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güenza del reinado do Carlos II y del tiempo de Godoy y María Luisa; en el que, sin Daoiz, Velarde, Mina, el alcalde de Montellano, y otros héroes, hubiérase juzgado muerto el indomable espíritu que llevó á los almogávares al Bósforo y lanzó sobre el puente de barcas del Guadalquivir, á los sitiadores de Sevilla.

Aunque en un mismo blasón las barras y los castillos, la encina sagrada y los leones; no está perdida nuestra historia; no está perdida nuestra fisonomía; no está perdido nuestro carácter. Hoy como ántes, no es el suelo aragonés fértil en personalidades insignes, por razones parecidas á las que han privado á España de tener una civilización propia, tan fecunda, tan acabada, tan influyente en el resto del linaje humano, cual la capitolina ó la griega. España no ha producido una civilización de la elegancia qué nos cautiva en la artística pátria de Hesiodo y Fidias, por la intolerancia nativa de su raza; causa de «un fanatismo religioso ardentísimo, que aguijado por nuestro génio, en extremo nivelador y democrático, apenas ha consentido que nadie salga del camino trillado, ni que se levanten enérgicas individualidades y una aristocracia libre en las esferas del saber.») (1) Los Almansur y los Cisneros, el cruel almoravide y el inquisidor sin entrañas, halagaron esta propensión; y encerrado el pensamiento en celdas más espantables, que las espantables celdas de la panóptica imaginada por Benthan, vino á caer en el ergotismo y en los más pueriles discreleos.

Dice con verdad, el mejor de nuestros prosistas:–«dado que en nuestra historia no abundan los Haken II y los Alfonso X, es una maravilla que el árbol de la civilizacion no esté aquí caido.» Agradezcámoslo, «á que es natural en nuestro suelo y en él tiene tan hondas raices, que aunque se corte, retoña y reverdece.» Ahora bien, en nuestro país natal, hay una razón más poderosa que en otro alguno, que impide el desarrollo de las elevadas personalidades, en abundancia; si quier en él sea el ingenio, aunque algo tardo, digno del mayor elogio, y el aparejo y

(1) Valera.

disposiciones de sus moradores para aventajarse en las letras y en las artes, cual testifican, Marcos Zapata, que es un Zorrilla en la leyenda; Unceta, que pinta el caballo, con el arte que han pintado, Troyón el toro, Greuze la paloma, R. Bonheur la cabra; Montañés, que en Badajoz, en el siglo xvi, habríase ganado la voluntad de Morales; Olleta, que haciéndonos creer en la resurección de Palestrina, con su admirable Miserere, dá á las bóvedas de nuestras iglesias la magnitud del San Pedro de Roma; y Pradilla que honra á su patria, cerca del sepulcro de Rafael, lo que un día honró á la suya el Españoleto Ribera; aquel Españoleto Ribera!, «mendigo y opulento, libertino y virtuoso, cnamorado y escéptico, que lo intentó, y avasalló todo; la crudeza dc la suerte, los halagos de la fortuna, la penalidad de los viajes, los tiros de la envidia, la variedad de los estudios, los tesoros de la naturaleza; y que tierno como el Corregio, áspero como Caravagio, anatómico como Miguel Angel, idealista como Sanzio, recordando unas veces al dulce Murillo y otras á Ru. bens», (1) contaba entre sus timbres, su silla en la Academia de San Lucas; el hábito de Cristo con que le distinguiese el Papa; y la amistad del triunfador é invencible que inmortalizó á sus amigos, á los principes, cortesanos y magnates con quienes conversaba; á los bufones cuyas gracias reía; el torno de la hilandera y los caballos y lebreles que más le apasionaban en los ojeos del Pardo; la munificencia de su régio padrino, pagada con usura; la bondad de Spinola;... y que rey del arte tuvo por dinastía, al Tiziano, que Carlos V trataba como camarada, y el Ariosto honró en su inmortal poema; al Greco y al Mudo, que pertenecen a los tiempos del tétrico sucesor del solitario de Yuste, y al honrado y piadoso Tristán, cuya paleta es la joya de la época de Felipe III.

Esa razón más poderosa consiste, cn que nuestro génio es el más democrático y nivelador de la Península, y tal circunstancia, unida al individualismo engendrado por nuestra caracteristica altivez, y otras causas, hacen que las personalidades insignes en ciencias, en letras, en gobierno, no abunden aquí

(1) El Marqués de Molins.

lo que en otras partes; que no tengamos el número de artistas, de poetas, de oradores, que la patria en que nacieron, el Duque de Rivas, el cantor de las Córtes de Córdoba y Burgos; García Gutiérrez, el inimitable G. Gutierrez, Villegas, el autor del Bautizo; y Castelar, la figura más grande de la historia universal de la palabra. Esta naturaleza, no es la amenísima naturaleza que sonric y embalsama el céfiro apacible, llenando el corazón de sentimientos, en las orillas en que Zurbarán poetizó cl dolor y la resignación (1); o en que nació el arte agraciada y pura de Juanes; o en que se cultivó la seda para los ornamentos de la antigua basílica de Recaredo; o en que Garcilaso remedó en su lira de cristal y oro, los modos del Poeta de Veuusa y del Poeta de Mántua: este sol, no es aquel brillantísimo, que quiebra sus rayos en mil suertes de luces, en las olas que se rompen, contra el adusto, aterrador y estéril peñasco, desengonizado de la licrra firme, entre el Mediterráneo y et AtlántiCo (2): el mundo que nos es visible, no escita la imaginación y pone en los labios, el copioso raudal de poesía, que la aérea, delica la, y fascinadora Alhambra;-bellísimo recuerdo de los que, primeramente, propagaron en Europa la astronomía, la alquimia, la pólvora, la artillería, la brújula, el péndulo, el pa_ pel y los números; de los rivales de Bizancio, Persia, Damasco y la India, en la tapicería, en la argentería, en los alfanjes y telas de algodón; de los que hicieron suyas las obras de Ptolomeo y Euclides, de Galeno é Hipócrates, del jefe de la Academia y de Aristóteles el Stagirista; de los que crigiendo numerosus escuelas, acreditaron que los progresos humauos les eran coilquista mis preciada, que la de los paises sometidos á su dominio; de los que apasionados de lo grande y suntuoso, sin renunciar á su génio inventor, hicieronse, con el auxilio de éste, los imitadores modelo, en la historia de la humanidad. (3) La riscosa montaña aragonesa y la grave melancolía de este cielo, estimúlannos á meditar, á ser reflexivos; el apego á la idea de autori

