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IV.

SUMARIO.

Situacion social de Aragon en el siglo XIII. – Esfuerzos de la Monar

quia.-Exageraciones de la nobleza.-Prevenciones del clero.-Humilde condicion del pueblo.- Primera confederacion de la aristocracia contra el Rey.-Reinado de D. Jaime I.-Su juramento en las Córtes de Lérida.-Importancia de este reinado.- Compilacion del obispo D. Vidal de Canellas. – Disturbios por la division del reino entre los hijos del Rey. - Hermandad entre las principales ciudades de Aragon.-Célebres Córtes de Egea en 1265.- Legislaron exclusivamente para la aristocracia. - La Monarquía habia ya adquirido el carácter hereditario.-- Acrecienta el espiritu religioso. Célebre contestacion de D. Jaime al Papa Gregorio X. - Terrible castigo impuesto por el Rey al obispo de Gerona. – Escasa influencia del estado eclesiástico. - Gran importancia de la aristocracia. --- Infanzones y hombres de servicio. - Division de éstos en hermúneos é infanzores de carta y subdivision de los primeros en barones ó ricos hombres, mesnaderos, caballeros y simples infanzones.- Ciudadanos ó burguenses.

Villanos ó pagenses, y villanos llamados de parada.--Cuándo comenzó á usarse en Aragon el título de rico hombre. - Equivocada opinion de Zurita, Blancas y Sessé.- Ley 6.', tít. ix, Part. 2.8 – Opinion de Molino, Vidal de Canellas y Marichalar.–Nombramiento y prerogativas de los ricos hombres.-Inmunidad de su domicilio.- Origen de los mesnaderos y sus privilegios.-Infanzones y caballeros milites. -Infanzones de carta.-Sistema militar privilegiado que representa esta organizacion.- Ciudadanos y villanos. — Juicio de esta clase por los novisimos escritores.— Derechos absolutos del señor sobre la persona y bienes del vasallo. – Transicion del estado esclavo al estado cristiano y civilizador.

SNE

A medida que se extendía y consolidaba el reino de Aragon, sus fuerzas sociales adquirian un carácter más determinado. El Rey pugnaba por desprenderse de la humillante tutela de los ricos hombres. La nobleza, exagerando sus derechos, queria ser árbitra de los destinos del país, y no vacilo en iniciar su rebeldía en el reinado de Pedro II, dando vida á una confederacion que, más tarde, había de sofocarse con abundante sangre aragonesa. El clero, dócil hasta esta época, se apresuraba á recobrar su perdida influencia. Y el pueblo, anulado como fuerza social, y sumido en la más degradante condicion, era el destinado, por uno de esos hechos providenciales que la civilizacion señala de vez en cuando en el libro de la historia, á librar á la Monarquía de la tiranía y asechanzas de una aristocracia turbulenta y revolucionaria.

A Jaime I el Conquistador, que, como Fernando III de Castilla, fué uno de los grandes Príncipes de la Edad Media, se juró por aragoneses y catalanes en las Cortes de Lérida, con asistencia de prelados, ricos hombres, barones, caballeros y diez diputados por cada ciudad ó villa principal, rindiéndole todos

pleito homenaje y prestando juramento de fidelidad, de obedecerle por Rey y de defender su persona y Estado; juramento que por vez primera hicieron aragoneses y catalanes á sus Reyes y Condes, y que desde entonces quedó establecido, despues que éstos juraban guardar y confirmaban los Fueros, usos, costumbres y privilegios del reino.

Niño aún, hallóse en medio de las encrespadas olas de un mar tempestuoso, desencadenados todos los elementos y todas las fuerzas del Estado, y tuvo que resistir los embates de la aristocracia aragonesa, más poderosa y más altiva que la castellana, de aquellos parciales soberanos que se denominaban ricos hombres, nunca tanto como entonces desatentados y pretenciosos, en guerra ellos mismos entre sí y contra el Monarca, á quien combatía su propia sangre. Desestimada casi siempre su autoridad, atropellada muchas veces y casi cautiva su persona, soberano sin súbditos en medio de sus vasallos, supo, sin embargo, sortear todas estas dificultades y elevarse por su propio valer á Monarca poderoso. Preparó y realizó con indomable arrojo la conquista de las Baleares y de Valencia, la perla del Mediterráneo, el jardin de

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la España oriental, para abrir esta nueva patria á los nuevos pobladores, los cristianos. Deseoso además de dar unidad política y civil al reino, al mismo tiempo que conquistó, organizó y mandó ordenar en las Cortes de Huesca la antigua y dispersa jurisprudencia del país, y bajo su influjo y mandato se formó una compilacion de leyes en que se refundió toda la legislacion de los anteriores tiempos, por el obispo de Huesca D. Vidal de Canellas, corrigiendo los antiguos Fueros del reino y formando un volúmen, para que de allí en adelante se juzgase por él; declaró solemnemente que en las cosas que no estaban dispuestas por ese Fuero, se siguiese la equidad y razon natural.

La division del reino entre sus hijos, que el Rey acordó en 1247, y la declaracion de que á falta de línea masculina admitía los varones de la femenina, publicada en Valencia el 19 de Enero de 1248, fué causa de guerras y violencias interiores que hubieron de resolver las Córtes generales de Alcañiz, y que se reprodujeron entre los Infantes D. Pedro y D. Jaime y los ricos hombres, por el fa*llecimiento del Infante primogénito D. Alonso.

A tal punto llegaron las violencias y los excesos, que las principales ciudades de Aragon se constituyeron en hermandad, prescindiendo todas ellas de la autoridad Real, lo cual hizo reflexionar á D. Jaime sobre las disidencias de sus hijos y el lamentable estado del reino, y procedió á nueva particion de éste. Despues, en las Cortes de Egea, en Abril de 1265, se vencieron las desavenencias entre el Rey y la nobleza, estableciendo varios privilegios en favor de los ricos hombres, caballeros é infanizones, á quienes liberto de inquisicion ó pes-, quisa; mandó que en todos los pleitos ó causas que mediasen entre los Reyes y los ricos hombres, hijosdalgo é infanzones, fuese siempre juez competente el Justicia mayor de Aragon, prévio consejo de los ricos hombres y caballeros que asistiesen á la curia, con tal que no fuese parte interesada; y ordenó que el Justicia perteneciera siempre á la clase de caballeros; á pesar de lo cual, las disensiones se reprodujeron en 1274, sin que pudiera terminarlas el Rey á su fallecimiento en 1276.

La Monarquía, hereditaria en esta época, no tenía verdaderamente súbditos, pues éstos, lo mismo que la fuerza pública, residía en la

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