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des, van á resolverse problemas. Para celebrar acuerdos sobre materias ya conocidas y estudiadas y en cuya apreciación nadie difiere, no se necesita nombrar delegados, ni que éstos hagan viajes y se reúnan; basta tan sólo con que uno de los Estados tome la iniciativa, formule proyectos de tratados y por medio de su diplomacia recabe las firmas de los demás.

Éstos son los dos documentos, que nosotros conocemos, salidos de la Cancillería de Santiago, relativos á la próxima Conferencia de Méjico.

En ellos, como ha podido verse, se encuentra delineada toda la actitud de Chile en presencia de la implantación del arbitraje permanente en América.

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V

Los Congresos de Madrid y de Montevideo

Despliés de su actitul en el Congreso de Washington, en dos puevas ocasiones ha puesto Chile de manifiesto su política al frente de la campaña que por implantar el arbitraje en América se viene llevando á cabo.

En el Congreso hispanoamericano de Madrid, reunido á fines del año último, se aprobó por todos los votos, menos el de la delegación chilena, un convenio por el que se proclamaba el arbitraje obligatorio, sin excepciones y con sanción efectiva para hacer iespetables los laudos.

En los últimos días de Marzo de este año se reunió en Mo:) tevideo el Congreso Científico Latinoamericano, y allí, por ini. ciativa del delegado brasilero, se proclamó solemnemente el arbitraje obligatorio como medio científico, justo, equitativo y humanitario de resolver las diferencias entre los Estados. La delegación chilena en este Congreso, después de haber preten. dido discutir la facultad con que allí se debatía semejante asunto, obedeciendo á instrucciones cablegráficas de su Gobierno, abandonó á Montevideo y dejó de concurrir á las últimas sesiones.

Así pues, á la faz del mundo todo, pone Chile en evidencia su espíritu de oposición al civilizador principio que, á pesar suyo, ha de instituirse en breve como base fundamental del Derecho Público americano.

CONCLUSION

Todo induce á creer, en los momentos actuales, que la segunda Conferencia pan-americana romperá con el prejuicio de que los congresos internacionales son simples academias en que se adoptan tan sólo resoluciones platónicas de confratermidad.

El arbitraje permanente constituye hoy día el ideal de todos, y las recientes derrotas que ha sufrido Chile en los Congresos de Madrid y de Montevideo, constituyen en pro de esta ci. vilizadora doctrina el más feliz augurio.

Y aun en el caso de que por desgracia los esfuerzos de la diplomacia chilena, encontrando algún eco, hicieran fracasar, por inedio de la discordia, la Conferencia de Méjico, nunca será tarde, como ya lo hemos dicho, para que un grupo considerable de las naciones de América que forman conjunto más homogéneo, cuyos vínculos son más estrechos y que ven, sin duda, con más claridad los desastrosos efectos que el desarrollo de la política chilena puede traer consigo, nunca será tarde para que estas naciones se pongan de acuerdo y busquen los medios que mejor conduzcan á asegurar la paz y tranquilidad continental, tan necesaria para su desenvolvimiento y progreso.

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