Diálogos literarios: retórica y poética

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Librería de J. y A. Bastinos, 1882 - 661 páginas
 

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Pasajes populares

Página 638 - ¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro! Pues ya no eres esquiva, acaba ya si quieres, rompe la tela de este dulce encuentro.
Página 608 - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 545 - Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas (quiero, amiga, que me diga) ¿son de alguna utilidad? Yo me afano; mas no en vano. Sé mi oficio, y en servicio de mi dueño, tengo empeño de lucir mi habilidad.
Página 614 - Este despedazado anfiteatro, impío honor de los dioses, cuya afrenta publica el amarillo jaramago, ya reducido a trágico teatro, ¡oh fábula del tiempo!, representa cuánta fue su grandeza y es su estrago, ¿Cómo en el cerco vago de su desierta arena el gran pueblo no suena?
Página 634 - Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.
Página 510 - ... él, con canto acordado al rumor que sonaba del agua que pasaba, se quejaba tan dulce y blandamente como si no estuviera de allí ausente la que de su dolor culpa tenía...
Página 639 - ¡oh dichosa ventura!, a escuras y en celada, estando ya mi casa sosegada; en la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.
Página 498 - ... el suelo de pasada de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo. El aire el huerto orea, y ofrece mil olores al sentido, los árboles menea con -un manso ruido que del oro y del cetro pone olvido. Ténganse su tesoro los que de un flaco leño se confían : no es mío ver el lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían.
Página 614 - Césares murieron, Y aun las piedras que de ellos se escribieron. Fabio, si tú no lloras, pon atenta La vista en luengas calles destruidas; Mira mármoles y arcos destrozados, Mira estatuas soberbias que violenta Némesis derribó, yacer tendidas, Y ya en alto silencio sepultados Sus dueños celebrados.
Página 378 - No hay camino que no yerre, Ni juego donde no pierda, Ni amigo que no me engañe, Ni enemigo que no tenga. Agua me falta en el mar Y la hallo en las tabernas, Que mis contentos y el vino Son aguados donde quiera.

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