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dúcese de estas premisas, que no es uno mismo el origen de ambas. En efecto, la jurisdiccion emana siempre de la ley, porque solo ella puede conferir la autoridad que la constituye; al contrario, la competencia procede ó de la ley, ó de la voluntad de las partes: en los artículos sucesivos se desenvuelve esta teoría, á la que no obsta la facultad que gozan las partes de nombrar árbitros, porque estos no ejercen jurisdiccion propiamente dicha.

Toda demanda. Entiéndese por demanda el escrito en que la parte formula la accion que deduce un juicio; y como que solo de aquella hace mencion el artículo preinserto, pudiera preguntarse; las pretensiones que no se hacen por medio de demandas ó

que no las constituyen, podrán presentarse ante cualquiera juez como el escrito por ejemplo, en que se pida el reconocimiento de un vale, ó la exhibicion de un documento? Creemos que no; porque la razon es la misma; porque, aunque no sean verdaderas demandas, en el sentido estricto de esa palabra, son accidentes que con ella tienen relacion, y que la preparan; porque, en una palabra, el juez que no tiene autoridad sobre el demandado, lo mismo carece de ella para obligarle a comparecer con alguno de aquellos objetos, que con el de contestar á una demanda formal.

Debe. No depende de la voluntad del demandante; es una obligacion legal la que tiene de valerse del juez competente pa-. ra deducir la accion que le asista en juicio: el actor ha de seguir el fuero del reo, decia un principio de derecho, que en otros términos reproduce el artículo preinserto; aunque no subsiste hoy en toda su antigua estension, como tendremos ocasion 'de advertir al ocuparoos del art. 5°

Art. 2.- Es juez competente para conocer de los pleitos á que de origen el ejercicio de las acciones de toda clase, aquel á quien los titigantes se hubieren sometido espresa 6 tacitamente.

La regla que sienta el anterior artículo, es mas bien una 'es cepcion de la general establecida en el 5.°, como lo indica la referencia comprendida en su primera parte. Efectivamente, el fuero es competente segun la especie de accion que se deduée en juicio, pero dejará de serlo de hecho autorizado por el derecho en el momento en que la parte que pudiera declinar la jurisdiccion se somete tácita ó espresamente: véase, pues, cómo la sumision es la escepcion.

No establece el artículo precedente novedad alguna; la antigua jurisprudencia habia ya reconocido que podian los litigantes someter sus cuestiones litigiosas á jueces, incompetentes, toda vez que lo fuesen en la realidad, por babérseles conferido jurisdiccion por los medios legales.

Sin embargo, pudiera creerse que el artículo que nos ocupa define el juez competente, y que la causa única ocasional de la competencia es la sumision de las partes; estas proposiciones se desprenden del testo del artículo. Y si esto fuese así, la pueva jurisprudencia estableciera que la investidura ó aptitud genérica que dá la jurisdiccion, procedia de la ley; que la aptitud específica que dá la competencia, emapaba de la eleccion por las partes. No aceptamos, sin embargo, esta esplicacion del artículo,,

por mas que no repugne á su literal contesto: la Ley reconoce una competencia originaria, legal, porque de la misma emana, no. obstante que a la voluntad de las partes ó mas bien de la parte dé una preferencia escluyente. El artículo arriba transcrito no define, sino que hace una declaracion; sienta una regla en vir tud de la cual, al mismo tiempo que faculta á la parte demandada para someterse á juez, que no es el origiuariamente competente, declara que esta sumision, que obliga a continuar el juicio ante aquel juez, se hace tacita ó espresamente. Esta jurisprudencia es la misma establecida por las leyes anteriores.

Pero no se limita a declarar que es lícita esa sumision y prorogacion, y que puede hacerse de dos modos, ambos signia ficativos de la voluntad de la parte; añade que esa competencia que nace de la prorogacion, es estensiva á toda clase de acciones,

Esta frase indica que la naturaleza de la accion ejerce una influencia legal inmediata en la compelencia: doctrina, que aunque no es nueva en nuesta jurisprudencia, al menos no se hallaba en leyes i espuesta con toda claridad y precision: en los artículos sucesivos tendremos ocasion de observar la diferené cia entre el derecho antiguo y el nuevo.

Quede, pues, sentado, que la competencia, esa cualidad que autoriza al juez para conocer esclusivamente de un asunto dado,

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ó procede de la ley o de la voluntad de la parte que se somete.

Pero a mas de esa competencia legal, que nace de las causas que enumeran los artículos 2.0 y 5.', se conoce otra tambien legal, que no se menciona en este titulo, ni en ningun otro de la Ley, no obstante que a ella se refiere al determinar sus efectos: aludimos a la competencia que dá la gerarquia judicial, y á la que procede del fuero especial del demandado. El silencio por otra parte que sobre este punto se observa , į autorizará para sentar como doctrina corriente, que no se conocen mas causas productoras de la competencia, que las que emanan de la ley ở de la sumision de las partes; esto es, que ni el domicilio, ni la residencia, ni la cuantía, ni la instancia, ni el fuero producen competencia? No, porque la regla que establece el art. 2.° no es tasativa; el objeto de su disposicion se limita a declarar que incompetencia legal de los jueces, puede suplirse por la sumision de las partes, y que esta se realiza espresa ó tácitamente cualquiera induccion que no parta de este concepto, será ilógica y viciosa.

