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en asegurar que el mérito del trabajo, histórica, política y literariamente considerado, sobre ser digno del generoso partido que ha de hacerlo suyo y del personaje ilustre

que

debe retratar, acrecentará la fama de concienzudo, hábil, correcto y elegante escritor de que Vd. goza á justo título.

Al remitir á Vd. de oficio la comunicacion adjunta, permítanos que le recomendemos muy encarecidamente procure darnos concluido ese trabajo cuanto antes le fuere posible. Bien conocemos su importancia, dificultades y trascendencia; pero por lo mismo tampoco se nos oculta que antes de tener escrita la biografía no cabe dar ni un solo paso, en la ejecucion que pudiéramos decir puramente material y definitiva del pensamiento de LA TERTULIA.

Aprovechamos gustosisimos esta oportunidad de ofrecer á Vd. el sincero testimonio de nuestra más distinguida estimacion, que siempre cuidarán de acreditarle en lo que de su buena voluntad dependa, sus afectísimos servidores que B. S. M.-Camilo Muñiz Vega.- José Cortés.

SRES. D. CAMILO MUÑIZ VEGA Y D. José CORTÉS.

San Vicente de Toranzo 24 de junio de 1862.

Muy señores mios, de todo mi aprecio y consideracion: Tengo á la vista su estimada carta de 18 del corriente, por la cual se sirven comunicarme la inmerecida honra que he debido a la comision de LA TERTULIA PROGRESISTA de esa capital , confiándome la redaccion de la biografía del Sr. D. SALUSTIANO DE OLÓZAGA que se propone publicar, como uno de los medios de responder al deseo manifestado por el partido liberal de toda España, desde que aquel eminente orador pronunció los memorables discursos de 11 y 12 de diciembre de 1861.

En la comunicacion adjunta, con que contesto á lo que de oficio se sirven Vds. decirme, cumplo con el deber de rebajar, -ménos acaso de lo necesario,-el equivocado concepto que como escritor forman Vds. de mí, llevando su benevolencia hasta un estremo que me obliga á la vez al agradecimiento y á la rectificacion que reclama la realidad de mis medios. En la presente carta voy á molestar la atencion de Vds. permitiéndome indicarles mi manera de ver el trabajo que me encargan.

Yo creo que de todos los estudios humanos, el mas pródigo en ensenanza es el que tiene por objeto referir de siglos en siglos la epopeya de los hombres por medio de la historia y la biografía; y creo que esas dos hermanas gemelas no pueden separarse: la historia que se encierre dentro de una cronologia, será un archivo de hechos, de nombres

у

de guarismos, sin más utilidad que proporcionar á-los eruditos ocasion para dar trabajo á la memoria, hasta que á fuerza de revolver el polvo de los libros, la obliguen á señalar de corrido la fecha de cada periodo notable, el árbol genealógico de cada dinastía; pero no tendrá interés para la generalidad, porque la verdadera retentiva está en el corazon, que no conserva mas que lo que le impresiona y le conmueve. ¿Y qué le apasiona en la historia? Los hombres, y solo los hombres: nadie se ha conmovido aún contemplando un mapa, ni se ha apasionado recorriendo una lista de reyes ó pontifices; a su vez la biografia, que no tiene su razon de ser en la historia , formará un panegirico ó una diatriba , una recomendacion personal ó un libelo, ofenderá o adulará, tendrá por lectores pasajeros, å los maldicientes, ó por biblioteca la casa del adulado y de sus amigos;

pero morirá al nacer, no interesará al público más que le interesan las fechas individuales escritas en los registros de parroquia.

