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gueres, y el que en la Edad Media «fué el primer Parlamento y la más alta cúspide de la libertad que habíase hasta entonces conocido;» ni el sucesor de los bravos de Covadonga; ni el nieto del vasallo de Sancho el Fuerte, biznieto del héroe de Roncesvalles; ni el devoto del que simboliza la unidad espiritual de España, y dió su nombre, al peregrino de Compostela para que cristianizase la vía-lactea, á los que lucharon por el Evangelio en la Reconquista, para crearles un lazo de union y al soldado de Alfonso VIII y Pedro II, á los David que derribaron á Almanzor, á los sitiadores de Murcia, Sevilla y Granada, para que su grito de combate fuese un talisman, que les diese el privilegio del triunfo.

Todas las monarquias,-personajes de la epopeya que tiene su inicial en la Cruz de la Victoria (1),-atraíanse entre sí; y sucesivamente dejaron de ser, convirtiéndose en España, en el altar en cuya presencia celebráronse las nupcias de los Reyes Católicos. Para que alboree un Renacimiento, para florecer una pascua literaria, necesarios son inteligencias que adivinen, genios dotados del don de profecía; Ariostos y no Petrarcas ó Tassos que escriban poemas á Scipion y al Africa ó tallen un lucero vespertino, como La Jerusalem Libertada. Lo que fué, «jamas despierta los afectos que vienen a ser, como los hilos misteriosos con los que se teje la urdimbre de la vida y se prepara á la iniciacion del progreso, las generaciones por venir.» Históricamente hablando, las nacionalidades perdidas en la antigua Iberia, no son un dolor justo. Mas aun, el trabajar por reconstruirlas es, declararse rebelde contra la historia, pues equivale á desobedecer el código fundamental de esta. Si tales sentimientos existen en alguno, entienda que no pueden constituir un manantial del arte, pues el arte no es hijo de lo individual y si en cambio, vehementişima aspiracion á lo general de la naturaleza del hombre, á lo futuro, á la bienaventuranza, y por esto sus sacerdotes mas legítimos se llamar Goya, mas bien que

David.

(1) La cruz románica de la Reconquista, forrada en oro y guarnecida de pedrería por Alfonso III el Magno, se guarda en el relicario de la Cámara santa de la catedral ovetense.

No quiero, no, el cultivo de las literaturas regionales, si los móviles que lo impulsan, son tendencias que la crítica considera bastardas, ó el vano empeño de continuar la tradicion poética del siglo de oro, de la que carecen muchas de aquellas, faltándoles en su virtud el arte. La literatura catalana por ejemplo, palaciega, erudita y raras veces popular, antes de D. Jaime; con inspiracion suya, mirada a traves del espíritu de las reformas del Conquistador; sin pensamiento nacional, aunque originalísima, en Lull y Muntaner; imitadora hasta la segunda mitad del siglo xv, en que recibe los efluvios de la musa de Castilla; no tiene savias, sino para producir épocas que, cual las de los Consistorios y el Gay Saber, dejen tras sí máximas de retórica... «Los Quintilianos nunca han sido anuncio de grandes periodos, en la Literatura.»

Todas las poesias regionales uniéronse; las obras escritas en el habla de Serveri de Gerona y Guillermo de Berga, en que fueron traducidos los amadores de Laura y Beatriz, en que cantaron los que obedecían las Leys de amor de Moliner, enriquecieron el tesoro literario de España, que empezó a considerar tan hijos suyos, al que le legase el Rimado de Palacio y á Juan de Vena, como al triste Rodriguez del Padron, y al esciarecido númen (1) Benjamin de aquel mozo dignisimo de mejor fortuna y de padre mas manso (2); y desde el siglo xvi, el arte de Castilla, no expresa una particular cultura, sino la del pais que aprisionó al monarca mas caballeresco de su época; que limpió de piratas las olas mediterráneas, eclipsando con este triunfo la fama del rival de César; que luchó en Mulberg; que fatigó los tornos, labrando fajas para sus caudillos.

Pero si así pienso, aplaudo el que por otros motivos, se cultive la lengua de las Cántigas y sobre todo la lengua de la Corona de Aragon. Una lágrima que sonrie placentera produce siempre, la memoria del hogar bajo cuyas vigas resonó la voz de nuestros padres y hermanos: irresistible impulso induce á

(1) El Marqués de Santillana llama á Ausias March, gran trovador y va. ron de esclarecido ingenio,

(2) EI P. Mariana, refiriéndose al Principe de Viana.

las familias á recordar su casa solariega, con altivez ó con la modestia que Quevedo, en su célebre epigrama (1 ; á las entidades á no olvidar sus pragmáticas; á los paises á celebrar sus fechas memorables; a los individuos 2) á amar la lengua de su niñez, y sobre todo si es la de los que formaron con sus picas, despues de Guadalete, el Ararat de acero en que salvóse el arca de nuestra, libertad, de las leyes, culto, y literatura cristianos, ó la del Altabiskarco cantúa, ó la que escuchaba el peregrino en sus noches de vela, junto al sepulcro de Santiago. Y si á esto se añade, la justicia con que, nacionalidades enemigas de la uniformidad y de la centralizacion, buscan por el camino de oro de las letras, lo que otras corrientes no les procuran, el vivir bajo el imperio de la ley de unidad y de la ley de independencia, se comprenderá cuan nobles son los afanes del compatriota de Rosalía Castro y de los que, en la falda del Tibi-Dabo, se consagran á salvar el habla de sus abuelos, de la triste suerte, que ha cabido á muchos dialectos de la Edad Media.

