Imágenes de páginas
PDF
EPUB

CAPÍTULO III.

Aumentan las deslealtades de los nobles contra el Rey y sus asechanzas contra el Conde de Ledesma.-Recibe éste órden de talar la campiña de Tudela.-Asiste en Fuenterrabía á la entrevista de los Reyes de Castilla y de Francia, y en Gibraltar á la que celebró Enrique IV con el Monarca de Portugal.—Quita el Rey la alcaidía de Gibraltar á Pedro de Porras y se la da al Conde de Ledesma.—Enojo del Duque de Medina Sidonia por esta causa.-Autoriza el Rey á Don Beltran á que obligue á los vecinos de Úbeda á tener armas y caballos á su disposicion.Le nombra alguacil mayor y capitan mayor de Úbeda.-Osadía de los Grandes y debilidad del Rey.-Sorprenden aquéllos el Alcázar de Madrid, y Enrique IV y Don Beltran se ven obligados á esconderse.-Nombra el Rey al Conde de Ledesma Maestre de Santiago.-Crece con este nombramiento la alteracion de los grandes y su odio contra el Conde.

Terminadas las fiestas del desposorio de Don Beltran, el Rey pasó con toda su corte á Segovia, donde resolvió prestar ayuda á los Catalanes, revelados contra su Rey, acordando éstos someterse al dominio del de Castilla. Para fomentar más la guerra, se fué á la villa de Agreda, y allí le llegaron las nuevas de la toma de Gibraltar á los moros por el Duque de Medinasidonia, de la de Archidona por Don Pedro Giron, maestre de Calatrava, de las peticiones de confederacion y amistad del Rey de Nápoles Don Fernando, del Papa Pio, de Genoveses y Venecianos. Tan prósperas noticias no alegraron su entristecido ánimo, porque veia crecer la deslealtad de sus falsos consejeros, y descubria sus dañados deseos, tratos y pensamientos, los cuales impugnaban la participacion de Don Enrique en aquellas negociaciones diplomáticas y militares so pretexto de ser cosas vanas, de poca certidumbre, de grandes gastos y de ninguna honra y provecho. Y no contentos con dilatar la resolucion de tan graves y venta

josas proposiciones, mediante las más especiosas formas trataron de apartar del lado del Rey «al que con entrañas leales daba sano consejo é con aficion verdadera procuraba su bien é aumento de la Corona Real» (1). Valiéronse para ello del siguiente hipócrita y pérfido artificio. Hallándose perplejo Don Enrique en la resolucion de tan importantísimos negocios de Estado, vino secretamente un escudero navarro á hablar con el Conde de Ledesma, obligándose á entregar al monarca de Castilla una puerta principal de Tudela con una torre, para que dueño de ella se apoderase de aquella ciudad, con tal que le hiciese alguna merced. Don Beltran enteró al Rey de este trato, que fué aceptado, y en su consecuencia, el Conde envió con el escudero á un caballero de su casa llamado Pedro de Guzman con otros veinte hombres para que les entregase la puerta con la torre como estaba concertado, y entregada, se alzasen con ella, en la seguridad de que luégo serian socorridos, porque él iba en pos de ellos con buen golpe de gente. Mas como el trato era falso, cuando la noche convenida se acercaron á la puerta de la ciudad, fueron hechos prisioneros. Enojado Don Enrique, mandó al Conde de Ledesma que con mil rocines de los guardas fuese sobre Tudela, y si no le entregasen los prisioneros, talase luégo las viñas y huertas, poniendo fuego á toda la tierra. Cuando el Conde llegó y vieron los de la ciudad que comenzaba á talar, se los entregaron en seguida, cesando la devastacion y volviéndose al Rey.

A principios del año 1463 llegó á Almazan, donde estaba el Rey Don Enrique, un embajador del Rey de Francia, á proponerle una entrevista de los dos Monarcas para poner término á la rebelion de Cataluña contra su legítimo rey Don Juan II de Aragon. Acordóse se verificase en Fuenterrabía, pasada la Pascua de Resurreccion. En efecto, ya en el mes de Marzo se hallaba Don Enrique en San Sebastian; pero como el Arzobispo de Toledo y el Marqués de Villena eran los miembros más influyentes del Consejo y estaban interesados en sostener al Rey de Aragon, arreglaron la negociacion de manera que el de Francia fuese árbitro entre el Rey de Castilla y su tio el de Aragon. Accedió Don Enrique, y habiéndolos enviado por embajadores á Francia en union de Alvar Gomez de Cibdad Real, su secretario, para arreglar la forma de la sentencia, éstos, haciéndose

(1) Enriquez.

parciales de los enemigos de su Rey, le engañaron y vendieron infamemente. Verificáronse luégo las vistas de los dos Reyes, yendo el de Castilla acompañado de brillante séquito, en que descollaba por su lujo y magnificencia Don Beltran de la Cueva, pues segun Felipe de Comines, la barca en que aquel pasó el Vidasoa llevaba la vela de tela de oro, y sus borceguíes estaban guarnecidos de perlas y piedras preciosas (1). No tardaron los hechos en desengañar á Don Enrique, y cansado de la falsía del Marqués de Villena y de sus secuaces, comenzó á mirarlos como enemigos, á desconfiar de ellos y apartarse de su trato, concediendo casi toda la intervencion en los negocios de Estado á sus fieles consejeros el Obispo de Calahorra y el Conde de Ledesma, arraigándose con esto más y más la enemistad entre el de Villena y el de Ledesma.

