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das las naciones de su misma victoria, empujaron un mar hacia el Mediodía, amarraron á una peña de él, al árbitro de las batallas, y separadas de este por un océano, por un cielo, por la in visible muralla de la zona tórrida, temblaban como las olas y las escuadras que guardaban al que tuvo su Lisipo en Canova y su Apeles en David, al que mereció que Byron le cantase, que Bellini le cubriese de siempre-vivas la tumba y que le admirase Manzoni, especie de Rafael poeta, que condensando en cuerdas sonoras, los rayos mas dorados del sol meridional y los mas dulces del sol del Norte, reconcilio en sus versos, la encina druídica y la higuera latina: sublime la hazaña escrita en Puente-Sampayo y en las lomas del Bruch, y sublime Nelson el marino de táctica osada, rápida, terrible, conocedor de todos los misterios de las aguas, en el instante en que vestido de gran uniforme, atravesado por un tiro del Formidable, á la vista de la escuadra aliada en derrota y de los buques españoles hundiéndose en un Atlántico de sangre, exclama, cerrando los ojos, gracias Dios mio, he cumplido con mi deber: sublime Mooltke sabiendo, antes de calzarse las botas de montar, que su corcel relincharía bajo el Arco de la Estrella, y sublime Mendez-Nuñez en el Cailao; sublime Skobeleff, cubierta la blanca casaca con sus condecoraciones todas, como quien asiste á una gran fiesta, franyueando los Balkanes, con intrepidez digna de Anibal, ansioso de convertir la media luna en escarpia de las caballerizas del Czar; y sublime Prim, hermoso, transfigurado, segun le reproduce Fortuny, enardecido por el espectáculo de las movibles tiendas, de las masas de caballería, de los relámpagos de la infantería, del fuegode las baterías, por la serenidad de los que avanzan, por el número de los que caen, por el valor de los que al ser lieridos, cúranse tan solo de infundir ánimo á sus camaradas, por el aspecto de fiereza de los cadáveres, por la confusion de los que se desbandan, por el magnetismo en fin, de aquella hora, en que denso el humo, copiosa la sangre, magnifico el peligro, á un tiempo se oyen robustas voces de mando, disparos de fusileria, cañonazos, ayes de muerte, toques de enronquecidas cornetas, el ruido que producen los sables al rozar en las piedras, las espingardas que estallan, las balas al partir los aceros, los batallones al calar bayoneta, valiendo él solo un ejército y un caudillo, atraviesa con la rapidez del rayo un suelo sembrado de valientes exánimes, de armas, mochilas, cajas, instrumentos de música, ruedas y arcones hechos pedazos, y espada en mano, á escape su tordo, penetra por el reducto en que fué general y soldado y donde la metralla respetó la majestad del héroe; porque no era cobarde, cual el plomo de la noche, en que las sombras envolvieron en el misterio el rostro de unos miserables asesinos, á fin de librar á la historia de la vergüenza de conservar en sus páginas los mas execrables, de todos los nombres criminales.

Para mí es mas sublime aun, el que voltea un puente, el que desinfecta lagunas y pantanos, el que construye la nave por medio de la que se cambia el nardo y las perlas de los golfos índicos, por el tabaco de América y el tabaco de América por la pasa de Málaga, llevando por do quier la comunidad del espíritu; Eddison en su horno; Lesseps yendo y viniendo á todas partes tan rapidamente, que no sé si él vá á ellas ó ellas al corrector del globo, ideando, soñando y ejecutando trabajos, por los cuales le ha hecho Dios muy de prisa viejo, para no ver ociosas á las generaciones que han de venir, porque nada les dejaría por hacer en verdad, si en el zénith de su juventud se hallase, el que ha abierto puertas de bronce, en el istmo de Africa, á fin de que entren en las aguas de la civilizacion las rojizas olas faraónicas, que penetraron por las del Infierno (1), para separar el Asia del pueblo arquitecto y geómetra, del pais del símbolo. Aquéllos lucen aureola que deslumbra más; éstos son mas humanos y útiles. Y sin negar su importancia á un conquistador ilustre; á artistas de la talla de Van Dyck ó Delacroix; á Reaumur estudiando en los bosques, los trabajos de las orugas procesionarias ó á Beethoven inspirándose en las melodías campestres, para escribir las Geórgicas de la música; nada tiene que envidiar á la del que triunfó en Waterloo, ó produjo el Cuadro de las Llaves, la gloria de aquel por quien

