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poesía, la divina poesía; sublime de lo sublime!, donde emancipase de la materia, el alma; la palabra, es pincel, buril, y diapasón, y espiritualizándose, se armoniza con la idea; y están congregadas, bajo el imperio de las Musas y en la plenitud de su hermosura, todas las artes, constituyendo un bienaventurado universo estético. De la naturaleza y el espacio necesitan las obras en que la vida es uniforme; el Persco de Benvenuto, la Ariadna de Dannecker, el Cristo de la Luz, miniatura de la aljama cordobesa, las maravillosísimas catedrales, cuyas naves adornan las banderas ganadas en los combates por la fé y en cuyas sillerías de coro, un Berruguete ó un Siloe esculpieron pasajes de la Biblia ó episodios de la guerra de Granada: del tiempo y de la sumisión del pensamiento á la cadencia necesitan, las armonías de Beethoven, la música de Donnizetti, de Meyerbeer, de Chopin, del Cisne de Pésaro, «que habla sin lengua, pinta sin colores y llora sin lágrimas»: es plástico el arte que creó, las Nupcias de Alejandro con Roxana (1), y al que debemos, la amable majestad divina del Salvador de Juanes, las Gracias de Rubens, la Odalisca de Ingres, el Norillo del Haya de Potter,... el arte que embelleció los claustros del Paular, con la imaginativa del Carducho y con la de Peregrin, la biblioteca en que se guardan códices, como las Cántigas y el Apocalipsis:-la poesía, reproduce el mundo exterior y el mundo moral; esculpe lo que pensamos; míralo todo en su esencialidad; «abraza las leyes generales de la creación, de ia historia y del espíritu, enalteciéndolo totalmente;» sube hasta Dios; y allí, arrobada, extasíase, en la azul é infinita planicie de los cielos.

La naturaleza tiene su arqueología, en los paisajes históricomonumentales de Pusino, que, mientras se conserven, habrá arquitectura griega y romana, aunque se pierdan los restos de la arquitectura griega y romana que poseerros: tiene su poema, en los cuadros del que apoderósc de las dudosas tintas

(1) Este ingenioso cuadro alegórico del pintor de Cos, lo ha descrito detalladamente, Luciano. Teniendo á la vista la descripción de éste, intentaron reproducirlo Rafael y otros maestros, quienes hubieron de desistir de tal empresa.

con que baña la tierra el sol, cuando nace; de la claridad del mediodía y de los matices de una serena y apacible caida de la tarde: tiene su novela , en las obras de Berghem; su lirismo, en las de Ruysdael; su poesía subjetivo-objetiva, en las de Salvador Rosa; su poesía venatoria, en alguna de Velázquez: y tiene su arqueología, su poema, su novela, su lirismo, su poesía subjetivo-objetiva, su poesía venatoria, en Hesiodo y Lucrecio, en las Geórgicas y las Luisiadas, en la Diana de Gil Polo y en las Églogas del cantor de Elisa, en Moratin y el Tasso. Comparad los rebaños, los campos, los bosques de aquéllos, ó los pastos de Dujardin, los Kermesses de Teniers, los efectos de luna de Vander Neer, las escenas románticas que recibieron vida de la violácea paleta de Villa-amil, la Siega del heno de Rosa Bonheur y la Mañana, de otoño de Castan, con las sencillas descripciones del Tytiro de Toledo y las magnas del pintor del Océano, el Epico de la raza ibera, el desgraciado sublime, en cuyos versos se vé á Dios más grande, que en el mendigo de Smirna; y eso que en el mendigo de Smirna, se vé á Dios más grande, que en el astro de los astros, según Victor-Hugo! -Acercaos al molino de la galería Doria:... respiraréis el aire plácido y oiréis el fragor de la cascada, que el lorenés trasladó á su lienzo; al Arco-iris de Rubens, que mueve á envidia al natural; á los Bueyes que marchan á la labor de Troyon, página de poesía pastoril de las más bellas debidas al númen del hombre y que con su cielo y sol tan hermosos, su diáfana brisa y sus plantas, esmaltadas de rocío, dá la lección más acabada á la realidad... y sólo encontraréis expresada, una idea, un instante: como encontraréis sólo, una idea inalterable, un instante perenne, en esas odas místicas, pintadas por un serafin, con un rayo de estrella, en un retazo del tisú celeste, en las Vírgenes del que saludó Jovellanos diciendo:-yo he creido en tus obras los milagros del arte; yo he visto en ellas la atmósfera, los átomos, el aire, el polvo, el vapor de las aguas y hasta el trémulo resplandor de la luz del alba.

