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la miseria, gana terreno y envuelve á nuevas familias en los horrores de la incertidumbre, á proporcion que se perfeceiona la mecánica y que el portentoso invento de las máquinas, uno de los signos de la redencion humana, hace inútil el esfuerzo material de millares de obreros, á quienes ante necesitaba y alimentaba la industria con sus cuantiosos productos, y ahora arroja á las garras de la desesperacion y del hambre mientras no encuentran, como al fin encontrarán, útil y nueva aplicacion á su trabajo. El pueblo trabaja y paga todos los servicios públicos; contribuye en primer término á producir todas las riquezas; sostiene á los ricos; defiende al país en el interior y el exterior, y ni el derecho al trabajo, ó sea el de asociacion que ha de emanciparlo de la tiranía del capital, se le reconoce, reduciendo sus medios de subsistencia y prosperidad a la dura condicion del salario. Háse generalizado el error de que seria contrario á la libertad imponerle la instruccion, que le haria atractivo el trabajo, como un deber en relacion con su derecho, y esta preocupacion aumenta su desventura.

En el centro de la civilizacion, en frente del lujo y de la voluptuosa opulencia nacen infinitos sérei, hermanos nuestros; viven millones de familias que no tienen el preciso alimento, Chateaubriand tambienlo ha dicho que no visten como nosotros, cubriendo apenas sus carnes con andrajos; que no hablan nuestro idioma, usando un lenguaje grosero; que habitan en los campos, en las aldeas y las bohardillas de las capitales, sin ninguna condicion higiénica; que fecundan la tierra, siendo el alma de la agricultura; entretienen la industria; ejercen el pequeño comercio; llenan las filas del ejército, y mueren luego de hambre en las calles y en los hospitales, 6 expiando en las cárceles y presidios la perversion fatal de su inteligencia, sin dejar más patrimonio á su descendencia que la mendicidad, el egoismo brutal del crímen, el ódio á sus semejantes y la mano del verdugo. ¿Qué beneficio, pues, ha reportado el pueblo de las revoluciones anteriores, que con su buen juicio llama pronunciamientos? La amargura de haber derramado su sangre bendita para el engrandecimiento de los altos y altaneros barones de la Bolsa del Parlamento. De esta manera se trata de combatir á la Internacional, que acecha a la civilizacion

para

destruirla.

En presencia de tan espantoso contraste de accion y de reaç

. cion, de fuerza é inercia que embaraza el movimiento de la civilizacion y dificulta la regularidad del progreso, se ha desarrollado en el siglo presente y adquirido formidable cuerpo, como partido político, una escuela iniciada por Platon en el siglo de oro de la Grecia, que ha vegetado largo tiempo envuelta misteriosamente en la larva de la filosofía y la economía política, y que saliendo del estado de crisálida á impulso del ardiente amor que Owen, Saint-Simon y Fourier sintieron hácia la humanidad, se ha estendido con prodigiosa rapidez por el mundo de la inteligencia con el nombre de socialista. Por más que la pasion, el encono, la supersticion y la ira de empíricos filósofos, políticos y teólogos, haya pretendido calumniar á esta escuela, sin penetrar concienzudamente la necesidad de su aparicion en estos supremos momentos de la historia, confundiendo a todas sus sectas con el anatema que la razon fulmina contra la comunista, injus. ticia

que procede de no haber estudiado con severa imparcialidad ni sus principios ni la lógica de las proposiciones que somete al exámen de la ciencia, es preciso reconocer que ella ha prestado un gran servicio á la causa del órden futuro; que ha descubierto los misterios del génesis, y que puede atribuirse la gloria de haber ceñalado á la generacion contemporánea el método dialécti80 para fijar y determinar bien el progreso.

Prescindiendo del absurdo económico, y hasta social y religioso, en que incurren los comunistas, exagerando y desvirtuando el principio de la igualdad que esa secta supone absoluta, y solamente puede ser relativa, así como en la naturaleza todo es homogéneo, todo es análogo, pero múltiple, distinto, vário, con diversas facultades y atracciones, segun la funcion que á cada sér corresponde en la universal armonía; haciendo gracia de sus sistemas, irrealizables en el actual período de la civilizacion, á los grandes pensadores de esa escuela humanitaria, cuyo extravío consiste en sustituir el despotismo de la forma social en que vivimos, con otra quizá no tan arbitraria, pero que trastornaria por completo, sin preparacion suficiente ni medida equitatiYa, las relaciones individuales y colectivas, perjudicando la produccion, degradando los valores, arruinando á los propietarios de hoy sin enriquecer al Estado, que no podria soportar la enor

me carga de organizar en un instante el órden nuevo, lo cual daría motivo á violencias sin cuento; fijándonos, en suma, únicamente en el sentimiento que preside al trabajo de la nueva escuela filosófico-económico-socialista, debemos justificar no sólo su propósito, que es noble y filantrópico en grado superlativo, sino tambien las deducciones críticas que presenta como datos para la solucion del aterrador problema de nuestro tiempo.

