Escritores del siglo XVI ...

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M. Rivadeneyra, 1899
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Pasajes populares

Página 3 - Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 14 - Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa en el campo deleitoso, con sólo Dios se compasa, ya solas su vida pasa ni envidiado ni envidioso FRANCISCO DE LA TORRE Pocos datos biográficos.
Página 3 - Y como codiciosa de ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada, el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de verdura vistiendo y con diversas flores va esparciendo...
Página 10 - ¡Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, escuro, con soledad y llanto, y tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro!
Página 163 - Y negocio que de las palabras que todos hablan, elige las que convienen, y mira el sonido de ellas, y aun cuenta a veces las letras, y las pesa, y las mide, y las compone, para que no solamente digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía y dulzura.
Página 12 - Virgen que el Sol más pura, gloria de los mortales, luz del cielo, en quien es la piedad como la alteza, los ojos vuelve al suelo, y mira un miserable en cárcel dura, cercado de tinieblas, y tristeza...
Página 4 - En vano el mar fatiga la vela portuguesa; que ni el seno de Persia ni la amiga Maluca da árbol bueno, que pueda hacer un ánimo sereno. No da reposo al pecho, Felipe, ni la India, ni la rara esmeralda provecho; que más tuerce la cara cuanto posee más el alma avara. Al...
Página 6 - Cuando contemplo el cielo de innumerables luces adornado, y miro hacia el suelo de noche rodeado, en sueño y en olvido sepultado; el amor y la pena despiertan en mi pecho un ansia ardiente ; despiden larga vena los ojos hechos fuente...
Página 8 - ¡Oh son, oh voz, siquiera Pequeña parte alguna descendiese En mi sentido, y fuera De sí el alma pusiese Y toda en ti, oh amor, la convirtiese! Conocería dónde Sesteas, dulce Esposo, y desatada De esta prisión a donde Padece, a tu manada Junta, no ya andará perdida, errada.
Página 39 - Amor casi de un vuelo me ha encumbrado adonde no llegó ni el pensamiento ; mas toda esta grandeza de contento me turba y entristece este cuidado. Que temo que no venga derrocado al suelo, por faltarle fundamento : que lo que en breve sube en alto asiento, suele desfallecer apresurado.

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