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el pedestal en que se hallan colocados Luis Vives, P. J. Perpignan y A. García de Matamoros, el Pinciano a quien Marineo Siculo tenía por mas docto que á Lebrija, Foxo Morcillo, Leon Hebreo, el astrónomo Alfonso de Córdova, el Newton español Jorge Juan, el Brocense, y Morales y Suarez y Saavedra Fajardo, las predilecciones del esclarecido Profesor eran para Antonio Agustin, escritor elegantísimo y jurisconsulto de tal alteza, que en él resucitaron, segun Scoto, Paulo y el más sabio y puro amador de la justicia (1); Zurita, historiador eximio, entre los más eximios de España; B. y L. de Argensola que ciñeron los laureles de Horacio y de Salustio, delicia el uno de la Academia de los Ociosos y de la Poética Imitatoria, y el otro maestro de D. Nuño de Mendoza, del Marqués de Cerralbo, del Príncipe de Esquilache;... y aunque no participaba de sus ideas el biógrafo de Pignatelli, pronunciaba con orgullo los nombres del sóbrio, nervioso y metódico Miguel Molinos; de Pedro Ciruelo, autor del primer tratado de Matemáticas que se escribió en España, luminar de las Universidades del Henares y el Sena, el más claro y limpio de los espíritus; y del aragonés, por su nacimiento ó por su origen, reducido á cenizas, á la vez que su libro, en la pintoresca colina de Champel, á la vista del azul y gracioso lago de Ginebra. Borao admiraba al Alfonso VI, en cuya época, podía una dejezuela caminar por todo el reino, sin peligro, llevando en la mano abierta sus tesoros; á los nobles que poseyeron palacios como el del Gran Canciller Pero Lopez de Ayala y como el que, fundado por el salvador de D. Juan I en Aljubarrota, ensanchó el Almirante que no tenía par, engrandeció el experto caudillo e luz de discretos y enriqueció el que se hizo Duque del Infantado, en la segunda batalla de Olmedo; mas admiraba con mayor delicia, al Conde (2) que tradujo y comentó á Pomponio Mela, y escribió Discursos políticos para la educacion de un Príncipe y los Comentarios de los sucesos de Aragón en 1591 y 1592, al prócer que ganó

(1) El inmortal Papiniano. (2) El de Luna.

bandera y mosquetes en San Quintin y el sobrenombre de Filósofo Aragonés en la morada del sombrío Felipe ó á D. Alonso V, que representa el ápice político de nuestra nacionalidad, con la magnificencia que representa el literario, el Petrarca Valentino:-él concedía coronas de luceros, á Píndaro y al Cisne de Mantua, á Racine y á Shakespeare, á Herrera y á Alfieri, mas segun diria Lamartine, los Benjamines de esa familia universal é inmortal, que uno elige, para constituirse la parentela del alma y la sociedad de los persamientos eran, un Blancas, un Martel, un Costa, un Latassa que vale un Plutarco, el P. Murillo, que escribía con el candor y sencillez sublime de Herodoto, el delicado Fr. Jerónimo de S. José, Liñan de Riaza que manejó el romance á lo Góngora, Lopez del Plano, tan querido del dulce Melendez, todas las personalidades insignes en suma, de la tierra que nunca ha faltado á su fidelidad á los fueros del buen gusto, pues si pecó Gracian, si escribió el Apologético de la Escuela del pernicioso cordobés y cultivó In prosa culterana, hay en su Criticon párrafos que persuaden, de que el sabor del terruño es aquí incompatible, con la perseverancia en el mal.

