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bía acontecido otro tanto: por afán de precipitar la reforma, se hizo imposible; inspirado en un espíritu de abstracta uniformidad, dictó el legislador, una tras otra, variedad de leyes municipales, bien ajeno de sospechar que estuviera emulando á Platón y á Locke en eso de hacer Constituciones utópicas é irrealizables. Como dice el Sr. Linares, «destruyeron lo antiguo sólo por serlo, y no se han curado de edificar,» dejando desorientado al pueblo para mucho tiempo. Así es que su obra no es un mero complemento de las de sus dos esclarecidos antecesores, sino que tiene mucho de reacción contra ellos, á causa de haber excedido en más de una ocasión la justa medida; cosa natural, no habiendo abordado el problema en su unidad y orgánicamente. Además, el nuevo obstáculo que analiza y denuncia el Sr. Linares, era más intimo que los otros, y aunque muy intenso, menos visible. Alcalde durante muchos años el autor en un pueblo de corto vecindario (Cabuérniga, provincia de Santander), pudo tocar el mal que había pasado inadvertido para Jovellanos y Caballero, estudiarlo en sus más pequeños pormenores, rastrear sus causas, medir su alcance, comparar lo pasado con lo presente y adelantar, valiéndose de métodos positivos y experimentales, los remedios más eficaces.

Según el Sr. Linares, los obstáculos que se oponen más poderosamente al adelantamiento de la agricultura, son prin. cipalmente administrativos; y su remedio consiste en resucitar el organismo municipal, que las escuelas centralizadoras han sacrificado en aras de sus abstractas teorías políticas, convirtiéndolo en mera sucursal de los Gobiernos civiles. Demuestra que la agricultura forma con las leyes municipales y provinciales un organismo perfecto y se halla unida con vínculos 'de solidaridad a la Constitución del Estado, y que, por lo tanto, es pueril é ineficaz introducir reformas aisladas sin abarcar todo el conjunto; reivindica los fueros de la tradición, y hasta de la rutina, justificando el carácter racional de infinidad de prácticas rurales que el espíritu irreflexivo de los novadores ha condenado ligeramente como absurdas; encarece la necesidad de desandar una buena parte del camino andado, restableciendo mucho del sistema de administración que las leyes modernas han proscrito torpe é inconsideradamente; y prueba la posibilidad de llevar a cabo la reforma-contrarreforma en apariencia-sin el concurso del legislador, mediante la asociación de los interesados en lograrla. A través de ese prisma y con ese criterio, estudia latamente cuanto constituye la vida rural y administrativa de los Municipios: terrenos comunes, pastos, acotamientos, abonos, arbolado, ganadería, caminos, pósitos, montes, guardería rural, exposiciones, escuelas y museos, beneficencia, fundaciones, amillaramientos, presupuestos y contabilidad, personal de las secretarías de Ayuntamiento, división municipal, etc., acompañado todo esto de cuentas, bandos, reglamentos, cifras y abundancia de casos prácticos, que representan veinte años consagrados por el autor al estudio de ésta, que es una de las cuestiones sociales más graves de nuestro tiempo.

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Con este libro, el Sr. Linares ha prestado á su patria un servicio tan eminente como el que debió en otro tiempo á los insignes patricios Jovellanos y Caballero. Desgraciadamente, no corresponde en la forma á la bondad de su doctrina. Una de las cosas que más contribuyeron á divulgar el Informe sobre la Ley agraria y la Memoria sobre el Fomento de la población rural, fueron sus condiciones literarias, la gran condensación del penJamiento, lo excelente del método y la inimitable corrección del estilo, al par llano y elegante. El Sr. Linares se ha desen tendido de tan buenas tradiciones, y su obra ha resultado un verdadero centón, que recuerda en cierto modo aquella otra inmortal en que Adam Smith fundó la ciencia económica: hago votos fervientes por que, como él, encuentre pronto otro Juan Bautista Say que reduzca el voluminoso libro a las condiciones de concisión, claridad y método que tanto avaloran á aquellos dos que le propongo por modelo.

A continuación inserto un breve resumen de algunos de sus capítulos, que solicité del autor, y que éste se ha servido cortesmente facilitarme.

«I. El notable atraso de España y su desconcierto politico se explican satisfactoriamente por la anulación de la vida municipal.--La Historia nos enseña cuán poderoso influjo ejercieron las libertades municipales en la formación de los Estados más florecientes de otros tiempos, y la decadencia lastimosa en que se precipitaron éstos al punto que aquéllas fueron suprimidas. También se notan condiciones superiores de desenvolvimiento político y económico en los pueblos que, al constituirse las nacionalidades, después de la Edad Media---no como evolución, sino como reacción contra los pequeños. Estados del feudalismo,-han procedido conservando las más importantes tradiciones de la vida local y de familia y las del derecho civil y administrativo, enlazadas necesariamente con la agricultura y las múltiples instituciones peculiares á cada comarca. Y por el contrario, en aquellas otras naciones, como España y Francia, donde la centralización y la unificación legislativa vinieron á realizar la política de las nacionalidades, destruyendo para ello necesariamente toda la obra local (sabiamente acumulada por el pasado), debilitándose unas instituciones y pereciendo otras, ha sobrevenido la anormalidad política, surgiendo el desconcierto social, económico y religioso, reflejado en la carencia de paz y en la limitación de su prosperidad y sus verdaderos progresos.

