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fama de Sagunto y de Cartago; cuando Bailen y los Arapiles daban su nombre á batallas tan célebres, como la de Maratho en los anales griegos, la de Farsalia en los de Roma, las de Poitiers

У Simancas en la Edad Media y en dias más próximos á nosotros, las del Garellano, Pavía y Waterloo.

A las lenguas locales, es á donde ha de ir la oficial, en busca del modismo que necesite para agraciarse ó embellecerse. En inodo alguno á las estrañas; á las de genio diverso! En modo alguno á la que

hablaron Boileau y Balzac, como es costumbre; pues si la lengua de Boileau y Balzac, al decir de Voltaire, es una pobre orgullosa que lleva á mal la socorran con la dadiva mas humilde, tiene que ser muy avara en las suyas! El ilustre Jovellanos, que pensaba de este modo, ideó el formar un Diccionario bable y aun trazo el plan de él, ávido de acaudalar el idioma en que escribiese, el Delincuente Honrado, el Pelayo y el Informe sobre la Ley Agraria. Y con idénticos anhelos produjo Borao este libro Propúsose en él, dar á Castilla aquello, en que Aragon la supera. Propúsose, el alejar de todo impulso á hacerse tributaria del extranjero, al habla de Lope, Tirso, Granada y Solís, obsequiándolo con vocablos que, siendo propios, fuesen nacionales. La donacion no podía resultar ofensiva pues la procedencia de un agasajo, en nada disminuye el mérito de la grandeza que contribuye á aumentar o á formar, como en nada disminuye la grandeza de ia corona de Francia, Inglaterra y Austria ó el cetro de Rusia, el que el Montaña de Luz, el Regente, el Orlovo, la Estrella Polar ó el Gran Duque de Toscana, fuesen hallados lejos de París, del Támesis, del Dnieper y del Danubio.

No, no se desdora la lengua de Cervantes, porque reciba de Aragon palabras que carecen de traduccion castellana: de no aceptarlas, se priva de poder espresar muchos conceptos, como los contenidos en alreudar, ceprenar, estema, estemar y encalzar, (1) redolino, ultranza (2) y zunzir (3).

(1) Ambas se leen, en los Privilegios de la Union. (2) Úsala nuestro Zurita, frecuentemente.

(3) Veanse las Notas del discurso de recepcion, en la Academia Española, del elegante historiador de los Trovadores.

Y no solo no se desdora, sino que le aconsejan la aceptacion del tributo, el sentimiento de nacionalidad y el patriotismo, con tan varoniles caracteres revelados entre nosotros, pues el mismo móvil, la misma inspiracion hay en la lengua del Libro de trocas del Rey D. Dionis, de las Cántigas, del Cancionero de Baena, de las obras del Rabi D. Santo, de las Luisiadas de Camoens, que en la de los hermosos romanceros, y de la poesía cortesana y popular de Castilla.

No se olvide que en la lengua y literatura de esta influyeron la lengua y la literatura regionales y singularmente las de Cataluña y las del país que tiene su Pelayo en Alfonso Enriquez.

No se olvide que las producciones del donoso y travieso Arcipreste de Hita, las estrofas de Alfonso Alvarez de Villasandino, los dezires de Micer Francisco Imperial, los versos célebres del Condestable don Alvaro de Luna, El Desden con el Desden, y El Escámen de Maridos, piedras son del Alcázar de las letras españolas y que en tales monumentos, visible es la huella del númen de la region, que fué centro de júbilo, de prez y de cultura.

No se olvide que Castilla adoptó por hija á la poesía provenzal y se sirvió de las cuerdas lemosinas para levantar el espiritu público; que antes del libro de los Reys d' Orient, suena en la patria del Cid el laud venido del Rodano, cuyo laud gozó de gran privanza en las cortes leonesa y castellana; que un Trovador provocó el entusiasmo a favor del sitio de Almería y dió en la Piscina origen al sirventesio, que otro trovador saludó á Sancho III, no bien este se hubo sentado en el trono, y otro lloró la rota de Alarcos y otro predijo el triunfo de las Navas; que Alfonso VIII y S. Fernando vivieron rodeados de cantores y el Rey Sabio tensionó con ellos en su habla, les llamó á sus consejos, les otorgó la mas hidalga hospitalidad.

No se olvide el carácter de la poesia castellana en su niñez, que justificanos, el que haya en el Diccionario de la Academia muchos vocablos de Provenza y muchos castizamente catalanes. Y por último, no se olvide lo que las letras y la lengua de Castilla deben á la Casa de Aragon. Y si esto es así; si los ideales á que responde y traduce la lengua nacional son los ideales á que responde y traduce la euskara ó la gallega, å la eufonía, á la propiedad del idioma conviene, el que trate de enriquecerse, buscando medio de expresar con concision, los conceptos para los que le falta palabra. ¿No las tiene, comprensivas de dar en en fiteusis, caer el rocío, recibir un golpe en la cara con herida? Pida á Aragon, á Galicia y á Asturias sus verbos atreudar, orballar y afrellarse, de purísima fuente y de fisonomía castellana.

La vida provincial favorece á la nacional, porque no es negacion del carácter de los individuos la unidad política. Riquisima en oposiciones y diferencias, en virtud de su mismo principio, armonízanse éstas.

