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el Grande, y no menos bien que las de Perez Galdós ó Dickens, las novelas de Tourguenef, Pisemslky y Distoyewski, por cuyas páginas circula el aire frio de las márgenes del Volga, en las que anima el paisaje el buriaki tirando de las maromas atadas á las barcazas de hielo: de las imprentas de la capital han salido obras notables de medicina, de filosofía, de arqueología, de arte, de derecho: al lado del erudito, (1) que ha rectificado los errores de los analistas, sobre los orígenes de nuestro antiguo reino, encuéntrase el que mejor escribe el cuento aragonés (2): y próximo al banco en que á veces estudia el anciano venerable, (3) que ha hecho de su vida una profesion de la ciencia, veis copiando manuscritos al jóven militar, (4) historiador de la Artillería española en los siglos XIV y xv. Y sin embargo el hueco que Borao dejó entre nosotros, de tal suerte no se ha llenado aun, que á semejanza del Conde de Castiglione á la muerte del Pintor de las Gracias, bien podría decirse:desde que está ausente del mundo el esclarecido maestro, ya no parece que vivimos en Zaragoza.

Merece la frase el autor laureado de Los Fueros de la Union! El hombre de letras tiene ya carta de ciudadanía en tierras de la fama; y el nombre del Profesor será pronunciado siempre en nuestras aulas universitarias, con el respeto que en Paris, el de los doctores españoles que allí enseñaron; en Salamanca el del Brocense; el de Lebrija en Alcalá; el de Virués en Viena; el de Vega en Wilnia y el de Laguna en la márgen del Rhin en que se alza, una de las más hermosas maravillas del siglo de San Fernando, San Luis é Inocencio III, el Dante, Santo Tomás y el Giotto; del siglo de las Partidas y de las catedrales de Toledo y Búrgos, solo comparables en su

(1) D. Tomás X. de Embún, autor de los Origenes del reino de Aragon, obra de un mérito indiscutible, que consultan los doctos y que es una manifestacion luminosa de la crítica moderna de los Dozy y Schack.

(2) D. Agustin Peiro, quien prestaría un gran servicio á la literatura, haciendo con los muchos y buenos cuentos aragoneses conocidos, lo que hicieron los hermanos Grimn de los alemanes.

(3) Moner.
(4) Arantegui.

blimidad á la aludida de Colonia, en la que nuestro Enrique Gil, deslumbrado por la ilusion de bienaventuranza que produce la luz penetrando por las rasgadas vidrieras del terminado ábside, encontraba en toda su perfeccion, el fausto sencillo y la solidez gallarda, la fragilidad y la firmeza, la armonía y la variedad, la audacia y el reposo.

III.

DICCIONARIO DÉ VOCES ARAGONESAS.

D. Clarisel de las Flores, es la obra maestra de Borao. Así dice un joven, á quien admiro mucho, apesar de las diferencias que de él me separan; pues en la literatura,

Si el Rey de mi faccion es enemigo,
Yo lo soy de la suya y no por eso,
Dejaré de cumplirle los oficios

Que por justicia y por honor le debo. (1) No discutiré con el Sr. Menendez Pelayo, acerca de la exactitud de su frase. Cómo? Gracias si comprendo lo que escribe, el que nos persuade con su universalidad y su rostro casi imberbe, de que no fué un privilegio otorgado á otro siglo, la cuna de Pico de la Mirandola. Lo que sí diré, que este DICCIONARIO es la obra más popular de D. Jerónimo.

Por una de las muchas bendiciones que la Divinidad ha dejado caer sobre nuestra España, ciñe esta cinco coronas, que son el atributo de su Imperio artístico. Cinco son sus literaturas y cinco sus lenguas, de las que hay recuerdos, en la literatura de Castilla y en la lengua en que se gritó tierra! tierra!, en la nave de Colón y Granada por los Reyes Católicos, en la mas célebre torre nasarita. Estas literaturas agítanse hoy y viven, obedeciendo á una ley de la historia, que no contradice la que impulsa á la

(1) Cienfuegos.

unidad las sociedades. Es muy útil excavar en las Pompeyas del pasado, en busca de las perdidas glorias: es justo que el eúscaro procure que salga del olvido su Altabiscar y el idioma que sirvió á Humbold para investigar nuestros aborígenes y al que está reservado el verter luz, sobre el gran período de las razas hispanas, vecinas á las prehistóricas: es justo que el gallego recuerde, el habla en que el Rey Sábio cantó loores á la Virgen; se querelló Macias; escribió Rimbaldo de Vaqueiras; el habla que cultivaron los trovadores del Cancionero del Vaticano, y la poesía, que perpetúa la inocencia infantil de la española, que vivió de niña en aquellos robledales, donde la enredadera crece y las flores abundan y se confunden en un himno, el cántico de las aves, las exclamaciones de alegria de las danzas, los aires de la albada, de la gaita y de la zampoña, el piar triste de las golondrinas, el arrollo de la tortola, el sonido de la esquila del aprisco, el murmurar de los arroyos, de las fuentes y de los follajes: es justo que el ástur ame el dialecto más á propósito, para que un Melendez empuñe la caña pastoril y celebre las dulzuras de la vida del campo: es justo que el erudito, en las orillas del Llobregat y del Ebro, al pié del Miguelete, siguiendo las aficiones de este siglo, indague el valor de sus Jordis, Masdovelles y Ausias March, y consagre sus vigilias al estudio de la lengua con que el arqueólogo dice en Poblet y Ripoll sus entusiasmos, el piadoso reza en el templo de la Moreneta de las montañas, el artista prorumpe en cánticos, al borde del torrente de Fayó en las blancas cumbres del Monseny, donde acuerdásenos en la memoria la tristeza osiánica, como acuérdasenos en la memoria el romance morisco, junto á la alabastrina taza de un patio árabe ó bajo el techo de alerce, ébano, marfil, oro y lapis-lázuli del que pendían lámparas de plata, nácar y concha, en la Alhambra;... al estudio de la lengua en que el historiador, bendice á los conselleres, diputados, ciudadanos-guerreros, comerciantes-estadistas del país, que tuvo sábios, cual Francisco Ximenez, Lull y el vate-peregrino, fraile-mago, misionero en Tunez y Bujia, propagador de una cruzada, solitario y palaciego, que se llamó Arnaldo de Vilanova;.... al estudio de la lengua que se habló en el mar de Homero y de Teócrito, en Nápoles, en Milan, en Constantinopla, en las aguas de Almería, en la nave de Corbera, en las Navas, en el sitio de Granada, en Lepanto... Sí!, es muy justo!, á fin de que recuerden la civilizacion y la libertad, lo que deben á la Casa de los Jaimes y de los Alfonsos.

