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CAPÍTULO 8.

Que todos se vistan de sus ropas de la tierra, por cuanto la desnudez es contraria á la doctrina cristiana, y amiga de toda suciedad y bellaquería: máxime los señores.

CAPÍTULO 9.

Que al repartir de la tierra se tenga mucho respeto á los niños y señoritos que son en los monasterios; porque, pudiéndose hacer, cabe mucho mejor en ellos que en otros, y son gran parte para la conversion de todos los otros.

CAPÍTULO 10.

Que ninguno que esté casado con natural quede sin algun repartimiento, y que los tales sean favorecidos.

CAPÍTULO 11.

Que para las minas ningun indio se cargue, de cualquier condicion que sea, por cuanto son ya muertos muchos á esta causa; salvo los que estuvieren no mas de cinco leguas de las minas, y sean las cargas muy pequeñas.

CAPÍTULO 12.

Que se pida al Emperador remedio contra el exceso terrible de los trajes y vestidos, y asimismo contra el desenfrenamiento de los juegos y juramentos.

CAPÍTULO 13.

Que despues de hecho el repartimiento, por ningun caso á ninguno le sea quitado ni lo pierda, salvo por lo que los mayorazgos y haciendas se pierden y confiscan entre los cristianos, y quede á la merced del Emperador.

CAPÍTULO 14.

Que se dé licencia á los portugueses que quisieren venir acá, por ser grandes pobladores y granjeros.

Que mande S. M. que todos los navíos que acá pasaren traigan plantas.

Que los obispos sean religiosos y no tengan rentas, y que las rentas se gasten en obras pias, y que los tales obispos estén debajo de obediencia, y el arzobispo de México que sea legatus a latere, por cuya muerte ó ausencia tenga el mismo poder el obispo mas próximo á México.

Que los obispos sean elegidos por los religiosos de Sr. Sto. Domingo y S. Francisco, en la manera que son elegidos los ministros provinciales, y que ipso facto hecha la eleccion sean confirmados y sean obligados acétar sub præcepto Papa; y que los obispos puedan ser consagrados por menor número de lo que el derecho requiere; ansí que un obispo pueda consagrar, no habiendo mas.

Que el arzobispo sea elegido por los otros obispos presentes, y por los religiosos de las órdenes sobredichas, por la forma y manera que son elegidos los maestros de las órdenes y ministros generales; el cual esomesmo sea obligado acetar sub præcepto y ser ipso facto su confirmacion.

Que las calongías y dignidades de la iglesia no sean perpetuas y puedan ser quitadas por los obispos y puedan poner otros en su lugar por su defecto, y lo mesmo sea de los capellanes y curas. Y porque con el padre Fr. Juan Suarez hemos enviado otros muchos capítulos en que se contenian largamente algunas cosas concernientes al pro y bien destas gentes españoles, y todos los mas que en ellas habitan, aquí no los especificaremos por evitar prolijidad, mas de que en todo y por todo nos remitimos á lo que aquí va y el padre Fr. Juan Suarez llevó, y estos padres de nuestra parte dirán, á los cuales suplicamos á S. M. humillmente mande dar total muy cierto crédito, como si todos estuviesen juntos.-FR. MARTINUS, Custos.FR. GARCÍA DE CISNEROS,FR. LUIS DE FUENSALIDA.FR. FRANCISCO XIMENEZ, FR. MIGUEL RUIZ.-FR. PETRUS ZAMBRANO. FRATER DOMENICUS DE BETANZOS. FR. DIAGUS DE SOTOMAYOR. FR. GUNDISALVUS LUCERO.

(Original.)

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RELACION

HECHA POR EL SEÑOR ANDRÉS DE TÁPIA,

SOBRE LA CONQUISTA DE MÉXICO.