(1) Puerta del Infierno significa Bab el Mandeb.

hierven ahora en millares de pucheros, patatas que alimentarán esta noche á sin número de trabajadores.

Por esto, yo aplaudo el encontrar en las cumbres del Pincio, en las colinas melancólicas del P. Lachaise, en la Abadía de Westminter, en los templos y palacios de Venecia, los bustos, las tumbas de los hijos mas preclaros de Italia y Francia, de la patria de Shakespeare y de la ciudad de los Dux: yo aplaudo que nuestro siglo haya celebrado los centenarios del epigramático historiador Voltaire, de Rubens, Petrarca, Calderon, Nurillo, Santa Teresa y Sanzio: yo aplaudo la apoteosis de Goe. the en el castillo de Weimar, y deseo que haya un dia en Lisboa, un Alcázar, en cuyas iluminadas paredes se contemple, en pinturas al fresco, el sueño de D. Manuel el Feliz, á Adamastor cerniéndose sobre el Cabo, la isla de Vénus, los pasajes mas primorosos de la obra producida por aquel ilustre glorificador de la raza ibera, que describió á lo Séneca el fuego de S. Telmo; que en sus visiones del mundo y los planetas parece un Dante; que guerreó en el Atlas, combatió en el Rojo y en el Pérsico; y que marino en Buena-Esperanza, soñador en la India, visitó casi toda la tierra; lo mismo el mundo ptolemáico y los paises que descubrió Magallanes, que el hoy tan calumniado Celeste Imperio, que opone el principio de unidad al federalismo tártaro; que conoció la brújula , la imprenta, la pólvora, la filosofía y leyó en los astros antes que nosotros; que con un pulso admirable ha descartado lo maravilloso de su credo; que ha dado un carácter práctico á su moral y un carácter moral á su religion; y que haciendo de la historia «un mayorazgo del espíritu,» ha formado una especie de tribunal ó de concilio con sus historiadores. Pero si aplaudo el que Salamanca haya erigido una estátua al fraile que superó en la Profecia del Tajo la horaciana de Nereo; el que Espinel en Ronda, el Pintor de los Ángeles en Sevilla, Cervantes en Madrid, Elcano en Guetaria, Pignatelli en Zaragoza, reciban testimonios de cariño, consignados en bronces y mármoles; deseo que igual acontezca á trabajadores, como Jacquard, Dollon y Ramsden á quienes debemos, un telar célebre, la máquina divisoria y el acromatismo del anteojo; como Fulton, Evans, y el Cellini y Antonio Allegri de la alfarería, soñador en el tejar de su padre, en el taller de un vidriero y en la iglesia de Chapelle Biron; que aprendió solo, la geometría, el dibujo, la pintura y la estatuaria elementales; que en el Pirineo se hizo pintor y poeta, en los Alpes naturalista, en Flandes, en el Rhin, en las comarcas privilegiadas de la Francia, extasiándose ante los hechizos de los campos, al borde de las fuentecillas que retratan invertido el paisaje en el bosque umbroso en que se oyen los mimos de las alondras, al pié del roble á cuya sombra descansa la oveja, ó bajo la parra que esconde el establo de la vaca entrelazando con las mazorcas sus racimos, convirtióse en teólogo, filósofo, político y literato; que Platon, Virgilio, Fidias y Rubens de los obreros, un fragmento de Lúcas Robbia le reveló un arte sublime, merced al que nos reprodujo, la culebra dormida, el niño mamando, los juegos de Vénus y los amores, una joven que, con el propósito de enseñarlos á las gentes, lleva en el delantal unos perritos que ha sorprendido en una cama y que asustados sacan la cabeza, á la vez que la madre muerde el vestido de la muchacha que apresúrase á tranquilizarla con una sonrisa, é innumerables vendimias de una sencillez encantadora ; que discípulo de la naturaleza, sábio, genio de corazon, redentor de la tierra vil, es el patriarca del taller, el númen del trabajo manual novísimo, el alfarero de la Odisea, de la Biblia y del Evangelio, que luchando con su hambre, y con la incredulidad epigramática del ignorante, invencible á los obstáculos, ébrio de esperanza, con sed de gloria y de belleza, quema su casa en su último horno, avasalla la musa de la inventiva, triunfa, y símbolo de la laboriosidad, inventor-tipo, mártir, rival de Rousseau en sus Confesiones, – de más precio aun que sus vasijas,-dulce, pio, virtuoso, convierte á Bernardo de Palissy en patrono de los artesanos y los libros de Bernardo de Palissy en Catecismo de la profesion que tiene por patriarcas á Coræbus y Dibutades, su Jerusalem en la Etruria, su Atenas en la China y su Florencia en la Arabia. Por esto, si hago votos, para que luego, nuestra Basílica guarde, con el cariño que S. Sebastian de Venecia las del Verones, las cenizas de Goya, á quien debe esta ciudad, entre mil beneficios, el retrato del Duque de S. Cárlos, segundo milagro del arte, al decir de un joven escritor (1), acordándose de que es el primero la Infanta Margarita de Velazquez, que Jordan llamaba el dogma de la pintura y de la que no sabía Mengs apartar los ojos; si bendeciré el día en que reciban homenaje B. Argensola en la Plaza de la Seo, Josef Luzan en la de S. Miguel, el Justiciazgo en la del Mercado y en el Patio de la Universidad, Zurita; apetezco que la pátria por él tan amada, testifique su gratitud á Borao, en un monumento. Sea éste el de la coleccion de sus obras!; en la que corresponden los sitios de honor, á las lecciones pronunciadas en la cátedra por el docto maestro y que alguien conserva manuscritas; y á una novela, no publicada aun, y que es un venero de lenguaje, la joya de un gran narrador, de un gran pintor, de un gran observador, de un escritor sin mancha, capaz de cautivar á los que leen en torno de los dorados veladores, y en torno de las camillas de tosco pino (2).