El pueblo se fija en los hechos culminantes que dominan la historia como las altas cadenas de montañas dominan y dividen los continentes; personifica esos hechos en los hombres que han unido á ellos su alma, su vida ó su muerte; y si el narrador acierta á entrar bien en el pensamiento, en el espíritu, en el corazon, en la idea, en la pasion de esos hombres, los lectores, meditando, sintiendo y admirando, se identifican con los pensamientos, los actos, las vicisitudes, las grandezas, las caidas, los triunfos de esas grandes figuras de la tragedia humana; toman parte en sus destinos, asimilan su corazon al de ellas, palpitan con las mismas emociones, sangran por las mismas heridas, arden en el mismo celo por el bien público.

Por eso la historia y la biografía son hermanas gemelas que se buscan sin cesar: por eso Tácito y Plutarco se llaman mútuamente y se tienden la mano, para dar un cuerpo, un alma, una fisonomía, una individualidad, un nombre á la historia.

En nuestros tiempos se ha abusado estraordinariamente de la biografía; no hay carácter vulgar que llame fugitivamente la atencion, cuya vida no se lance al público: es este un atan de aparecer en escena, que tiene por correctivo la indiferencia y el desden público.

De Olózaga no ha aparecido ninguna biografía, propiamente tal, cuando empiezo á escribir la que Vds. me encargan, que será tambien mi primer estudio biográfico.

Su vida pública comienza casi en la niñez, sus persecuciones en la primera juventud, su fama de orador se remonta á la época en que entró en el parlamento, su concepto de hombre de gobierno arranca de su edad florida, su reputacion de hombre de Estado procede de su primera mision diplomática; con una frase suya se movió el país, su paso por la cumbre del poder fué estraordinario, su permanencia en la tribuna constante, su celebridad es tan sólida que no cabe en la estrechez de nuestras fronteras y se estiende por toda Europa; nadie se ha atrevido á poner en duda ni su talento, ni su saber, ni su virtud; cuando los que sienten el peso de su lógica, el poder de su fuerza de conviccion, quieren rebajarle, todo lo que dicen es que ha decaido; cuando demuestra su vigor intelectual y lo sazonado de sus dotes, censuran la intencion; cuando llega un momento crítico, se le busca para consultarle y se le rinde un tributo de consideracion y respeto; cuando se intenta desvirtuarle, se empieza por la admiracion al hombre y se acaba por la envidia al partido que tales manos tiene para sostener su bandera: no hay en España una existencia politica más llena de vicisitudes que la suya; su vida es interesante como una série escojida de episodios históricos; sus situaciones, palpitantes como las escenas de un drama, y sin embargo, aquí donde se han hecho sudar las prensas con tantas biografías, nadie ha escrito aún la biografía de OLÓZAGA.

La primera vez que saldrá á luz, no será por el capricho, más ó menos espontáneo, de un cronista oficioso, sino por la iniciativa de un gran partido: no por inspiracion individual de un biógrafo que lo tenga por oficio, sino por encargo á una pluma, que pudiendo reclamar para sí hace diez y nueve años la divisa: Nulla dies sine linea, va á hacer ahora su primer ensayo algo sério, en ese género de trabajos, poco halagüeno, si como aquí se entiende casi siempre, exijiera la abdicacion de la independencia del escritor en aras del personaje que vá a juzgar.

No temo yo incurrir en ese defecto vergonzoso : mi carácter y mis

hábitos me lo garantizan; pero estoy seguro de tropezar en otros , inherentes à la dificilísima tarea que me ha sido encomendada.

La biografía de OLÓZAGA no es, no puede ser un resúmen de fechas y datos puramente oficiales, pálido y sin interés como una hoja vulgar de servicios: envuelve la necesidad forzosa de un estudio, muy ligero, pero un estudio al fin de la revolucion española, desde el principio de la cuestion dinástica con que España se puso en movimiento al empezar el siglo actual, hasta hoy, pasando rápidamente por el primer periodo, base del que comprende la vida política que va á ocuparme.

