Romancero y cancionero sagrados

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M. Rivadeneyra, 1872 - 568 páginas
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Pasajes populares

Página 296 - ¡Oh cristalina fuente, si en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados, que tengo en mis entrañas dibujados!
Página 256 - Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando...
Página 256 - Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir: •' allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos, allegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos.
Página 257 - Ved de cuan poco valor son las cosas tras que andamos y corremos; que en este mundo traidor aun primero que muramos las perdemos.
Página 296 - A las aves ligeras, leones, ciervos, gamos saltadores. montes, valles, riberas, aguas, aires, ardores, y miedos de las noches veladores. Por las amenas liras y cantos de Sirenas os conjuro que cesen vuestras iras, y no toquéis al muro, porque la Esposa duerma más seguro.
Página 334 - Sólo con la confianza Vivo de que he de morir; Porque muriendo, el vivir Me asegura mi esperanza: Muerte do el vivir se alcanza, No te tardes, que te espero, Que muero porque no muero.
Página 296 - El aspirar del aire, el canto de la dulce filomena, el soto y su donaire, en la noche serena, con llama que consume y no da pena.
Página 296 - Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos. La noche sosegada en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena, que recrea y enamora.
Página 43 - Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
Página 295 - Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.

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