En 29 de Junio de 1463, por cédula fechada en Calahorra mandó el Rey á sus Contadores mayores que permitiesen á toda clase de personas, de cualquier estado y condicion que fuesen, renunciar y traspasar en Don Beltran de la Cueva y sus hijos cuantos maravedises, doblas, florines, pan, vino, oficios, tenencias y otras cosas y mercedes tuviesen concedidas por juro de heredad, de por vida ó anuales: merced que debió valer cuantiosas sumas al Conde favorito. Y poco despues, por cédula de 25 de Julio de 1463, mandó librar «á los arrendadores, fieles é cogedores de granos y tercias de la villa de Mombeltran>> de la parte que al Rey correspondia de sus rentas, por las del año 1462, la cantidad de 10.550 mrs. á favor de Don Beltran, «que es mi merced (dice la cédula) de le mandar librar en enmienda de ciertos gastos quel fizo en mi servicio tocantes á los fechos de la guerra, de los quales es mi merced y mando que non le sea demandada cuenta ni razon agora ni en ningun tiempo.>>

Andaban por entónces tan revueltas en bandos y disensiones algunas ciudades de Andalucía, que el Rey, para mejor sosegarlas, determinó ir á Sevilla, y habiendo puesto algun órden y concierto, de

(1) A este propósito, dice Palencia en sus Decadas:

«Verum quidem Beltrandus de la Cueva, comes Ledesma in sumptu præciosoque ornatu excessit; ex calciis enim alterum habuit gemmis preciossimis contectum Innumeris que aliis abussus est illa die et antea in itinere ostentationis opulentiæ cum etiam in posteriore subtinaculo clitelæ muli qui lecticam opportabat, fecerit contexi aurique gemmo continebantur. Hic quidem tam nimius in omnibus fuit, ut de opulentu aliorum ornatu reticendum videatur.»

seoso de ver la plaza de Gibraltar, en la que no habia estado despues de haber sido ganada á los moros en 1462, se dirigió á ella desde Sevilla en 1463, y sabiendo allí que el Rey Don Alonso de Portugal estaba en Ceuta, le rogó tuviese á bien verse con él. Hízolo así el Monarca lusitano y permaneció en Gibraltar ocho dias, siendo acogido con mucho amor y amistad por Don Enrique, sirviendo de mediador entre ellos el Conde de Ledesma para estrechar sus buenas relaciones y ventilar algunos artículos y alianzas que dejaron por concluir para otras vistas que más adelante se verificaron (1). Tornado á Ceuta el Rey de Portugal, Don Enrique permaneció algunos dias en Gibraltar y quitó la alcaidía de Gibraltar á Pedro de Porras, que la tenía desde que la ciudad se ganó, y la dió al Conde de Ledesma, que puso en su nombre á Estéban de Villacreces, su cuñado, casado con Doña Leonor de la Cueva, nombramiento que dió motivo á vehementes quejas del Duque de Medinasidonia, recuperador que habia sido de aquella valiosa joya.

Marchó el Rey despues á Écija, y de allí á la vega de Granada á recibir de los moros las párias acostumbradas, y entregadas éstas, fué á reposar unos dias á Jaen, donde le recibió muy bien el condestable Miguel Lúcas de Iranzo, gobernador de la plaza y de sus alcázares. Vino allí á hacerle reverencia Don Pedro Giron, maestre de Calatrava, más con propósito de dañar al Conde de Ledesma que de ver al Rey, dice Enriquez del Castillo, procurando inclinar su ánimo á que diese el Maestrazgo de Santiago al referido Condestable, sospechando que queria agraciar con él al de Ledesma. Pero el Rey, conociendo su propósito y no siéndole en manera alguna acepto, así por ser hermano del Marqués de Villena como por su carácter altanero y turbu lento, no sólo no le concedió lo que solicitaba y cuanto pudo se apartó de su trato, sino que conociendo además las tramas que los partidarios del Marqués de Villena iban urdiendo contra su persona y la de su favorito, pensó en prepararse con tiempo, disponiendo la formacion de huestes que le inspirasen confianza para emplearlas en un momento dado.

A este efecto autorizó en el mismo Jaen por cédula de 6 de Marzo

(1) En estas vistas dice la Crónica manuscrita que el Rey de Portugal honró mucho á Don Beltran para conseguir de su influencia su matrimonio con la infanta Doña Isabel,

« AnteriorContinuar »