El camino que se me presenta delante está trillado por multitud de escritores

que han trazado ese gran cuadro en lienzos proporcionados al asunto, y que le han debido alta y legitima reputacion de cronistas. Al escribir yo esa biografía, íntimamente enlazada con nuestra historia contemporánea, tengo que renunciar al ancho campo de que ellos han dispuesto, para no esceder los límites del mio; si he de hacer algo más que repetir lo que se viene diciendo, haciéndome responsable de la perpetuidad de ajenos errores cuando serán hartos los mios, si he de dar alguna novedad á mi trabajo, necesito investigar, compulsar y comprobar pacientemente los hechos, los actos, los testos, los documentos primitivos que puedan suministrarme una partícula de verdad, para aquello que deba formar parte de mi tarea: y despues de este estudio, del cual debiera acaso prometerme un libro algo original, tendré que renunciar hasta á esa recompensa de mis diligencias: tendré que citar, tendré hasta que copiar con mucha frecuencia apreciaciones corrientes en mejores épocas y espuestas ahora, si no buscára para su salvaguardia escudos más autorizados que mi firma: por añadidura, al ver agruparse documentos, testos y citas, necesitaré apartarlos con la mano para medir con la imaginacion el espacio en que he de moverme; lucharé con la idea de decir lo que saben mejor que yo las personas estudiosas, y con la conveniencia de no olvidar

para

todos y nó para algunos.

El libro en proyecto debe responder, al menos en su propósito, á la popularidad que le dá vida por medio de una suscricion de igualdad, en que el rico y el pobre, el letrado y el labriego, tienen la misma parte; en que cada real amasado para dar circulacion á la biografía, representa un creyente en el progreso y una simpatía al hombre, que como Vds. dicen muy bien, es una gloria nacional y una esperanza legitima para sus correligionarios.

La parte puramente personal es para mí de una gran dificultad: á veces necesita ser anecdótica; muchos trozos encierran un pequeño drama espontáneo, en que cada palabra tiene su intencion, y cada incidente un objeto determinado; no sirven generalidades y abstracciones; sería preciso, para reconstruir cada situacion, estudiar y confesar al actor, detalle por detalle, pensamiento por pensamiento, y despues, contar con una gran facultad de análisis y de adivinacion, para hacer concienzudamente el retrato de OLÓZAGA.

A mí me faltan las noticias que pudiera deber á antiguas relaciones con él; no solo son modernas las que con el Sr. OLÓZAGA me unen hoy, sino que por efecto de circunstancias que el tiempo y los hombres se han encargado de rectificar, ha habido un período, el de mi primera juventud, en que yo, que no he tenido más que una creencia política desde que empecé á pensar, he sido sin embargo adversario, - insignificante sin duda, pero ardiente como jóven,-de quien es modelo de firmeza en mi misma creencia. La primera vez que yo hablé con el Sr. OLózaga fué

que escribo

á principios de 1854, en comision de la prensa coaligada; la distinguida amistad con que me honra, no data más allá del invierno de 1857, en que, con motivo del comité electoral, cesó el alejamiento que, por una estraña singularidad, colocaba al SR. OLÓZAGA en el pequeño número de hombres politicos con quienes yo no he tenido alguna relacion. Estas circunstancias que bajo cierto punto de vista pueden ser ventajosas para mi trabajo, me quitan muchos medios de salir airoso de una biografía, en que el interés de la parte política privada é inédita, no cede á la parte que se considera pública y de todo el mundo conocida.

Me faltan, pues, esos datos y esos detalles, que no se atesoran sino al calor de una amistad de muchos años, y que son sin embargo necesarios para presentar, pincelada á pincelada, un carácter y una fisonomía; no tengo más que recuerdos sueltos de interesantísimas narraciones sobre fragmentos de su vida, con que OLÓZAGA ha tenido la amabilidad de responder á mis preguntas, haciendo cortos algunos largos paseos bajo las frondosas acảcias del Retiro, y reduciendo à minutos con su sabroso decir algunas horas de interrumpidas conversaciones, consideradas como reposo entre sus contínuas tareas.