Nadie supo lo que Borao, de las cosas de Aragon. Conocía cual su propia casa los monumentos de éste, lo mismo la iglesia de Alquézar y el Sepulcro de Calatayud,-plano en piedra y ladrillo de los lugares que más inspiraron á Chateaubriand y Lamartine,-que el palacio de Illueca y el castillo de Mesones, en hora bárbara destrozados; y hablaba con la emocion estética quė Vasari del retrato de Leon X, de nuestros esmaltes y grabados antiguos, del altar mayor de la catedral oscense, de las pinturas de Claudio en el templo de la Mantería, de las de Goya, en la Basílica de la venerada Virgen que fué el Santiago aragonés, al inaugurarse el siglo.

Cuanto redundó en pro de nuestra riqueza espiritual y material, obtuvo su esfuerzo. Todo adelantamiento, toda mejora favorable á las letras, y en especial á las letras aragonesas, mereció tenerle de su parte. Fundó el primer periódico literario que han dado á luz las prensas de Zaragoza, y fue alma y mente de sus ateneos, academias, y centros artísticos.

Literato, su nombre vá unido al de la Biblioteca de Escritores Aragoneses, de la que es digna Mecenas la Diputacion provincial; y le debemos las biografías de Latassa, Pignatelli, Echeandía, Casamayor y Yanguas, escritas al modo que enseñó á narrar la vida de un personaje, el gran Navarrete, y las páginas en que esculpiendo con mágico buril, la efigie de Lopez del Plano, convirtió en familiar lo que era antes, una curiosidad erudita. Crítico, ejecutó trabajos del valor de G. Urrea y D. Clarisel de las Flores, El amor en el Teatro de Lope y los estudios sobre Moratin, el Quijote y el Centon Epistolario. His toriador, produjo una historia de nuestra Universidad, La Imprenta en Zaragoza y el Arbol de los Reyes y Príncipes aragoneses. Filólogo, dió á la estampa este DICCIONARIO, precedido de una latroduccion admirable. Poeta, nos legó un Romancero, no terminado por desgracia; llevó a las tablas la gran figura del más batallador de los Alfonsos; escribió varios dramas, que son para la lectura, más que para la representacion escénica. Escritor didáctico, enriqueció las bibliotecas con su Tesoro de la Infancia. Vice-Presidente del Jurado y Presidente de una de las secciones de la Exposicion Aragonesa, consagró sus vigilias á aumentar la gloria alcanzada por su país, en aquel certámen. Director del Liceo, hizo de aquella Sociedad una almáciga literaria. Alumno de la Universidad de Zaragoza, aumentó el número de los hijos de bendicion de la madre sapientísima de Prudencio, del ilustre autor de los Fastos del Justicia, de los Argensolas, del Dr. Andrés de Ustarroz, de Pignatelli: catedrático, mereció un sitial, donde lo habían tenido, Pedro el Orador, tan ensalzado por S. Jerónimo, Verzosa, y Sobrarias, y Malon de Chaide, y Abril, y Juan Costa, y Hortigas y Portoiés el célebre fuerista , y Carrillo y Nasarre y Guillen el sabio y angelical Obispo de Canarias; Rector, elevó la escuela de que fué patrono Cerbuna á la altura de las mas distinguidas de España y narró las grandezas de la docta Casa que dirigió tanto tiempo, incansable en sus afanes por enaltecer á su país, amado sobre todas las cosas por Borao. Ved lo que hace á éste popular:-el que aragonés por su cuna, lo era así mismo por su carácter, por sus aficiones, por sus estudios, por sus dotes intelectuales, lo cual le privó de conquistar hojas de laurel más frondoso aun y de encina todavía más robusta, que la encina robusta y el laurel frondoso que posee, en el paraiso de la fama.

