, que leyendo con cuidado á nuestros escritores, ó las páginas de nuestros jurisconsultos y estudiando el derecho consuetudinario en boca del pueblo; yo no dudo que, llevando la crítica á nuestra historia, á sus fuentes, a nuestro Parnaso popular, al lenguaje de la aldea, á las joFas literarias y científicas que poseemos, encontraríamos oro de ley, como el recogido por Borao. En faena tan árdua sorprendió la muerte al ilustre autor, segun pregona el A péndice que nos legase para enriquecer la segunda edicion de su DicCIONARIO; y quién sabe si preparando los materiales, para reunir en un libro, las frases y refranes aragoneses. Es riquísimo, nuestro tesoro de frases! Y el de refranes! Poseemos muchos, muy antiguos, en los que estan representados el carácter, la indole y la tendencia del pueblo que grabó las barras en el cielo de Italia y de Sicilia, sobre las puertas del Oriente y sobre las plateadas escamas de los peces del Mediterraneo. Unos reférense á faenas agrícolas, á circunstancias de los oficios fabriles y otros á la vida del pueblo, ó á las ocupaciones del pastor. Unos respiran la sencillez inspirada por el surco ó la montaña; otros fé religiosa y sagacidad: abundan los elegiacos: no faltan los espresivos de ideas audaces; ni los en que se ensalzan nobles rasgos del alma ó se perpetúan los nombres de distinguidas personalidades. Los mejores son, los que encierran un pensamiento, ya agudo, ya grave y fotografían el espíritu de la patria de los grandes satíricos. Lástima que Borao descendiese al valle de las tumbas, sin legarnos la coleccion apetecida! Y mas aun que la Parca se apresurase á cortarle el hilo de la existencia, en la época en que mas hábiles trabajos pudo haber ejecutado en su DICCIONARIO!

El sitio que D. Jerónimo ocupó en la Holanda zaragozana de las letras, continúa aun vacío. No se me alcanza quién entre nosotros tenga empuje para desempeñar los oficios de sucesor suyo. Que cuando alguno nazca con ellos, procure continuar la obra inaugurada, que á fuer de grande , necesita del esfuerzo sucesivo de varios hombres! Los magnos libros parécense mucho, á las magnas creaciones de la arquitectura. Sin concluir están aun, las catedrales de Sevilla y Colonia: el historiador de

las Navas puso la primera piedra de la toledana, que se comenzó bajo el amparo de San Fernando; se consagró en los días de Alfonso VI; debe mucho al VIII; tiene por adornos el sepulcro de Mendoza y el de D. Alvaro, el de D. Enrique el Bastardo y D. Juan I, las esculturas del genial Berruguete y del clásico Borgoña:y del esfuerzo de muchos príncipes necesitose, para construir, la mezquita cordobesa; selva sagrada de toobas de mármol; encantado laberinto que si con sus lámparas simulaba un sistema solar, alguno de sus alminares, amortiguaba con el brillo de sus granadas de plata y oro, el resplandor purisimo del sol andaluz. Pocos Palacios del fueron ideados, delineados, construidos y pintados por un solo génio, cual la maravillosa quinta de los Duques de Mántua en que resplandece, el númen creador, poderoso, inarmónico de Julio; que más inclinado á los conflictos terrenales, que á ejecutar con cariño una Sacra Familia; más amante de la idea de fuerza, que de la sencillez y naturalidad majestuosas; sin la idealidad, sin la gracia, sin los sentimientos castos, sin el bello lápiz y la suave paleta, sin la tranquila armonía, la profunda calma, la serenidad celeste y la perfeccion de su melodioso maestro; desenfadado, atrevido, sensual; Ovidio del pincel; dió nombre á maravillas sublimes y cometió pecados, cual el de la gata y el enano que colocase, en una Vírgen rafaelesca y en la batalla de Constantino y Maxencio. En cambio, desde la Eneida á acá, son muchas las obras que están sin concluir: mas lo que de ellas existe constituye un monumento. Negadme que lo sean, el Diablo Mundo y el Alcázar de Cárlos el Emperador, en Granada.

Juzguese terminado ó sin terminar este DICCIONARIO, es un diamante. Por tál se le tiene, en libro de la importancia y severidad de la Historia crítica de la Literatura española; como tál ha sido saludado, en discursos admirables de Balaguer y en artículos del insigne Milá y Fontanals. "Contenimos, escribe éste, efectivamente, en casi todas las opiniones, manifestadas en su obra, por el Sr. Borao y de que hablamos ya antes formado juicio, al paso que nada tenemos que oponer, antes lo tenemos por muy aceptable, a todo aquello de que por primera vez nos instruye.

Despues de consideraciones preliminares sobre la influencia de los godos en la lengua y los árabes en las costumbres, trala en su nutrida y bien trabajada INTRODUCCION, de la época del nacimiento de la lengua castellana, que con alguna reserva bien fundada (pues en verdad hubo más bien continuas transformaciones que nacimiento), consiente en que se atribuya al siglo viii. Cita los primeros documentos castellanos, que corresponden al siglo xir, precedidos de otros de las tres anteriores centurias, en que entre el latin bárbaro y convencional de las escrituras, van asomando palabras castellanas, así como más tarde se ofrecen otras, donde el fondo castellano se halla alterado por resabios latinos; lucha de los idiomis, propio de las escri!uras, que solo indirectamente pudieron influir, en el ya formado lenguaje del pueblo. Entre los últimos documentos citados, los hay ya aragoneses, es decir, escritos en Aragon, en la lengua que ya entonces les era comun ó poco menos con Navarra y con Castilla, á pesur de que la lengua sabia y cortesana y hasta en ciertos casos diplomática, fuese desde la union con Cataluña, la que despues ha recibido el nombre impropio de lemosina, y á pesar de que el aragonés fuese, como es todavia, más catalanizado, mientras aigunas de las primeras muestras que como de oerdadero castellano nos presentan, conservan formas asturianas 6 gallegas. Que los aragoneses hablaron desde el origen de su reino, lo que despues se ha llamado castellano, ya lo evidencia el hecho de que desde muchos siglos lo estén hablando, sin que hubiese mediado un cataclismo histórico, á bien que los documentos no dan lugar á razonada oposicion. El extracto de interesantes documentos aragoneses, empezando por uno de 1178, ocupa, como es debido, un buen número de páginas del trabajo que examinamos y cuya primera parte , que es la historia, termina con una oportuna excursion al reino de Navarra. La segunda parte de la INTRODUCCION, más especialmente destinada al examen del Diccionario y de los modismos aragoneses, nos muestra el tiento y la imparcialidad con que ha procedido el Sr. Borao en la admision de coces, sin que esto haya obstado para que su VOCABULARIO, segun advierte en el PRÓLOGO, contenga 1675 articulos nuevos, sobre 784 indicados por la Academia y 500 recogidos por Peralta.

La obra del Sr. Borao, ha exigido un paciente trabajo y esti

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