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Ni al Fuero Juzgo ni al Real son aplicables las palabras de la tantas veces citada ley del Ordenamiento, «que los dichos fueros sean guardados en aquellas cosas que se usaron:» porque demostrado hemos, y mas demostraremos en el curso de esta historia, que los dos códigos estaban del todo vigentes el año 1318 en que Don Alonso XI publicó su ley; que las palabras trascritas solo se referian á los demás fueros desaguisados que algunos pueblos tenian por ley, y que el Juzgo nunca ha sido declarado Fuero malo.

En suma, la necesidad de un código civil general se hace cada vez mas indispensable, porque respecto al Juzgo, su postergacion casi absoluta en competencia á las Partidas, lejos de fundarse en ninguna ley, está contradicha por el derecho vigente, y es solo producto de la abusiva práctica del foro.

Mucho han disputado los críticos acerca de si la influencia católica desde la conversion de Recaredo hasta la venida de los árabes, fué ó no beneficiosa á la causa de la humanidad. Precisa es mucha preocupacion para negar una tésis que nosotros consideramos en la categoría de hecho práctico; que se demuestra con muy cortas pero concluyentes reflexiones, toda

la índole de nuestro trabajo no nos permite extensos argumentos. Hacia pocos siglos que se habia presentado el último Revelador. Su venida tenia por objeto el principio de la redencion; para ello era preciso regenerarlo todo: con su muerte se cerró el periodo del mundo antiguo; con su doctrina y resurreccion se abrió la nueva era. Jesus cerró el pasado como víctima; abrió el porvenir como redentor. ¿Quién se atreverá á decir que se ha consumado este porvenir? El abismo que separa los dos períodos de las civilizaciones antigua y moderna, se vé clara, paladinamente, sin aforismos enigmáticos, en una sencillísima parábola. El Fariseo (1) pregunta: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesucristo, interro. gándole a su vez, le contesta: «¿qué dice la ley?» «La ley dice,

vez que

(1) San Lucas dice «el jurisconsulto.

responde el fariseo, que ame á Dios sobre todo y al prógimo como á mí mismo.» «Hacedlo así, replica Jesús, y vivireis. » Si el diálogo hubiese cesado, se podria asentar que la ley de Moisés era absolutamente conforme á la cristiana; pero el fariseo entabló la cuestion verdadera. ¿Quién es mi prógimo? preguntó al maestro, y la contestacion de Jesús es la que marca del modo mas ostensible la divergencia entre la fraternidad antigua y la moderna; entre el mundo anterior á su venida y el que Dios se proponia formar: entre las dos civilizaciones.

Jesucristo pronunció entonces la famosa parábola del samaritano. La secta mas despreciable entre los judíos era la samaritana: supuso que un individuo de ella practicó con un desconocido una obra de misericordia, que al infeliz habian rehusado un sacerdote y un levita; dando a entender con esto que todos los hombres eran progimos, que el amor al prógimo se extendia a toda la humanidad; que no se debian considerar solo como progimos los individuos de sectas ó castas privilegiadas, sino que todos los hombres tenian por único padre á Dios, y que como hijos de un mismo padre, todos eran iguales; todos tenian los mismos derechos; todos eran activos y responsables. Este dogma, unido a todos los demás de su doctrina, dirigidos al mismo fin, derribaba el antiguo y mezquino edificio, para levantar uno mas amplio, universal, en que todos cabian, del que todos participaban. Los intereses egoistas se alarmaron y se entabló en tod) el imperio romano la lucha, entre la abnegacion y sacrificio por un lado, y el orgullo de raza y las clases privilegiadas por otro. Triunfó al cabo de tres siglos de incesante combate la idea católica, y Constantino reunió el Concilio de Nicea. Allí se citaron los partidarios del antiguo mundo para dar la batalla al nuevo dogma. El obispo Arrio, que se hizo órgano de uno de los argumentos emplea-dos por el paganismo para combatir el cristianismo, dando á este origen humano, se presentó al Concilio negando el misterio de la Trinidad, sosteniendo que en Jesucristo solo habia una naturaleza, es decir, que era hombre y no Dios. La objecion

tenia carácter fundamental. Negada la divinidad de Cristo, se negaba la divinidad de su doctrina: como doctrina humana, entraba en el dominio de la discusion: el talento y el sofisma pondrian por lo menos en duda, todas las verdades consagradas á los ojos de los pueblos por el origen divino de la autoridad que las habia proferido , y se aplazaban cuando menos todas las consecuencias políticas y sociales del cristianismo. Grande, inmenso, fué el servicio prestado á la causa de la humanidad por los Padres de Nicea, condenando y anatematizando el ar. rianismo como atentatorio al nuevo principio social. No por esto pereció tan radical heregía; se envolvió y ocultó con la máscara de una metafísica sutil, oscura y dificil, y se sostuvo y bajo ciertas formas llamadas filosóficas se sostiene como escuela.

