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In Southeast Asia, for example, Dobby estimates that it accounts for one third of the total land area used for agricultural purposes (1954: 349). And in some regions, it has been estimated that the practice of this form of agriculture is more common at present than it was a century ago (Leach 1959: 64).

Despite the apparently widespread character of this type of land use, the associated critical limits and significant relations of time, space, technique, and local ecology have rarely been stated explicitly; the varying methods and consequences of shifting cultivation-for man, plants, and soils--are only beginning to be understood.

Council for Research in the Social Sciences. Many individuals have provided helpful criticism and suggestions at various stages. Those to whom I am particularly grateful for specific comments include Richard N. Adams, Edgar Anderson, the late H. H. Bartlett, Robert L. Carneiro, Francis P. Conant, Ursula M. Cowgill, Charles O. Frake, J. D. Freeman, Robert F. Heizer, the late Felix M. Keesing, Frederic K, Lehman, Barbara Lugie, Karl J. Pelzer, Hugh Popenoe, Joseph E. Spencer, William C. Sturtevant, Andrew P. Vayda, Charles Wagley, Philip L. Wagner, and R. F. Watters. Numerous additions to my original bibliography were provided by many of those just mentioned, as well as by Nancy Bowers, Leonard J. Brass, H, C. Brookfield, Clark E. Cunningham, Hugh Cutler, H. Th. Fischer, Michael J. Harner, R. B. Lane, Donald W. Lathrap, Anthony Leeds, Paul Leser, John F. Ludeman, D. J. Ma ltha, F. A. McClure, J.R. McEwan, Betty J. Meggers, Rhoads Murphey, John K. Musgrave, D. T. Myren, Jock Netzorg, Angel Palerm, Jesse P. Perry, Jr., L. G. Romell, John H. Rowe, Axel Steensberg, P. Voorhoeve, James B. Watson, Karl A. Wittfogel, and Richard B. Woodbury. Maria de Azevedo Brandão, Jacques Bordaz, Howard P. Linton, and Annemarie de Waal Malefijt have provided special bibliographical assistance, Nancy Bowers compiled most of the Subject Index, For help in preparing the manuscript for the original and revised version of this paper, and in the checking of references, I am deeply indebted to Jean M. Conklin, Joan Gordon, and Robert Harrison. Especially helpful at various stages in preparing this version were the advice and assistance of Michiko Takaki and William C. Sturtevant.

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recién se están comenzando a comprender los métodos y las consecuencias de índole diversa del cultivo de roza mudables, tanto en lo que atañe al hombre, como a las plantas y a los suelos. La forma particular que puede presentar en una región geográfica o cultural determinada un sistema de agricultura de roza depende de la superficie, de la mano de obra y del capital disponibles; los tipos de poblamiento; del grado de integración social y política con otros segmentos de la sociedad en general. Asimismo, de un gran número de variables más específicamente agronómicas como por ejemplo, las principales clases de cultivos que se producen (cereales, tubérculos, etc.), clases de asociaciones y sucesiones de cultivos, relación de tiempo entre los períodos de cultivo y de barbecho, dispersión de las plantaciones, presencia de ganado, empleo de herramientas y técnicas determinadas incluyendo métodos especiales de tratamiento de los suelos, cubierta vegetal de las tierras despejadas, clima, condiciones del suelo y topografía (Conklin 1957b: 2).

Aparte de nuestra caracterización mínima de la agricultura por el sistema de roza, resulta difícil enumerar los elementos asociados universalmente con este tipo de economía. Los suelos sometidos a este sistema pueden o no ser labrados con azadas y otras herramientas de hoja cortante; lo cultivado puede o no ser alambrado; los agricultores pueden habitar en viviendas aisladas y muy provisorias o pueden vivir en poblados sedentarios, etc. En zonas en que los campos se despejan de pastos y montes bajos, pueden observarse exclusivamente técnicas de despeje por azada y quema (de Schlippe 1955c: 119) más bien que de corte y quema. La vegetación no deseada por lo general se quema después que se corta, pero en la selva continuamente inundada del Chocó colombiano, los cultivos de despeje y cubierta protectora de una variedad especial de maíz, excluyen el uso de fuego (West 1957). Por otra parte, se ha informado que en Mentawei, otra región tropical de precipitación pluvial intensa bien distribuida, existen prácticas similares asociadas con el sistema de cultivo de la colocasia (taro) (Maass 1902: 150). En general, la gama de variación, aun en cuestiones tales como duración mínima del periodo de barbecho, es más amplia en las regiones tropicales en que prevalecen condiciones de precipitación y humedad poco comunes. Por ejemplo, en el altiplano de Uganda, con escasa precipitación pluvial y en el que prevalecen las superficies

The specific form that a system of swidden agriculture may exhibit within a given geographical or cultural province depends on the extent of available land, labor, and capital; the local settlement pattern; the degree of social and political integration with other segments of the larger society; and on a large number of more specifically agronomic variables, such as the kinds of principal crops raised (grains, root crops, etc.), types of crop associations and successions, crop-fallow time ratios, the dispersal of swiddens, the presence of livestock, the use of specified tools and techniques including special methods of soil treatment, the vegetational cover of land cleared, climate, soil conditions, and topography (Conklin 1957b: 2).

