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D. BELTRAN DE LA CUEVA.

CAPÍTULO PRIMERO.

Cómo entró Don Beltran á servir en la Cámara de Enrique IV.— Noticias genealó.

gicas.-Retrato del Monarca, hecho por un contemporáneo.-Estado del Reino á la entrada de Don Beltran en la Corte.-Relevantes dotes de este personaje.

En uno de los primeros dias de primavera de 1456 apeábase en Úbeda en casa de Don Diego Fernandez de la Cueva, de las más principales de aquella ciudad, el rey Don Enrique IV. Era el segundo año de su reinado (1), y se encaminaba á recorrer las tierras de Alor Antequera y Archidona con el designio de devastar aquellas ricas comarcas é ir aniquilando á los moros por falta de mantenimientos. Ya en el año anterior habia emprendido otra correría por la vega de Granada con el mismo objeto sin obtener grandes resultados; pero este sistema de algaradas que tanto placia al Rey, disgustaba a los nobles, que, llevados de su espíritu guerrero y ansiosos de botin, deseaban acometer más sérias y valiosas empresas. A tal punto llegó por esta causa el desabrimiento de algunos magnates castellanos, que trataron de apoderarse del nuevo Monarca para llevar a cabo sus planes, como lo hubieran realizado á no haberlo entendido aquél oportunamente, y retirádose á Córdoba y luégo á Madrid.

Fué tanta la ostentacion, tal la reverencia y solicitud con que Don

(1) Comenzo a reinar el 21 de Junio de 1454.

Diego Fernandez de la Cueva hospedó y agasajó al Soberano de Castilla, así á la ida como á la vuelta de su expedicion, que, agradecido éste á tan sinceras demostraciones, le pidió al marcharse dejase á su hijo primogénito Juan de la Cueva á su inmediato servicio para poder dispensarle honras y mercedes.

Don Diego le suplicó tuviese á bien dejar en su compañía á Juan, por ser el mayorazgo de su casa, y que en su lugar se llevase á su segundo hijo Beltran, que por ser muy discreto y de claro ingenio podria servirle como el mayor. Aceptólo así el Rey, y le llevó consigo en clase de paje de lanza (1). Mas ántes de seguir á tan afortunado mancebo, que andando el tiempo habia de ser el fundador de una de las más ilustres casas de Castilla, conviene decir algo de sus progenitores y ascendientes.

Entre las várias leyendas y tradiciones (2) con que los antiguos

(1) Fundacion de la noble villa de Alburquerque, por D. Pedro de Tormes del Pilar, manuscrito original de 1635, existente en el Archivo del Excmo. Sr. Duque de Alburquerque, Marqués de Alcañices.

(2) Derivan algunos genealogistas, y el Sr. Tormes en su libro manuscrito, la rama española de los Cuevas, de Don Beltran de Claramonte, hijo del Conde de Clairmont, suponiendo que por efecto de las muchas honras y mercedes que el Rey de Francia le dispensó en recompensa de señalados servicios, fué objeto de fuertes envidias y odios por parte de otros nobles, y que atacado por uno de ellos una noche cerca de Palacio, le mató en su defensa, y reducido á prision por este acto, el Rey, reconociendo sus méritos, le perdonó la vida, desterrándole de Francia: que dirigiéndose Don Beltran al reino de Aragon fué en el muy bien acogido, se le contiaron tropas para pelear contra los moros, y los venció en muchos encuentros: que habiendo aparecido por aquel tienipo en las montañas de Jaca, junto a la peña de Oruel, un espantoso monstruo ó sierpe, que causó la muerte á muchas personas y atemorizó á todos los habitantes de los pueblos comarcanos, mandó el Rey pregonar que haria giandes mercedes al que lo matase, y que el valiente Claramonte, que buscaba ansioso ocasiones en que distinguirse, aperci. biose para combatir con tan horrible monstruo; le encontró á la entrada de una cueva, y despues de portiada lucha consiguió matarle: que presentándose seguida. mente al Rey con el pecho desgarrado y lleno de sangre, el Monarca tiño en ella sus dedos, señaló en el escudo de Don Beltran las simbólicas barras de Aragon, dándoselas por armas, así como tambien la figura de una sierpe, le apellido Cueva y le casó con la Infanta su hija, de cuyo matrimonio descienden los Cuevas.

En el Romancero general, tomo II, pág. 199, de la edicion de Rivadeneyra, hay un romance titulado: « Batalla de Don Beltran de la Cueva con una sierpe.»

Hé aqui lo que acerca de este particular escribió en sus Decadas Alonso de Pa. lencia (Bib. Nac.--Mss.-G., 29, fol. 70,:

(Liber v, cap. tertium.) «Continet mentionem originis Beltrandi de la Cueba eiusque fortunatum ascensum...»

D. Beltran de la Cueva «cuius non abre videtur originem altius resumere, ut in multis apertior fiat narratio. Erat primis temporibus Regis Johannis apud Idúbedam quidam homo nouus et agrestis, solicitus tamen in pecorum cura; nomen ei genealogistas pretenden explicar el origen de esta ilustre familia, es acaso la más probable la que refiere que proviene de dos hermanos, llamados Hugo y Beltran, descendientes de Enrique I de Francia, los cuales acudieron solícitos, bien directamente desde esta nacion, ó mejor aún, desde el reino de Aragon, donde habian sido espléndidamente heredados por Jaime I(1), al llamamiento general hecho por Alfonso XI de Castilla para atajar el creciente vuelo que iban tomando las armas sarracenas. Es lo cierto, que la Crónica de este Rey (2) tratando del órden con que dispuso sus huestes en la batalla del Salado, dice que dió el pendon de la Cruzada, que envió el Papa, á un caballero francés que decian Don Yugo, mandándole que lo llevase cerca de su pendon; y añade: «et este caballero era buen christiano et ome de buena vida et moraba en Ubeda, et el Rey lo ficiera caballero antes desto et lo casó.»