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Esto explica la situación actual de España y su decadencia sucesiva durante los tres siglos que preceden al presente, decadencia que han ido acentuando por grados y en igual medida las supresiones de los fueros que gozaron los pueblos de los dis ferentes Estados peninsulares en tiempo de la Reconquista. ¡Política fatal para España y sus colonias, que había de reducir sin remedio á igual nivel de decadencia y atraso la monarquía, la nobleza, el clero y las demás clases é instituciones!

Como era lógico, el movimiento liberal de este siglo, educado en tal escuela, había por necesidad de extremar aquella funesta tendencia; así se explica que, desde la Constitución de 1812 hasta la fecha, el espíritu reformista haya exagerado la centralización y la unidad legislativa, hasta borrar los más preciosos restos de nuestras tradiciones comunales, que había regpetado la monarquia absoluta. Inglaterra y los Estados Unidos, como también Suiza y otras naciones de Europa, nos dan an ejemplo saludable por haber procedido con distinto criterio, contrario a la centralización y favorable á conservar las libertades é instituciones de carácter municipal, cimiento insustituible de una sana y robusta política en todo país bien gobernado.

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Á aquel funesto influjo se debe el estado de nuestro país, que ignora ya en general todo lo que atañe a la vida pública; y se debe también la desviación de nuestros estadistas y demás personas consagradas á la cultura general, del estudio de los problemas que se relacionan con el municipio, propendiendo tan sólo á embriagarse con atopias que alimenten su fantasía, vivamente excitada por la fiebre política que se sufre, y mostrando en cambio repulsión, ya casi instintiva, á todo lo real y práctico de la vida pública.

»II. El municipio, organismo fundamental del Estado, debe ser la base de la vida pública, y por tanto, social, política, económica y religiosa.-Poco satisfactorio es en verdad el criterio de las diferentes escuelas que se ocupan actualmente de los fines del Estado; pues como la evolución política viene haciéndose hasta nuestros días sin una concepción orgánica, clara y prác. tica de los fines sociales, debiéndose ciertas fases del progreso histórico casi á intuiciones favorecidas por circunstancias accidentales, resulta que dichas escuelas más bien se inspiran en las exigencias de la lucha por la vida que en los principios de un puro ideal. Por esta razón, el criterio para organizar el municipio debe partir ahora de la constitución y necesidades de la familia. Como ésta, el Concejo-o sea, el municipio–ha de surgir de la reunión de unas cuantas familias (ciento próximamente), las más cercanas entre sí; debiendo formarse este primer organismo por una intima solidaridad de intereses á que se atienda con la facilidad que prestan un conocimiento inmediato, hasta de los detalles, a la vez que la solidaridad de los afectos; fuerza que, si es muy poderosa en la familia, no lo es menos en el municipio, donde se acumulan, con la agilidad en la ejecución y el goce en realizarlos, casi la totalidad de los servicios

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deberes que corresponden a la vida pública, cuando se hace ésta en condiciones normales y los individuos saben desempeñarla. Las esferas políticas superiores al municipio no pueden inspirar ya á nadie an interés tan vivo; en cambio, á medida que, fuera de la vida del municipio, se van sucesivamente aflojando en ellas por grados los lazos del interés y del amor y se debilita el conocimiento de lo que á las mismas se refiere, aumenta en igual proporción el número de los intere-. sados en dichos servicios para realizarlos con un ligero esfuerzo y el menor sacrificio posible.

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Á iguales principios han de responder el municipio rural y el urbano.

El Ayuntamiento debe abarcar, al contrario de ahora, unos cuantos Concejos ó Municipios, no lejanos entre sí, de suerte que responda á aquellas atenciones que sean comunes á éstos y que no puedan ejecutar aisladamente.

El municipio, organizado de esta suerte, influye favorablemente en la agricultura, imposible si no funciona bien aquél. Lo mismo pasa en las esferas de la vida política, social, económica, moral y religiosa, instituciones cuyo desarrollo no cabe tenga lugar de otro modo, según lo muestra el estado de perturbación en que viven ahora y la dificultad de asimilarse entre nosotros las condiciones que corresponden a los tiempos modernos.

>III. El procedimiento para organizar la administración local debe consistir en traer á esta esfera la masa del pais-anulada del todo ahora para la vida política-por medio de Asociaciones especiales de Agricultura y Administración, que se ocupen en hacerla conocer, guiando desde luego la realización de todos los servicios municipales bajo las mismas leyes actuales. Alcanzado que sea este primer grado de educación, los partidos políticos habrán podido trasformar al par las condiciones que tienen ahora, y se podrá entonces plantear la organización ideal que cuadra al estado y tradiciones de España y al progreso de los tiempos.

Tiene esta conclusión su razón de ser, atendido el estado de abandono en que han caído las tradiciones locales y la ignorancia general de lo que a la vida pública se refiere, lo cual hace que se carezca de ideas racionales y prácticas para realizar ésta, faltando unidad de criterio para la cooperación común, y surgiendo por necesidad con el desaliento el egoísmo personal en unos, y el pesimismo en todos.

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