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SUMARIO.-Vaguedad de los primeros tiempos de nuestra Historia.–Primer movimiento nacional

histórico.-Reflejos de nuestra existencia regional en otras civilizaciones primitivas conoci. das.- Noticias sacadas de Geografos é historiadores Griegos y Romanos especialmente de Estrabón.- Perfiles característicos de las varias nacionalidades Hispanas. – Turdetanos.-Lusitanos, Galaicos, Astures, Cántabros y Vascones, La Celtiberia.- Rasgos típicos de algunas mujeres Hispanas.-Estudios de reconstrucción de nuestra historia primitiva.- Trascendencia, - Retrato del pueblo Basco por el P. Fita.- Resumen de la organización celtibérica según el estudio de D. Joaquín Costa.-Reflexiones sobre estos estudios,– Determinación según los estudios modernos de nuestras antiguas nacionalidades.

ÉPOCA ANTE ROMANA

No es esta la vez primera que tratamos de hacer notar que la diversidad regional es característica de nuestra España, y al hacerlo, nos ha movido constantemente el propósito de contrarestar en la medida de nuestras escasas fuerzas la acción y la finalidad de las leyes uniformistas, dictadas por los que desatienden injustamente nuestra naturaleza social, y neutralizan con ellas los resortes de nuestra actividad y de nuestro poderío. Los autores de dichas leyes como que hallan en su sistema las fuentes de su medro personal, rehusan ver los espectáculos esplendentes é irrefragables de la naturaleza social que atropellan, sin que los sonidos diversos de protesta que desdeñan, les lleve hasta ahora á mejor acuerdo.

Conviene oponer á sus inexactitudes, desdenes y silencio la realidad de los hechos acreditada por las voces que repiten por siglos las gentes que ocupan desde los tiempos prehistóricos las regiones espa

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ñolas. Hemos de demostrar que realmente existe el lazo genealógico entre las actuales gentes y algunas de las primitivas; hemos de acreditar que el curso de las várias generaciones españolas primitivas no se ha interrumpido por completo; hemos de desvanecer el error de atribuir a las Saguntinos y á los Numantinos la carencia de pátria, como afirmó un señor Académico de ciencias Morales y Políticas de la Córte; hemos de recordar que nuestra pátria comienza con mucha anterioridad al Fuero Juzgo, libro que a pesar de haberse extendido sobre várias de las entidades sociales subsistentes en la época en que fué redactándose, ni las asimiló, ni se propuso tan siquiera uniformar la misma clase goda, que lo iba gradualmente dictando, ni fué formado de una sola pieza como algunos imaginan.

Para ello no pediremos en estos momentos á la Historia que nos transporte paso a paso desde las generaciones actuales hasta sus primeros orígenes conocidos, sinó que bastará á nuestro intento que nos transporte de cumbre en cumbre desdoblando á nuestra vista los más remotos horizontes alrededor y dentro del espacio que circundan desde los Pirineos al África nuestros tres mares.

En esta gran peninsula hace ya más de dos mil años reunía Anibal inmediato á Cádiz, aquel célebre campamento, en el que según Silvio Itálico después de haber sacrificado al Dios de las batallas, levantóse una gritería de muchos y diversos acentos formada, como que procedía de gentes venidas de la Lusitania, de Cantabria, de la Carpetania, esto es, del Centro, del Poniente y del Norte de España, aparejados para resistir la soberbia romana. Después de haberse fijado en este cuadro, puede uno representarse no lejos de aquel sitio, la figura de O'Donnell revistando las tropas levantadas de toda España también por un impulso guerrero. En el campamento de O'Donnell aunque bajo la sombra uniforme del Ros notará cualquiera la variedad fisionómica española, y si no descubre el Lusitano al lado de la indómita barretina y de la boina legendaria es porque el portugués ha tenido la fortuna de sustraerse á la mortífera atracción de nuestra Córte.

Es sorprendente el velo con que la Providencia ha querido sustraer de nuestra mirada los primeros gérmenes de nuestros pueblos, pues hallanse envueltos los años infantiles de su respectiva civilización entre fábulas, sombras y figuras que ponen a prueba la imaginación adivi

á nadora. Por esta razón ha sido posible que un historiador dijera: «Todo indica que por espacio de muchos siglos permanecieron puros é inco. rruptos los principios de religión natural y Noechida que aportaron á España los Tubalistas, sus primeros pobladores. Con el propio fundamento pintan otros á los españoles como salidos del estado de salvajismo á medida que penetran en nuestro territorio colonias más ó menos numerosas y fantásticas.

En vista de la diversidad de pareceres sobre el origen de las gentes españolas, creen algunos inútil empeñarse en largas investigaciones sobre las várias gentes que entraron en la Península antes de la dominación romana.

