Escritores del siglo XVI, Partes2-27

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M. Rivadeneyra, 1862
 

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estoy en pagina 18 de subida al monte carmelo

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Página 101 - ¡Oh Noche, que guiaste! ¡Oh Noche amable más que el alborada! ¡Oh Noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!
Página 162 - Descubre tu presencia y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura.
Página 1 - ¡oh dichosa ventura!, a escuras y en celada, estando ya mi casa sosegada; en la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.
Página 19 - En una noche oscura, con ansias en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada...
Página 144 - ¿Adonde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huíste, habiéndome herido ; salí tras ti clamando y eras ido. Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero, si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero.
Página 101 - Quédeme y olvídeme, el rostro recliné sobre (el Amado |, cesó todo y déjeme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.
Página 263 - Un pastorcico solo está penado, Ajeno de placer y de contento, Y en su pastora puesto el pensamiento, Y el pecho del amor muy lastimado. No llora por haberle amor llagado, Que no le pena verse así afligido, Aunque en el corazón está herido; Mas llora por pensar que está olvidado. Que sólo de pensar que está olvidado De su bella pastora, con gran pena Se deja maltratar en...
Página 145 - En soledad vivía y en soledad ha puesto ya su nido, y en soledad la guía a solas su querido, también en soledad de amor herido.
Página 261 - Sacramento, me hace más sentimiento el no poderte gozar; todo es para más penar por no verte como quiero, que muero porque no muero. Cuando me gozo, Señor, con esperanza de verte, viendo que puedo perderte, se me dobla mi dolor; viviendo en tanto pavor y esperando como espero, que muero porque no muero.
Página 144 - Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos. La noche sosegada en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena, que recrea y enamora.

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