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dios lingüísticos, cientificos y forenses, y se recomienda ailemas, por un cierto perfume literario, que no siempre despiden las obras especiales. Citaremos para concluir, como puntos de lectura curiosa é instructiva, el pasaje sobre el diminutivo en ico de la INTRODUCCION y la Nota relativa á los aragonesismos, del poco comedido rival de Cervantes.

La pluma se cae de las manos, por ser imposible una crítica más sana, acerca del Vocabulario de Borao y de su Introduccion magistral, que escrita en 1859, está, en la generalidad de sus conceptos, á la altura de la última palabra de la historia, que ha progresado lo que es sabido, desde aquella fecha. ¡Loor, pues, á tan grande hombre, por quien podemos decir al orbe literario, que las razas del genio que tanto brillo diéronnos en otros dias, no se han descastado en Aragon; que ésta es aun la tierra de los preceptistas é historiadores sesudos, de los poetas didácticos inimitables, de los satíricos modelo!

Cuando los siglos comparezcan en el juicio universal de la historia, una vez terminad:s las providenciales tareas de la humanidad, allí estarán: el que con la lira de sus vates, enseñó el castellano á Castilla; los que asombraron al mundo, con reyes que así manejaban la espada como la péñola; los que endulzaron los pinceles de José Leonardo; los que dieron cuna á Antonio Agustin ó á Zurita ó á Jusepe Martinez ó á Luzan; los que con sus prensas Guttenberg, con el cincel de sus estatuarios, con el yunque de sus rejeros, con los libros de sus jurisconsultos, maestros entre los maestros de derecho; aumentaron la resonancia del nombre de Aragon, por los ámbitos del planeta.

La centuria décimo nona , encarándose á las aludidas, podrá exclamar, ciño laureles tan inmarcesibles, como los vuestros, pues mis Goyas han pintado el héroe con canana, escopeta de chispa, calzon, faja y pañuelo, el héroe popular y mis Pradillas el cuadro histórico con el pincel de Velazquez y de Claudio de Lorena; mis historiadores Lasala y Quinto fueron honra de la pátria ; ipis jurisconsultos conservaron las tradiciones de los que, en pasadas edades, conquistaron imperecedera fama (1); mi fabulista Príncipe, cultivando el género que ilustraron Samaniego é Iriarte, aventajóse lo que la Mothe en Francia, Roberti y Bertola en Italia y más que Gay ó Dryden en Inglaterra; y mis preceptistas han escrito, han juzgado y han enseñado, con la sabiduría de Borao, cantor de las glorias de este pais, cuyo cetro fué de ága ta pirenaica, palma granadina y oro del mundo, que Dios colocase entre las olas de cristal más puro y más finas perlas de los mares, en el que late una alma doncella, que será madre de la civilizacion futura, lo cual reconócese, mirando su naturaleza privilegiada, como en la imágen de Virgilio, reconocíase en el majestuoso andar, la divinidad de la diosa.

Borao es pues, digno del respeto que acompaña á su memoria, por su inteligencia radiante y porque consagró su vida á la educacion de la juventud, á la cultura de la patria, al bien de todos.

Por esto entre sus timbres, cuenta los muy envidiables del hombre benéfico. Sí; los muy envidiables, porque si las Gracias deshojan palmas y flores sobre la senda de los genios, sobre la senda de los seres benéficos, las deshojan los ángeles de Dios. Y si mucho arrebata Napoleon á caballo, al decidirse por él, la victoria en Austerlitz; Byron soñando en los canales de Venecia; Rossini ó Garcia Gutierrez enloqueciendo los públicos; Victor Hugo, despidiendo por los cráteres de su

(1) Al referirme á los jurisconsultos de nuestra historia, no puedo menos de hacer votos, por que alguno de mis paisanos, entendidos en la materia, saque de la penumbra en que se hallan, las magníficas obras que constituyen los tesoros de la ciencia jurídica aragonesa. Me consta que muy aprovechadas vigilias ha consagrado á su estudio el Sr. D. Santiago Penen, uno de los aragoneses contemporáneos más modestos y de más mérito que conozco y que D. Joaquin Marton, honra del foro, se ocupa en la actualidad en un trabajo, en el que proponese popularizar, libros que no están al alcance de todo el que desea poseerlos. El notable jurisconsulto hará un gran bien á la cultura gene al; y de desear es que el publicista que ganó ya merecido galardon en la empresa á que con el Sr. Savall diese cima, se acuerde de sus antiguos bríos; que confíe á la pluma el encargo de conservarnos lo mucho que sabe el Sr D. Luis Franco, jurisconsulto de la talla de los antiguos, gran sabedor de las cosas aragonesas; y que á la misma empresa consagre D. José Nadal su gran talento y el suyo clarísi. mo el Sr. Gil Berges.

númen, la lava revolucionaria de su siglo; Castelar en la tribuna ó Fortuny firmando la Vicaría; despiertan ideas más dulces, el nombre del que descubrió la vacuna, del que importó la patata en Europa, del que nos trajo el gusano de seda, del que armó el telar de Jacquart, y dió al minero la lámpara de Davy;... un Pignatelli sangrando el Ebro; ó un José de Calasanz, ¡figura de las más bellas de la historia!, enseñando á deletrear al niño pobre y desheredado y dotándole de la riqueza de la cultura y de la virtud.

FAUSTINO SANCHO Y GIL.

Zaragoza, Diciembre, 1884.

ADVERTENCIA.