Pero, ni el que escribe Espiñas, Follas e Frores, ni el discípulo de Aribau, alcen pendon para derogar la ley sapientísima, que crea y destruye en provecho de los hombres: no esperen resurecciones que no sucederán, al borde de los sepulcros en que yacen sus literaturas amadas; que el restaurador, á lo sumo puede producir, un instante literario. Sin vida pública el catalan y el gallego, no han recibido la influencia que los hechos generales y la marcha de la civilizacion ejercen en las lenguas, amoldándoias á nuevas tendencias é imprimiéndoles novísimos caracteres. El escritor moderno, no puede hablar como el del siglo de oro, cuyo dialecto perdióse para siempre: la musa de aquel Parnaso, no es la de la centuria actual, porque no es posible el emanciparse del gusto de la época de que somos hijos; ni mas allá de sus fronteras hay fuente de inspiracion, al alcance del génio. El hombre de letras, el erudito, el sacerdote de Apolo, trabajen enhorabuena por conservar todas las glorias de las literaturas. Que no haya en España lengua señora y lenguas esclavas! Que el que pulsa su harpa en la márgen de la ría de Pontevedra ó del Turia, y escribe en bable, el dialecto mas rico para expresar los placeres de la vida que han descrito, pintado y reproducido mejor que nadie, el Cisne de Mantua, Watteau y Bellini;- que el triunfador en el moderno Consistorio, especie de Compostela catalan literario, cuyos santiaguistas se nombran Aribau. y Bofarull, Clavé y Balaguer, Forteza y Llorente, Permanyer y Querol, Rosselló y Blanch, Milá y Cortada, F. Soler y Pelayo Briz; que el vate regional en suma, inspirándose en lo que fué y será, cante la historia, la bondad y la belleza, preséntenos al hombre mas digno de Dios cada día, «pueble los corazones de esperanzas, la inteligencia de presentimientos y de propósitos la voluntad,» aceptando á este fin, todos los materiales necesarios al arte, para cumplir su mision altísima! Sea así el guardador del canto de Lelo ó de las pastorelas y vaqueiras de la tierra de Payo Gomez Chavino y exprésese en la lengua «del Poema del Cid refrendado por Cervantes, en la de la Crónica de Jaime el Conquistador legalizada por Ausias March, en la de las Cántigas visadas por Camoens,» que son los breviarios con que entrar podemos, en la Iglesia de las letras españolas. Y el vate y el prosista, trabajen solo por conservar la lengua de sus padres, aprendiendo la leccion que Bofarull ha dado, en su Crónica de Muntaner. Y procediendo de tal suerte, procederán como buenos, porque útil es el guardar el habla de Saavedra Fajardo y Hurtado de Mendoza, y así mismo todas las variedades engendradas por el eterno y múltiple desarrollo de la vida, pues lo contrario sería rebelarse contra las leyes sociales. «El querer suprimir lo vario porque lo uno existe, equivaldría á suprimir las naciones, porque existe la humanidad; y es imposible un elemento tan idén

(1) Es mi casa solariega.

más soiariega que otras,
pues por no tener tejado

le da el sol á todas horas, escribia Quevedo, recordando la suya, en el delicioso valle de Toranzo.

(2) De guia me sirve, el magníico discurso leido en la Academia española por el Sr. Balaguer, ilustre hermano en las letras, de Fe lerico Mistral. Aprovecho esta coyuntura para ofrecer el testimonio de mi admiración ca. riñosa, al gran historiador y poeta.

tico á sí, que en su desarrollo no produzca lo diferente»; que vasallos son el Universo y la historia de la unidad y la variedad; y como el Universo y la historia, las lenguas. La de la ciencia subdividióse en innumerables dialectos, en la dorada mañana de la perenne juventud del alegre pais, que perfumaban la miel del Hibla y el tomillo del Himeto: Roma no pudo conseguir la unidad en el orbe de las letras, pues segun observa nuestro Tullio, (1) Tertuliano trasciende á Africa, Séneca á cordobés y en los epígramas de Valerio, se vé un hijo de la ciudad segada á flor de tierra por los siglos, en el collado Bámbola y un patavino, en el suave, honesto, y elocuente historiador, que escribió sus narraciones, con leche pura y candorosa. Dice con acierto D. Victor Balaguer: - es ley natural que las sociedades humanas estén sometidas a la de unidad y á la de independencia; mas no se olvide que la unidad, no evitando el Scyla de lo uniforme, conduce á la servidumbre hierática y la independencia, si no huye el peligro de las profanaciones del derecho, cierra entre sus brazos,

llamas, dolores, guerras,

muertes, asolamientos, feros males. Si esto es innegable; y la armonía como la variedad, un precepto necesario de vida; si forman la personalidad Estado las personalidades provincias; éstas desaparecen, al caer en el señorio de aquella; y literariamente, si su habla nativo es objeto de bruscos atentados en su dignidad. El herir la de las lenguas regionales, es sangrar la lengua patria, que será mas eximia y de salud mas firme, cuanto mas eximia y mas en salud estén aquellas, á semejanza de lo acontecido en otras órbitas, en las que el poderío y el amor patrios, hállanse en razon directa, del amor local y del poderío provincial. Lo confirma la historia. España dió ejemplo de un delirio sublime, cuando Cataluña renovaba en los collados del Bruch la hazaña de Leónidas inmortalizada por el Tito Livio de la Pintura francesa, el gran David; cuando Aragon eclipsaba en las tapias de Zaragoza la

(1) Emilio Castelar.

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