Imágenes de páginas
PDF
EPUB

de Enjuiciamiento civil, cuando contra la apreciacion de la prueba testifical, hecha por la Sala sentenciadora, no se ha citado ley ni doctrina legal infringida, ni se demuestra que se haya faltado a las reglas de la sana crítica.

En la villa y Córte de Madrid, á 5 de Enero de 1867, en el pleito pendiente ante Nos por recurso de casacion, seguido en el Juzgado de primera instancia de Villacarriedo y en la Sala primera de la Real Audiencia de Burgos por D. Bernardo Gutierrez con D. Pedro Ocejo, sobre aprovechamiento de aguas:

Resultando que en 9 de Julio de 1863 entabló demanda D. Bernardo Gutierrez, esponiendo que le pertenecia en posesion y propiedad el prado titulado del Cagigal, de abundantes productos, debidos á los riegos que siempre habia tenido y recibia, ya del. regato que bajaba del monte, con cuyas aguas se mezclaban las que descendian de sus Jaderas en tiempo de lluvias, ya tambien las asimismo pluviales que bajaban de la Carrada, llamada de la Callejona, y puntos inmediatos, para cuya recepcion existian abiertos en la pared dos mechinales; que D. Pedro Ocejo poseia otro prado lindante al suyo, y sin embargo, de que nunca habia tenido derecho para regar con dichas aguas, se habia propasado á establecer un conducto que servia para conducir á su prado, tanto las de la Callejona, como las que bajaban de la ladera occidental del monte, que en vez de mezclarse con las del regalo, como antes sucedia, las pasaba por cima del mismo por un canal de madera, privando al demandante de un derecho inherente á su finca, causándole además con la construccion de dos muros de piedra en el álveo del regalo para la colocacion del canal, perjuicios de otro órden, porque comprimidas las aguas, arrastraban mayor número de troncos y piedras que contribuian á cegar el anchuroso cánce que en aquel mismo año habia abierto; y que como Ocejo habia ido á buscar las águas, vivas á la parte alta del monte, el conducto abierto para conducirlas á su prado, sobre recorrer una estension de un cuarto de legua, ocupaba las Carradas mismas, de uso y servicio necesário para el propio monte, contra lo cual era permitido reclamar á cualquier vecino del pueblo por los perjuicios que de ello se seguian en general y en particular, y deduciendo como fundamentos legales que el mismo derecho dominical y posesorio que le asistia respecto a su prado, le asistia tambien para continuar regándole, por ser el que se tenia à regar toda finca idéntico á la finca misma, suplicó se declarase que le asistia el derecho esclusivo de regar su prado del Cagigal, lo mismo con las aguas del regato que bajaba del monte, inclusas las que en tiempo de lluvias descendian á él, que con las de la Carrada de la Callejona y puntos inmediatos , condenando a Ocejo a cerrar y allanar el conducto que tenia abierto y establecido en toda su estension, de modo que el curso de dichas aguas fuera el mismo que antes tenian, y á la indemnizacion, á justa regulacion, de los perjuicios causados, con las costas:

Resultando que D. Pedro Ocejo impugnó la demanda esponiendo: que el demandante hacià dos años que no aprovechaba las aguas de la Callejona, habiéndolo verificado solo antes alguna que otra vez, y utilizándolas cuando el demandado construyó el acueducto D. Valentin de Ocejo Mora, dueño de otro prado inferior a los de los litigantes: que los pertenccientes á cstos habian sido antiguamente uno solo, y dividido luego, D. José Ocejo, padre del demandado, habia regado con las aguas que bajaban del arroyo al de Gutierrez, existiendo en prueba de ello todavía la ventanilla en la pared medianil; pero como entre ambos se suscitasen cuestiones por otras causas, Gutierrez, variando la direccion de las aguas en su prado, habia impedido el aprovechamiento á Ocejo, quien desde entonces hasta su fallecimiento, habia regado con las accidentales de la Callejona, practicándose lo mismo hasta el año de 1858 en que el demandante le habia quitado dichas aguas; pero como á los pocos dias sobrevinieso una fuerte avenida que le habia llenado el prado de guijo, las babia abandonado, dejándolas marchar en lo sucesivo por la dehesa de abajo, por la cual las aprovechaba D. Valentin Ocejo: que el demandante, no solo tenia para regar su prado las aguas permanentes de dos arroyos abundantes y de buena calidad, sino que se aumentaban con las pluviales que descendian á ellos en una estension de cuatro á seis leguas: que el acueducto construido por el demandado tendria como un kilómetro de estension; y si bien con las grandes lluvias bajaban algunas aguas, tanto por la Callejena como por la parte de Occidente, con esta nunca habia regado Gutierrez, pues bajaban por la Carrada de Bardalon, yendo á confundirse con los arroyos por la parte abajo dela presa que tenia el actor: que los muros del acueducto no podian ofrecer el menor peligro, pues además de haberlo declarado así una comision del Ayuntamiento de Santa Maria de Cayon, en'uso de sus atribuciones, á los pocos dias de haberse construido habia sobrevenido una gran avenida, sin que por ello causara ningun perjuicio; de todo lo cual dedujo como fundamentos legales: que las aguas de las lluvias á nadie pertenecen privativamente, sino que corresponden al que quiere y puede aprovecharlas, por lo cual no son susceptibles de prescripcion: que el hecho de haberlas aprovechado alguna vez el demandanle, no impedia que el demandado usase del derecho que tenia á las que aquel reclamaba por de su pertenencia ; y que aun cuando quisiera concederse en absoluto el derecho de todo propietario á regar sus prédios, este estaba limitado a la parte necesaria, sin que pudiera llevarse hasta el estremo de privar á los demás del mismo derecho y de igual beneficio, pues de lo contrario caeria por su base aquel prin. cipio:

Resultando que practicada por las partes prueba pericial, de testi gos y de posiciones, dictó sentencia el Juez de primera instancia, declarando que á Gutierrez asistia el derecho esclusivo de regar su prado del Cagigal, lo mismo con las aguas permanentes del arroyo de piedra de la o

[graphic]

Olá, que bajaba del monte comun de Santa María de Cayon y corria por su cabezera, como con las que, saliendo al mismo arroyo por la presa construida de antiguo, corrian á la Calleja que fronteaba á dicho prado de Gutierrez y se detenian en el campo que conducia al de Cagigal y cárretera del Valle Cayon y del de Carriedo , en concepto de ser retenidas; declarando, respecto á que esta cuestion habia confundido el estremb declarado por el particular de aprovechamiento de aguas pluviales, en los términos que se habian reconocido y venian conducidas por el cauce del demandado, que á este pertenecian las aguas permanentes traidas del arroyo Parajita, y no podian continuar en dos puntos como se observaba , á saber, en el de la Callejona y en el declive que vertia desde la ladera de Corrillos, por cuánto en el último caso interceptaba el descenso recto á la carretera que retenia las aguas del demandante; y en el segundo, porque interrumpida la Callejóna con dicho cáuce, tambien obstruia el curso natural del descenso recto, cuyos inconvenientes para que no perjudicasen, los sálvariàn con cubrir dicho cáuce construido por Ocejo en el punto de la Callejona, y el otro, que impidieran el libre descenso de la ladera referida a donde pudiera, retenidas las aguas, utilizarlas el demandante Gutierrez; en cuyo concepto, como precepto de esta sentencia, le absolvió de la demanda respecto al estremo de aguas pluviales:

Resultando que interpuesta apelacion por Ocejo , a que se adhirió Gutierrez, vistos los autos por cuatro Magistrados de la Sala primera de la Real Audiencia de Burgos, uno de ellos D. Francisco Nard, se marido para mejor proveer, y sin necesidad de nueva vista, que se practicase un reconocimiento judicial, con asistencia de peritos de nombramiento de las partes ġ tercero en caso de discordia, para que declarasen que obras debian practicarse para que, en el caso de que lubiera de subsistir dicho cáuce, las aguas llovedizas de las laderas de Corrillos y la Callejona especialmente, pudiesen descender y seguir si curso natural á los prados de ambos litigantes:

Resuliando que librada la certificacion oportuna, que devolvió diligenciada el Juez de primera instancia con las declaraciones de los peritos, como para este tiempo hubiera sido trasladado á otra Aúdiencia el Nagistrado D. Francisco Nard , se mandó remitirle certificacion de las diligencias practicadas en virtud del auto para mejor proveer, & fin de que 'rehtitiera su voto por escrito, y que en 22 de Setiembre de 1865 se dictó sentencia, en que se espresa que D. Francisco Nard votó en aquella forma, declarando que Gutierrez no tiene el derecho esclusivo a las aguas del regato y la Carrada de la Callejona, esta inclusive hasta la canal de madera que habia sobre el arroyo Chilindfon, que erah 197 y medio metros próximamente, en confor

[ocr errors]

midad á lo informado por el perito tercero, y para que pudiera regar su prado Gutierrez, confirmando la sentencia apelada en lo que fuera conforme con esta y revocándola en lo que no lo fuese:

Resultando que D. Bernardo Gutierrez interpuso recurso de casacion, citando como infringidas:

1.° La ley 16, tit. 22, Partida 3.'; que determina que las sentencias han de ser conformes y ajustadas, no solo a la cosa sobre que contienden las partes, sino tambien á la manera en que facen la demanda y al averiguamiento ó prueba que es fecha sobre ella, y á la doctrina admitida como jurisprudencia de los Tribunales que asi lo tienen declarado, y especialmente este Suprenio en varios fallos y señalada mente en el de 15 de Julio de 1860, toda vez que no se habia atendido á la inanera en que se habia hecho la demanda y la prueba, fundada principalmente en que el prado de Gutierrez estaba mas inmediato y en posicion superior para que fueran y debitran ir naturalmente las aguas cuestionadas, habiéndose fallado sin consideracion á tales antecedentes, y además porque declarando que Gutierrez no tenia el derecho esclusivo de las aguas del regato, se reconocia derecho á ellas á Ocejo, siendo así que respecto a las mismas no habia hecho solicitud alguna.