El socialismo representa la aspiracion constante, unánime, espontánea, que desde el momento mismo en que el hombre tuvo conciencia de la superioridad y perfectibilidad de su sér, anima á todos los pensadores é impele a todas las generaciones en busca de un bienestar que corresponda al ideal de su mente. Fundan los socialistas la concepcion de su doctrina en el prolijo análisis de la naturaleza, inquiriendo la razon de sér del derecho en la ley de unidad que preside a todas las manifestaciones, de la vida universal, y que se revela así en la hora suprema del génesis, que á la ciencia le sido contemplar con la vista del espíritu, como en el desarrollo que ha ido adquiriendo la humanidad conforme ha cultivado su inteligencia y sorprendido los misterios de la creacion. El hombre es el primer eslabon de la mística cadena que une á la humanidad con Dios y con la naturaleza; es la obra más perfecta en la tierra de la creacion, el resúmen, la síntesis de todas las que le precedieron, la más. alta expresion de la infinita sabiduría, el ser que más vive, porque vive en la comunion de Dios y de su especie por el alma, que es un reflejo de la divina, cuyo verbo le ha sido dado para traducir su pensamiento, y en el armónico organismo de su vida se confunde la de otros seres.

El hombre es el sacerdote y la imágen de Dios, el último térinino en el planeta de la inteligencia suprema, de la que ha recibido en prueba de alianza el poder de combinar nuevas creaciones e imprimir variadas y hermosas formas á la materia. En su sagrado cuerpo se reunen el mineral y el vejetal, significando. el concierto de todas las fuerzas de la naturaleza, y en su portentosa organizacion se retratan y reproducen todas las faculta des del espíritu infinito, que le dió vida para cumplir un fin determinado, preconcebido, ineluctabile fatum de su destino: la sensibilidad, la simpatía ó el amor, la razon 6 la conciencia, la

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memoria, la voluntad, la palabra, por cuyo medio traduce en sonidos y fórmulas precisas las ideas y sensaciones de su sentimiento, que no pertenecen al hombre sólo, sino a toda la humanidad, con la que experimenta imperiosa necesidad de comunicarse, mostrando así la irresistible atraccion que sirve de base á la solidaridad de la especie. El bombre siente, quiere, conoce, piensa, obra y ama,

obedeciendo á la doble accion que se desarrolla en su naturaleza, y que le impele á ejercitar sus fuerzas para procurarse los medios de satisfacer sus necesidades materiales y morales, lo que equivale en el orden de ideas positivas y reales al doble sentimiento del derecho y del deber en su más puro orígen.

Tal es la teoría fundamental del socialismo, y en tal concepto fuera injusto desconocer la importante mision que desempeña en el siglo xix dando forma, siquiera parezca á muchos utópica, á las aspiraciones que han agitado y agitan á los pensadores como á la humanidad en la vaga esperanza que alienta de mejorar su condicion desgraciada. Se concibe que sea, en efecto, una utopia el pensamiento de organizar, con sujecion á un sistema reglamentario y fijo, todas las funciones del trabajo y de la produccion, asigpando al hombre movimientos periódicos, como los de un reloj, y limitando su libertad á una regla de proporcion aritmética.

Es igualmente arbitrario el propósito de encomendar al Estado, ya sea al Gobierno, ya á la administracion, la direccion de los trabajos y el cargo de presidir á la distribucion y cambio de los productos. Pero si bajo estos puntos de vista, y refiriéndonos á las escuelas que pretenden establecer el sistema de la asociacion universal en el inflexible nivel de la organizacion del trabajo, son inadmisibles y con razon condenadas las conclusiones de los socialistas contemporáneos, comunistas ó falansterianos, no se puede negar que el trabajo crítico de esa filosofía austera, eminentemente religiosa y cristiana, ha despejado la in-' cógnita de los males sociales; ha conciliado los dogmas del Evangelio con las leyes de la naturaleza; ha puesto de manifiesto las felices disposiciones del hombre para realizar los fines de su creacion, que son la produccion y el progreso, y ha demostrado, último, hasta la evidencia, que no hay derecho superior posible

por

al

que la humanidad ejercita, marchando sin cejar á su perfectibilidad, porque de esa manera cumple el deber de su existencia.

Tambien observaremos oportunamente que á la sublime concepcion de Cárlo3 Fourier se debe el mayor de los adelantos modernos, la clave positivamente del progreso futuro con todas las condiciones de la armonía. La teoría de la asociacion que su génio ha explicado por la atraccion pasional del indivíduo, y la combinacion por él propuesta de los tres elementos ó agentes que concurren á la produccion de toda riqueza, no forzosa, sino libre, espontánea, atractiva, y por tanto necesaria, basta para honrar á todo este glorioso siglo xix, que ha inspirado al grad continuador de Newton la ley acaso de los destinos reservados á nuestra especie.

Todas las generaciones han engendrado en el misterioso consorcio con el divino espíritu que las fecundaba grandes iniciadores de la verdad sacrosanta, envuelta anteriormente en las tinieblas

que

rodearon á la humanidad en su infancia, y raro es el siglo que no ha producido utopistas, segun han apellidado siempre los satisfechos y los profanadores del dogma de la redencion, los sacerdotes de la religioa del egoismo, á los profetas y precursores del progreso.

Tocábale al siglo xix, heredero y verbo de todos los dolores del pasado, y en el dintel de una edad genesiaca, marcar el término del período de adolescencia á que ha llegado nuestra especie, dándole la última enseñanza de sus derechos y deberes para que pueda vestir la toga viril en lo sucesivo y entrar en el pleno goce de sus facultades. Los utopistas han sido, pues, los maestros de nuestra edad; ellos han definido el derecho

por

el deber; han referido la atraccion á las necesidades, demostrando que es una ley eterna en el orden moral, como lo es en el físico; han conciliado á la religion con la naturaleza, y han hecho comprender que en la aspiracion á la felicidad se encuentra admirablemente resumida y compendiada la ley integral del destino humano.

Dotada en adelante la ciencia social de un criterio fijo; poseedora en definitiva de la exacta nocion del derecho; armada con la conviccion de la unidad y solidaridad de la especie hu

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