Bajo el sol y frente al mar

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M. García y Galo Sáez, 1916 - 258 páginas
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Página 249 - ... sobrecargado de color y de luz. Tenía salidas inesperadas; imprevistas terceduras del concepto: bruscos arrebatos de la dicción; sorprendentes hallazgos del neologismo. Su verbosidad era desconcertante y fascinadora. Había viajado y visto mucha vida, y para traer a la charla cualquier pertinente episodio, recorría, alígero y palmo a palmo, la prodigiosa comarca de su memoria. Amaba infinitamente la belleza y poseía el don magno de saber analizarla y comprenderla.
Página 220 - Trace fiero ; tú, Dios -de las batallas, tú eres diestra salud y gloria nuestra. Tú rompiste las fuerzas y la dura frente de Faraón, feroz guerrero ; sus escogidos príncipes cubrieron los abismos del mar, y descendieron, cual piedra, en el profundo, y tu ira luego los tragó, como arista seca el fuego.
Página 251 - ¡Quién pudiera volvernos redivivo al gran poeta, al soberano artista! En la lira de América pondremos tu cadáver, así lo llevaremos en nuestros propios hombros a la Historia...
Página 247 - Acercándome, empecé a oír una voz, luego una palabra, y un final de discurso. La voz salía del centro del grupo; yo no alcanzaba a ver a la persona que hablaba ; una voz de barítono atenorado, una linda voz, cálida y emotiva, que parecía salir del corazón, sin pasar por los labios, y así, entrar en nuestra alma, por un milagro del sentimiento. Las palabras eran finas, nuevas, musicales, armónicamente dispuestas, como gemas combinadas en el broche deslumbrante de un joyel. El discurso analizaba...
Página 249 - Su imaginación de poeta era torrencial, inagotable. A cada momento brincaba el tropo, culebreaba el símil, se abría, como una flor, la metáfora. Era el suyo un estilo peculiar sobrecargado de color y de luz. Tenía salidas inesperadas; imprevistas terceduras del concepto: bruscos arrebatos de la dicción; sorprendentes hallazgos del neologismo. Su verbosidad era desconcertante y fascinadora. Había viajado y visto mucha vida, y para traer a la charla...
Página 247 - Las palabras eran finas, nuevas, musicales, armónicamente dispuestas, como gemas combinadas en el broche deslumbrante de un joyel. El discurso analizaba la estatua: ponderaba la ejecución, comentaba la actitud; ensalzaba la generosidad del héroe y la interpretación del artista. Yo no oía: escuchaba, sentía, en un recogimiento pleno de elevación. ¿Quién derramaba así caudal tan espontáneo de elocuencia, vena tan rica de pasión y de fantasía? ¿Quién estaba improvisando arenga tan fastuosa,...
Página 249 - Artista supremo, pensador eminente, todo su arte y toda su ciencia, todo su talento, y todo su sentimiento y todas sus voliciones estaban al servicio de la causa de la libertad. A ella se refería sin desfallecer. Todo su espíritu transitaba por un solo camino. Se le humedecían los ojos cuando pensaba en su único sueño. Yo le sorprendí, a veces, una silueta de Cristo. Sus paliques me sonaban a Sermón de la Montaña.
Página 249 - Había viajado y visto mucha vida, y, para traer a la charla cualquier pertinente episodio, recorría, alígero y palmo, la prodigiosa comarca de su memoria. Amaba infinitamente la belleza y poseía el don magno de saber analizarla y comprenderla. Era un crítico. Artista supremo, pensador eminente, todo su arte y toda su ciencia, todo su talento, y todo...
Página 247 - Cuando terminó, un aplauso unánime y un grito de entusiasmo desahogaron las emociones, se abrió el grupo y dió paso a un hombre pálido, nervioso, de cabello obscuro y lacio, de bigote espeso bajo la nariz apolínea, de frente muy ancha, ancha como un horizonte, de pequeños y hundidos ojos, muy fulgurantes — de fulgor sideral. Sonreía; ¡qué infantil y luminosa sonrisa! Me pareció que uu halo eléctrico lo rodeaba.
Página 16 - Y entonces fue cuando, acercándome, empecé a oír una voz, y luego una palabra, y un final de discurso. La voz salía del centro del grupo; yo no alcanzaba a ver a la persona que hablaba; una voz de barítono atenorado, una linda voz cálida y emotiva, que parecía salir del corazón, sin pasar por los labios, y así, entrar en nuestra alma, por un milagro del sentimiento. Las palabras eran finas, nuevas, musicales, y armónicamente dispuestas, como gemas combinadas en el broche deslumbrante de...

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