(1) Gozlán. (2) Duque de Rivas. (3) Originalidad de la Agricultura árabe, por D. Francisco Enriquez.

dad, nos induce á la imitacion literaria; y sobria y austera la vátria de Marcial y de los Horacios españoles, estas virtudes hacen, que viva siempre bajo la fronda del Arbol de Guernica de la Literatura; bajo el Arbol de los fueros del buen gusto.

El ingénio ibérico, en toda época, la presentado los mismos caracteres; y si quereis convenceros, leed á Columela y á Rioja; In pintura del bosquc druidico marsellés y la de la campiña de Florencia de Castelar; el cuadro de los Alpes, ó el de los desiertos del Africa por Silio Itálico y las descripciones de Valbuena; la Batalla de Lepanto del Pindaro andalúz y la Batalla. de Guadalete de Espronceda. Y de igual modo, los mismos ca racteres resplandecen en el ingénio aragonés, en la corte de los Césares, en la de los Felipes, y en la edad moderna; pues tanto podeis llamar á Marcial, Lupercio del Imperio y á Lupercio, Marcial del siglo XVII, como á Goya, Marcial y Lupercio de la Pintura: y... más aún!; si observais el color blanco, en los lienzos del maligno cronista de las romerías y el color blanco en el lienzo de la Loca, creereis que la paleta que hoy empuña el inmortal hijo de Villanueva de Gállego, es la que colgó la muerte, en la hospitalaria tumba de los Goicoecheas. Sí; los mismos caracteres adornan el ingenio de Aragón en los tiempos que corren, que en los que rodaron, cual hoja seca, á los abismos del pasado.

La nota satirica nos distingue: ---aquella vocación especial para la Jurisprudencia; aquel sentido juridico de nuestro antiguo pueblo vive aun, donde acaba de celebrarse un Congre50, que merece una página orlada, en la liistoria de las Asambleas científicas; donde se escribe sobre el Derecho, cual tienen acreditado jurisconsultos respetables (1), y hay hombres de foro que pueden contarse entre los buenos de España (2): fuimos el

(1) Franco, Guillén, Savall, Penén, Martón Moner.

(2) Herederos muy dignos de la toga y de la pluina de los Villalba, Laclaustra, Nogués y Lorbés, son, los seùores Gil Berges y Franco, los que mejor conocen sin duda el Derecho Aragonés en la Península; los señores Martón, Isabal y Espondaburu que con tal justicia han alcanzado una on. vidiable reputación, y porque no contarle en el número, á pesar de su partida de bautismo?, el Sr. Escosura, que se encuentra á la altura do su apellido.

país de los poetas didácticos, preceptistas, historiadores y críticos insignes; y Andreu, Lagasca, Lera; como el Conde de Quinto y Lasala, á quienes deben las antigüedades de Aragón no menos que á Baggia y á la dramática pluma del primer Marqués de Pidal; como Príncipe, que forma con Samaniego é Iriarte, la trinidad de los Lafontaine españoles; como Julio Monreal que cultiva con fruto la sátira urbana, la sátira de los Argensola; como Olivan, uno de los espiritus analíticos más precisos y claros de su época; como D. Mariano Nougués Secall, el erudito portentoso, que contó entre sus timbres la atención con que le escuchaba, el que mejor conoce las jornadas de nuestras artes, las estátuas y los cuadros que poseemos, el que por la novedad de sus ideas, por el encanto singularisimo de su culto y atildado estilo, de natural elegancia, ocupa un lugar de honor, entre los que han dado más prez á la literatura moderna (); como D. Valentín Carderera, el autor de la Iconografio, el coleccionista de primorosas estampas, el biógrafo de Jusepe Martínez, el anotador de los Discursos practicables; como Lafuente, el narrador de las glorias de la Iglesia pátria; como Codera, digno de figurar entre los arabis. tas Moreno Nieto, Alcántara, Fernández y González, Simonet, Guillén Robles; como Costa, testimonio vivo de que es posible en la juventud, la más sólida universalidad de conocimientos; y como otros mil que no nombro, para no hacer más enojoso de lo que ya es imposible evitar este trabajo, en el que,-valiéndome de una frase del Cardenal de Luca, resulta pagado en cobre lo que debía haber dado en plata, -prueban que no están descastadas las razas ni perdidas las cepas de proceres del ingénio, de otros días.

Entre los que más brillo han dado con su pluma á las letras, cn la ciudad en que enseñaron Pedro S. Abril y Malon de Chaide, y más honra con su nombre á la tierra en que vivimos, sobresale un personaje que lo fué todo, en la Orden sagrada de las letras y vivió para el goce espiritual de las grandes creaciones poéticas; pues jamás tuvo devoto más apasionado la

(1) Don Pedro Madrazo, á quien envío un salado de admiración.

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