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Los hombres esperimentados en los asuntos forenses 'esperarian tal vez que en la Ley de enjuiciamiento no figurasen los actos de conciliacion , llamados hasta el dia juicios'; porque la esperiencia habia demostrado que esta como otras muchas de las novedades que se han planteado en nuestros dias son bellas flores que halagan á la vista y llénan de ilusion, pero que al acercar? se la mano del hombre se desnojan marchitas, sin dejar sino recuerdos a la imaginacion engañada de lo que és bello 'é insus tancial al mismo tiempo. Acaso los actos de conciliacion continuarán figurando en el libro de las leyes" españolas por no con trariar ciertas preocupaciónes que poco tiempo mas hará desaparezcan completamente.

"La Ley de enjuiciamiento, colocada en una posicion desventajosa, quiso adoptar un temperamento que acallara las exigencias de los todavía ilusos, y pusiese remedio á ino pocos males de los que lleva en pos de si irremediablemente esa diligencia prévia, mal llamada juicio de conciliacion. En efecto,zquién podria dudar de los beneficiosos resultados que darian "la paternal inter4 vencion de un juez de paz y de los hombres buenos, cuando aquel y estos quisieseni, supiesen y pudiesen" cunıplir religiosamente con el santo deber de conciliar á sus semejantus , 'de restablecer entre ellos la paz y la armonía, y llevar a las familias la tranquilidad y el reposo? La esperiencia cuidó de denióstrar que no siempre aquello que es bueno individualmente, que está en el instiuto del cada hombre, es una realidad en el hecho.'111

Esos alcaldes fueron muy contados, esos hombres buenos que la ley prescribia concurriesen á los juicios, entendieron casi siempre equivocadamente sus deberes. Pues qué-, es tan fácil desprenderse de los sentimienlos, de los afectos que engendran la

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unidad de sangre, la intima amistad, ó el rencor de la enemistad? Los alcaldes conciliadores eran convecinos de los contendientes, y relacionados por lo comun con ellos; era mucho exigir pedirles la imparcialidad. Los hombres buenos elegidos por la misma parte, ¿cómo podian dejar de pagar el errado tributo de corresponder a la confianza que en ellos se habia depositado?

Y todo esto partiendo del supuesto de que fuese posible en contrar en los unos y en los otros la capacidad necesaria para llenar tan sublime mision. La triste y desconsoladora idea que nos asalta en este momento, es la de que los jueces de paz creados por el Real decrelo de 22 de octubre de 1855 no pueden ofrecer mayores seguridades de imparcialidad y de acierto, que las que la esperiencia demostró que no podian esperarse de los alcaldes constitucionales. Donde la causa del mal es la misma, idénticos resultados tiene que producir. Nada , absolutamente nada esperamos mas que mejorar las esterioridades de los actos conciliatorios y de los verbales; la parcialidad y los errores serán el distintivo de estos actos confiados, a los jueces de paz: las únicas ventajas que acreditará el tiempo serán las que se desprenden de la absolula separacion de lo-administrativo y lo judicial, tan deseado como interesante.

Pero ya que la Ley de enjuiciamiento no se resolvió a eslinguir los actos conciliatorios, procuré hacerlos menos necesarios, autorizando la promocion de juicios .contenciosos en ciertos casos, y les dió por otra parte la forma de que antes carecian. Las disposiciones del art. 201, núm. 8. acreditan esta verdad, supuesto que segun él no es necesaria la conciliacion en los juicios contra ausentes ni contra los que residan fuera del territorio del demandado. Conocidos eran los daños y las dilaciones que ocasionaba la ausencia de los demandados; no pocas veces se descu-brió que la ausencia era un medio que utilizaba la mala fé para eludir las reclamaciones del acreedor por algun tiempo. Aceptamos sinceramente la novedad que introduce la Ley en esla parte.

La creacion de los jueces de paz es otra de las roformas que inició la Ley de enjuiciamiento, que no dará todos los frutos que nosotros deseamos, amantes del bienestar de las familias; pero siquiera bará desaparecer los obstáculos que anteriormente presenlaba la mezcla injustificable de lo administrativo y lo judi, cial, depositado en una misma persona; será una verdad el precepto constitucional de que a los Tribunales y juzgados corresponde esclusivamente juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado en los asuntos civiles y criminales.; porque confiamos que en breve los jueces de paz conocerán tambien en los juicios sobre faltas.

Respecto a la forma de los juicios, la Ley determina la en que deben presentarse los demandantes ante el juez, que segun la misma sea competente. Describe tambien la sencilla fórmula con que debe estenderse la papeleta; que equivale a la demanda, en lo cual ademas de ganarse en la enseñanza de los que han de presentarse á pedir la celebracion del acto conciliatorio , se facilita el medio de que los demandados puedan acudir ya anle los jueces sabedores del objelo de la comparecencia,

La citacion en los antiguos juicios ni reconocia trámites ni formas; quedaba al árbitrio de las personas encargadas por los alcaldes para realizarlas, y la mala fé ó la ignorancia tenian libre un vasto campo donde ensayarse. Era , pues, indispensable slar una forma á lo que no la tenia;fera preciso que en todos los juzgados se adoptase un sistema ; que los actos de conciliacion que tenian cierta semejanza con los juicios, porque en ellos intervenia una autoridad, que en cierto tiempo daba providencia, aunque sin efecto obligatorio, y dos partes que figuraban como actor y demandado, se regularizase á imitacion de los juicios propiamienté dichos. La Ley de enjuiciamiento tomó á su cargo osta fácil, pero descuidada tarea , y en ella se consignaron la forma de decretar y hacer las citaciones; el término que ha de mediar entre la citacion y el acto conciliatorio; la manera de celebrar estas , y de estenderse el acta en donde ha de constar lo pedido , lo contestado y lo convenido, ó la no avenencia de las partes.