En 1859, encabezaba D. J. Borao la primera edicion de este DICCIONARIO:

Decidido amigo de la instruccion primaria, á quien me lisongeo de haber prestado más de un útil servicio, he tomado parte tal cual vez, en los periódicos que le están dedicados en España. Hícelo, en 1856, para tratar ligeramente de los diminutivos y principalmente del terminado en ico; y aplazando el examen de otras maneras aragonesas de decir, para algunos articulos próximos, logré encariñarme á tal punto con la materia, y fueron extendiéndose de tal suerte mis estudios, que al cabo produjeron el Diccionario aragonés y la Introduccion sintética, que hoy someto al juicio del público y recomiendo á su indulgencia.

Parecióme muy difícil, al principio, la originalidad, ya por el gran número de voces aragonesas, que en calidad de tales, definía con su acostumbrado acierto la Academia, ya por las nuevas que incluía en su Ensayo de un Diccionario aragonés-castellano (Zaragoza, Imp. real. 1836, 67 páginas 8.°) el distinguido abogado entonces, hoy dignísimo magistrado, 1) Mariano Peralta, cuya larga residencia en el alto Aragon, le permitía dejar muy poco asunto á sus sucesores, á pesar de la modestia con que tituló su muy apreciable trabajo, que yo he respetado con extremo; pero observando las disculpables omisiones de ambos Diccionarios, decidíme á mejorarlos en cuanto pudiese, sobre la base inevitable que ellos me ofrecían.

Si lo ha conseguido ó no mi diligencia, el público es quien ha de resolverlo, teniendo en cuenta la variedad de estudios, asi lingüísticos como científicos y forenses, que mi obra ha exigido; la paciente expectacion que ha requerido, como quiera que se ha apelado al pueblo mismo, para sorprenderle su lenguaje; y, en fin, el crecido número de vocablos nuevos que he conseguido allegar, cuando parecía casi agotada la materia, aunque advirtiendo que, sobre las voces que hayan podido escapar á mi cuidado, se echarán de menos algunas puramente locales, suprimidas de propósito, por separarse en cierto modo, del habla comun aragonesa.

La Academia, si no hay error en el cómputo que he practicado, incluye quinientas sesenta y una voces, como provinciales de Aragon y ochenta y una, como provinciales en general, pero seguramente de uso aragonés: Pe. ralta unas quinientas nuevas sobre las doscientas aragonesas, cuarenta y cinco provinciales y cienlo cuarenta y dos castellanas, que toma de la Academia: el DiccioNARIO que ofrezco ahora al público contiene, sobre las 784 de la Academia y las 5:0 de Peralta, 1675 nuevas, que constituyen un total de 2959 voces, esto es, 217 más que la Academia y 2070 más que el Vocabulario de Peralta.

Ampliadas, concordadas y modificadas á veces, las definiciones de ambos Diccionarios, he crcido del caso sin embargo, conservar la propiedad ó digamos, pertenencia de cada palabra, para mejor conocimiento del lector; y á este fin he designado con una c, las voces castellanas que Peralta (indu. dablemente con buenos fundamentos) incluyó como aragonesas en su En. sayo, con una p las provinciales, con una a las aragonesas de la Academia, con una d las exclusivas de Peralta, y con una n las que en su totalidad me pertenecen. Esto he preferido, para cargo y descargo de mi responsabilidad, y no las indicaciones gramaticales que doy por conocidas, y que no me parecen propias de un trabajo especial como este, sobre el cual ha de suponerse el conocimiento de otros Diccionarios.

La obra del eminente catedrático fué recibida por los doctos, con el cariño que se recibe una buena nueva; fatigóse en su elogio la prensa de España; y Borao que no era de los que se sientan á la sombra de los laureles, si no el tiempo preciso para refrescar la frente abrasada por el pensamiento, continuó trabajando en su heredad literaria, á fin de mejorar su obra, á semejanza del hábil jardinero que despues de producir un hermoso vástago, sigue cultivándolo.

La muerte privó en Aragon á las letras, de su delicia más grata, cuando el docto Profesor proyectaba dar á la estampa el resultado de sus nuevas tareas, segun se desprende de estas palabras, escritas, para colocarlas á continuacion, de las que encabezaron la edicion primera del DiccIONARIO:

El éxito literario que tuvo la obra, fué lisonjero por todo extremo; pero no seré yo quien indique siquiera las numerosas pruebas que de ello tengo en mi poder. En cuanto al éxito mercantil, que con frecuencia está en razon inversa, ese fué como mío: verdad es, que ni lo serio de la obra, especialmente la Introduccion, ni el pais en que se publicaba, ni mi ninguna maniobra en comerciarla, eran condiciones para que sacara de ella alguna recompensa; de suerte que los gastos de mis viajes científicos y los de la modesta edicion que hice, no fueron compensados ni aun aproxi. madamente. Pero, acostumbrado como escritor á vivir en pleno patriotismo, meilí por contento conque la obra corriera, muy bien recibida, por España y Francia, conque antes de su aparicion tuviera en Zaragoza un número muy selecto de suscritores y con que cada día, me hayan solicitado ejemplares personas distinguidísimas, á quienes en mi era punto de honra, el regalarles un libro que honraban con desearlo..

De esta manera, y al cabo de catorce años, la edicion se halla agotada. En la prevision de este caso, y llevado de mi impenitencia (pues yo parece que me he jurado á mí mismo no desertar de mi puesto literario, aunque vengan sobre mí, todas las contrariedades, que hasta aquí se han inventado) había ido haciendo lento acopio de nuevos datos; y hoy, sacudida la pereza y en un intervalo de regular salud, he procedido á ordenarlos, para que puedan intercalarse, en esta nueva edicion. Las ventajas que en ella ofrez

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