A quien los litigantes se hubiesen sometido. ¿Significará esta frase que ambos contendientes, demandanle y demandado, tienen que manifestar su voluntad de someterse al juez? Realmente el demandado és el que ha de conformarse, porque es el único que goza de la escepcion de incompetencia; el demandante tiene que seguir el fuero de aquel; tiene que entablar la demanda ante el juez competente, segun la espresion del artículo. Es cierto que alguna vez el demandante puede elegir el juez ante quien ha de presentar la demanda; pero esta eleccion no es una misma cosa con la sumision, de que habla el artículo que nos ocupa.

Cuando sean dos ó mas los demandados , y alguno de ellos no se conformase con el juez incompetente, é prevalecerá la sumision de los demas, obligándole á continuar el juicio ante juez que no sea el suyo? Es preciso que se sometan los litigantes tou dos, porque á ninguno se puede compeler á que acepte, lo que la ley no hace obligatorio, salvo cuando pueda dividirse la continencia de la causa sin grave inconveniente.

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Art. 3.° Solo se reputa espresa la sumision, cuando los interesados renuncien clara y terminantemente al fuero propio, designando con toda precision el juez á quien se someten.

Esta sumision no puede hacerse sino á juez que ejerza jurisdiccion ordinaria.

Se reputa, espresa la sumision. Que lo es, podia haber dicho el precedente artículo, porque la manifestacion espresa, clara y terminante de la sumision, no se reputa , sino que es una realidad.

Clara y terminante. Esta frase adverbial se propone evilar las frecuentes disputas á que daban ocasion las cláusulas oscuras, indeterminadas y rutinarias, que con frecuencia sé usaban en los instrumentos; cláusulas que, como otras muchas, se insertaban en las escrituras copiadas de los formularios, la mayor parle de las veces sin conocimiento de las partes , ó cuando menos sin instruirse de su significacion. De aquí en adelante la cláusula de sumision tiene que ser clara y terminante; no bastará que se induzca de la espresion oscura ó ambigua de un documento cualquiera; no será suficiente la renuncia del fuero propio hecha en términos genéricos , referidos en una escritura ó en un escrito presentado en juicio. Tampoco producirá los efectos de la sumision el simple reconocimiento de una escritura de imposicion censual que la contenga; és menester que conste clara y terminantemente que el que reconoce acepta la cláusula de sumision.

Designando con toda precision el juez a quien se somelen. Esta cláusula perfecciona el pensamiento saludable de impedir sumisiones involuntarias, exigidas las mas veces en momentos de angustia, en los que todo lo concede el hombre, porque sucumbe á la necesidad apremiante. La ley respeta la voluntad de los particulares; acepta su sumision á juez que no sea el suyo; pero exige que se haga de una manera tal, que deje descubrir que con conocimiento de causa ha querido sujetarse á juez incompetente: el medio de conseguirlo es el de exigir del sometido, que esprese las circunstancias que caracterizan al juzgado. No será suficiente la cláusula de sumision genérica á las justicias é jueces de S. M.; no bastará que se someta al juez ante quien sea demandado; es preciso que se esprese el nombre del juzga,

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У la clase á que este corresponde, asi como el juez de primera instancia de tal partido; el juzgado de comercio de tal plaza; el militar ó de guerra de tal comandancia, etc.

Acaso conviniera que se espresara el nombre propio del juez; y tal vez quiera interpretarse en ese sentido el artículo, porque usa la palabra juez; pero no puede concebirse que sea ese el espíritu de aquel, porque las mas veces, tratando de prorogacion consignada en un contrato, no será juez del distrito al ejecutarle, el que lo fuera al celebrarse.

Se esceptúa únicamente de la libertad de someterse á juez estraño, ó mas bien se declara como requisito indispensable, que el juez á cuyo favor se haga la sumision ejerza jurisdiccion ordinaria. Esta declaracion legal equivale á la antigua prohibicion de renunciar ciertos fueros: el militar era irrenunciable; lo es tambien el de comercio; y respecto al eclesiástico, nuestras leyes compensaron oportunamente a las canonicas, que prohibieron renunciarle: los legos no podian someterse a los jueces eclesiásticos en los negocios que no fueran de su competencia.

La condicion que exige el art. 2.° es una consecuencia logica del pensamiento de unidad de fuero: la jurisdiccion ordinaria es la madre de todas las privilegiadas ó privalivas, y como aquellas son desmembraciones que no deben estenderse á mas, ni en las personas ni en las cosas, que a lo que la ley estableció al conceder el fuero privilegiado; por eso pueden los demandados someterse al juez ordinario, ó mas bien al juez del fuero con mun, pero no al de fuero especial. La nueva ley consiente la reversion del desaforado de la jurisdiccion ordinaria a esta , pero, al contrario. - La regla sin embargo afirmativa que comprende el articuto 3.o en su último párrafo, presupone la posibilidad legal de la sumision, esto es, que no se reconozca impedimento alguno real ó personal que se oponga. Así, por ejemplo, si se tratase de responsabilidad por asuntos de Hacienda pública, si versase la de-, manda sobre cosas meramente espiriluales, no podrá la sumision espresa sacar el litigio del juzgado especial de Hacienda en el primer caso, ni del eclesiástico en el segundo, para llevarle al civil ordinario. Por, identidad de razon creemos que, cuando la persona demandada no representa una accion propia, no solicitó

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