Gracias á los esfuerzos de la crítica moderna, muchos son los que dicen con el Padre Fita: «es tiempo ya de penetrar con tesón y tino en la historia primitiva de España,» y armados de la audacia histórica recomendada por Muller, llaman á nueva vida pueblos y épocas que pasaron, pues aunque apenas si han dejado huellas en nuestro territorio, subsisten acentos y rasgos fisionómicos, inclinaciones y costumbres que no se explican sinó por la preexistencia de las razas que vivientes las revelan todavía, y cuya sangre ha sobrevivido al terrible degüello de los romanos, al exterminio de los bárbaros y al furor mahometano.

Es preciso, pues, hacer historia retrospectiva, partir de la época romana conocida a la preexistente y pasar de una á otra en todo lo posible, porque la historia contiene el receptáculo de la vida, y forma la conciencia del ser de cada pueblo, y sirve para identificar su personalidad, autentizar sus evoluciones y sus relaciones, haciendo que la existencia humana venciendo la fugacidad de su condición, quede como estereotipada y permanente en el libro que las mismas generaciones cuidan de escribir, ó en los monumentos que levantan para fines perdurables, ó en los vestigios de todo género que acreditan sus huellas.

Y como todo ser viviente ha de guardar en su desarrollo las leyes de su naturaleza y de sus destinos, si no quiere ver perturbada su acción y sus funciones, y anonadada su existencia; de aquí la necesidad de darnos cuenta de lo que somos ab origine y de lo que hemos de ser en adelante fortaleciendo el ideal propio y peculiar español de vivir feliz y armónicamente unidos por un lazo común y aceptable honrosa y dignamente por todos sin abdicaciones, ni mutilaciones de la propia naturaleza, antes bien aumentativo de las perfecciones de nuestro ser peculiar y propio, que constituye el verdadero objetivo civilizador español.

El primer movimiento nacional conjuntivo que la historia española atestigua con sus correspondientes perfiles y contornos, es precisamente el promovido y secundado por Aníbal; antes de él, tiénense noticias de nuestra civilización y de nuestras gentes, pero noticias vagas, parciales é incompletas. Hoy sabemos que 1,500 años antes de nuestra Era, florecía ya la civilización sarda en las costas de Cataluña. Los Egipcios en sus monumentos inmortales grabaron las figuras de nuestros predecesores; ellos nos hablan de irrupciones hispanas sobre su país, de modo que la borrosa imagen de nuestra infancia catalana quedó estereotipada en el valle del Nilo en un tiempo que muchos suponían que las invasioncs Asiáticas ó Escitas penetraban por los Pirineos sobre nuestras tierras.

Todavía la civilización griega no había nacido, ó por lo menos no florecía, cuando los españoles daban de sí tan clara muestra, y antes de que la griega influyera en nuestro territorio, extendía sus ramas la civilización etrusca sobre nuestras costas combatida por la irrupción ibérica primero, y más tarde por la política cartaginesa. ¡Cuántas fábulas históricas hánse desvanecido con el reflejo de la civilización Egipcia proyectada sobre la pupila investigadora y penetrante de siglo xix! Cada día puede apreciarse mejor que la guerra contra los Cartagineses y Romanos fué una derivación de la lucha entre dos civilizaciones opuestas, la africana declinación de la Egipcia y la Etrusca, de cuyas entrañas brotó la república Romana, como una rama que se sobrepuso y absorbió el tronco antiguo.

En las grandes proyecciones luminosas que irradian del foco de las civilizaciones más esplendentes es á donde se acude para descu- . brir los secretos de la genialidad de los pueblos, pues casi todos ellos en períodos dados giran, alrededor del predominante cuando no son derivaciones de los mismos, y entre estos figuran el de los Judíos, el de los Egipcios, el de los Asirios, el de los Etruscos, el Griego y el Romano, y en sus respectivas civilizaciones é historias hemos de acudir para las indagaciones de la vida de aquellos otros pueblos, que aun teniendo cierto grado de civilización como el nuestro, fué truncado su curso y apagada la luz de la tradición durante períodos dila tados.

Generalmente se estudian los grupos sociales por una de las atri. buciones propias de su ser, que es la soberanía, ó sea la capacidad de gobernarse por sí propio y la forma concreta de ella mediante un artificio político que desarrolle la volundad independiente del conjunto; mas como este artificio no siempre se alcanza ponerlo en obra, ni obtenido este resultado no siempre funciona con regularidad por hallarse subordinado á contingencias de vária indole, de ahí que no se ofrece ese medio como seguro y constante, y menos entre nosotros combatidos y anegados durante largos períodos por civilizaciones más generales y poderosas.

TRADICIONES GRIEGAS

Á la civilización Griega debemos el conocimiento más determinado y concreto del modo de ser primitivo de nuestra España; pero envuelto en tanta confusión de épocas y de fábulas a las que eran extre: madamente aficionados, que sólo con el auxilio de una buena crítica, puede entresacarse de ellas lo verdadero de lo falso. Los Griegos fue. ron propagandistas de sus artes y con ellas de sus divinidades y de

y

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