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LAS JOYAS

DE

ISABEL LA CATÓLICA

LAS NAVES DE CORTÉS

EL SALTO DE ALVARADO

EPÍSTOLA DIRhili
AL ILMO. SEÑOK.

SER
DON JUAN DE DIOS DE LA RADA Y DELGADO

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I

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LMO. SR. D. Juan de Dios DE LA RADA Y DELGADO. – Bien sabe Dios, mi excelente amigo, cuán arrepentido estoy del ofrecimiento que irre

flexivamente hice á V., de romper lanzas contra la opinión vulgar que desfigura los sucesos, abulta las imágenes y da rienda suelta á la imaginación, haciendo de la historia patria nueva mitología. Bogar contra corriente es tarea fatigosa; desfacer entuertos, empresa que suele conducir al lastimoso término del caballero andante de la Triste Figura; pero es tarde cuando caigo en la cuenta; pues la deuda existe, ninguna consideración debe apartarme de la obligación de satisfacerla hasta el punto que mis fuerzas débiles alcancen.

Tratábamos de un libro nuevo, obra de laborioso escritor

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que ambos estimamos (I), coincidiendo en el deseo de ver uno tras otro los tomos que hacen falta si ha de tener fin aquélla, y á vuelta de hojas y salto de documentos, hube de. detenerme y leer un párrafo que así dice:

«En vano se cansaría quien buscase entre las efemérides insignes del Nuevo Mundo y al lado de los sucesos favoritos de la Fama popular española, la visita al Consejo de Indias del licenciado Juan de Ovando y Godoy. Entusiasmados con las glorias sangrientas de Otumba y Caxamarca, ó entretenidos con las joyas (falsas) de Isabel la Católica, la quema de las naves de Cortés (que no se quemaron) y el salto de Alvarado (que no le dió), apenas si hemos mirado en otras cosas de más fondo y de menos ruido, pero que son la verdaderà base, consistencia y nervio de lo que todo pueblo quiere siempre tener grande y legítimo: su historia;-al paso que aquellos timbres y esplendores, tocados frecuentemente del contagio de la leyenda, no son en realidad más que el gesto y el talle de la augusta matrona fingidos y lindamente compuestos con afeites y galas aparatosas. Ni el talento clarísimo, prodigioso sentido práctico, incomprensible actividad é inmaculada honradez del ilustre extremeño han logrado que suba su nombre a la altura de los de Almagro y Balboa, ni su campaña de covachuela sonará jamás lo que una escaramuza ó guazabara en los montes del Perú ó del Darién. Y sin embargo, durante ella y la presidencia que á seguida tuvo del mismo Consejo, se elaboró bajo su dirección y con su intervención inmediata ese asombro de justicia, de humanidad y de sabiduría que se llama las Leyes de Indias y que pudiera bien nombrarse Código Ovandino; noble y pura 'intención, vehementísimo anhelo, esfuerzo gigante de la madre Patria por el bienestar material y moral de sus hijos americanos, que pagó largamente (si las hubo) las deudas de la conquista; irrecusable testimonio de

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(1) Relaciones geográficas de Indias. Publicalas el Ministeriode Fomento. Perú, tomo 1. Madrid: Tipog. de Manuel G. Hernandez, 1881. Con antecedentes, notas y apéndices de D. M. Jiménez de la Espada.

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que merecíamos ser dueños del orbe profetizado por Séneca, demostrado por Raimundo Lulio, descubierto por nuestra iniciativa y bajo nuestros auspicios y ganado por nuestros padres, y que, a pesar de todo, aun entre nosotros, es muchísimo menos conocido que el siniestro libelo de ¡Las Casas!» (1)

Bueno, buenísimo es enaltecer el valor de esa obra magna de nuestros legisladores, investigar los nombres suyos y mostrarlos a la voz de la Fama y al reconocimiento de los hombres honrados; no así tocar innecesariamente en el pedestal que sostiene figuras venerandas, poner en duda hechos sancionados por la tradición, herir el sentimiento nacional atacando sus creencias, y dar al extranjero ocasión de insistir en sus diatribas.

Si mal no recuerdo, estos conceptos interpretan, aunque toscamente, la impresión que en V. produjo la lectura del párrafo, origen de amena discusión acerca del modo de escribir y de aprender la historia, y ocasión para que luciera la erudición grande y las galas del buen decir, en V: naturales. Escuché con sin igual placer la exposición de las teorías desarrolladas, y no quedé, sin embargo, convencido de que

asistiera á V. la razón en las consecuencias de su elegante discurso, acaso porque miramos por distinto prisma los objetos y de distinto color y tamaño los vemos.

Usted es poeta y granadino; es decir, andaluz por añadidura de poeta; da V. culto ferviente al arte; el cielo puro, el ambiente embalsamado, el susurro de las aguas, la armonía de los ruiseñores que en los sentidos han arraigado predisponiéndolos en favor de lo bello, llevan á V. irresistiblemente al amor de la verdad, coronada de rosas y vestida de gasas más brillantes que tenues. Yo, prosaico, machacón y castellano viejo, considero á esa señora sin más atavío que la honestidad, y de aquí juzgo que dimana la diferencia de nuestras apreciaciones de momento, por las cuales, mientras á V. se presentan las grandes figuras rodeadas del nimbo y

(1) Antecedentes, pág. LVIII.

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