Pero la esperiencia habia acreditado que no pocas veces se promovian cuestiones ante los jueces sobre la validacion de los actos conciliatorios , y se ignoraba en primer lugar, si procedia algun recurso contra lo convenido , y en caso afirmativo quién era el juez competente para conocer del que se entablara. Era preciso proveer de remedio a este mal patente, pero incurable segun la ley; era menester que la práctica, autorizada en algunas

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Audiencias, se legitimase si era aceptable, ó se desechase en ča=; so contrario. La Ley de enjuiciamiento no descuidó ese estremo interesante, y reconociendo la verdadera indole de los actos conciliatorios , dedujo las legítimass consecuencais. Esos actos son por sus condiciones esenciales una tentativa de transaccion; una prueba que ha querido ponerse en accion para que arreglándose las partes se evile un pleito inminente. Pues bien, 'contra las consecuencias de la conciliacion no pueden ponerse en juego racionalmente sino los medios de que son susceptibles los contratos, cuya existencia material se reconoce, pero viciada y nola por defeclos intrinsecos que la invalidan. La nulidad era el remedio indieado; el juez de primera instancia el designado para conocer del recurso; y las causas de nulidad de los contratos las únicas admisibles para fundarlo. Acaso la tramitacion pi'esorila sea demasiado lenta y costosa , atendida la naturaleza especial del négocio: la sentencia de los juicios ordinarios es la prescrita para los recursos de nulidad. :11, 11, 17.1.1 di

Era tambien conveniente que se confiase la ejecucion de los convenido en ciertos casos á los juecés de paz; pero; la regla abcolula que habian establecido las leyes anteriores, adolecia de graves inconvenientes , yen-cierlo modo era irregular y anómala:

Acontecia lo primero, porque se sometia a' la ejecución de alcaldes imperitos todo lo convenido cualquiera que fuese la cantidad, sin recordar que los errores podian producir daños consir derables; y era tan exacto lo segundo, porque no se acierla bien à esplicar, por qué rázov, no siendo lo convenido sino un verdaderd contrato, la ejecucion de este habia de corresponder 'já una autoridad sin jurisdicciou; y; la de otro cualquiera contrato,sjes cediendo de quinientos reales , competia exclusivamente a los jueces de primera instancia. La Ley de enjuiciamiento remedio ese mal; estableció:lo que rabionalmente procedia; esto es , que los jueces de paz ejecutasen, por causa de avenencia en la concis liacion, aquello mismo que podrian ejecutar como consecuencia de los juicios verbales. Cuando la cuantía escediese, debia ser el ejecutor el juez de primera instancias como si se tratara de un juicio contencioso.... 101fm) ; , (09"

"La ejecucion de lo convenidos en el acto conciliatorio, por

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mas que tenga el carácter de no contencioso, se asemeja á lo litigioso en las formas, y es una misma cosa en la esencia; asi es que la negativa de todo recurso contra las providencias que dictaren los jueces de paz, hubiese sido tan absurda, como la que procedia del silencio de las leyes que rigieron hasta nuestros dias. La ley provisional para la ejecucion del Código penal habia ya designado recurso; habia señalado tambien la autoridad competente para conocer de las alzadas ; y asi fué que la Ley de enjuiciamiento no tuvo que hacer otra cosa mas que aceptar lo que estaba ya consignado en aquella. Ya comprendemos que se abusara ; no nos sorprenderá la repeticion de las apelaciones de los que, pesarošos de haberse avenido, pretendan buscar un remedio, aunque tardío, para destruir los efectos de su allanamiento ; pero‘á mas de que esos abusos llevan en sí mismos el correctivo, vale más tolerarlos, que negar el remedio al que se queja con justicia.

1 Antes de hacernos cargo de las disposiciones del título 6.', consideramos conveniente transcribir el Real decreto del 22 de octubre de 1855, creador de los Jueces de paz , y examinar sus disposiciones, porque a nuestro' entender han de ofrecer algunas dificultades y conflictos en la práctica. : ,;.,;,,;'!

Art. 1. En todos los pueblos de la Monarquía en que haya ayuntamientos, habrá Jueces de paz, cuyas atribuciones serán las que se determinan en la Ley de enjuiciamiento civil, publicada con esta misma fecha.

Art. 2.° En cada pueblo habrá tantos Jueces de paz como alcaldes haya en el dia o hubiere en lo sucesivo.

Habrá tambien igual número de suplentes.

El art. 1.o trascrito-crea la nueva clase de funcionarios del órden judicial, llamados Jueces de paz; determina los pueblos donde ha de haberlos , y por una regla de referencia prefija las atribuciones que han de desempeñar: el art. 2.° desenvuelve ese pensamieato, señalando el número de Jueces de paz que en cada pueblo deben establecerse. En el desenvolvimiento de ese sistema se deja entrever la dificultad que se ofrecia para la determipacion del número de jueces y los puntos de su residencia, á causa de la division administrativa defectuosa, pero irremediaТомо І.

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