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HISTORIA GENERAL

DE ESPANA

DESDE LOS TIEMPOS PRIMITIVOS HASTA LA MUERTE DE FERNANDO VII

POR

DON MODESTO LAFUENTE

CONTINUADA DESDE DICHA ÉPOCA HASTA NUESTROS DÍAS POR

DON JUAN VALERA

CON LA COLABORACIÓN DE D, ANDRÉS BORREGO Y D. ANTONIO PIRALA

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MONTANER Y SIMÓN, EDITORES
CALLE PIE VARADON NUMS. 309-311

-1889

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Jackson Square Branch:
251 WES. 13TH STREET

Library,

CIRCULATING OP 221;

PUBLIC LIBRARY 599949. ASTOR, LENOX AND

TILDEN FOUNDATION8.
R

1913

ES PROPIEDAD DE LOS EDITORES

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SITUACIÓN MATERIAL Y POLÍTICA DE ESPAÑA, DESDE LA UNIÓN DE ARAGÓN Y CATALUÑA

HASTA EL REINADO DE SAN FERNANDO.De 1137 á 1217

I. Juicio crítico sobre los sucesos de este período. - Consecuencias y males de haberse

segregado Navarra de Aragón. - Reflexiones sobre la emancipación de Portugal.Comparaciones entre los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII. - Entre los Alfonsos VII y VIII de Castilla. – Juicio de Fernando II de León.-Id. de Alfonso el Noble. - Sobre la batalla de las Navas. – II. Reseña crítica de los reinados de Ramón Berenguer IV, Alfonso II y Pedro II de Aragón. - Paralelo entre doña Petronila de Aragón y doña Berenguela de Castilla. - III. Órdenes militares de caballería.Templarios y hospitalarios de San Juan de Jerusalén, en Cataluña, Aragón, Castilla, León, Portugal y Navarra. – Órdenes militares españolas: Santiago, Calatrava, Alcántara: su instituto, su carácter, sus progresos, sus servicios. - Influencia de la autoridad pontificia en España: su intervención en los matrimonios de los reyes: censuras eclesiásticas. - IV. Progresos de la legislación en Castilla. - Fueros: el de Nájera: Fuero de los Hijosdalgo: el de Cuenca : los de señoríos. - Cortes: las que se celebraron en este tiempo: cuándo comenzó á concurrir á ellas el estado llano.V. Legislación de Aragón. - Reforma que sufrió en tiempo de don Pedro II: docu. mento notable. – Ricos-hombres, caballeros, estado llano. - El Justicia. - Sobre el juramento de los reyes. - Comparación entre Aragón y Castilla. – VI. Estado de la literatura. - Historias. - Otras ciencias. – Primera universidad. – Nacimiento de la poesía castellana. - Poema del Cid. - Gonzalo de Berceo. - Cómo se fué formando el habla castellana. – Primeros documentos públicos en romance.-Causas que produjeron el cambio de idioma.

I Parece un drama interminable el de la unidad española. La reconquista, aunque lenta y laboriosa, avanza sin embargo más que la unión. No se cansan los españoles de pelear contra los enemigos de su libertad y de su fe: se cansan pronto de mirarse como hermanos. No los fatiga una guerra perpetua; los fatiga subordinarse entre sí. El genio altivo, independiente y un tanto soberbio heredado de sus mayores, los hace infatigables para la resistencia á las agresiones y dominaciones extrañas, los hace indóciles, sordos á la conveniencia de la disciplina, de la concordia y de la fraternidad. Por eso los ilustres príncipes que al cabo de siglos lograron hacer de tantos pueblos españoles un solo pueblo español, gozarán de eterna fama y renombre, y antes faltará la España que falten alabanzas á los autores de tan grande obra.

Cuando nos congratulábamos por el feliz acontecimiento de la unión de Aragón con Cataluña, paso importante dado hacia la unidad y en que mostraron aragoneses y catalanes una cordura que encomiaremos siempre, nos apenaba ver emanciparse de nuevo la Navarra y desmembrársenos el Portugal, dos manzanas nuevamente arrojadas en el campo de las rivalidades y de las discordias, y dos nuevos embarazos para la grande obra de la nacionalidad. No negamos á Navarra el derecho que tenía á darse un rey propio; que reyes propios y muy ilustres había tenido, y fué uno de los países en que se enarboló primero y con más arrogancia la bandera de independencia en días de tribulación. Tampoco negaremos al animoso García Ramírez la justicia con que se le aplicó el título de Restaurador de aquel reino, ni el valor y la intrepidez con que supo sostenerle contra tantos y tan rudos embates como sufriera. Glorias son estas locales y personales, en que Navarra ganaba y España perdía. Una cosa dictaba el derecho, y otra reclamaba la conveniencia general. Precisamente se segregó de la corona aragonesa aquel reino al que tanto debió en los primeros siglos la causa de la independencia y del cristianismo, cuando parecía haber concluído su misión, cuando ya no tenía fronteras musulmanas que combatir, y sólo sirvió la emancipación de Navarra bajo los reinados de García y de los dos Sanchos sus sucesores, para embarazar la marcha del imperio que en Castilla acababa de formarse, para excitar la codicia de castellanos y aragoneses, para mutuas invasiones y usurpaciones, para guerras interminables entre príncipes vecinos, para tratados escandalosos de partición, para pleitos y litigios entre monarcas españoles que se sometían á la sentencia arbitral de un monarca extranjero, para gastar en querellas de ambición las fuerzas que unos y otros hubieran debido emplear contra el común enemigo, para que los Almohades se fueran apoderando de las bellas provincias del Mediodía, mientras los reyes de Castilla, Aragóny Navarra se disputaban entre sí unos pedazos de territorio.

Más de siete siglos han trascurrido, y todavía no podemos dejar de lamentar la segregación de Portugal de la corona leonesa. La ambición y el espíritu de localidad separaron é hicieron enemigos á dos pueblos que la geografía había unido y la historia había hecho hermanos. Alfonso Enríquez, á falta de derechos para formar un reino independiente de lo que era un distrito de la monarquía leonesa-castellana, tuvo en su favor un elemento que suele ser más poderoso que el derecho mismo, el espíritu de independencia del pueblo portugués; y prosiguiendo con tesón, con energía y con intrepidez la obra comenzada por sus padres, el hijo de un conde extranjero y de una princesa bastarda de Castilla fué subiendo paso á paso de conde dependiente á conde soberano, de conde soberano á rey feudatario, y de rey feudatario á monarca independiente, de hecho por lo menos y tolerado después y consentido, ya que autorizado no, por el monarca de Castilla. Aunque no podemos nunca reconocer ni en el hijo de Enrique de Borgoña ni en los portugueses el derecho a la emancipación, confesamos que Alfonso Enríquez merecía por sus altas prendas ser el primer rey de Portugal, y que los hidalgos y guerreros portugueses se condujeron en su guerra de independencia con el denuedo y constancia de un pueblo que merecía ser libre. Era su príncipe el más á propósito

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