Antes de invadir definitivamente el imperio romano las naciones septentrionales, estaban ya imbuidas en la heregía arriana; así vemos á los godos, francos, &c., profesar todos este error. El primero que dió el ejemplo de la conversion fué Clovis, rey de los francos, que sucedió á Chilperico en 481. Despues de haber vencido á Siagrio y sometido la Turingia, atacó la confederacion Armoricana y fué rechazado. Componiase esta confederacion ó liga de las Bagodas, segun el nombre galo, de las dos Aquitanias, las tres provincias Leonesas y una parte de la Bélgica, y entre sus ciudades se contaban Paris, Rouen, Tours, Nantes, &c. Los obispos de todas estas poblaciones eran el alma de la liga, y viendo Clovis que le era imposible vencerla, propuso convertirse al catolicismo siempre que se uniesen á su reino las Bagodas. Aceptaron los obispos la proposicion, y el rey abjuró el arrianismo con tres mil de los principales señores francos, bautizándose en Reims el año 496.

Desde entonces se hizo irresistible la idea católica, y bien á nuestro pesar debimos conocerlo, pues inmediatamente y sin mas que decir Clovis á sus soldados, «Vamos con la ayuda de Dios á quitar á los godos arrianos la parte que conservan de las Galias,» nos arrebató todo el territorio comprendido entre el Loira y el Garona, matando en una batalla á nuestro rey Alarico. Si pues la idea católica empezaba a dominar el mundo, ¿qué extraño es que los mas legítimos representantes de ella, tuviesen la influencia que naturalmente debian tener? Y quiénes podian hacer mejor su aplicacion que aquellos que la conocian, que eran influyentes por ella, y los únicos autorizados y llamados á realizarla? Para concluir que la influencia episcopal fué perniciosa en aquellos tiempos á la causa de la civilizacion, es preciso probar antes que el catolicismo es perjudicial al bienestar del mundo, y como nadie haya pretendido tal absurdo, de aquí lo inexacto de aquella opinion.

Cuando á una idea, doctrina ó dogma le llega su dia, todo se encorva ante su criterio, y la institucion que mas próximamente la representa, es la única que tiene derecho a reclamar la mayor parte de influencia en la direccion moral de la sociedad. El espíritu general era católico, religioso; una reaccion saludable se manifestaba por todas partes, y la tendencia irresistible al cumplimiento del objeto propuesto por el Evangelio, clara y evidente. Nada revela mejor la opinion general de aquellos siglos, que el preámbulo de la ley Sálica: «Viva, dice, todo el que ama á los francos. Cristo guarde su reino. Ilumine á los gobernantes con la antorcha de su gracia. Proteja al ejército. Concédanos los dones de la fe. Otorguenos las alegrías de la paz, y mediante su intervencion, la felicidad de nuestros reyes. Porque nosotros somos la nacion, que aunque pequeña en número, fuerte por su energía y valor , sacudió de sus cervices con las armas el durísimo yugo de los romanos; y la que despues de haber recibido el bautismo, adornó con oro y piedras preciosas los cuerpos de los santos mártires que los romanos quemaron, ó despedazaron, ó arrojaron á las fieras (1).»

(1) Vivat qui Francos diligit. Christus eorum regnum custodiat. Recto. res eorumdem lumine suæ gratiæ repleat. Exercitum protegat. Fidei munimina tribuat. Pacis gaudia, et felicitatis tempora dominantium domino Jesu

No tardó en hacerse extensiva á España esta tendencia

que ganó á la nacion franca, y el esfuerzo de Leovigildo para unir á católicos y arrianos, prueba que aquel prudente monarca intentó una transaccion que consideraba necesaria y que no pudo realizarse. La conversion de Recaredo, que no dudamos aceptar como hija de la fe y convicciones religiosas, era por lo menos imprescindible, tanto porque la opinion general de la nacion y de la Europa lo exigia, cuanto porque la politica aconsejaba á nuestros reyes buscar en otra parte que en la altiva aristocracia goda, un apoyo que supliese al de esta. Asi es que desde Recaredo fué muy raro el asesinato de reyes, tan frecuente antes de él; y aun puede asegurarse que sin la intervencion de Julian, obispo de Toledo, la intriga que destronó á Wamba concluyera por el asesinato. Este espíritu católico se revela en la legislacion que fundadamente se atribuye á San Isidoro, y las disposiciones conciliares adoptadas en favor de las personas y de su libertad é inocencia en el Concilio XIII, marcan una nueva época en extremo favorable à la causa de la humanidad.

Si de este período pasamos al siglo XI, ¿quién mas acreedor que Gregorio VII á la admiracion de los pensadores? ¿Ha ilustrado nada á los pueblos tanto como esa lucha del Pontifice con Enrique IV y Felipe 1 ? «Vuestro rey es un tirano, escribia á los obispos franceses, y no un rey. Si no quiere escucharos, separaos completamente del servicio y de la comunicacion de ese principe: poned en entredicho toda la Francia. Si el anatema no le corrige, sépase que con el auxilio de Dios emplearemos todos los medios de librar al reino de su opresion.» Este lenguaje demostraba á los pueblos, que los

reyes

Christo propitiante concedat. Hæc est enim gens quæ parva dum esset numero, fortis robore et valida, durissimum Romanorum jugum de suis cervi. cibus excussit pugnando. Atque post agnitionem baptismi sanctorum martyrum corpora, quæ Romani vel igne concremaverunt, vel ferro truncaverunt vel bestiis laceranda projecerunt, Franci reperta, auro et lapidibus pretiosis ornaverunt.

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