Si!; muy justo,... tan justo, como el respeto de las naciones á un pasado de gloria; á lo que le recuerde jornadas célebres de su vida; hijos suyos preclaros; sucesos dignos de que el cincel se fatigue perpetuándolos;-á las armaduras del Cid y Hernan Cortés; al estoque real, (1) á la Durandal de Rolando y á la espada de Pelayo ó de Suero de Quiñones; al montante de García Paredes; á la Borgoñota (2) de Cárlos V; al casco de D. Jaime el Conquistador; al manuscrito de un sábio; á la seca paleta de un Goya; á la clave de un Mozart; al cincel de un Cánova; al anteojo de Nelson, el héroe de S. Vicente y Aboukir; al cuerno de caza de Carlomagno formado de un colmillo de elefante; á la casa de Rafael en la Contrada del Monte (3); á la Peña del Amador de Beatrice en el Adriático. Mas si tal creo, el aspirar á reconstruir literaturas, á que reverdezcan viejos laureles, á que retoñen remozadas, aspiraciones poderosas un día, es una utopia; pues Di los antiguos espíritus pueden renovarse; ni el ribereño del Miño y el Auseba, los paisanos de la mil veces insigne Pardo Bazan y del esclarecido Aribau, tienen una civilizacion ó una idea que expresar; ni la poesía brota viva y animada sino de las fibras del que siente, llora y piensa, lo que siente y llora su pueblo y piensa su siglo; ni se logra lo deseado por los que acuden a los Juegos florales á ganar una rosa de jardin ó las tres englantinas, parafraseando á los trovadores del siglo xv, lamentando el desastre de un pasado con el propósito de restaurarlo, quejándose, afligiéndose sobre un recuerdo,-luto del alma, siempre-viva de algun sepulcro que esté en el corazon, altar de adoraciones del que son incienso las lágrimas,-solicitando en fin, las caricias de una musa cándida, melancólica, pensati

(1) Así se llama la espada del Gran Capitan y sirve en las juras reales. (2) Casco labrado por Benvenuto Cellini para Carlos V. (3) Nombre de una calle de Urbino.

va, hermosa en medio de su dolor, coronada de flores silvestres, como la Ofelia de Shakespeare. Porque el llanto, la esperanza dulce que dibuja en el labio la más apacible sonrisa, son manantiales que fluyen la leche nutritiva y la miel dorada de la inspiracion; pero un arte elegiaco, nada más que elegiaco, es imposible. La idea de lo que fué, jamás ha engendrado un renacimiento: si no va unida á una gran confianza en lo actual, es estéril y aun perniciosa.

Sí; jamás, jamás ha existido un arte, teniendo por única fuente de inspiracion, el dolor.

No me citeis los Trenos, páginas arrobadoras, dechados de la ternura y la melancolía, en su belleza completa y perfeccion absoluta! Jeremías era su pueblo transformado en hombre. No me arguyais en contrario, recordándome los cantos de Hungría, Polonia y Bohemia, porque la cárcel en que estas gimen, guardadas por cerrojos, que son imperiales cetros y las heridas que les causan sus grillos y el chacal coronado, que tiene un látigo de oro por atributo de soberanía, en las heladas márgenes del Neva y á la sombra de los cimborrios de topacio de Moscou, convierten en un grito de libertad, la memoria de lo que fueron las tres naciones esclavas, y sobre todo la que, madre ayer

de Sobieski, llora hoy al que poetizó sus amarguras, á Chopin, el músico Benjamin de los desterrados. Pero entre nosotros no acontece lo mismo. Ni Navarra, ni Asturias, ni Galicia, ni Cataluña, han sido víctimas de crímenes, cual el crímen de que lo es la nacion Briseida,-gran maestra en el arte de morir,-que despedazada por las uñas de tres águilas, fué un día la más poderosa de la Europa Central y vió el estandarte blanco de Prusia, inclinado ante su bandera, en ceremonias, cual la conmemorada en el Homenaje de Alberto de Brandemburgo á Segismundo (1). Y no; no se encuentran en el estado de la perspicaz raza judia, que influyó de un modo tan enérgico, en el progreso humano, el pais de los Beren

(1) Cuadro de Matejko, premiado en la última Exposición de Bellas Artes de Roma y que está en la Galería Nacional de Cracovia, al lado de Las Hogueras de Neron, magnífico lienzo del gran Siemiradski.

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