Bajo el sol y frente al mar

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M. García y Galo Sáez, 1916 - 258 páginas
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Página 210 - Trace fiero ; tú, Dios -de las batallas, tú eres diestra salud y gloria nuestra. Tú rompiste las fuerzas y la dura frente de Faraón, feroz guerrero ; sus escogidos príncipes cubrieron los abismos del mar, y descendieron, cual piedra, en el profundo, y tu ira luego los tragó, como arista seca el fuego.
Página 238 - Y desde entonces supe lo que era un gran poeta, un gran tribuno, un gran apóstol, un gran patriota, un gran hombre de bien de la tierra cubana.
Página 239 - Su imaginación de poeta era torrencial, inagotable. A cada momento brincaba el tropo, culebreaba el símil, se abría, como una flor, la metáfora. Era el suyo un estilo peculiar sobrecargado de color y de luz. Tenía salidas inesperadas; imprevistas torceduras del concepto ; bruscos arrebatos de la dicción ; sorprendentes hallazgos del neologismo. Su verbosidad era desconcertante y fascinadora. Había viajado y visto mucha vida, y, para traer a la charla cualquier pertinente...
Página 238 - Cuando terminó, un aplauso unánime y un grito de entusiasmo desahogaron las emociones, se abrió el grupo y dio paso a un hombre pálido, nervioso, de cabello obscuro y lacio, de bigote espeso bajo la nariz apolínea, de frente muy ancha, ancha como un horizonte, de pequeños y hundidos ojos, muy fulgurantes, de fulgor sideral. Sonreía; ¡qué infantil y luminosa sonrisa! Me pareció que un halo eléctrico lo rodeaba. Venía hablando todavía, como si el sonoro río del discurso se hubiese convertido...
Página 240 - Se sentó junto a mí; sacó del bolsillo de su jaquet un pliego pequeño y apoyando los brazos en la mesa donde yo arreglaba expedientes de obras públicas, me leyó un soneto. Acababa de componerlo, el pulso trémulo y la mirada turbia. Mi maestro era un niño para sentir. Cuando concluyó la lectura nos quedamos silenciosos y pensativos. La cabeza olímpica y blanca de Justo Sierra permanecía inclinada, como mirando el papel, pero absorta en quién sabe que lejanas contemplaciones.
Página 30 - Y era la noche sombría, Y el viento triste gemía, Cuando en la calle desierta, La niña el arpa tañía, De hambre y frío casi muerta.
Página 6 - Y entonces fue cuando, acercándome, empecé a oír una voz, y luego una palabra, y un final de discurso. La voz salía del centro del grupo; yo no alcanzaba a ver a la persona que hablaba; una voz de barítono atenorado, una linda voz cálida y emotiva, que parecía salir del corazón, sin pasar por los labios, y así, entrar en nuestra alma, por un milagro del sentimiento. Las palabras eran finas, nuevas, musicales, y armónicamente dispuestas, como gemas combinadas en el broche deslumbrante de...
Página 238 - Chapultepec, con el inseparable y fidelísimo Manuel Mercado, y con nosotros, a los que frecuentemente se agregaba Peón y Contreras, espléndido soñador, oí a Martí una serie interminable de oraciones, de divagaciones, de narraciones sobre los hombres y las cosas y la revolución de Cuba.
Página 239 - Artista supremo, pensador eminente, todo su arte y toda su ciencia, todo su talento, y todo su sentimiento y todas sus voliciones, estaban al servicio de la causa de la libertad. A ella se refería sin desfallecer. Todo su espíritu transitaba por un solo camino. Se le humedecían los ojos cuando pensaba en su único sueño. Yo le sorprendí, a veces, una silueta de Cristo. Sus paliques, me sonaban a Sermón de la Montaña.
Página 240 - Y un día de mayo de 1895, Justo Sierra, mi padre, mi maestro, mi guía — ya sólo vivo en el recuerdo de los que le amamos — vino a buscarme a mi oficina ministerial. Se sentó junto a mí; sacó del bolsillo de...

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