De este caballero Don Hugo hace capítulo particular Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía (3), y dice: «Consta por tradiciones y memorias antiguas que Don Hugo, caballero francés, alférez mayor en esta batalla (la del Salado) del pendon de la Santa

Egidio Ruiz: hic obsequiis Ludovici de Guthman magistri Calatrauæ deditus fit diues, et ulteriora sequitur divitiarum vestigia ex rei rusticæ cultura atque proventum uberiorem securioremque exitum indicantia. Favit labori fortuna ita ut agros emere, colonos habere, rem in dies exagerare magis posset. Hinc auctis opibus emit rus campestre, cui indicta erat apellatio ex cauea ruris, quod cueua diceretur: ita ut inde cognomentum foret hæredi filio Didaco de la Cueba, viro bellaci atque strenuo militiam præferenti paterno labori; quod haud inuito parente fecit: imo equos habere electos, arma exercere, militaribus potiri in laude erat. Quamobrem honesta coniuge dignus reputatur Maria de Molina, liberosque ex ea genuit Beltrandum de la Cueua et Guterrium de la Cueua, quorum Beltrandus ex indus. tria parentis inter satellites notissimi fuit obsequiis Henrici consignatus initio sceptri; et cum in dies magis placeret Regi iam anno regni secundo haud neglectus habebatur; verum comiter et iocunde audebat colloqui, adire, secretiora pertemptare, sed respectu Michaelis Lucas et Valençuelæ sonitum rumoremque exiguum præseferebat quoadusque Valençuela effectus est prior Sancti Joannis et Michael Lucas primarium locum illecebrarum recusavit. Tunc Beltrandus ccepit preferri multis nomenque dilectissimi nancisci. Igitur iam hoc anno regni tertio donabat eum rex multis muneribus atque dignabatur habere inter dilectissimos....)

Por último, en la Crónica castellana de Enrique IV, atribuida al mismo Palencia (Bib. Nac.--G, 25), se dice que fué Don Beltran biznieto de un caballero extranjero llamado Don Yugo de la Cueva, que vino á servir al rey Don Alfonso, que ganó las Algeciras, y por señalados servicios que allí le hizo lo casó en Ubeda y le dio heredamientos y la tenencia de aquella ciudad.

(1) Viciana, Crónica de Valencia.
(2) Cap. ccl.
(3) Cap. Lxxxiv.

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Cruzada... fué casado en Ubeda del linaje de la Cueva, que en aquella sazon era rico y poderoso en aquella ciudad, y afirman haberse guardado este pendon en la capilla mayor de la iglesia mayor

de Ubeda, donde este caballero yace sepultado, cuyo enterramiento hoy posee Doña Isabel de la Cueva, condesa de San Estéban, señora de la villa de Solera, sucesora del mayorazgo de este linaje.» El autor de la Crónica del condestable Don Miguel Lucas, que escribió en tiempo de Enrique IV, dice de este caballero: «Don Beltran de la Cueva fué hijo de Diego de la Cueva y nieto de Gil Martinez de la Cueva, regidor de Ubeda, descendiente de Don Hugo, caballero frances que fué por alférez del pendon de la Cruzada en la batalla del Salado, y pasó de Francia á España á la guerra de los moros con Ramon Beltran, su primo, y con otros cruzados que pasaron del reino de Francia.» En conformidad de esto, añade Argote, acrecentaron los del apellido Cueva tres lirios de oro en campo azul en sus armas, que eran bastones rojos en campo de oro, y debajo de ellos una sierpe que sale de una cueva, y por cola ocho espadas de oro en campo rojo: la cueva, segun este afamado genealogista, por alusion al nombre de su solar, que es en la merindad de Castilla la Vieja, y la sierpe por símbolo de fortaleza. Las aspas simbolizan que se halló Don Hugo en la victoria del Salado con el pendon del Papa.

Lo que resulta de todo punto indudable es que desde fines del siglo xili aparecen los Cuevas en Ubeda entre las familias más distinguidas; y aumentándose con el tiempo su influencia, ya en el turbulento reinado del rey Don Pedro figura Juan Sanchez de la Cueva como regidor y caudillo de esta ciudad, inclinándose á la parcialidad de Don Enrique, de quien á su elevacion al trono debió recibir no escasas mercedes dada la condicion de tan dadivoso monarca. De este Juan Sanchez de la Cueva y de su mujer Isabel Fernandez de Molina fué hijo Gil Martinez de la Cueva, regidor de Ubeda y cabeza de bando en ella en 1400, casado con Blanca Fernandez de Viedma; y de estos a su vez lo fué Don Diego Fernandez de la Cueva, casado con Dona María Alonso de Mercado, vecinos y naturales de Ubeda, padres de nuestro personaje.

El Monarca, á cuyo servicio habia entrado el joven Beltran, no era reputado en su tiempo, ni lo ha sido despues, por digno sucesor de Alfonso VI ni de Fernando III de Castilla. Sus dotes morales corrian parejas con las fisicas, y por el siguiente retrato, trazado por un ser

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