Tanto merece aquel varon extraordinario!....

Nadie admira más que yo a la inmortal Zaragoza. Sus hombres de foro y su claustro universitario son muy respetables: con las oraciones pronunciadas, en la asamblea de jurisconsultos, que presidió el gran dialéctico Gil Berges, podría formarse un libro monumental: en sus Ateneos y Academias, la juventud discute las tésis más graves ó se ensaya con fortuna, en el género de Campoamor, Zorrilla y Príncipe: las redacciones de sus periódicos, son viveros tan excelentes, como cuando en ellas alentaba al escritor novel, Carreras y Gonzalez; empezó Cavia á mostrarnos su donaire y geniales agudezas; Pablo Ordas su correccion; y nos reveló sus aptitudes prodigiosas Arnau, orador de palabra fácil, galana y florida, filósofo profundo y literato tan docto, que conoce las literaturas eslavas no menos bien que la patria, y no menos bien que Rambaud la poesía moscovita, y no menos bien que el Espíritu de las leyes ó la Crítica de la Razon pura los trabajos de Murray y Vallace sobre la nacion de Pedro

(1) El Conde de la Viñaza, en su libro inédito sobre Goya.

(2) Debo la noticia de la existencia de esta novela inédita de Borao, á un deudo de éste, el Sr. Villahermosa, persona ilustradísima, capaz de quilatar la produccion en su verdadero precio.

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