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Consejos.- Tribunales.-Legislacion.-Costumbres.-Sistema eco, nómico.-Medidas restrictivas.-Leyes suntuarias.-Reforma del lujo.-3.-El principio religioso en los reyes y en el pueblo.-Sobre el fanatismo y la inmoralidad.—El clero.—Provechosa reforma que hizo en él la Reina Católica. --Conducta de Isabel y Fernando con la corte pontificia.- Regalías de la corona.-La Inquisicion.Bautismo y espulsion de los moriscos.- Ideas religiosas de aquella época.—XI.-Errores políticos y económicos en el sistema de administracion colonial de América.-Crueldades con los indios.Abundancia de oro y plata en España.-Pobreza de la nacion en medio de la opulencia.--Sus causas.-XII.-Hombres insignes que florecieron en este tiempo en España.—Capitanes y guerreros.-Sacerdotes y prelados.-Diplomáticos y embajadores.-Jurisconsultos y letrados.-Profesores y literatos ilustres.Mugeres célebres.-Sábios estrangeros que vinieron á ilustrar la España y á naturalizarse en ella.—Diferente conducta de Isabel y Fernando con los grandes hombres de su tiempo.-XIII.- Estado general de la monarquia española cuando vino á ocupar el trono la dinastía austriaca.

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a El reinado de los Reyes Católicos, dijimos en nuestro discurso preliminar, es la transicion de la edad media que se disuelve á la edad moderna que se inaugura.»

Pocas veces en tan breve plazo ha entrado un pueblo en un nuevo desarrollo de su vida. Entre la edad antigua y la edad media de España se interpuso el largo y no bien definido período de la dominacion goda; trescientos años y treinta reyes. Menos de medio siglo ha sido bastante para obrar la trapsicion de la edad media á la edad moderna española: cuarenta años y un solo reinado. ¡Tan corto término bastó á dos monarcas para regenerar el cuerpo sociall Prueba incontestable de su actividad prodigiosa.

El reinado cuyo bosquejo acabamos de trazar es una de esas épocas en que se ve mas palpablemente lo que avanzan de tiempo en tiempo estas grandes porciones de la familia humana que llamamos naciones, en virtud de la ley providencial que las dirige; y en que se vé comprobada una de esas verdades consoladoras que hemos asentado como uno de nuestros principios históricos, a saber: «la humanidad marcha hacia su progresivo mejoramiento, aunque á veces parezca retroceder.» El viajero de la edad media parecia caminar por un interminable y desierto arenal, cuyo suelo movedizo se hundia á sus pisadas ó retrocedia bajo sus pies. Al ver su marcha faligosa y pausada y su andar lento y penoso, se diria que no adelanlaba un paso. Al observarle muchas veces, ó parado ante un obstáculo, ó empujado bácia atrás por una fuerza superior, se temeria que no habia de llegar nunca al término de su viage.

Y sin embargo este caminante iba haciendo insensiblemente sus jornadas. Covadonga, - Calatañazor, Toledo, Zaragoza, las Navas, Valencia, Sevilla y Granada, son otras tantas columnas miliarias, que señalan el itinerario de la edad media española, en su marcha simultánea hacia la unidad geográfica y há

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cia la unidad religiosa. La union de las coronas de Asturias, de Galicia y de Leon en las sienes del primer Fernando, y su incorporacion definitiva con la de Castilla en la cabeza de Fernando JII.; el doble y perpétuo consorcio de los reinos y de los soberanos de Aragon' y Cataluña con Petronila y Berenguer; el príncipe Fernando de Castilla llamado a ser el primer Fernando de Aragon; y el segundo Fernando de Aragon venido á ser el quinto Fernando de Castilla, señalan las jornadas de esta múltiple y fraccionada monarquía hacia su unidad social. Los fueros muni. cipales, el Real, las Partidas, los Ordenamientos y Ordenanzas, las Córtes, son otros tantos pasos bácia la unidad política y civil.

Asi, a pesar de la disolucion que la sociedad española habia padecido, y en medio de las luchas, oscilaciones y vicisitudes por que hubo de pasar para regenerarse, lucha de reconquista contra un pueblo usurpador, lucha de independencia contra un dominador estrangero, lucha religiosa contra los enemigos de su fé y de su culto, lucha de rivalidad entre los hnbitantes de las diversas zonas de la Península, lucha política y civil entre los diferentes elementos constitutivos de los estados, lucha doméstica entre gobernantes y gobernados, entre las clases, las gerarquías, los individuos de unas mismas familias; á vueltas de lantas luchas y de tantas contrariedades, la sociedad española de la edad media iba de tiempo en tiempo avanzando en la conquista, ganando en estension, progresando en cultura, adelantando en su reorganizacion social, política y civil, porque la ley de la humanidad tenia que cumplirse, y la ley de la humanidad se cumplia.

Los Reyes Católicos, a quienes se debió la general trasformacion que hemos visto sufrir á la España, no fundaron una sociedad nueva. Las sociedades no mueren, aunque parezca á veces paralizada su vitalidad, que es otro de nuestros principios bistóricos: la edad moderna tenia que ser una modificacion de la edad media, como la edad media lo fué de la edad antigua: los tiempos se encadenan; el presente, hijo del pasado, engendra lo futuro, y los períodos de desarrollo de la vida social de los pueblos vienen á su tiempo como los de la vida de los individuos, y unos y otros padecen en los momentos de la crisis.

Cierto que á la mitad y en el último tercio del siglo XV. por una larga série de calamidades habia venido la sociedad española, y principalmente Castilla, la monarquía madre, á tan miserable estado de descomposicion, de anarquía y de abatimiento, que parecia amenazada de una disolucion semejante á la que sufrió en el siglo VIII., y es natural que vivieran en aquella edad desventurada se preguntáran: «¿cómo es posible hallar quien levante de su postracion y comunique aliento y vida á este cuerpo cadavérico?» Pero la ley providencial tenia que cum

los que

plirse, y la manera como se realizó su cumplimiento fué maravillosa.

Si en situacion tan desesperada hubiéramos visto sentarse en el trono de Castilla un hombre de edad madura y de robusto brazo, de larga esperiencia y de acreditado saber, la regeneracion social de España, bien que meritoria, nos hubiera parecido el resultado del órden natural de los sucesos. Mas cuando pensamos en que esta árdua mision fué encomendada á una muger, á una joven princesa, hija y hermana de los mas débiles reyes, y no ensayada ella misma en el arte de gobernar, entonces no puede dejar de mirarse la trasformacion con cierto asombro. Si se bubiera debido solo á Fernando, la miraríamos como la obra admirable de los esfuerzos de un hombre. Si Isabel la hubiera realizado sola, habria quien lo atribuyéra todo á la Providencia. Ejecutada por Isabel y Fernando juntamente, representa la obra simultánea de Dios y de los hombres.

Por una cadena de acontecimientos, de esos que en el idioma vulgar se nombran casos fortuitos que el fatalismo llama efectos necesarios del Destino, y para el hombre de creencias son providenciales permisiones, se vieron Isabel y Fernando elevados á los dos primeros tronos de España, á que ni upo ni otro habian tenido sino un derecho eventual y remoto. Por no menos singulares é impensados medios se preparó y realizó el enlace de los dos principes, que trajo la

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