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del siglo xvi, excepto algunos religiosos, pulsaron el harpa, al modo de los hebráicos, de los de Grecia y de los de Roma, influidos por el renacimiento y por la duda de la propia inspiración (1). La lírica en la centuria décima sexta y en las dos que le siguen, preséntanos una rica variedad; mas en ella el sentimiento y el concepto, observa un escritor ilustre, «quedan, como queda la personalidad humana bajo los tristes días de los Felipes y los primeros de la Casa de Borbon»; apareciendo más tarde, en la décima nona, que es la de las revoluciones, mo fruta suya; y es frase del malogrado Revilla. Sería imposible el que nuestra lírica resultara en línea recta con la del herido glorioso de Frejus, sin un periodo intermedio, sin las sátiras de los Argensolas, que nuevos Moisés, allanando las dificultades de la peregrinación, voltearon el puentecillo que une la ribera en que cimbréase el sauce de un ideal en su ocaso y la ribera en que florece el árbol de un ideal naciente, con su gravedad filosófica, su moral apacible, su depurado gusto; y con sus poesías construyeron el arca salvadora de grandes destinos y tradiciones literarias.

La ponzoña que germinaba bajo la púrpura de nuestras grandezas inficionó la atmósfera; presentimientos, cual los que entristecieron á Luciano, á Tácito, á Plutarco, y al Poeta de Córdoba y al Poeta de Aquino y al Poeta de Venusa, empezaron á expresar los espíritus superiores,-un Rodrigo Caro, en las Ruinas de Itálica, un Quirós en el más célebre de sus sonetos, cada una de cuyas letras es una lágrima:-decayó entre nosotros todo, armas, política, ciencia, población, industria; las astillas de las lanzas de nuestras gloriosas milicias municipales sirvieron para atizar las hogueras en que fueron quemados hombres y manuscritos; hundióse nuestro poderío; tornóse cabalística, conceptuosa, la sencilla literatura del Laberinto, del Quijole, de la Estrella de Sevilla, en rebuscada y aguda la elocuencia de Avila y del P. Granada;» juguete de los conceptos y retruécanos la lengua, la virgen de los siglos xui y xiv, la adulta que con tanto cariño educara el siglo xv, la rica y cultísima ma

(1) Canalojas.

trona del siglo xvi, vino á sucumbir, despojada de su belleza, impura y profanada, bajo la repugnante degradación y el vilipendio de aquéllos tiempos miserables» (1), en los que alcanzaron franquía, sólo las artes, que nos dieron nuestro primer pintor, Velázquez, al comenzar el eclipse de la centuria décimo séptima y nuestro primer poeta, Calderón de la Barca, que vivió hasta los primeros años del Hechizado; pues España, su raza, habían sido tan sublimes, que al escapárseles la vida y reconcentrarse ésta en un punto, tenía que lanzar fulgores tan magníficos, como ese admirable poema del terror, que el más perfecto de los realistas nos legase, en su Cristo y esos poemas de la muerte que se llaman, La Decoción de la Cruz, El Médico de su honro, El Purgatorio de S. Patricio, La Vida es Sueño. Estragado el gusto; perdida la maestría del estilo; el aragonés salvó la hermosa tradición literaria española; mostró la buena senda á la extraviada época; conservó á Castilla su hermosa habla , enviando á ella con la Gramática debajo el brazo al sesudo Rector de Villahermosa y á Lupercio, tan desnaturalizado con sus obras como el Cisne de Mántua para con su Encida;-Horacios ambos de las letras que echaron la simiente de una crítica razonada y seria, apartada de las voluntariedades y caprichos del oulgo, y cuyos esfuerzos detuvieron el mal, si quier no lo evitaran, pues apesar de ellos, apesar de los trabajos críticos y traducciones de Aristóteles en que entendiesen un día, el Príncipe de Viana, Lebrija, Luis Vives, Sepúlveda, Pérez de Castro y el Brocense; apesar del libro de Pinciano (2) y de las Tablas de Cascales; apesar de las páginas retóricas en sentido clásico, del solitario de Alajár y de Matamoros; apesar de la traslación castellana de la Epistola é los Pisoncs por Luis Zapata y la del rondeño Espinel, autor de la más hermosa novela del género picaresco y del cuadro El Incendio y Rebato de Granada, que recuérdanos por su energía, la pintura en que Rafael perpetúa los destrozos de las llamas en el Borgo; apesar del ensayo de ver

(1) Conde de Quinto.
(2) Philosophia antigua poética,

sión de la Poética del maestro de Alejandro que lleva el nombre de Alonso Ordoñez y de las páginas en que el erudito González Salas expuso los principios del que fué la base de las escuelas teológicas, ídolo del árabe y de la poesía del Renacimiento y que para ser destronado en el arte, en la ciencia, necesitarónse un Bacón, un Descartes y un Lope; apesar de empresas tan gallardas y de los preservativos de los Argensolas, ingenios útiles entre los más útiles de España, en el siglo xviir invadió ésta, toda la corrupción producida por los extravíos con que se torció el ideal purísimo de la lira del Guadalquivir y el tono avulgarado de los últimos secuaces del Fénix. (1)