De haber escuchado los consejos de Mañé y Flaqué y del ilustre bardo que nos ha descrito las cuevas de Collbató, otra habría sido su carrera! No aseguraré que hubiese llegado á Ministro, acordándome de Moreno Nieto y de que lo ramplon y chapucero es á veces favorito de la fortuna: sí, que hubiese alcanzado las posiciones más altas, en la milicia de las letras. Y á decir verdad, á esto es á lo que debió aspirar, pues no había nacido para esos encarnizados combates, en que el orador esgrime el arma de las pasiones, casi siempre. Borao, que era fácil en la conversacion, diserto en la cátedra, un prosista de elegante estilo, jamás brilló en la cima, donde en medio de la tempestad, sonó la palabra ruda, enérgica, salvaje de Rios Rosas y en que lucieron Galiano, Lopez y Valdegamas el sublime ritmo de las suyas; jamás alcanzó uno de esos triunfos que consiguenlos que con la magia de la fantasía, con la pompa del lenguaje, con la majestad de la entonacion, convencen de que en efecto es la elocuencia, como dijo Eurípides, la soberana de las almas. Su modo de ser, le hacía más apto para las investigaciones del historiador y los trabajos del erudito, que para pisar con segura planta, la encendida arena que casi cubre, las rojas gradas de la tribuna política; más desenfadado en el trato con las musas, que en el trato con los jefes de los partidos; más ambicioso del retiro de una biblioteca y de la Holanda tranquila de una cátedra, que de lucir en otros palenques literarios.

Lástima que en aquel hombre, no hubiese sido el arte el culto único de su vida! Lástima que por lo múltiple de sus quehaceres, se llevase á la tumba, un Borao superior al que resulta dibujado de cuerpo entero, en sus obras! Lástima que ejercitase todas sus diversas facultades! El fué un humanista de varia y selectísima lectura, de acendrado gusto, aunque un tanto arqueológico por su amor á la antigua poesía; un profesor de gran prestigio y autoridad moral, que cuando explicaba, parecía que estaba leyendo un libro, tan admirable por la novedad de sus ideas y la profundidad de sus pensamientos, como por el ingenio y galanura de su castizo lenguaje. Treinta y un años desempeñó su cátedra de Literatura, con el acierto que un día la de Matemáticas. Con la misma pluma que escribió su Tratado de Aritmética y el de Ajedrez ó la Historia de la sublevacion de Zaragoza en 1854, y el Tesoro de la Infancia, emborronó las cuartillas de su drama Las Hijas del Cid, de la oda á la Virgen de Covadonga, ó del estudio crítico de La Muerte de César de Vega: terminaba un trabajo y sin darse reposo, disponíase á leer las obras sometidas á su censura ó meditaba acerca del mejor medio de honrar á Echeandía, el ilustre amigo del primer cultivador de la patata en la tierra aragonesa, el químico Otano: y alma de la Comision de Instruccion primaria, de la de Monumentos, y de la Academia de S. Luis, le sobraba espacio, como Rector, para la obra del Jardin Botánico, para mejorar la Biblioteca y embellecer el edificio de la Universidad, para sustituir con ventaja el libro de Gestis; como hombre de estudio, para enriquecer cada día más su inteligencia; como colaborador de los periódicos más acreditados, para ennoblecerlos con sus trabajos; como poeta, para certar, como literato, para fundar Revistas literarias; como consejero de la Diputacion, para ilustrarla en los asuntos históricos que hubo de consultarle. Así vivió, el hombre que por desgracia, dirigió solo breves días la Enseñanza española, desde el elevado sitial en que tantos servicios prestó Gil y Zárate á su patria; y así vivió con grave daño de sí mismo, pues adornaban á Borao, además de sus dotes de catedrático, otras, eximias para el género en que sobre las demás provincias españolas ha descollado la patria de Blancas y Zurita tan visiblemente, como descuellan en el bosquecillo de Mammuth los altos cedros de California y en los jardines de la Orotava, el dragonero famoso, tan venerado de los guanches, cual lo fuese de la Lidia, el plátano de Jerjes. Todas las prendas morales é intelectuales en el historiador exigibles, le adornaban:-reunía en si profundidad de ideas, serenidad en el juicio, belleza en el lenguaje, maestría para unir el principio abstracto con el hecho, el desarrollo de éste con el de la literatura: y su pluma pintaba, como el pincel más empapado

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