Relacion de algunas cosas de las que acaecieron al Muy Ilustre Señor Don Hernando Cortés, Marques del Valle, desde que se determinó ir á descubrir tierra en la Tierra Firme del Mar Océano. El cual salió de la isla de Cuba, que es en las dichas Indias, y fué al puerto de la Villa Rica de la Veracruz, que es el primero nombre que puso á una villa que pobló é fundó en lo que él despues llamó Nueva España.

Llevaba el dicho marques una bandera de unos fuegos blancos y azules, é una cruz colorada en medio; é la letra della era: Amici, sequamur crucem, et si nos fidem habemus, vere in hoc signo vincemus.

Salió de la dicha isla de Cuba el dicho señor marques no tan bastecido cuanto él quisiera para seguir su viaje, é fuése por de largo de la dicha isla de Cuba á un puerto que en ella está, que se llama Macaca, donde hizo hacer cierto pan de raices, que se dice yuca, que nacen sembrándolo en unos montones de tierra, é salen como nabos; las cuales raices antes de ser desmenuzadas é cocidas en cierta manera, son ponzoña é tósico, é despues de ralladas y estrujadas é cocidas es pan y razonable mantenimiento: y de aquí deste puerto despachó ciertos navíos á la punta de la isla, é otro navío á. otra isla que se llama Jamaica, con cosas de bastimentos de Castilla é con algund oro para que le mercasen dello deste pan que hemos dicho, é tocinos de puerco, porque en aquella isla lo habia al presente mas que en la isla de Cuba; y asimismo tuvo aviso que un navío de un vecino de Cuba venia cargado deste pan

para lo ir á vender á cierta parte donde se cogia oro en la dicha isla; é mandó á ciertos de su compañía que fuesen en busca del dicho navío, é por fuerza ó de grado lo trajesen á la punta de la isla, que es do él habia mandado ir sus navíos : lo cual fue hecho así como el dicho marques lo mandó, é desta manera algund tanto basteció su armada, é pagó en ciertas joyas de oro lo que valie el bastimento é navío que así tomó, despues de lo cual el dicho marques anduvo perdido quince ó veinte dias entre unos bajos é islotes, é al fin fué á la villa de San Cristóbal del puerto de la Habana, que es en la isla de Cuba, do mercó de uno que tenie los diezmos. de la dicha isla arrendados, y de otro que era receptor de unas bulas y en precio dellas le daban tocinos y pan, porque en aquella parte no se coge oro; é desto se acabó de bastecer, con algund otro bastimento que despues mercó á los dichos vecinos, é lo fué á tomar á otro puerto que se dice Guaniguanico, que es en la misma isla de Cuba.

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En el dicho puerto de Guaniguanico juntó el dicho señor marques del Valle sus navíos, é repartió por ellos el bastimento que habie é la gente, é hizo capitanes á los cuales dió sus instrucciones segund le pareció que debian seguir las derrotas, é para cómo se habian de regir é gobernar la gente que cada uno llevaba; é luego que se desabrazó de la isla, dió en su armada un temporal que derrotó los navíos, é por la instruccion que les habie dado de por do habien de navegar aportaron todos á una isla pequeña que en la mar se halló, cerca de la tierra firme, á quien los indios della llaman Aquçamil, é de todos los navíos no faltó mas de uno, de que despues diremos. En la dicha isla se hallarien como dos mill hombres, é la isla será de cinco leguas por lo mas largo, é una y media ó dos de ancho. Adoraban la gente della en ídolos, á los cuales hacien sacrificio, especial á uno que estaba en la costa de la mar en una torre alta. Este ídolo era de barro cocido é hueco, pegado con cal á una pared, é por detras de la pared habia una entrada secreta por do parecie que un hombre podia entrar y envestirse el dicho ídolo, é así debie ser, porque los indios decian, segund despues se entendió, que aquel ídolo hablaba. En esta isla se halló delante del ídolo, abajo de la torre, una cruz de cal de altor de estado y medio, é un cerco de cal y piedra almenado alrededor de

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