2. La ley 2.", tit. 13 de la Partida 3.', que lleva por epigrafo «qué fuerza há là conoscencia», y esto para el inesperado caso de que se creyera que en la sentencia de vista se habia tenido en cuenta todo lo alegado y probado por las partes, puesto que Ocejo tenia repetida mente confesado que su prado ocupaba una posicion inferior a la de Gutierrez.

3.° El art. 397 de la Ley de Enjuiciamiento civil, aun en el propio supuesto, porque la apreciacion que pudiera suponerse que se habia hecho de la prueba de autos se opondria al mismo, atendido a que la primera regla de la sana.crítica en la apreciacion de toda prueba es la de tenerla á la vista ó recordarla, habiendo incurrido en esta falta el Magistrado D. Francisco Nard, porque de sana crítica era tambien que no pudiera recordarse una prueba testifical y pericial que abrazaba varios estremos, a los siete ú ocho meses de haberla visto, toda vez que solo se habian mandado una certificacion y unas diligencias para mejor proveer, que en nada trataban de muchos y principales puntos, objeto del debate y de prueba en los autos, siendo además otra regla de buena crítica que contra la confesion de un litigante en aptitud legal no se admitian ni podian darse pruebas en contrario por el mismo, y de buen sentido y criterio judicial, que es mejor prueba y única aceptable la que sobre estar conforme con la confesion del litigante contrario, lo está con las declaraciones de innumerables testigos del otro, con las de la mayor parte de los suyos propios, y con la del perito nombrado de conformidad de ambos; apareciendo de todas que el prado de Gutierrez estaba a la parte superior del de Ocejo para recibir las aguas que en tiempos de lluvias descendian del monte Bardalon, ladera de Corrillos y Carrada de la Callejona.

[graphic]

Y 4.' La jurisprudencia establecida por este Supremo Tribunal en sentencias de 12 de Octubre de 1860 y 28 de Febrero de 1865, de dar la preferencia en un aprovechamiento de aguas pluviales que disputan dos ó mas al propietario del terreno superior sobre el del inferior.

Visto, siendo Ponente el Ministro D. Gregorio Juez Sarmiento.

Considerando que en las cuestiones de hecho corresponde apreciar el valor de la prueba. testifical ó pericial á la Sala sentencadora :

Considerando que a juicio de esta no aparece que el demandante haya aprovechado continuadamente y sin interrupcion las aguas á que en primer término se concreta la demanda deducida en estos autos :

Considerando que no aparece infringida la ley 16, título 22, Partida 3.', porque la sentencia de la Sala, confirmatoria en parte de la dè primera instancia , resuelve de un modo esplicito los puntos controvertidos, fijados en los respectivos escritos de los litigantes :

Considerando que no lo ha sido tampoco la ley 2.", tit. 13, Partida 3.', porque la conoscencia, que segun la misma tiene el valor de prueba perfecta y acabada, es la confesion judicial esplicita y absoluta acerca de un punto indivisible por su naturaleza :

Considerando que tampoco lo ha sido el art. 317 de la Ley de Enjuiciamiento civil, porque contra la apreciacion hecha por la Sala sentenciadora n'o se cita ley o doctrina legal infringida, ni menos se demuestra que por tal apreciacion se haya faltado a las reglas de la sana critica :

Y considerando que tampoco lo ha sido la jurisprudencia establecida por las sentencias de este Supremo Tribunal de 12 de Octubre de 1860 y 28 de Febrero de 1865, porque los casos a que las mismas se refieren son diversos al que ha motivado el presente recurso;

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de casacion interpuesto por D. Bernardo Gutierrez, á quien condenamos en las costas; deyolviéndose los autos a la Real Audiencia de Burgos con la certificacion correspondiente,

Asi por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta y se insertará en la Coleccion legislativa, pasándose al efecto las copias necesarias, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.=Juan Martin Car ramolino.=Joaquin de Palma y Vinuesa.=Tomás Huet. Eusebio Morales Puideban.=Gregorio Juez Sarmiento. José Maria Pardo Montenegro.=El Conde de Valdeprados.

Publicacion:

« AnteriorContinuar »