Colección de poetas españoles, Volumen5

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Impr. Real, 1786
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Página 36 - Cantemos al Señor que en la llanura venció, del ancho mar, al Trace fiero; tú, Dios de las batallas, tú eres diestra, salud y gloria nuestra.
Página 39 - Vinieron de Asia y portentosa Egito Los Árabes y leves Africanos, Y los que Grecia junta mal con ellos, Con los erguidos cuellos, Con gran poder y número infinito, Y prometer osaron con sus manos Encender nuestros fines, y dar muerte A nuestra juventud con hierro fuerte. Nuestros niños prender, y las doncellas, Y la gloria manchar y la luz de ellas.
Página 102 - Solo atendieron siempre á los despojos! Y el Santo de Israel abrió su mano. Y los dejó, y cayó en despeñadero El carro, y el caballo y caballero.
Página 103 - El cielo no alumbró, quedó confuso el nuevo sol, presagio de mal tanto, y con terrible espanto el Señor visitó sobre sus males, para humillar los fuertes arrogantes, y levantó los bárbaros no iguales, que con osados pechos y constantes no busquen oro, mas con hierro airado la ofensa venguen y el error culpado.
Página 40 - Al ímpetu del viento, a estos injustos, Que mil huyendo de uno se pasmaron. Cual fuego abrasa selvas, cuya llama En las espesas cumbres se derrama ; Tal en tu ira y tempestad seguiste, Y su faz de ignominia convertiste.
Página 38 - Sea el yerro contrario de su vida. Levantó la cabeza el poderoso, Que tanto odio te tiene, en nuestro estrago, Juntó el consejo ; y contra nos pensaron Los que en él se hallaron. Venid, dijeron, y en el mar ondoso Hagamos de su sangre un grande lago ; Destruyamos á estos de la gente, Y el nombre de su Cristo juntamente; Y dividiendo de ellos los despojos, Hártense en muerte suya nuestros ojos.
Página 104 - Tú, infanda Libia, en cuya seca arena murió el vencido reino lusitano, y se acabó su generosa gloria, no estés alegre y de ufanía llena, porque tu temerosa y...
Página 42 - ¿Quién pensó a tu cabeza daño tanto? Dios, para convertir tu gloria en llanto y derribar tus ínclitos y fuertes, te hizo perecer con tantas muertes. Llorad, naves del mar; que es destruida vuestra vana soberbia y pensamiento.
Página 37 - Señor Dios, y con semblante y con pecho arrogante, y los armados brazos extendidos, movió el airado cuello aquel potente; cercó su...
Página 41 - Que tu día es llegado, Señor de los ejércitos armados, Sobre la alta cerviz y su dureza, Sobre derechos cedros y extendidos, Sobre empinados montes y crecidos, Sobre torres y muros, y las naves De Tiro, que a los tuyos fueron graves.

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