Un elegante escritor ha manifestado la pretension de que nadie conoce á OLÓZAGA como él, y ha empeñado formalmente la palabra de escribir su vida: con decir que ese trabajo se titulara: La vida de mi hermano, y que ese escritor se llama D. José de Olózaga, está demostrado lo legítimo de aquella pretension, que corre parejas con mi probada incompetencia en el asunto: él como nadie podrá en efecto contar la vida de su hermano; á él queda, y no puede menos de quedar, la parte intima de sucesos importantes; pero si su manuscrito no ha de aparecer hasta despues de su muerte, yo deseo que el público se contente por muchos años con el ensayo que voy á hacer, de una biografía que llene los vacíos en que tropiece, con la propaganda de la doctrina que representa OLÓZAGA.

Para examinar uno de los períodos que se enlazan con la historia de nuestros dias, lo más interesante de aquel en que yo comenzaba a escribir, dedicando mis primeras cuartillas á combatir á OLÓZAGA, para eso las dificultades son inmensas, y ante ellas casi me veré obligado á ceder; no por el principio general de que la historia no puede ser escrita por los contemporáneos; no porque aquel período importantísimo se presente oscuro aún; sino porque todavía es forzoso que la apreciacion del que le juzgue, por más que busque un punto de vista muy elevado, sea interlineal con los documentos de oficio: porque sobre la ley literaria que hace de mala condicion al historiador de sucesos recientes; que rechaza a los testigos y admite el testimonio de los que no vieron los acontecimientos; que recusa al que aprecia de cerca las cosas, los partidos y los hombres, y admite al que, andando los años, busca ansioso como único dato posible para fallar en definitiva sobre los hombres, los partidos y las cosas, esos mismos testigos rechazados, esos mismos jueces recusados; sobre esa ley literaria hay otra ley más imperiosa que la de la crítica: una hoja de varios filos, fina y, delgada, suspendida tan solo por el sentido comun del que manda, sobre la frente del escritor, para que, si al cerrar este periodo, por ejemplo, dirije la vista al techo, suelte la pluma ó aleje el pensamiento con que iba a terminar esta larga carta.

El penúltimo párrafo de la de Vds. es el complemento de tantas dificultades como entreveo al empezar mi estudio: yo reconozco la urjencia de él ; pero la ilustracion de Vds. reconoce tambien lo que ha de pesar sobre mi ánimo la premura de tiempo que, correspondiendo á sus deseos, me señalo al final del adjunto oficio.

Pido tres meses,

dia por dia , en la peor estacion de trabajo, enteramente aislado en un valle, donde no tengo persona alguna de quien tomar un consejo, ni más libros que consultar que los que me acompañan en mi gabinete, para concluir la tarea; y á fin de no ser un obstáculo á la patriótica demostracion de que Vds. están encargados, todavía me propongo irles remitiendo original dentro de ese plazo, á medida que vaya escribiendo los capítulos.

En cambio, cuento con la indulgencia de Vds., de que ya empiezo á abusar en esta carta, para que, hecha esa indicacion de las principales dificultades que entreveo, acojan con la benevolencia de que acaban de darme las mayores pruebas, un libro que en noventa dias debe echar una ojeada por la larga batalla de nuestra revolucion, pasando revista a las instituciones, las creencias y las vicisitudes de medio siglo, evocando la fé liberal de nuestros padres, pintando las grandes emociones de una existencia llena de acontecimientos, y dando cuerpo a las altas profecias de la presente época.

Yo tambien aprovecho muy gustoso esta ocasion de ofrecer á Vds. un testimonio de la distinguida estimacion con que desde ahora respondo á la que se sirven demostrarme, y para asegurarles que, retirado entre estas montañas ó alejado de ellas, siempre tendrá el mayor deseo de complacerles su afectísimo S. S. Q. B. S. M. — Ángel Fernandez de los Rios.

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