Ahora bien, del mismo modo que la vida provincial y aun la municipal es de justicia disfruten de todos sus derechos, bajo las leyes de la armonía y dentro de la unidad en que viven, si hemos de tener poesía, lo es, el conservar las preciosas variedades del habla español. Mas aun; si han de ser perennes las privilegiadas cualidades de este, es preciso que no pierdan las suyas los en que se quejó Macías y grito desperta ferro el almogávar sacudiendo sus armas en las rocas al dar la señal del degüello, pues el gallego tan tierno, el bable tan dulce, el valenciano tan músico, el catalán tan vigoroso y onomatopéyico, el euskaro tan primitivo, al proporcionar al idioma de Castilla los vocablos que le falten, le comunicará sus particulares virtudes, aumentando así las que á este caracterizan, incluso su majestad histórica. Cuidando el ingenio laureado en Vigo o en Barcelona su lengua, se favorece á la en que escribió Valera, Pepita Jimenez, ó el Drama nucro Tamayo, el Andrés del Sarto de los poetas del día, pues senza errori pudiera llamársele, y á la en que Castelar, el hombre de letras más grande de los modernos tiempos, pronuncia discursos en los que el castellano vence en flexibilidad y riqueza al Edipo y á los Diálogos de Platon.

En catalán hablaba Capmany, cuando nos hizo el presente regio del Teatro critico y Aribau cuando fundaba la Biblioteca de Autores Españoles, que adornó con prólogos elegantísimos y correctos; en gallego hablaba Pastor Diaz cuando leia sus admirables lecciones sobre el socialismo, y en gallego habla la escritora (1), que tiene en la república de las letras, la gerarquía de la Arenal en las ciencias sociales; el euskaro liabla el autor de páginas de color de cielo y con olor á rosa, y el babló hablaron el cantor del Pelayo y Martinez Marina y Caveda y D. Pedro J. Pidal; como en valenciano habló siempre Aparisi, el orador dulcísimo, cuya fantasía denunciaba que nacido era bajo un empíreo más azul que el más azul del Domi. niquino, que es el pintor de los empíreos hermosos; en la floresta de España, que estimula al lirismo y á la armonía; cual estimulan á la poesía espiritualista las márgenes de las lagunas de Escocia ó los canales de Holanda, y å inspirarse en los hechizos de la naturaleza, el valle del Yumuri, en el que la tierra es azúcar, la catarata del Niágara inmortalizada por Heredia, los paises en que brotan la flor de la piña y la flor del café, que han tenido er. Plácido su Rioja. Decídme já quiénes deben más gratitud que á los enumerados, la sintáris y analogía españolas? Algo parecido interrogaria, si me refiriese, á Olivan, recordando su admirable discurso sobre el uso del pronombre él, ella, ello; á Carrascon, recordando su Loca del Vaticano que vale lo que el mejor Lorenzana; á Valentin Gomez, recordando sus castizas páginas y... ¿por qué no contarle en el número, si por tradicional derecho nos pertenece?.. . al Duque de Villahermosa, recordando su version del poema sublime de la Agricultura, las Geórgicas de Virgilio.

Los cuatro se han servido en las conversaciones familiares, (y ved si han prestado servicios á las letras) del modismo aragonés; en el que hay la complexion y la contextura íntima de la madre, que en el modismo nacional;—del modismo aragonés puro, que en buen hora recogió Borao.

Y llegado es el momento de preguntar; ¿las peregrinas originalidades lingüísticas que D. Jerónimo reselló en el cuño moderno, merecen prestigio y ser erigidas en palabras españolas? Veámoslo....

Antiguo y natural es el deseo de conocer los orígenes de la

(1) Pardo Bazan.

lengua del que esparcia los ánimos con las sales de Breton; del que manejaba mazo y escoplo, á la vez que pluma de primorosísimo corte; de Echegaray; del biógrafo de Jovellanos; y del orador insigne por quien ha eclipsado la fama de los Rostros la tribuna de Lopez y Olózaga. Los cerebros de centros y ejes más admirables, se han afanado en su busca; y desde que el canónigo Aldrete dió á la estampa su notabilísima obra, ningun filólogo, ningun literato nacional ó extranjero, ha dejado de consagrarse, á hallar las fuentes de los idiomas de este pais, y sobre todo las del romance castellano, con el ardor que los esploradores del siglo xix trabajan por sorprender, en las áridas montañas de la Luna ó en las calcinadas márgenes del Niger, los misterios del gran geroglífico del planeta, los misterios de la Libia.

Este ya viejo anhelo, responde á la necesidad más imperiosa; pues en España, es tal el vínculo que une la lengua y la historia, que el sabio, en esas peregrinaciones por los campos de la investigacion que se llaman estudio, en esas asoensiones de la mente á las cumbres de la verdad, no puede moverse, sin que le sirvan de Beatriz la una ó la otra.

País hay, segun observa el ilustre Fernandez Espino, en que el idioma salió perfecto de las manos de sus Dantes y Bocaccios; más el romance, cercado en su espíritu de graves perturbaciones, resintióse de las contrariedades de su origen y tuvo muy accidentado desarrollo.

Múltiples teorías, que contradicense entre sí, ha producido el indicado afan. El admirador de las fecundas é influyentes civilizaciones de Grecia y Roma, vió en el castellano el sello de la lengua de Píndaro y Tito Livio; y el arabista, el hebraizante, vestigios orientales: quién como Huerta, Salcedo, Larramendi y el traductor de La Divina Comedia en el siglo xv, ciegos á la luz de la razon y de la historia, otorgaron la maternidad a la vascuence; y quién á las teutónicas, como Munarriz y Sismondi. Ninguno de estos escritores ha dado en el blanco; ya porque al formar sus juicios, olvidáronse del carácter del latin ó del árabe, ya porque no entraron en el laberinto de los idiomas á que pertenecen las múltiples hue

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