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CAPÍTULO XI.

Restauracion de la Constitucion en España en 1820. Nego

ciaciones ; armisticio. - Entrevista en Santa Ana.

La disposicion de los ánimos, la buena suerte de las armas, la sanccion de una lei fundamental, todo publicaba el triunfo de la revolucion, cuando un suceso inesperado vino á consagrar el principio sobre que se fundaba. La España bolvia á ponerse, aunque para poco tiempo, bajo el imperio de las leyes constitucionales.

Seis años de humillaciones y de castigos no habian logrado sufocar en la Península la memoria de las instituciones nacionales; y. seis años de esfuerzos impotentes contra las colonias no desengañaban todavia el gobierno de Fernando VII que establecia su política invariable sobre dos ideas. Queria aquel gobierno á un mismo tiempo desterrar de la metrópoli las virtudes cívicas, y dar un golpe

decisivo á la independencia americana; y á este fin ordenó el armamento de sus escuadras. Se hallaban ya reunidos veinte y dos mil hombres al rededor de Cadiz; pero estos hombres estaban mas inflamados del amor de la libertad que de aquel valor ciego que

habia conservado la España con todas sus supersticiones. La mayor parte de ellos contaban muchas campañas contra las tropas de Napoleon, y parece que podria decirse que la Francia tiene el glorioso privilegio de dar á sus mismos enemigos cierta instruccion patriótica.

Bolivar tuvo noticia de estos preparativos en diciembre de 1819. Inmediatamente dirige una alocucion á los soldados españoles exhortándolos á libertar su patria del yugo en que yacia, mas bien que dejarse conducir á des truir á sus hermanos. Estos estímulos, la pro mesa de una alianza y la ambicion de una nueva nombradia, decidieron el egército; se insurreccionó y resucitó la constitucion hecha por las Cortes de 1812.

Los ciudadanos salieron con esta ocasion de su entorpecimiento, y el mismo príncipe que la víspera castigaba con pena de muerte á cualquiera que invocaba el pacto social, se halló imposibilitado de castigar á toda la na

la

cion y pareció tener á honor el tomar el título de rey constitucional; dió pues su palabra de serlo, y reiteró sus juramentos ante los hombres y ante Dios. La desgraciada España estaba ya agitada por varias conspiraciones secretas, por partidos y aun por guerra civil; ya habia un egército con el nombre de la que peleaba por el absolutismo, cuando Riego, Quiroga y otros hombres generosos se sacrificaban por una muchedumbre servil y fanática.

Sin embargo se habia puesto en vigor la constitucion, y convocado las Cortes; y el trono inspirado por nuevos ministros confesaba públicamente sus faltas y hacia protestas de su amor por el bien y por la justicia. Se llamó á los desterrados; se dió libertad a todos los presos por opiniones políticas; varias ilustres víctimas salieron de los presidios. En fin el mes de marzo de 1820 anunciaba al mundo la regeneracion española.

Al momento que llegó esta noticia , Morillo proclamó la constitucion en Caracas donde fue recibida con entusiasmo y como una especie de dacion de libertad á los territorios todavia sometidos á la metrópoli. Pero las provincias libres, aunque fueron llamadas á gozar

de este nuevo orden de cosas, no esa

taban dispuestas en aquella sazon á recibir lo que se las habia negado en 1811. Si la ley de las Cortes hacia iguales á los Españoles de ambos hemisferios, era por una concesion ya tardia en 1812; y el pueblo, á quien ahora se le ofrecia, habia ya conquistado su independencia como nacion. La órden

у

las instrucciones para tratar con los insurgentes no llegaron á Morillo hasta primeros de junio, y el dia 17 informó de ellas al gobierno de Angostura y á los principales gefes del egército republicano, diciéndoles :

« Sentado el rey sobre el trono constitucional de las Españas, en medio de los muchos é importantes trabajos que trae consigo la mudanza de una ley fundamental, ha vuelto sus ojos desde los primeros momentos , ácia esta parte de sus estados que se hallan asolados por una guerra hija de la fatalidad de las circunstancias ó de un error de cálculo; y ha visto hasta que punto la reaccion de los partidos y el funesto deseo de venganza ha producido crueldades y fomentado los odios. S. M. se ha penetrado de que no poniendo fin á esta guerra suscitada por principios erróneos, no acabará sino con la ruina de Venezuela.

« Lleno de dolor a la vista de los males

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que destrozan esta provincia, ha querido el rey para satisfacer su corazon paternal, abrir todos los tesoros de su beneficencia, y emplear todos los medios de restablecer la paz. Con el obgeto pues, de llenar enteramente las intenciones de S. M. y satisfacer mis propios votos, me dirijo en este dia á todas las autoridades que gobiernan las diferentes partes de esta provincia, y les envio comisarios con poderes bastantes para terminar, del modo mejor y menos equívoco, las discordias que han existido entre hermanos.

« Pero como no es posible entenderse en medio del ruido de la guerra, se hace indispensable una suspension de armas que calme por un instante las pasiones y permita hacerse escuchar la razon. En consecuencia doi órden á los comandantes de las diferentes divisiones de mi egército y de las fuerzas navales, para que suspendan toda hostilidad, y se mantengan en el territorio que ocupan. Esta suspension durará un mes á contar de la fecha en que V. S. reciba el presente despacho. »

El congreso, que entonces estaba representado por solo una junta, no permitió que los enviados españoles entrasen en Angostura, haciéndoles saber que « deseando establecer

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