Apart from our minimal characterization of shifting-field agriculture, it is difficult to give a list of elements universally associated with this type of economy. Swidden soil may or may not be worked with hoes and other bladed implements; swiddens may or may not be fenced; swidden farmers may live in isolated and very tempporary dwellings or in sedentary villages; etc. In areas where light scrub and grass land are cleared, exclusively hoe-and-burn (de Schlippe 1955c: 119), rather than slash-and-burn, clearing techniques may be observed. Unwanted vegetation is usually burned off after it has been cut, but in the continua lly drenched jungle of the Colombian Chocó, the slash-mulch cultivation of a special variety of maize excludes the use of fire (West 1957). And on Mentawei, in another tropical area of well-distributed, heavy rainfall, a similar practice associated with taro cultivation has been reported (Maass 1902: 150). In general, the range of variation, even in such matters as the minimum duration of fallows, is expanded in those parts of the tropics where unusual conditions of precipitation and moisture prevail. In the low-rainfall, grass-fallow swidden and grazing area of upland Uganda, for example, there is often little difference in the length of the cropping periods and of the time intervals between them (Tothill 1940: 42-46). The fact of great variability from one system of shifting cultivation to another is well documented, although its significance has not yet been fully established.

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de pastiza les en barbecho y los suelos sometidos al sistema de roza, con frecuencia hay muy poca diferencia de tiempo entre la duración de los períodos de cultivo y los de descanso (Tothill 1940: 42-46). Está muy bien documentado el hecho de que existen muchas diferencias entre un sistema de cultivo de roza y otros, si bien aún no se estableció enteramente cuáles son esas diferencias.

Teniendo en cuenta estos factores, resulta evidente que el estudio y el análisis de las complejas relaciones del cultivo de roza pueden beneficiarse enormemente si se los enfoca desde un punto de vista etnográfico y ecológico combinado. Este criterio fue puesto de relieve por geógrafos culturales en estudios publicados recientemente (Pelzer 1958a; Simoons 1958; Watters 1960a) y en cuanto a diversos problemas específicos, lo mismo fue subrayado por algunos antropólogos (p. e. Conklin 1959a; Leach 1959; Scott 1958). Anderson (1952: 84), Bates (1952: 271-277), Tempany y Grist (1958) y otros pusieron de relieve la complejidad especial de la agricultura en ambientes tropica les, como asimismo los peligros latentes del etnocentrismo de las zonas templadas. Pelzer (1945, 1958a) delineó y revisó una introducción importante a las posibilidades y limitaciones generales del sistema de roza y estos factores fueron descritos más específicamente para regiones determinadas por autores tales como van Beuker ing (1947) para Indonesia, Kolb (1942: 105-140) para Malaya Septentrional y de Schlippe (1955c) para Africa Central. En la evaluación de estos sistemas, Leach (1949, 1959) destacó la importancia que reviste calcular el rendimiento total por unidad de trabajo y expresar las ventajas económicas en términos de capital y otros recursos disponibles. Los problemas generales de demografía, quema, suelos y cultivos fueron considerados, respectivamente, por Gourou (1956: 336-349), Bartlett (1956: 692-720), Pendleton (1954) y Masefield (1951).

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La práctica muy difundida, pero frecuentemente ignorada, de siembras mixtas, fue documentada por Anderson (1953: 84), Conklin (1957b: 73-86), Merrill (1909: 179-180), Segawa (1953), Skutch (1959) y R.C. Wood (1934). Las exigencias principales para el análisis de los cambios ecológicos relacionados con el cultivo de roza fueron estudiados respecto de: vegetación climax y de vegetación secundaria (Richards 1952; Symington 1933), a cultivos especificos y sucesión de cultivos (Burkill 1935; Grist 1955); a suelos tropicales (Nye y Greenland 1960;

With these factors in mind, it is evident that the study and analysis of the complex relations in shifting cultivation can profit greatly from a combined ethnographic and ecological approach. In recently published surveys, cultural geographers have strongly emphasized this view (Pelzer 1958a; Simoons 1958; Watters 1960a); and, with respect to a number of specific problems, the same point has been underscored anthropologically (e. g., Conklin 1959a; Leach 1959; Scott 1958). The special complexities of agriculture

in tropical environments and the pitfalls of temperate zone ethnocentrism have been pointed out by Anderson (1952: 84), Bates (1952: 271-272), Tempany and Grist (1958), and others. An important introduction to the general potentialities and limitations of swidden farming has been outlined and revised by Pelzer (1945, 1958a), and these factors have been delineated more specifically for particular regions by such writers as van Beukering (1947) for Indonesia, Kolb (1942: 105-140) for northern Malaysia, and de Schlippe (1955c) for central Africa. In assessing these systems, Leach (1949, 1959) has stressed the importance of estimating total yield per unit of labor, and of expressing economic advantage in terms of available capital and other resources, General problems of demography, burning, soils, and crops have been discussed by Gourou (1956: 336-349), Bartlett (1956: 692-720), Pendleton (1954), and Masefield (1951) respectively. The frequently ignored but widespread practice of extensive intercropping has been documented by Anderson (1953: 84), Conklin (1957b: 73-86), Merrill (1909: 179-180), Segawa (1953), Skutch (1959), and R.C. Wood (1934). Major requirements for the study of ecological changes related to shifting cultivation have been discussed with respect to climax forest and second-growth vegetation (Richards 1952; Symington 1933), specific crops and crop successions (Burkill 1935; Grist 1955), tropical soils (Nye and Greenland 1960; Popenoe 1959; Trapnell 1953), and critical carrying capacities (Allan 1949; Carneiro 1960; Conklin 1959b; van Klaveren 1953).

This sampling of the literature indicates a cumulative awareness of some of the more interesting problems, but relatively few of these have yet been dealt with thoroughly by ecologically oriented field investigators working in an ethnographic context. Among the

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