El mal agravose de tal suerte, que sus estragos fueron más terribles que los estragos de la peste de Florencia; entre cuyos horrores la prosa de Italia salió perfecta de la satírica pluma del Bocaccio. Hacía falta una reforma y la reforma vino. De dónde? De donde la prudencia y la sensatez de juicio, son virtudes características. Sí, la señal para que comenzase el movimiento clásico, que había de alterar las teorías críticas en toda la Peuínsula, (1) la dió un hijo de la ciudad Augusta. Tarea de indisputable mérito la suya, que dió por resultado una obra, en la que si no brillan por su ausencia los conceptos inexactos, las aplica. ciones falsas, los errores y las doctrinas temerarias, hay fecundísimos aciertos! Empresa noble la del Aragonés ilustre (2) que, á despecho de las contrariedades que se le opusieron, conquistó el favor de muchos doctos; y que llevando brisas, cristal, olas, espumas, al Mar Muerto de la inspiración y arena de oro á sus playas, trocólo en un Mediterráneo, capaz de dar voz á la elocuencia, pincel, buril y lira á los artistas y poetas. Si la crítica novísima está formada, agradecedlo, á quien cavó los cimientos de este Alcázar. Y si quereis ver las fases por qué ha pasado aquélla; la comunicación artística de las cristalizaciones parciales, que han precedido á la total de hoy, encontrareis, cerea, á

(1) El cpítome de Elocuencia de D. Francisco Artigas reproduce perfectamente el espectáculo aludido.

(2) Barcelona disputa á Zaragoza la maternidad de Luzán, cuyo hijo ha acreditado la opinión de que el autor de la Poética fue bautizado en la Seo.

Lista y Gil y Zárate, antes la escuela romántica y la histórica, más allá á Quintana, Jovellanos y Sánchez, más léjos, á Rios y Campmany, y dando orígen á estos desarrollos,-ideal el uno, esencial el otro, armónico esotro, naturalista aquél, ó estético ó discursivo.-la construcción filosófica de nuestro inmortal paisano; á quien bendecirá la historia , siempre que recuerde la siglo de Carlos III; cuando contemple la grandeza de los Moratines; cuando se Aje en las tentativas patrióticas de los que quisieror, resucitar el entusiasmo por la antigua literatura española; cuando admire la iglesia que formaron en Salamanca, Meléndez Valdés y Cienfuegos, Fr. Diego González, Iglesias y el segundo Brocense, y la que en Sevilla hizo palpitar de gozo los restos de Herrera en el fondo de su tumba; cuando recuerde los nombres de los críticos y poetas granadinos, dispersados por las cureñas francesas en 1808, alguno de los que ciñó laureles tan inmarcesibles, como los laureles de Martínez de la Rosa, ó el nombre de un Quintana, de un Jovellanos, de un Burgos, de un Gállego; cuando se recree con las hermosuras y bienandanzas conseguidas por la belleza en la época de que somos hijos (1).

Delicias de la historia merece lamarse, el país que dió al Imperio á aquel bilbilitano amargo y despechado, sostenedor de la tradición homérica y cultivador de la lengua de Virgilio en la romana márgen del Tíber, grave y profundo al pensar como filósofo, incisivo y punzante al empuñar los harpones de la sátira; el pais en cuya sede sentáronse, entre otros Prelados insignes, un San Braulio, el discípulo predilecto de San Isidoro, que mereció el honor de poner sus manos en las Elimologias, un Tajón, el sábio, el inmortal Tajón, que enseñó á muchos y confortó a los que vacilaban. Delicias de la historia merece llamarse, el país que dió cuna á Antonio Agustin, y al que con más exactitud nos presenta una idea de la Constitución aragonesa, á

(1) Siento no tener más autoridad, para que la alabanza sea más digna de ella. Encontrará grandes enseñanzas, quien medite, leyendo, la Historia de la Criticu literaria en España desde Lucan hasta nuestros dias, con ex. clusión de los autores que ain riven, por el sabio Profesor Sr. Fernández Gonzalez,

Jerónimo de Zurita, «que conocedor del mundo, perspicaz en los negocios de Estado, sereno, reflexivo, exento de todo apasionado espíritu nacional, busca la verdad y la halla, anima los hechos con sagaz inteligencia, los explica con nimiedad, decide después de haber pesado imparcialmente las razones, » (1);... á Jerónimo de Zurita!, que de haber engalanado sus nobles prendas con el primor de Mariana, merecería el epíteto de Tito Livio de Zaragoza.

Delicias de la historia le llamaran, los que conozcan nuestros esmaltes, y las joyas que salieron del taller de los escultores en esta pátria de Tudelilla; la sillería de coro de la catedral de Tarragona de Gomár ó el S. Bruno de la Cartuja de Aula Dei de Gregorio de Mesa, el Cristo muerto de Prado ó el S. Pedro Arbués de Ramírez; nombres tan ilustres como el del autor de los púlpitos de Santiago (2) y el del rejero que tan admirable parece en la Basílica del Pilar: y delicias de la historia apellidaran, í la tierra que amamantó en los días de D. Ramiro el Monje á Jordán y produjo el mejor arquitecto de comienzos de este siglo, D. Silvestre Pérez, quienes lean los anales de la arquitectura escritos en suntuosos templos y soberbios edificios públicos, en primorosas torres y bellísimos cimborrios, en minas cual la de Daroca, en acueductos cual el de Teruel, en obras de hidráulica cual la de Grisén que es la primera de Europa, en portadas cual la de Sta. Engracia, en la Casa-Lonja y la Aljafería;-los que conozcan las glorias de la imprenta, donde funcionaron las prensas de Mateo Flandero y las glorias del pincel, donde hubo maestros ya en el siglo xiv y tiene su pais natal, en el xix, el arte moderno. Porque aragonés fué Aponte, el pintor de D. Juan II y aragoneses fueron Cuevas, que ayudó á Pelegrin en sus trabajos de la sacristía de la catedral oscense y Ezpeleta que iluminó libros de coro á maravilla; aragonés Jerónimo de Mora, que luce en sus blasones la paleta, el laud y la espada, aquel buen discípulo de Sánchez Coello, camarada de los Carduchos y Cáxes, tan ensalzado por Cerval

(1) Fernández Espin, honra y prez de la Universidad de Sevilla, (2) Celma.

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