«La Arquitectura simboliza un beneficio á la humanidad; la Estatuaria recuerda una hazaña; y la Pintura habla á la imaginación, á los sentidos y al entusiasmo»: la poesía, cuyo campo es el de lo bello y su fondo la verdad; que, sin proponérselo, moraliza é instruye y convierte, en creencias y sentimientos generales, los principios científicos que el sabio formula, desprendiéndose de los hechos; que espiritualiza la materia y dá casta carne al espíritu; que reproduce embellecido el mundo real, y conserva en sus creaciones, el carácter nativo de ellas, sin que pierdan la universalidad; la poesía! no puede presentarnos un conjunto de objetos, por yuxtaposición, en el espacio, que impresionen, á la vez, mas sí, una riqueza de pormenores, que haga percibir al alma, la unidad del todo: recorre el tiempo; describe el movimiento; invade los dominios de la música; sirvese de la armonía imitativa; y ora simula el ruido de la lima y el rastrillo; ora nos hace visible la lanza, estremeciéndose al clavarse en el caballo de Troya y produciendo en el vientre de éste metálica resonancia; ora nos recrea con los acordes de la cítara de Apolo. Gros os representará á Bonaparte, en el campo tristísimo de Eylau, en determinado instante y en determinado instante del Paso del Gránico ó de la entrada en Babilonia, Lebrun á Alejandro. Un poeta os describirá de tal modo, el conflicto de Muret, que veréis la llanura que reluce cual si fuese de cristal, cubierta de yelmos y espadas; y al Obispo Folquet bendiciendo á los suyos; y oiréis las levantadas frases, en que el héroe de las Navas, dá la señal de combate á sus soldados y la arenga de Monfort, al desplegar al aire su bandera: veréis al Conde de Foix, à la cabeza de la vanguardia; al de Tolosa, á la cabeza de la retaguardia; y al rey, ardoroso y temerario, transfigurado y fascinador, relampagueando la mirada, contraido el rostro, agitados sus músculos todos, en el centro de la línea, después de haber cambiado sus armas, para que no le reconociesen; picando espuelas á su corcel, en dirección al sitio en que Roncy y de Ville asestan terribles golpes sobre el que creen sea D. Pedro; derribando de un golpe de maza turca, al primer ginete francés, que se le opone al paso, y ejecutando prodigios de valor, en lo más crudo de la batalla; la terrible embestida del ilustre padre de D. Jaime; á los cruzados cejando, reanimándose luego, arrollando después, á los bravos que se hartan de acuchillar, junto á su señor; y ciréis las animosas palabras que salen de los labios de éste; el gutural acento con que grita Aragón! Aragón!: veréis la prisa que se dá el más cariñoso de los Mecenas, en herir, en matar, acá, allá, acullá, en todas partes; el aturdimiento de los enemigos; la bizarría con que el trovador coronado oponese al reflujo de la derrota y pelea solo contra un ejército, pues todos sus caballeros están heridos ó son cadáveres; y oiréis también, el reto del mejor entre los valientes, á !, yo soy el monarca; la gritería de la desbandada, en la que los unos perecen al filo de los aceros, los otros al cruzar el rio, y el choque del cuerpo real, al caer, bañado en sangre propia y ajena, sobre aquel suelo maldecido, en el que, fiel á la divisa su linaje, supo morir si no vencer, el católico, el noble, el liberal hijo de Alfonso II, á cuyo sepulcro dan guardia de honor, el de los infanzones y caudillos, enterrados en la orilla del Alcanadre, (1) en la forma que quedaron tendidos, en los campos de la Provenza.

Mas, hablemos, que ya es hora, del autor insigne de este Diccionario; del catedrático eminente; del poeta que cantó, con entusiasmo, el Aragón que mi laureado amigo V. Marin ha saludado, en estos versos:

Justicia fueron tus leyes,
Siervos de la ley tus reyes,
Esclava tuya la gloria.

(1) Tienen su sepulcro en el Monasterio de Sigena, á la vez que D. Pcdro II, D. Aznar y D. Pedro Pardo, D. Miguel de Luenco, D. Miguel de Rada, D. Gómez de Luna, D. Blasco de Aragón y D. Rodrigo de Lizana.

II.

D. JERÓNIMO BORAO Y CLEMENTE.

Aunque de los museos de la historia desapareciesen las cunas de oro de sus idolatrados Benjamines, sabríamos, pues lo dirían sus obras, la patria de los Andrés del Sarto y Calderón de la Barca; y aunque la testigo de los tiempos, callase el carácter de las edades conocidas ó el origen de los pueblos, que más han influido en la humanidad, conoceríamos el carácter y el origen, conservándose La Ciudad de Dios y la Summa, el Derecho Romano y las Partidas, el Decamerón y el Quijote, la Divina Comedia y el Antar; ó estando en pié, las creaciones artisticas que admiramos en Atenas y en Egipto; allí donde las aguas del Arno copian temblando, á causa de su asombro, la aérea rotonda de Brunelleschi y en las márgenes del Rhin, que dá un Niagara á Europa y tiene islas encantadoras, pobladas de recuerdos de Schiller y los Niebelungen; decoraciones como la de las siete montañas; paisajes de hermosa gradación de términos, que poetizan, solitarios castillos, desnudos ó acariciados por la yedra, ermitas, abadías, arruinadas torres, viñedos sin número, árboles de espeso follaje, y entonan, el ave que juguetea, acariciando con el ala la corriente; el barquichuelo que se adormece al suave columpio de ésta; el corderillo que mama; la cabra que roe el pámpano de las vides; el perro que custodia con gravedad el rebaño; el rayo de luz que se pierde en las soledades de la selva; el aire que finje entre las hojas, risas, besos y lloros: del Rhin, que acá, muéstranos la sombra de César; allí la de Hoche; allá la de Beethoven; más allá la de Gustavo Adolfo vigilada por la de Spínola o la de los bravos vencedores de Napoleón; y en su superficie, la estela de la barca en que Durero fué copiando, un día, lo que tan agradable naturaleza hablaba á su espíritu: del Rhin, que en un sitio recuérdanos á Southey y en otro las doncellas convertidas en rocas, en castigo de su fria insensibilidad, ó la ondina que atrae con su cántico, al remolino de Gwir: del Rhin de madame Stael,

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