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Advertencia del autor.

Decidido amigo de la instruccion primaria à quien me lisongeo de haber prestado mas de un util servicio, he tomado parte tal cual vez en los periódicos que le estan dedicados en España. Hícelo una vez, en 1836, para tratar ligeramente de los diminutivos y principalmente del terminado en ico; y aplazando el examen de otras maneras aragonesas de decir para algunos artículos próximos, logré encariñarme á tal punto con la materia, y fueron estendiéndose de tal suerte mis estudios, que al cabɔ produjeron el Diccionario aragonés y la Introduccion sintética que hoy someto al juicio del público y recomiendo á su indulgencia.

Parecióme muy difícil, al principio, la originalidad, ya por el gran número de voces aragonesas que eu calidad de tales definia con su acostumbrado acierto la Academia, ya por las nuevas que incluia en su Ensayo de un Diccionario aragonès-castellano (Zaragoza Imp: real. 1836, 67 páginas 8.9) el distinguido abogado entonces, hoy dignísimo magistrado D. Mariano Peralta, cuya larga residencia en el alto Aragon le permitia dejar muy poco asunto á sus sucesores, a pesar de la modestia con que tituló su muy apreciable trabajo que yo he respetado con extremo; pero observando las disculpables omisiones de ambos diccionarios, decidime a mejorarlos en cuauto, pudiese sobre la base inevitable que ellos me ofrecian.

Si lo ha conseguido ó no mi diligencia, el público es quien ha de resolverlo, teniendo en cuenta la variedad de estudios, asi lingüisticos como cieutíficos y forenses, que mi obra ha exigido: la paciente expectacion que ha requerido, como quiera que se ha apelado al pueblo nismo para sorprenderle su lenguage; y, en fin, el crecido número de vocablos nuevos que be conseguido allegar cuando parecia casi agotada la materia, aunque advirtiendo que, sobre las voces que hayan podido escapar á mi cuidado, se echarán de menos algunas puramente locales, suprimidas de propósito por separarse en cierto modo del habla comun aragonesa.

La Academia, si no hay error en el computo que he practicado, incluye quinientas sesenta y una voces como provinciales de Aragon y ochenta y una como provinciales en general pero seguramente de uso aragonès: Peralta unas quinientas nuevas sobre las doscientas aragonesas, cuarenta y cinco provinciales y ciento cuarenta y dos castellanas que toma de la Academia: el DICCIONARIO que ofrezco ahora al público contiene, sobre las 784 de la Academia y las 500 de Peralta, 1675 nuevas, que constituyen un total de 2959 voces, esto es, 2175 mas que la Academia y 2072 más que el Vocabulario de Peralta.

Ampliadas, concordadas y modificadas á veces las definiciones de ambos diccionarios, he creido del caso sin embargo conservar la propiedad, ó digamos, pertenencia de cada palabra para mejor conocimiento del lector; y á este fin he designado con una c las voces castellanas que Peralta (indudablemente con buenos fundamentos) incluyó como aragonesas en su Ensayo, con una p bas provinciales, con una a las aragonesas de la Academia, con una d las exclusivas de Peralta, y con una n las que en su totalidad me pertenecen. Esto he preferido, para cargo y descargo de mi responsabilidad, y no las indicaciones gramaticales que doy por conocidas, y que no me parecen propias de un trabajo especial como esto, sobre el cual ha de suponerse el conocimiento de otros diccionarios.

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INTRODUCCION

Estendida la dominacion romana por toda la península española, muy pronto se difundió entre nosotros su cultura, entonces poderosa, é inevitablemente hubimos de recibir los vencidos el idioma del Lacio; que siempre fué la lengua el vehículo y el símbolo de la civilizacion. Mas cuando ya era usual hasta en el pueblo el latin de aquellos tiempos, sobrevino una irrupcion no menos enérgica, que, si no pudo desarraigar de pronto ni las costumbres ni el habla romana, todavía imprimió un semblante nuevo al idioma, hibrido conjunto de voces latinas y maneras godas, que por ventura ha prevalecido hasta el presente, puesto que modi: ficado por las muchas avenidas estrangeras que sucesivamente contribuyeron á enriquecer å aquel sin par idioma, en que habian de causar admiracion á la Europa los Cer+ vantes, Calderones y Quevedos.

Nuevas zozobras, nuevo espanto, nueva y mas fundamental reforma que otra alguna vino á amenazarnos con la invasion árabe, á la cual justo es decir qne debemos la mayor parte de nuestra adelantada ilustracion en los siglos medios, asi como el desarrollo de todas las cualidades caballerescas que constituyeron un dia nuestro carácter, y que todavía se conservan, aunque muy atenuadas, entre noso

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